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AIRE LIBRE

Diez senderos míticos para ponerse las botas en 2019

De la Transpirenaica a la ruta que atraviesa las Highlands escocesas, y de la argentina Huella Andina a Nepal, rutas para todos los niveles que descubren paisajes emocionantes

Dos senderistas recorren el Santuario del Annapurna, en la cordillera del Himalaya (Nepal). 
Dos senderistas recorren el Santuario del Annapurna, en la cordillera del Himalaya (Nepal).  Getty

Varios días de caminatas, con la ayuda de vehículos o porteadores, por tramos o por completo, por la montaña, la costa o la selva. Hay paisajes alucinantes que solo se alcanzan caminando. Aquí diez de los mejores trekkings del mundo.

Para recorrer los kilómetros que separan Cuzco de Machu Picchu hay que pedir autorización meses antes

1 El West Highland Way (Escocia)

Las Highlands, la región montañosa que ocupa el extremo norte de Escocia, es uno de los territorios más pintorescos, espectaculares e inusualmente vírgenes de todos los que quedan en Europa. Una tierra verde, acuática, desolada y misteriosa. Páramos sin fin, montañas peladas y valles de origen glaciar de los que parece manar agua continuamente. Y en medio de todo, presidiendo el ambiente, una extraña sensación de soledad y nostalgia bajo un cielo siempre gris plomizo que ha marcado la fisonomía y el carácter escocés. Por este escenario discurre el West Highland Way, un sendero de gran recorrido de 154 kilómetros que empieza en Milngavie, a las afueras de Glasgow, y termina en Fort William, a los pies del Ben Nevis, el pico más alto de Reino Unido. La senda tiene además un fuerte contenido histórico: fue construida por los ingleses para mandar tropas y artillería con la que someter a los belicosos clanes escoceses, enfrentamiento que acabó en la batalla de Culloden, en 1746.

Dificultad: fácil. Días necesarios: una semana a un ritmo de 20/25 kilómetros diarios. Equipo: no es necesario cargar con la tienda de campaña, hay una variada oferta de bed & breakfast, cabañas de madera, albergues y hoteles. Mejor época: primavera y verano.

Senderistas en el parque nacional Los Glaciares (Patagonia Argentina). ampliar foto
Senderistas en el parque nacional Los Glaciares (Patagonia Argentina).

2 La Huella Andina (Argentina)

Se trata del primer sendero GR balizado en Argentina y cruza cinco parques nacionales, entre ellos el parque nacional Nahuel Huapi, y una reserva de la biosfera. En definitiva: algunos de los más bellos parajes de los Andes patagónicos. Cuenta con 570 kilómetros de recorrido entre el lago Aluminé, en el norte de la provincia de Neuquén, y el lago Baguilt, en la provincia de Chubut. De momento no es un itinerario continuo: hay partes que se han de salvar en coche o bus. Por eso es también —y hasta que no se complete— una buena opción para plantearse tramos concretos, como el que atraviesa Bariloche y sus lagos. Otra de sus características es que no discurre por la zona alta de los Andes, sino que va por cotas intermedias, rodeando lagos y bosques patagónicos, porque no pretende ser un trekking de alta dificultad para montañeros expertos. Todo lo contrario: va destinado al senderista medio. Está bien señalizado con placas metálicas y flechas azul celeste y blancas (como la bandera del país).

Dificultad: media. Días necesarios: está dividido en 42 etapas de diversa dificultad, muchas de ellas de 10 o 15 kilómetros. Equipo: apenas hay albergues o campings por lo que es necesario llevar material de acampada y víveres. Mejor época: durante el verano austral (de diciembre a mediados de marzo).

El sendero de los Aduaneros a su paso por Costas de Armor (Francia). ampliar foto
El sendero de los Aduaneros a su paso por Costas de Armor (Francia).

3 El sendero de los Aduaneros (Francia)

Bretaña es la región francesa más íntimamente ligada al mar. Por eso una de las mejores maneras de descubrirla es a pie por el sendero de los Aduaneros, una ambiciosa infraestructura senderista que bordea la costa bretona a lo largo de casi 2.000 kilómetros. Sí, no es un error: 2.000 kilómetros de senda peatonal pegada al mar, bien deslindada, señalizada con carteles metálicos y con una pequeña red de albergues y gîtes d’étape para dormir. El sueño de todo caminante. Su base histórica son los caminos que unían los diversos puestos de carabineros instalados en el siglo XVII a lo largo del litoral para evitar el contrabando. Hoy, convenientemente reparados, unidos y señalizados, se han convertido en el GR 34. Es tarea de titanes hacer el sendero completo, a menos que uno tenga media vida para dedicarle al empeño. Por eso lo normal es elegir un tramo concreto o ayudarse de taxis o vehículos de apoyo para ir completando las secciones más espectaculares y llamativas. Una de ellas son los 20 kilómetros que discurren por la Pointe des Châteaux, una península entre la isla de Bréhat y la localidad de Perros-Guirec.

Dificultad: fácil. Días necesarios: tantos como cada cual decida. Equipo: se duerme siempre en pueblos y ciudades. Mejor época: primavera y verano.

Tramo de la ruta Transpirenaica que discurre por el circo de Colomers, en el valle de Arán (Pirineo catalán). ampliar foto
Tramo de la ruta Transpirenaica que discurre por el circo de Colomers, en el valle de Arán (Pirineo catalán). alamy

4 Transpirenaica (España)

España es un gran lugar para caminar. Hay grandes rutas históricas (los caminos a Santiago), pero quizá la más exigente y bella de todas sea la Transpirenaica, el sendero GR 11, que a lo largo de casi 800 kilómetros une el Cantábrico y el Mediterráneo —o viceversa—atravesando la cordillera de los Pirineos. Es una aventura dura, pero la recompensa es descubrir rincones de estas montañas nada masificados, con escenarios que van desde el ambiente mediterráneo del Pirineo catalán hasta los circos glaciares y los tresmiles del macizo central oscense o las onduladas y verdes colinas de los valles navarros. El mayor desafío de la Transpirenaica son los desniveles acumulados. Se pasan muchos puertos de montaña. Por eso muchos aficionados se la plantean como un reto de varias temporadas, haciendo cada verano un tramo. La ruta está señalizada en su totalidad por las marcas blancas y rojas de los senderos de gran recorrido.

Dificultad: difícil. Días necesarios: unos 45 días para hacerla completa; se puede hacer por tramos. Equipo: el GR 11 pasa por muchos pueblos, refugios de alta montaña y albergues; aun así es recomendable llevar siempre material por si hay que hacer un vivac de urgencia. Mejor época: finales de primavera y verano.

La catedral de Trondheim (Noruega). ampliar foto
La catedral de Trondheim (Noruega). Getty

5 El camino de Nidaros (Noruega)

Existe una especie de camino de Santiago, pero en versión nórdica. Se llama el camino de Nidaros y recorre unos 600 kilómetros del interior de Noruega entre Oslo y la catedral de Trondheim, donde fue enterrado el rey Olav Haraldsson, canonizado por su defensa del cristianismo; por eso este se conoce también como el Camino de San Olav. La ruta y la tradición de peregrinar a Trondheim desaparecieron hace mucho, pero con el auge turístico que tomaron este tipo de recorridos históricos el Gobierno noruego decidió rehabilitarlo y ponerlo en valor. Se pasa por parques nacionales y territorios salvajes y despoblados. Y aunque se haga en verano —la única época aconsejable— hay que llevar siempre buena ropa técnica y calzado. El tiempo puede cambiar en cualquier momento.

Dificultad: media. Días necesarios: unos 30 para hacerlo completo. Equipo: existen campings y albergues en algunos finales de etapa, pero hay que llevar tienda, saco y comida. Mejor época: verano.

Embarcación tradicional en el lago Inle, en Myanmar. ampliar foto
Embarcación tradicional en el lago Inle, en Myanmar. Getty

6 El trekking del lago Inle (Myanmar)

Myanmar (Birmania para los nostálgicos) es una de la sorpresas del sureste asiático. Tras décadas de dictadura militar, el país se abrió al mundo —y al turismo— en 2011. Por ello es muy auténtico y poco masificado. Una buena manera de descubrirlo con las suelas de las botas es haciendo el trekking del lago Inle, una ruta senderista de dificultad media cada vez más popular. Empieza en Kalaw —un pequeño pueblo del Estado de Shan, 600 kilómetros al norte de Yangon, la capital— y termina en un lugar idílico: el lago Inle, el segundo más grande de Myanmar. En total, 60 kilómetros. El paisaje no es muy espectacular, aunque atraviesa bellas zonas de arrozales. Lo que lo hace recomendable es la posibilidad de conocer los pueblos y las etnias locales.

Dificultad: fácil. Días necesarios: tres días y dos noches, pero se puede añadir uno más para explorar a pie las riberas del lago. Equipo: se duerme en casas particulares donde hay una estancia limpia, una colchoneta en el suelo y hospitalidad a raudales. También se pernocta en monasterios budistas. Mejor época: de octubre a enero.

La ciudad perdida de Teyuna, en Colombia. ampliar foto
La ciudad perdida de Teyuna, en Colombia. alamy

7 La ciudad perdida de Teyuna (Colombia)

Teyuna, la Ciudad Perdida, fue un importante asentamiento de los indígenas tayronas, la etnia dominante en la Sierra Nevada y el Caribe colombiano cuando llegaron los conquistadores españoles en 1525. En la década de los setenta unos huaqueros, expoliadores de sitios arqueológicos, la descubrieron de forma casual. No hay otra forma de acceder a ella más que a pie por trochas abiertas en lo más profundo del bosque tropical húmedo primario, una selva oscura, densa, espectacular y salvaje que no pone fácil el empeño. Hay que llegar en todoterreno a la aldea de El Mamey, a una hora de Santa Marta, donde se inicia la marcha a pie: 50 kilómetros, ida y vuelta. Es obligatorio ir con un viaje organizado. El precio incluye la tasa de entrada al parque, el pago a comunidades campesinas e indígenas cuyas tierras atraviesa, guía, las comidas y el alojamiento en los campamentos.

Dificultad: según temporadas, entre medio y difícil. Días necesarios: hay trekkings organizados de cuatro, cinco y seis días. Los de cinco son los más recomendables. Equipo necesario: a lo largo de la ruta hay siete campamentos con techado de chapa metálica, camas con colchonetas y/o hamacas y cocina donde los guías preparan la comida y la cena. Conviene llevar saco. Mejor época: de mediados de diciembre a primeros de marzo.

Banderas de oración en el campo base del Annapurna (8.091 metros), en el Himalaya de Nepal. ampliar foto
Banderas de oración en el campo base del Annapurna (8.091 metros), en el Himalaya de Nepal. Getty

8 Circuito de los Annapurnas (Nepal)

Si hay un país asociado a la palabra trekking es Nepal. Hay docenas de grandes y míticas rutas por el Himalaya y de diversos grados de dificultad. Una de las más populares es la de los Annapurnas. El circuito que rodea el macizo, de ahí su nombre, empieza en la localidad de Besisahar y termina en Nayapul. Tiene 250 kilómetros, aunque mucha gente salva algunos tramos más áridos y aburridos en algún transporte público. Es un trekking muy exigente por la duración y la altura, ya que atraviesa el paso de Thorong La, de 5.416 metros. Se suele hacer con guía y siempre hay que solicitar un permiso. El trazado incluye parajes de alta montaña con vistas impresionantes sobre los picos del Himalaya, aldeas tibetanas, bosques y collados en los que flamean las banderas de oración sobre estupas de piedra.

Dificultad: difícil. Días necesarios: entre 12 y 15. Equipo: se duerme en pequeños hostales y viviendas particulares. Mejor época: de octubre a diciembre y de marzo a mayo. No es recomendable hacerlo fuera de estas fechas.

9 Ruinas mayas en El Mirador (Guatemala)

Durante mucho tiempo se pensó que Tikal era la más fabulosa ciudad maya jamás excavada en Guatemala. Hasta que apareció El Mirador. Es otro conjunto arqueológico maya comido por la selva del Petén cerca de la frontera con México. Su importancia radica no solo en su tamaño (contiene la pirámide más grande jamás construida en América, La Danta) sino en que cambió la historia conocida hasta el momento sobre las construcciones mayas, porque pertenece al periodo preclásico, una etapa en la que se creía que los mayas no eran capaces aún de levantar grandes estructuras. No hay ninguna carretera de acceso a las ruinas. Visitar El Mirador implica caminar casi 100 kilómetros (ida y vuelta) por una selva tropical llena de zancudos (mosquitos) y barro, amén de todo tipo de serpientes, escorpiones, garrapatas, monos, jaguares y otra fauna autóctona; durmiendo cuatro noches en tiendas de campaña y soportando temperaturas de más 35ºC y un 80% de humedad. El premio es llegar a las ruinas de una fabulosa ciudad maya que cambió la historia conocida de esta cultura, en la que los arqueólogos están aún trabajando para quitarle la funda de selva que 2.000 años de olvido le echó por encima. La ruta empieza en Carmelita, 85 kilómetros al norte de Flores.

Dificultad: media. Días necesarios: cinco días. Equipo: no hay ningún tipo de alojamiento ni avituallamiento. Imprescindible material de acampada y víveres, pero hay servicios de mulas para transportarlo. Mejor época: finales de marzo, abril y la primera quincena de mayo. La peor, por las lluvias, va desde septiembre a diciembre.

La ciudad inca de Machu Picchu, en los Andes de Perú. ampliar foto
La ciudad inca de Machu Picchu, en los Andes de Perú. Getty

10 El Camino Inca (Perú)

Clásico entre los clásicos. Recorrer los últimos kilómetros de la vía pedestre que los incas abrieron a través de los Andes para unir Cuzco con Machu Picchu es uno de los sueños de cualquier senderista. Por eso es tan alta la demanda: hay que pedir plaza con meses de antelación —incluso con un año en temporada alta— porque las autoridades peruanas limitaron a 500 las personas que lo pueden recorrer a diario. Tiene grandes desniveles pero las vistas del valle del Urubamba desde los collados y, sobre todo, la magia de entrar a Machu Picchu por la Puerta del Sol caminando después de varios días agotadores es una experiencia que nunca se olvida.

Dificultad: media. Días necesarios: solo se puede hacer con operadores autorizados, que ofertan programas de dos y cinco días. Equipo: se duerme en tiendas de campaña que llevan los porteadores, al igual que la comida. Cada uno lleva además su equipo personal. Mejor época: junio, julio y agosto. También de marzo a mayo o de septiembre a noviembre. En febrero está cerrado.

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