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Puerto del Rosario, Unamuno en el paseo

Recuerdos del escritor y de otros personajes en la capital de la isla de Fuerteventura

La Casa Museo de Unamuno en Puerto del Rosario, en la isla de Fuerteventura. Ampliar foto
La Casa Museo de Unamuno en Puerto del Rosario, en la isla de Fuerteventura.

Esqueleto de tierra llama Unamuno a Fuerteventura en uno de los artículos que dedicó a la isla durante su breve exilio. También habla de la aulaga majorera y evoca el surgimiento de las Canarias desde las profundidades marinas, como estilizado resto de aquella Atlántida inventada por Platón, más poeta que filósofo. Los turistas acuden a Fuerteventura llamados por la magnificencia de sus playas, su tranquilidad, el disimulo tolerado detrás de las dunas de Corralejo, el islote de Lobos, El Cotillo; por la magia cósmica de la piramidal montaña Tindaya y por la casa de los Coroneles, testimonio del régimen de señorío de la isla; por las bellezas interiores de Antigua y Betancuria; por los monumentos naturales de Caldera de Gairía y Cuchillos de la Virgen; por las maravillas sureñas del parque natural de Jandía. Sin embargo, pocos viajeros reparan en el encanto de Puerto del Rosario, antiguo Puerto de Cabras, topónimo que algunos hoy aspiran a recuperar.

Kitesurfistas en Fuerteventura. ampliar foto
Kitesurfistas en Fuerteventura.

No entraré en la peripecia histórica de una ciudad de unos 37.000 habitantes que es puerto pero que mira hacia el interior; una ciudad, cuyo caserío data del siglo XVIII, que acogió un tercio legionario hasta 1995 y se hermanó con la lejana Carnota, municipio con una de las playas más impresionantes de Galicia. Me acerco a Puerto del Rosario a través de un agradable paseo que me hace mirarla con cariño. Hay un hotel, el JM. Sus habitaciones son recogidas, luminosas, y desde sus ventanas se contempla la lengua de mar que puede ser gris o de un azul cegador. La lengua de mar a menudo se crispa por alisios que desordenan el pelo y levantan olas. Los barcos van y vienen y, pese a que el océano se asocia con lo desconocido e inabarcable, en Puerto del Rosario queda siempre un regusto a domesticidad que tal vez tenga que ver con sus casitas de distintos colores, polígonos regulares, con vanos pulcramente distribuidos por sus fachadas. A lo largo del paseo marítimo podemos descansar en asientos adornados con mosaicos coloristas, adentrarnos en el océano por el muelle para tener constancia de la aproximación de los cetáceos o virar ligeramente hacia el centro para deleitarnos en el mercado municipal. Podemos nadar o recoger conchas en la playa chica, detenernos en los rústicos restos de los Hornos de Cal, alcanzar la mole oscura de un Palacio de Congresos del que, pese a tener la apariencia de uno de esos culturales alardes faraónicos siempre fríos y vacíos, se aprovecha todo: anfiteatro, sede de la UNED, biblioteca, salas para eventos literarios y un conservatorio que certifica la riqueza musical de Fuerteventura. En el otro extremo de Puerto del Rosario —no es larga—, el centro de arte Juan Ismael, surrealista majorero, completa la oferta cultural.

Majando millo

En el paseo marítimo se combina la luz con la vegetación del bulevar, la sombra verde de una plaza detrás de la antigua biblioteca roja. En el paseo crecen árboles extraños: un parque escultórico, tal vez discutible desde el punto de vista de sus logros estéticos, pero ameno sin duda. Su irregularidad remite a la variedad de estilos: desde el naturalismo de su Podenco canario hasta la poesía visual de El deseo de espaldas, una insinuante cremallera medio abierta. Toda la ciudad está habitada por personajes — Unamuno, Suso Machín, Manuel Velázquez…—, animales —cabra, tarabilla…— o formas simbólicas —Siroco— que acompañan al viajero y lo instruyen a propósito de las costumbres populares —Majando millo, El pescador de viejas…— o le sorprenden, como ocurre con esas enormes caracolas que encuentran en las piedras del puerto su hábitat natural. En Puerto del Rosario el viajero también puede hacer un catálogo de murales: Garrapata, Viejas posmodernas —se refiere al pescado—, Sireno, Cetaceocepelín… La calidad media es excelente. Iluminan la ciudad. La explican.

Puerto del Rosario, Unamuno en el paseo ampliar foto

El viajero ha de caminar por la calle del Primero de Mayo regodeándose en su oferta hostelera. Una Tropical —“¡una Tropicá!”— en una terracita: si el perrito de la lata no está de color azul, la cerveza no está lo suficientemente fresca. A medida que la cerveza se va calentando, el perrito se vuelve gris. Primero de mayo confluye con León y Castillo, arteria principal, en la plaza que alberga Cabildo, Ayuntamiento y la decimonónica iglesia de Nuestra Señora del Rosario, que, detrás de su apariencia recogida, impacta por su amplitud y luminosidad interior. Justo enfrente se sitúa la Casa Museo Miguel de Unamuno, donde el escritor vivió los meses de exilio a los que le condenó Primo de Rivera. La casa se distribuye alrededor de un patio. Sobresalen sus bellos pavimentos y azulejos. También el escritorio de Unamuno sobre el que descansan papeles, útiles de caligrafía y un teléfono antiguo. El viajero sacia su curiosidad más cotilla entrando en el dormitorio, la cocina y el aseo. Contemplen con atención la sencillez estructural, los dibujos geométricos en torno a las ventanas, de otras casas puertenses: en una de ellas abrieron Candela, un restaurante con patio, que compite en calidad con Casa Toño —magníficos los quesos majoreros— y con el Cangrejo Colorao, que, además de una hermosa terraza sobre el mar, sirve un cherne acompañado de papas arrugás con mojo verde y rojo de chuparse los dedos. ¡Como para no ir!

Guía

Direcciones

» Hotel JM Puerto del Rosario (www.hoteljmpuertodelrosario.com).

» Centro de Arte Juan Ismael. Almirante Lallermand, 30.

» Casa Museo de Unamuno (928 86 23 76). Virgen de la Peña, 11.

Información

» Turismo del Puerto de Rosario (www.turismo-puertodelrosario.org).

» Turismo de Fuerteventura (visitfuerteventura.es).

» Fuerteventura Reservas de la Biosfera (gestion.cabildofuer.es/fuerteventurabiosfera).

» Información turística de las Islas Canarias (www.holaislascanarias.com).

Marta Sanz es autora de la novela Farándula, Premio Anagrama 2015.

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