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Cabalgar por la estepa como Gengis Kan y otras nueve experiencias que solo vivirás en Mongolia

Un viaje de experiencias como dormir en una yurta auténtica, buscar fósiles de dinosaurio en el desierto de Gobi o alucinar en el Festival de las Águilas de Ölgii

Un grupo de turistas en una ruta a caballo en el parque nacional de Gobi Gurvansaiján.
Un grupo de turistas en una ruta a caballo en el parque nacional de Gobi Gurvansaiján. Getty

El mayor atractivo de Mongolia como destino es que ha llegado al siglo XXI prácticamente intacta, sin apenas contacto con el mundo exterior. Eso sí, conviene visitarla cuanto antes porque el choque cultural y la transformación del país se está produciendo a un ritmo trepidante. Aun así, continúa siendo uno de los rincones más auténticos que quedan sobre el mapa y, lo más importante, un destino muy asequible para los viajeros independientes. Un sueño para disfrutar de grandes aventuras al aire libre y del contacto con culturas diferentes. Quedan muchas experiencias mongolas sorprendentes e irrepetibles, como las que descubrimos a continuación, que difícilmente disfrutarás en otra parte del mundo.

1 Cabalgar por la estepa

Cruzar al galope las estepas que recorrió el mismísimo Gengis Kan es una de las experiencias más inolvidables y, paradójicamente, no es difícil de conseguir: los campamentos de yurtas y las agencias de viajes locales ofrecen desde sencillos paseos guiados de un día hasta aventuras por libre de varias semanas. Los lugares más bellos y accesibles para esta aventura son los campamentos de Terelj y del lago Khövsgöl Nuur. Varios operadores programan salidas de un día desde la capital, Ulán Bator, por el parque nacional de Gorkhi-Terelj, a unos 55 kilómetros al noreste, reserva abierta al turismo en 1964 y declarada parque nacional en al década de 1990. Cuenta con muchos puntos de interés, como un templo budista rodeado por magníficos bosques, la cueva de los Cien Lamas –donde se ocultaron 100 monjes para huir de la purga comunista en la década de 1930, aunque al final los encontraron y los ejecutaron– o la reserva protegida de Khan Khentii, donde viven alces, osos pardos, comadrejas, más de 250 especies de aves y muy pocos humanos.

Otra buena zona para cabalgar es el parque nacional de Hustai, en Mongolia Central, creado específicamente para proteger al takhi, el caballo salvaje mongol; una inmensa estepa donde conviven con jabalíes, gatos silvestres, lobos y linces. Además de los operadores turísticos, hay familias mongolas que viven por el parque y alquilan sus caballos. Eso sí, antes de lanzarse al galopedebemos recibir clases sobre el manejo de un caballo mongol –raza de baja estatura, robusta y semisalvaje– y acordarnos que debemos montar siempre por la izquierda (así se les adiestra). En caso contrario, pueden encabritarse.

Una arquera durante la celebración de los juegos 'naadam', en Ulán Bator. ampliar foto
Una arquera durante la celebración de los juegos 'naadam', en Ulán Bator. Getty

2 Vivir el naadam en primera fila

Luchas cuerpo a cuerpo, demostraciones de tiro con arco o carreras de caballos mongoles. El naadam es la culminación anual de los tradicionales festivales deportivos mongoles, que pueden disfrutar por igual nativos y visitantes. El evento más turístico se celebra en Ulán Bator, el 11 y 12 de julio (día de la Independencia), pero en todos los pueblos y ciudades tienen su propio naadam, competiciones más reducidas pero también más auténticas. Suelen ser más fotogénicos y menos complicados desde el punto de vista logístico.

El naadam se celebra en extensas praderas y el espectáculo principal son las carreras de caballos. Los jinetes, que por tradición son niños entre 7 y 12 años, compiten en campo abierto en vez de hacerlo en una pista. Los cinco ganadores beben un airag especial (bebida mongola de leche fermentada de yegua), que a menudo les echan después por la cabeza y a los caballos por el lomo. Para apreciar mejor el significado de todo esto se aconseja acampar en la zona de las carreras una noche durante el festival.

Otro espectáculo de la fiesta es la lucha mongola (bokh), que no distingue entre pesos; cuanto más corpulento, más opciones para el luchador. Los combates (cuerpo a cuerpo) pueden durar horas, aunque en el naadam nacional se limitan a 30 minutos. La experiencia se complementa con pruebas de tiro al arco, tercer deporte nacional, también con participación femenina. Y con otro más peculiar: tiro de tabas, es decir, golpear con un proyectil de forma cuadrada –realizado con asta de reno– un pequeño blanco situado a unos tres metros hecho con astrágalos.

Participantes durante una edición del Rally Mongol. ampliar foto
Participantes durante una edición del Rally Mongol. alamy

3 De rally por Mongolia

Una verdadera aventura es emprender una travesía en todoterreno, ya sea un circuito por el este del país, un viaje hasta el desierto de Gobi o atravesar Arkhangai hasta el Khovsöl Nuur. Las carreteras no son muy buenas y aunque en el mapa se vean señalizadas como tal, en la realidad puede corresponderse a un camino o unas simples roderas. Solo hay señales en las carreteras asfaltadas y a veces cambian con frecuencia. Básicamente, es fácil perderse, así que lo mejor es no viajar de noche.

Y para los más aventureros está el famoso Rally Mongol, que intenta devolver un poco de chispa al clásico periplo mongol. Según las normas, el viaje de Londres a Ulán Udé, capital de la república de Buriatia, pasando por Mongolia debe realizarse en un vehículo con un motor que no sobrepase los 1.000 centímetros cúbicos de cilindrada. En otras palabras, hay que recorrer 16.000 kilómetros por uno de los territorios más hostiles del mundo en un viejo cacharro renqueante. Esta descabellada aventura se puso en marcha en 2004 y se ha convertido ya en una cita anual. Está organizado por la Liga Internacional de Aventureros y se puede apuntar cualquiera, aunque las plazas se agotan con un año de antelación. La única recompensa es una ronda de cervezas gratis en la meta, pero la experiencia es inolvidable.

Actuación en el Salm Brau Pub, en Ulán Bator. ampliar foto
Actuación en el Salm Brau Pub, en Ulán Bator.

4 Discotecas y street food en Ulán Bator

La capital mongola no es la ciudad más bella de la tierra –ni la menos contaminada–, pero tiene su interés como contrapunto a las desiertas estepas del resto del país, con el tráfico desquiciado, animadas noches y la contracultura bohemia. Además, alberga curiosos encuentros en sus calles: desde ejecutivos con trajes de Armani a nómadas vestidos con el traje típico o monjes budistas.

Una de las cosas que más sorprende al viajero es la vida nocturna, con discotecas y salas de conciertos. La escena del hip-hop es todo un fenómeno en el país, con bandas que siguen el estilo de las pandillas americanas y destacados DJs, aunque para conocer a los artistas mongoles de moda hay que ir al Gandan Live House, escenario de referencia en la ciudad; al Basement, un oscuro club de clientela indie, o al Salm Brau Pub, donde actúan bandas locales (indie, punk, hip-hop) y grupos que fusionan la música popular mongola con el rock.

Una última pista: un paseo estival por Seoul Street, ya que las noches de fin de semana se cierra al tráfico, con grupos tocando en directo o y sesiones de DJs, y puestos de comida callejera a cada lado. El resto de la semana la calle sigue animada gracias a bares, pubs y clubes.

Pastores de renos del pueblo Dukha, en la provincia mongola de Khovsgol. ampliar foto
Pastores de renos del pueblo Dukha, en la provincia mongola de Khovsgol. alamy

5 Pastorear renos en el valle de Darkhad

Este país es conocido principalmente por los pastores de caballos de las estepas, pero en las profundidades de la taiga que bordea la frontera rusa es posible encontrar a los últimos pastores de renos del bosque, los tsaatan (o dukha). Viven en el valle de Darkhad, el Shangri-La mongol, un enclave de difícil acceso que conserva uno de los centros más auténticos del chamanismo mongol (no el que se muestra a los turistas).

Se puede visitar esta remota región durante todo el año; en invierno en todoterreno y en meses más cálidos a caballo (o en reno). Su centro de visitantes facilita guías (pero no intérpretes), alquila caballos e informa sobre la situación de los campamentos. Hay que hacer la visita de forma responsable; a pesar de que los tsaatan están acostumbrados a ver extranjeros intentan que no se desvirtúe la experiencia y se ruega a los forasteros que sean cuidadosos y respetuosos con su vida tradicional.

Por ejemplo, siendo autosuficientes y llevando comida para no esquilmar los escasos recursos de la comunidad. También llevando útiles de acampada propios y colaborando económicamente comprando objetos de artesanía local. A cambio, realizaremos una excursión entre bosques y montañas vírgenes, algo difícil de realizar en muchas regiones del planeta.

Campamento de yurtas en Khongoryn Els dunes, en el parque nacional de Gobi Gurvansaiján. ampliar foto
Campamento de yurtas en Khongoryn Els dunes, en el parque nacional de Gobi Gurvansaiján. Getty

6 La vida en un gers

La vivienda típica mongola no se llama yurta, sino ger. Sorprende entrar en una de ellas porque están magníficamente adaptadas a la vida nómada en un territorio de extremos climáticos: son cálidas en invierno y fáciles de transportar a lomos de dos o tres camellos. Por fuera parecen simples, pero el interior está bien equipado, presididas por una estufa en el centro. Pero lo más sorprendente de los ger es que este tipo de vivienda que en otros países va desapareciendo en Mongolia sigue muy extendida, y dormir en una de ellas es parte esencial de la experiencia mongola. Actualmente hay gers que cuentan con las comodidades de un apartamento –televisión y electrodomésticos incluidos–, pero estructuralmente no han cambiado mucho. En Ulán Bator hay barrios levantados como una sucesión de gers.

Hay muchos campamentos turísticos montados a base de estas yurtas mongolas, pero también hay posibilidad de pernoctar en las estepas en una ger auténtica acogidos por una familia local. Y aunque no esperan cobrar a los invitados por el alojamiento, lo correcto es dejar siempre un regalo.

Acantilados de Bayanzag, en el desierto de Gobi (Mongolia). ampliar foto
Acantilados de Bayanzag, en el desierto de Gobi (Mongolia). Getty

7 Buscar dinosaurios en el Gobi

Si viajásemos hacia atrás en el tiempo unos 70 millones de años encontraríamos el famoso desierto de Gobi más frondoso y húmedo. La fauna sería diferente: en lugar de asnos salvajes y gacelas encontraríamos Protoceratops, Velociraptors silvadores y al temible Tarbosaurus. Ahora, sus restos fósiles se encuentran enterrados en la arena y en los peñascos, a la espera de ser descubiertos y expuestos en el museo de los dinosaurios de Ulán Bator.

Los primeros hallazgos de esqueletos de dinosaurios en el desierto de Gobi fueros realizados a principios de la década de 1920 por el americano Roy Chapman Andrews, un Indiana Jones de carne y hueso que organizó expediciones por todo el mundo pero que se hizo famoso por sus descubrimientos en Bayanzag e inspiró al personaje cinematográfico. Expediciones posteriores han ido completando cómo era el paisaje del Gobi hace 70 millones de años. Hay yacimientos más remotos además de los conocidos yacimientos de Bayanzag (Acantilados Llameantes) y son una buena excusa para adentrarse en este desierto, una región todavía misteriosa, con niveles de desolación extremos y silencio absoluto. Pese a su dureza, es una de las mayores atracciones del país, gracias a sus colosales dunas, sus cañones helados, sus rutas en camello y, por supuesto, sus fósiles de dinosaurio.

Jinetes cetreros durante el festival de las Águilas de Ölgii, en Mongolia. ampliar foto
Jinetes cetreros durante el festival de las Águilas de Ölgii, en Mongolia. Getty

8 Conocer a cetreros kazajos en Mongolia Occidental

Esta región remota del país ha permanecido muchos siglos aislada del resto. Con sus montes envueltos en glaciares, sus transparentes lagos salados y su cultura nómada, cetrera y ecuestre, el oeste de Mongolia es un verdadero reducto en el que han convivido durante mucho tiempo un mosaico de pueblos (los kazajos entre ellos) y artes tradicionales, como la caza con águilas o el canto gutural, que todavía se practican como hace miles de años. Una experiencia realmente extraordinaria es conocer a los cetreros kazajos en el Festival de las Águilas de Ölgii, la gran atracción turística de esta parte del país. Aquí cazar con águila no es un oficio, sino una afición invernal practicada por unas 400 personas. Muchas de ellas se reúnen cada octubre cerca de Ölgii, en la que comparten su devoción a estos animales con juegos a caballo y carreras de camellos. Desde 2016 la fiesta se ha convertido en un imán turístico y la ciudad se esfuerza por acogerlos construyendo nuevos hoteles y campamentos de yurtas. Para los aficionados a la fotografía es una experiencia increíble. Como complemento del festival se organiza también un concierto de música tradicional.

9 Un concierto de canto gutural

Todavía en el oriente de Mongolia, hay que visitar el centro del khöömii (canto gutural) de Chandmani. Este tipo de cántico, único en el mundo, todavía es practicado por unas 200 personas en esta localidad en la que, según los lugareños, los vientos que bajan de la montaña a los pantanos del Khar Nuur crean una eufonía que recuerda al canto gutural. El khöömii es uno de los reductos de la cultura tradicional mongola más auténtica, y gracias a algunos maestros locales se puede asistir a demostraciones improvisadas e incluso a clases. Para alcanzar cierta perfección aseguran que se requiere al menos una semana.

Podemos asistir a alguno de los pequeños conciertos que se ofrecen en el Khöomii Ordon, aunque lo mejor es acudir al concierto que se celebra la tercera semana de julio dentro del festival bienal de artes tradicionales mongolas.

Estatua de Gengis Kan en Khokh Nuur, en la provincia mongola de Khentii. ampliar foto
Estatua de Gengis Kan en Khokh Nuur, en la provincia mongola de Khentii. Getty

10 Viajar a la cuna de Gengis Kan

El recuerdo a Gengis Kan se hace especialmente visible en Mongolia Oriental, cuna del gran conquistador mongol. Una región de mesetas y montañas cubiertas por hierba y poblada por pastores nómadas. Son horizontes anchos, perfectos para recorrer a caballo, como el mismísimo Gengis. En la zona de Khentii viven los mongoles que dicen descender de un lobo azul y una gama, un paisaje que engendró a Temujin, el muchacho que se convertiría en Gengis Kan. Gran parte del turismo de la región gira alrededor de los lugares asociados a la vida del personaje. En Ginggis, la capital de la zona, las calles esconden monumentos dispersos dedicados a él, y una colección de edificios del siglo XVIII bien conservados que contienen algunos de los mejores museos de la región.

Pero donde se revive la infancia de Temujin es en Dadal, donde hay un museo dedicado a la infancia de Gengis Kan. Otros puntos de interés relacionados con el gran guerrero mongol es Khökh Nuur, donde se autoproclamó kan (emperador) de la tribu mongol. O Dornod, una región tan aislada que, en un país donde este adjetivo está más que trillado, aquí cobra su auténtico significado. Al norte de Dornod se puede hacer un circuito poco convencional en todo terreno que nos descubrirá la Muralla de Gengis Kan.

Otras experiencias que solo podrás vivir en Mongolia…

Escultura dedicada a los Beatles en Ulán Bator (Mongolia).
Escultura dedicada a los Beatles en Ulán Bator (Mongolia). Getty
  • Asistir a un concurso de belleza de camellos. No está claro el criterio de los jueces en sus elecciones, pero estos concursos se incluyen en las ferias de camellos de invierno cerca de Ulán Bator y el Gobi.
  • Probar el estofado de cabeza de cordero. La experiencia mongola no será completa sin probar esta delicia de vísceras de cordero hervidos. Se sirve en los restaurantes de Ulán Bator y en las yurtas rurales.
  • Contemplar a Paul McCartney sin zapatos. Este desconcertante monumento a los Beatles en Ulán Bator solo tiene unos años pero ya se ha convertido en un símbolo. Paul va descalzo como homenaje a la portada de Abbey Road.
  • Pisar una playa a 2.000 kilómetros del mar. La playa Khar Temis, que abraza el Khyargas Nuur, un impresionante lago salado de 75 kilómetros de ancho en medio de un desierto en Mongolia Occidental. La gente llega hasta la orilla para hacer un pícnic y bañarse, o para pisar la arena y oír los graznidos de las gaviotas en este insólito arenal.

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