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Viajar con conciencia

El turismo sostenible reivindica cambios reales y de raíz en el sector, que no se queden en un mero lavado de aspecto

Decoración con materiales recuperados en el Eco boutique Hostal Grau, en Barcelona. Ampliar foto
Decoración con materiales recuperados en el Eco boutique Hostal Grau, en Barcelona.

Hay términos que de pronto se ponen de moda. Y que se usan tanto que los que se ajustan a él prefieren encontrar sinónimos. Es lo que pasa con la sostenibilidad en el turismo. “El turismo sostenible no es un tipo, es la meta de todos”, explica Alfonso Polvorinos, director de la revista El Ecoturista y del Foro Internacional de Turismo Sostenible y de Naturaleza de Expotural. “Es un asunto que debe ocurrir detrás del mostrador, en la parte que no se ve, pero todos lo sacan fuera para venderlo. Este compromiso es para siempre, no te subes a esto y luego te bajas”, explica Chus Blázquez, gerente de Rutas Pangea, organizadores de viajes en bicicleta por Europa.

La ONU señala 2030 como el año en el que los países deben garantizar el impacto positivo de los viajes en el territorio, la sociedad, la cultura local y el medio ambiente. Hay empresas que han inoculado los llamados ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) en su ADN. Pero hay un índice altísimo de greenwashing (ecopostureo, según Fundeu) en el sector. “Demasiadas marcas lo están usando de forma masiva para vender sus productos”, critica Fernando Prieto, director general del Observatorio de la Sostenibilidad. José María de Juan Alonso, cofundador del Centro Español de Turismo Responsable (CETR) comparte esta opinión. “En este tema hay mucha falsedad”, zanja. Naciones Unidas eligió 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible, pero la web de Turespaña ni lo menciona.

Presión a los ecosistemas

España ha ido absorbiendo parte del turismo de países del Mediterráneo menos seguros. El Gobierno se felicita del éxito por el aumento en el número de viajeros pero no indica, no mide y no parece darle importancia a que un mayor número de turistas también suponga más impacto concentrado en tiempo y espacio en un territorio. Con el turismo masivo se esquilman los recursos naturales, los ecosistemas se ven sometidos a más presión, al igual que los trabajadores, que tienen que asumir más trabajo sin más rédito. “La costa está cerca del colapso y muchas empresas son cómplices. Hay muchas construcciones a pie de playa y en los cauces de los ríos que creen que con poner parches con acciones puntuales de responsabilidad social corporativa basta”, remarca Prieto. Algunos modelos como los “todo incluido” y los cruceros, además de generar mucho desperdicio alimentario y no consumir local, impactan negativa y notablemente en un territorio.

Hoteles responsables

Más allá de no cambiar las toallas, reducir los plásticos y recomendar ahorrar agua y luz, hay establecimientos que destacan por sus buenas prácticas. El Ecoturista y CETR recomiendan el albergue en la montaña navarra Orbela Beintza, la casa rural Mirador de Babia (en Riolago, León) y el ecoturismo Quei Vitorino (en Tablado, Asturias). Y otro hotel urbano en Barcelona, el Eco Boutique Hostal Grau. Mónica Vallejo es la gerente de esta antigua pensión que rehizo por completo para ser medioambientalmente responsable. En sus 25 habitaciones (una de ellas con reducción de ondas electromagnéticas) se cuida la eficiencia energética, la huella de carbono, los muebles y la pintura del espacio, y que los productos que se sirvan sean de kilómetro cero. “Muchos hoteles dicen ser green, pero el discurso es poco profundo”, resume ­Vallejo.

Tanto en la Sierra Norte de Madrid como en la de Guadarrama tienen un fuerte compromiso con esta forma de moverse. Su preocupación por una sobreexplotación de los recursos cuando se les otorgó en 2013 el título de parque nacional les hizo replantear su turismo y, además de cuidar los pasos que se daban por el monte, hacer que todos esos visitantes tuvieran un impacto positivo en el resto del territorio. “Para nosotros no puede haber calidad si las cosas no son sostenibles”, apunta Miguel Ángel Jara, portavoz de la Asociación de Desarrollo Sierra de Guadarrama (ADESGAM), adherida a los ODS 2030 y que coordina desde hace 16 años 13 municipios en el desarrollo socioeconómico del territorio. Al lógico interés por el medio ambiente le añadieron un compromiso con la comunidad local, su cultura y su gastronomía. Así nació Los paisajes de la Sierra de Madrid se sientan a la mesa, donde las dos sierras se dan la mano para alojar y dar de comer a los visitantes, con especial interés por los productores que están detrás. También se han creado rutas urbanas culturales, caminos accesibles y un sendero por la paz, un camino indicado para practicar senderismo de atención plena o mindfulness.

Asturias fue de las primeras comunidades en marcarse un horizonte 2020 para el turismo sostenible que redefine al tipo de turista que quieren recibir. El Ayuntamiento de Elche acaba de publicar una guía sobre territorios turísticos responsables. La Diputación de Teruel previó el impacto que podía tener la declaración de Albarracín como uno de los pueblos más bellos de España si no se hacía de forma ordenada. “Para nosotros, turismo sostenible es hacer las cosas de forma natural, desde implementar el kilómetro cero hasta que los trabajadores tengan buenas condiciones”, apunta Mar Villacampa, técnico de turismo de la Diputación. Acaban de lanzar el premio Teruel Siente para formar empresas en la materia y premiar las mejores iniciativas.

Coherencia y consistencia

Una de las desventajas que tienen las empresas turísticas es que su dependencia de proveedores les hace más difícil ser sostenibles en todo momento. “Las empresas debemos velar la coherencia y consistencia a lo largo del tiempo. Tienes que trabajar con quien se alinee con tu filosofía, porque no siempre puedes fiarte de las certificaciones”, explica la responsable de Rutas Pangea, que trabaja con empresas de autobuses, alojamientos y restaurantes. Blázquez reconoce que están constantemente readaptándose. “En vez de meter agua y bocadillos en los viajes, ahora paramos en los pueblos para consumir local y generar impacto en el territorio”, pone como ejemplo de las acciones que van ajustando.

Hay muchas empresas privadas marcando un buen rumbo. El CETR tiene entre sus miembros a la consultora de turismo responsable Koan, que trabaja con empresas y Gobiernos; a Rutas Pangea y a la agencia de viajes de aventura Mint57º, que compensan la huella ecológica de cada viaje. Estos mencionan algunos proyectos por sus buenas prácticas, como la ruta por el Prepirineo El Cinquè Llac, el turismo de observación de estrellas AstroÁndalus e Iberus Medio Ambiente, que trabaja con el lince y las aves. Todos ellos, además de cuidar el aspecto social e impactar positivamente en el territorio, están comprometidos con la producción local. “A la mayoría de empresas que hacen las cosas bien les va bien”, resume Chus Blázquez.

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