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Las mejores rutas del mundo para correr

Desde sencillos recorridos urbanos por ciudades como Nueva York, Barcelona o Niza hasta los 'trails' más exigentes por el desierto de Jordania o la selva boliviana. El 'running' es una tendencia en auge

Una mujer corre con las montañas de fondo en el parque natural de Chartreuse, en Francia.
Una mujer corre con las montañas de fondo en el parque natural de Chartreuse, en Francia. ALAMY

Correr tiene un efecto liberador para la mente al tiempo que ayuda a estar en forma, a disfrutar de los espacios abiertos y a descubrir nuevos rincones de las cuidades. Y ahora, además, el running está más de moda que nunca. Quizá por efecto del confinamiento, todos tenemos ganas de salir corriendo y los más aficionados están ya entrenando para volver a participar en las citas clásicas. Estas son algunas de las mejores rutas del mundo para disfrutar de este sano ejercicio, desde sencillos recorridos urbanos hasta los trails más exigentes.

1. Un paseo por Central Park (Nueva York)

Creado en 1867 en pleno corazón de Manhattan, este parque tiene una extensión de 341 hectáreas y su forma rectangular ocupa unas dimensiones aproximadas de 4.000 metros de largo por 800 de ancho. Con casi 40 millones de visitas al año, es el parque público más concurrido de Estados Unidos Por sus caminos transitan a diario runners, triatletas, ciclistas, vecinos en busca de un poco de aire fresco y los sempiternos turistas, que buscan en esta gran masa verde escapar del ajetreo y bullicio de la ciudad de los rascacielos. Los aficionados a correr encontrarán en este oasis neoyorquino una red sorprendentemente compleja de sendas y pistas, aunque las rutas más populares sacan provecho de los Park Drives. La vuelta completa (full loop, en inglés, con una longitud de 9,6 kilómetros) permite recorrer, entre otros lugares, Harlem Hills y Lasker Rink en el norte; el Metropolitan Museum of Art en el este; y Sheep Meadow y Strawberry Fields en su parte oeste. Un aliciente es que desde 2018 se respira un aire más limpio, ya que, tras años de presión por parte de grupos ecologistas, Central Park se declaró oficialmente libre de vehículos de motor. Una buena propuesta es completar un circuito circular de 10 kilómetros con salida y punto final en Engineers’ Gate, 2 East.

Una de las playas que atraviesan los corredores en el parque nacional costarricense de Manuel Antonio.
Una de las playas que atraviesan los corredores en el parque nacional costarricense de Manuel Antonio. Getty Images

2. Una carrera por la selva costarricense: The Coastal Challenge

Costa Rica lleva años apostando por descubrir sus bellezas naturales a través del running. The Coastal Challenge es una ruta que va desde playa del Rey, en el parque nacional Manuel Antonio, hasta Bahía Drake, en la península de Osa. Dura un total de seis días y tiene dos categorías: la Adventure para principiantes, de 155 kilómetros; y la Expedition, más larga y difícil.

Ambas carreras muestran en todo su esplendor los tesoros del país, incluidas imponentes cascadas, hermosas playas y selva tropical repleta de monos aulladores, ranas punta de flecha, serpientes y mariposas de colores. Los competidores solo necesitan llevar consigo una bolsa para cada etapa, ya que se ofrecen comida tradicional costarricense y bebidas por el camino. La mayoría de los días la carrera termina cerca de una playa.

Atardecer en el Gran Cañón del Colorado.
Atardecer en el Gran Cañón del Colorado. Getty Images

3. Ruta de borde a borde por el Gran Cañón (EE UU)

Quienes hayan soñado alguna vez con recorrer largas distancias campo a través, encontrarán pocos sitios tan inspiradores como el Gran Cañón, en el Estado de Arizona. Recorrer íntegramente el camino asomados al abismo es, en esencia, una ultramaratón fuera de pista, con desniveles de subida y bajada sin igual. Hay quienes solo hacen la ruta de ida, pero aquellos que decidan hacer el circuito completo tienen por delante un exigente recorrido de 67,5 kilómetros. Se puede comenzar en lo alto del South Kaibab, en el borde sur del Gran Cañón, en un camino de ida y vuelta, bajando y subiendo al lecho del río Colorado, entre cuellos volcánicos y paredes de color fuego y oscuras formaciones rocosas creadas por antiguos ríos y mares.

La carrera por el Gran Cañón se conoce en la jerga running como Rim to Rim to Rim (o sencillamente R2R2R), y es sin duda una de las trail runs más duras del mundo. A lo que hay que sumar que cualquiera que haya visto el Gran Cañón coincidirá en que no hay fotografía capaz de hacerle justicia. Con 446 kilómetros de largo, 32 de ancho y 2 de profundidad, es uno de los lugares más impresionantes del planeta.

4. Entre palmeras y 'art déco' en Miami Beach (Florida)

Las altas palmeras y la arena blanca son un fantástico telón de fondo para cualquier corredor que estire sus piernas en Miami Beach. Además de su litoral, aquí se disfruta contemplando su colorida arquitectura art déco y el bullicio en sus restaurantes al aire libre cerca del paseo marítimo. En realidad, uno se puede ejercitar por cualquier paseo o parque de esta ciudad de Florida, pero hay una formidable ruta de casi seis kilómetros y medio que arranca en el parque de Indian Beach, cerca de la entrada del Miami Beach Boardwalk, y lleva hasta la playa de South Pointe. Esta clásica pasarela de madera avanza entre la vegetación, ofreciendo a quien la atraviesa unas pintorescas vistas de una franja costera sorprendentemente virgen pese al entorno urbano. Cuando se llevan recorridos 2,5 kilómetros, a la altura de la 23rd Street, el sendero pasa a estar asfaltado en el tramo que lleva hacia el corazón de South Beach, el arenal principal de Miami Beach.

Hay muchas oportunidades para disfrutar del ir y venir de la gente y admirar el legado arquitectónico al pasar por el tramo que abraza la célebre Ocean Drive, entre restaurantes y bares instalados en bellos edificios art déco de tonos pastel. El trazado culmina en la tranquila playa de South Pointe, a poco más de un kilómetro de distancia del frenético epicentro de South Beach.

Una panorámica de la Promenade des Anglais, en Niza.
Una panorámica de la Promenade des Anglais, en Niza. Getty Images

5. La Promenade des Anglais (Niza): un paseo por la Costa Azul

La Promenade des Anglais es uno de los paseos urbanos junto al mar más famosos del mundo y también un lugar magnífico para practicar el running. Se trata de la avenida marítima de Niza, un enclave mediterráneo con caché histórico en la costa francesa que lleva más de un siglo atrayendo a los visitantes por sus playas, su arquitectura belle époque y su soleado clima mediterráneo.

Una intensa sesión de running por los 6,4 kilómetros del Promenade des Anglais, concretamente por su ancho carril peatonal, es una forma formidable de verlo todo. Más allá de las vistas al mar y de sentir en el rostro una brisa refrescante, el trayecto permite descubrir los mejores edificios de la ciudad, como el Hotel Negresco, todo un clásico, en un palacio neoclásico de 1912, y ver escenas únicas del veraneo europeo más elegante, como las típicas hileras de sillas azules mirando el mar, todo un símbolo de esta ciudad de la Costa Azul desde la década de los cuarenta del pasado siglo. Aquí cualquier momento del día es bueno para correr, pero especialmente al atardecer. El recorrido puede comenzar en el Cadran Solaire, el gran reloj solar dibujado en una espléndida azotea que mira al Mediterráneo, y finalizar a los pies de la playa de Port Nice Carras.

Una joven descansa mientras hace ejercicio en Barcelona.
Una joven descansa mientras hace ejercicio en Barcelona. Getty Images

6. Del mar a la montaña en Barcelona (España)

No hace falta irse muy lejos para encontrar uno de los mejores escenarios urbanos para correr. En Barcelona una ruta puede llevarnos desde su animada ribera mediterránea hasta la zona alta de la ciudad, donde esperan las mejores panorámicas. Una estupenda excursión de 7 kilómetros es la que nos permite correr desde el paseo marítimo, cerca del Carrer de la Marina, a la altura del gran pez dorado de Frank Gehry que parece flotar sobre el Mediterráneo, hasta el Castell de Montjuïc, en lo alto de la montaña del mismo nombre (junto al Carrer del Castell). Los primeros trotes serán por la Barceloneta, el antiguo barrio marinero (revitalizado por los restaurantes y los turistas), con su cuadrícula de callejuelas, estrechísimos callejones y manzanas superpobladas que se llenan de aromas a calamar a la plancha o tiernas navajas a la hora de la comida o la cena.

Pero no hay tiempo para degustar la gastronomía local si lo que se quiere es seguir adelante y pasar ante los mástiles de enormes veleros que cabecean junto a los runners mientras atraviesan el pintoresco puerto deportivo. Lo siguiente será cruzar el extremo bajo de la Rambla y subir por el Poble Sec, tal vez el barrio menos turístico, pero también repleto de bares de tapas, terrazas y bohemios sitios de copas. Pero a la altura del mirador del Poble Sec, hay que forzar el paso, cuesta arriba, para llegar al punto desde el que se abarcan las montañas más allá de la capital catalana. Los jardines de Joan Brossa, entre altísimos cipreses, gruesas palmeras y fragantes pinos, abren camino hacia la cumbre de Montjuïc, con las cabinas del teleférico pasando por encima. Desde la impresionante fortaleza de Montjuïc, a lo lejos, se contempla el puerto como un torbellino de actividad. Y de vuelta, se puede bajar en las anticuadas cabinas rojas de regreso al puerto.

Un hombre hace 'trekking' en Torres del Paine, en la Patagonia chilena.
Un hombre hace 'trekking' en Torres del Paine, en la Patagonia chilena. Getty Images

7. Maratón Internacional de Patagonia (Puerto Natales, Chile)

Una de las mejores carreras para disfrutar de la naturaleza de Sudamérica se desarrolla en el parque nacional Torres del Paine, en la Patagonia chilena. Es la Patagonian International Marathon, un evento que se corre por carreteras de grava ondulantes en un circuito campo a través que termina en el Hotel Río Serrano. Los corredores pueden contemplar en su ruta los elevados picos del parque, los glaciares brillantes y los pastos dorados.

La primera mitad de la carrera es relativamente llana, pero el segundo tramo es más ondulante: hay ascensos y caídas de 100 metros cerca de la marca de los 29 kilómetros y al final hay una sección cuesta abajo hasta la línea de meta. Aunque el circuito tiene 42 kilómetros, también existen alternativas más sencillas, de 10 y 21 kilóimetros, establecidas en el mismo recorrido. Participar en esta maratón es también una buena excusa para acercarse a Punta Arenas, una de las ciudades más meridionales del mundo, en el estrecho de Magallanes, allí donde confluen los océanos Atlántico y Pacífico. Es el punto de entrada para visitar el parque de Torres del Paine, una de las joyas naturales del continente americano.

El maratón de Estocolmo pasa junto al Ayuntamiento de la ciudad.
El maratón de Estocolmo pasa junto al Ayuntamiento de la ciudad. ALAMY

8. Un paseo marítimo urbano: Estocolmo

Es fácil correr por esta ciudad dispersa por 14 islas, con unos maravillosos frentes marítimos. Entre los muchos trayectos posibles de la capital sueca destaca el circuito en bucle por Södermalm, una de sus mayores islas. Aunque se puede circunnavegar el litoral en un recorrido llano de 11 kilómetros, vale la pena hacer un esfuerzo adicional y añadir unos cuantos repechos en la parte norte. Se pasa por Skinnarviksberget, un promontorio rocoso que regala estupendas vistas Estocolmo, y Gamla Stan, el casco antiguo de la ciudad. Pueden añadirse kilómetros sumando un bucle por la isla vecina, pues están unidas. El trazado por el sur de Södermalm está lleno de parques arbolados y puertos deportivos. Para comenzar vale con situarse en cualquiera de los puentes que conectan con Södermalm.

La isla del Sol, en el lago Titicaca (Bolivia).
La isla del Sol, en el lago Titicaca (Bolivia). Getty Images

9. El maratón de la isla del Sol en el lago Titicaca (Bolivia)

El lago Titicaca, a 3.800 metros de altitud, es la masa de agua navegable a mayor altura del mundo. Junto a su orilla hay desperdigados pequeños pueblos andinos y en el propio lago, un puñado de islas para ser exploradas. Una de las mejores carreras que pueden hacerse en la zona es la que sigue el trazado de la maratón de la isla del Sol, una ruta de 42 kilómetros (ida y vuelta) por caminos abruptos, antiguas calzadas y aldeas de campesinos. Se empieza en el pueblo Yumani, a orillas del lago, y desde allí se sube por una bacheada senda hasta las ruinas de Chincana, un asentamiento construido por la civilización tiahuanaca, anterior incluso a los incas. Tras recorrer el extremo norte de la isla se pone rumbo al pueblo ribereño de Challapampa, donde se puede dar la vuelta e iniciar el regreso. Eso sí, para hacer el circuito hay que tener muy en cuenta la imprescindible aclimatación a la altitud.

10. La ultramaratón de Chartreuse Terminorum (Francia)

Esta ultramaratón francesa se inspira en la de Barkley, que tiene lugar en el parque estatal Frozen Head, cerca de Wartburg, en Tennessee (EE UU), que resulta casi imposible de completar. La Chartreuse Terminorum cubre 300 kilómetros en las agrestes estribaciones de los Alpes franceses, con principio y final en Saint Pierre de Chartreuse. Benoît Laval, su fundador, es un veterano de la Barkley, con lo cual la carrera se rige por el mismo principio: los corredores deben orientarse mientras corren entre tupidos bosques al tiempo que tratan de encontrar libros ocultos debajo de rocas y en el interior de árboles, sin otra ayuda que confusas instrucciones manuscritas, una brújula y un mapa. El ganador deberá completar cinco vueltas de 60 kilómetros cada una en 80 horas. Hasta la fecha, nadie ha estado cerca de terminarla en el límite de tiempo establecido.

El bosque de bambú de Arashiyama, a las afueras de Kioto, al atardecer.
El bosque de bambú de Arashiyama, a las afueras de Kioto, al atardecer. Getty Images

11. Northern Explorer: un paseo alrededor de Kioto

El paisaje de las colinas que rodean la ciudad japonesa de Kioto es espectacular y cambia radicalmente cada estación; desde las azaleas luminosas de la primavera a las hojas de arce del otoño. Es uno de los mejores lugares del país para los corredores, sin necesidad de que sean profesionales del running. Hay varios senderos y rutas, pero en cualquiera de sus variables el terreno es rocoso e irregular. No es muy elevado, 848 metros en comparación con los 3.776 del monte Fuji, pero supone un buen ejercicio, y el paisaje cambia visiblemente al ascender hacia la cima y al templo Enryaku-ji, que es patrimonio mundial. También hay vistas impresionantes de subida, que alcanzan incluso Osaka en días despejados. Los más aventureros pueden intentar completar el Kyoto Isshu Trail, de 69 kilómetros. Para pasar el día se aconseja tomar el tren hasta la estación de Shugakuin; hay un sendero popular que empieza a 2,4 kilómetros de ese lugar y asciende por el monte Hiei hasta el templo Enryaku-Ji (se puede bajar en teleférico).

Un atleta completa el Ultra Trail de Gobi, un 'tour de force' de 400 kilómetros.
Un atleta completa el Ultra Trail de Gobi, un 'tour de force' de 400 kilómetros. Getty Images

12. El reto extremo de la Ultra Gobi 400K

Esto no es un desafío para principiantes, sino para corredores experimentados y dispuestos a ponerse a prueba en un lugar de condiciones extremas. La Ultra Gobi 400K es una carrera autodirigida, sin apoyo externo, que se celebra en el sur del desierto de Gobi, en el extremo de la meseta tibetana que hay en la provincia de Gansu, en la China occidental. Se trata de un evento que requiere orientación avanzada, pero sabiendo usar el GPS adecuado resulta bastante clara. Los retos son decidir cuándo comer, qué empaquetar para las fases restantes y cómo dormir. Por delante esperan muchas dunas, montañas, pastores y su ganado, perros salvajes, lobos y moscas (muchas). El corredor también se enfrenta a oscilaciones térmicas, pasando de temperaturas bajo cero a un sol abrasador y mucho viento.

Los corredores cruzan Verrazano Bridge durante el maratón de Nueva York.
Los corredores cruzan Verrazano Bridge durante el maratón de Nueva York. Getty Images

13. La Marathon de Nueva York, la mayor del mundo

Como la propia ciudad de Nueva York, su maratón es descomunal; de hecho, gracias a sus más de 50.000 participantes, se trata de la mayor del mundo, y tiene como seña de identidad una energía que se nota en el ambiente y que no tiene comparación con ninguna otra cita. Se celebra el primer domingo de noviembre y recorre 42,1 kilómetros por cinco distritos de la ciudad. Los corredores salen de Staten Island y luego, en una imagen convertida ya en todo un clásico, invaden ambos niveles del puente de Verrazano-Narrows en dirección a Brooklyn. Se sigue por Queens, Manhattan y, muy brevemente, por el Bronx, antes de regresar a Manhattan, donde los maratonistas descienden por la Quinta Avenida para luego enfilar hacia el límite sur de Central Park y la línea de meta, cerca del famoso restaurante Tavern on the Green. Aunque cada barrio tiene personalidad propia, el público es una constante: unos dos millones de espectadores se congregan a lo largo del recorrido y expresan sin tapujos su entusiasmo.

14. Corriendo con Filípides: el Espartatlón (Grecia)

El Espartatlón de Grecia es más que una carrera histórica: se trata de un viaje en el tiempo. Los corredores que se animan a seguir los pasos de Filípides se exponen a un calor extremo y a unos ajustados tiempos límite, pero no hay otra cita que acumule tanta tradición. Sigue íntegramente la ruta que hizo Filípides, en el 490 a.C. cuando fue enviado de Atenas a Esparta, antes de la batalla de Maratón, para pedir ayuda a los griegos para enfrentarse a los persas.

Se inicia al pie de la Acrópolis de Atenas, sigue el trazado de las antiguas carreteras provinciales y atraviesa olivares y grandes viñedos, para luego subir hasta lo alto del monte Partenón (1.200 metros), donde, según la leyenda, Filípides se encontró con el dios Panna. Los ciudadanos de Esparta recibieron a los corredores como a héroes, y estos se arrodillaron a los pies de la estatua del rey Leónidas. A todo el que termina la carrera se le entrega una corona de olivo y un cuenco de agua del Eurotas, tal como se honraba a los primeros olímpicos en la Antigüedad.

Un hombre hace 'running' en el desierto jordano, cerca del complejo de Petra.
Un hombre hace 'running' en el desierto jordano, cerca del complejo de Petra. ALAMY

15. El maratón del desierto de Petra (Jordania)

En esta carrera de 42 kilómetros e inspiración histórica, los participantes atraviesan una región desértica del sur de Jordania entre ruinas espectaculares. Empieza cerca de la entrada a Petra, la ciudad de arenisca rosada tallada en el año 9000 a.C., y conduce por una ruta que pasa por tumbas, templos, tallas en laderas de montañas y cuevas, antes de adentrarse en los áridos paisajes lunares del desierto jordano. La primera parte del recorrido se hace sobre arena y asfalto, y la segunda asciende de forma abrupta por carreteras asfaltadas y caminos de grava hasta unos 1.400 metros, cerca de la milla 22. La recompensa por este ascenso pronunciado es una sección cuesta abajo de más de 6 kilómetros hasta la meta, en Wadi Musa.

Turistas en Machu Picchu.
Turistas en Machu Picchu. Getty Images

16. La maratón del Camino del Inca (Machu Picchu, Perú)

Este circuito es más una experiencia que una competición: los corredores siguen el sendero de peregrinaje original desde la ciudad de Cuzco hasta la capital religiosa del Imperio inca, la legendaria ciudad perdida de Machu Picchu. Eso sí, incluso los más preparados tienen que hacer un esfuerzo extenuante sobre un terreno montañoso riguroso, a altitudes de entre 2.400 y 4.200 metros sobre el nivel del mar. El recorrido de 42 kilómetros incluye 3.170 metros de ascenso vertical y 3.350 de descenso. El esfuerzo valdrá la pena por el éxtasis de alcanzar Machu Picchu, además de ver otros sitios arqueológicos por el camino. El Inca Trail Classic de 30 kilómetros, es una versión abreviada que empieza a las afueras de Cuzco. Ambos eventos forman parte de un circuito de varios días que incluye un permiso especial para entrar en el Camino Inca, la vía peatonal más famosa de América con final en las ruinas incas.

Una mujer camina por un sendero flanqueado por viñedos en Cinque Terre (Italia).
Una mujer camina por un sendero flanqueado por viñedos en Cinque Terre (Italia). Getty Images

17. El sendero azul junto al Mediterráneo en Cinque Terre

Uno de los caminos costeros más bonitos de Italia es el Sentiero Azzurro o Sendero Azul. Son 12 kilómetros que atraviesan Cinque Terre (Cinco Tierras), una zona declarada patrimonio mundial en la región de Liguria, al este de Génova. El camino discurre entre olivares batidos por el viento y viñas de difícil acceso antes de bajar bruscamente a sus cinco antiguos pueblos pesqueros llenos de interés histórico. No es un camino gratuito: hay que pagar por utilizar la senda, protegida dentro de un parque nacional, pero merece la pena. El fácil acceso en tren a la zona hace más atractiva la ruta: hay cinco estaciones, una en cada pueblo, para regresar en transporte público si no se quiere hacer toda la ruta o para volver más cómodamente.

El maratón de Berlín atraviesa el Tiergarten, con la columna de la Victoria como telón de fondo.
El maratón de Berlín atraviesa el Tiergarten, con la columna de la Victoria como telón de fondo. Getty Images

18. Maratón bajo la puerta de Brandemburgo en Berlín

Es uno de los maratones más populares, al que acuden corredores de todo el mundo. Y también una de las carreras más rápidas: muchos de los últimos récords mundiales masculinos se han establecido en estas calles que tienen una gran ventaja: Berlín es una ciudad completamente plana.

La maratón de la capital alemana, como la de Londres, se incluye entre las seis grandes del mundo (World Marathon Majors). Reúne a unos 40.000 corredores y, por lo llano, es ideal tanto para batir récords personales como para novatos. Son 42 kilómetros que empiezan en el Tiergarten, el principal parque de la ciudad, y serpentean por el Mitte o centro antes de salir a la frondosa periferia para luego volver. Para muchos de los que participan el momento cumbre es correr bajo la puerta de Brandeburgo.

19. Great Ocean Road Marathon (Australia)

El paseo más pintoresco de Australia es a la vez el escenario de una de las maratones más bonitas del mundo. La Great Ocean Road forma una ruta panorámica que cubre la costa más occidental del Estado de Victoria. Su maratón, de 44 kilómetros, se celebra el tercer domingo de mayo, arrancando en Lorne hasta Bahía Apolo, todo con vistas al océano. Es un verdadero festival del running, con muchos eventos que durante el fin de semana reúnen a unos 8.000 corredores.

La Great Ocean fue tallada en la tierra, entre el océano, las granjas y los bosques, por unos 3.000 soldados que habían vuelto de la I Guerra Mundial. Acabaron en 1932 y se convirtió en una autopista de peaje (ahora ya es gratis). El encanto retro se disfruta en el arco memorial sobre la carretera de camino a Lorne, en homenaje a quienes la construyeron. En determinados puntos del camino se pueden ver cacatúas o koalas y, por supuesto, a lo largo de toda la costa, la imagen de los surfistas.

20. La Maratón de Boston, la más antigua

Con unos 17.000 habitantes, la tranquila localidad de Hopkinton, en Massachusetts, cumple con todos los tópicos de un pueblo de Nueva Inglaterra: edificios históricos, zonas verdes y un mercado de agricultores. Pero hay un día al año en el que todo esto cambia: el tercer lunes de abril, día de la conmemoración del inicio de la Guerra de Independencia, llegan al pueblo 30.000 corredores de todo el mundo para participar en la Maratón de Boston. La carrera empieza en la calle Mayor de Hopkinton y termina, 42,1 kilómetros después, en la plaza pública de Cople Square, en Boston.

Es la maratón más antigua y emblemática del mundo. Desde 1897 se ha consolidado y, a excepción de los Juegos Olímpicos, es la única gran maratón que exige una marca mínima para clasificarse (la más dura, para hombres de 18 a 34 años, es de 3:05 horas). Para muchos, pasar esa criba ya supone un logro en toda regla. Pese a su prestigio, la Maratón de Boston no es homologable para el registro de marcas mundiales. De entrada, el circuito es en bajada: la salida está a 150 metros sobre el nivel del mar y la llegada, a tres. Es, además, una carrera de un punto a otro, es decir, el viento a favor puede dar ventaja a los competidores. Por otro lado, para los corredores más lentos es alentador tener otra opción para poder clasificarse: si recaudan un mínimo de 5.000 dólares para una de las organizaciones benéficas de la maratón, tienen plaza asegurada.

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