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Un día con Néstor en Gran Canaria

De la Casa de Vegueta al museo dedicado a su trayectoria artísica, un recorrido intenso que sigue las huellas del pintor simbolista en su isla natal

'Pleamar' y 'Borrasca' (1918-1924), de Néstor Martín-Fernández, dos cuadros de la serie 'Poema del Atlántico' expuesta en el museo dedicado al pintor canario en Las Palmas de Gran Canaria. Ampliar foto
'Pleamar' y 'Borrasca' (1918-1924), de Néstor Martín-Fernández, dos cuadros de la serie 'Poema del Atlántico' expuesta en el museo dedicado al pintor canario en Las Palmas de Gran Canaria.

La figura de Néstor Martín-Fernández de la Torre, el más virtuoso pintor canario, no puede entenderse sin la su hermano, Miguel, arquitecto. Él materializó muchas de sus visionarias propuestas. Por eso, la ruta de Néstor en Las Palmas de Gran Canaria comienza en el bed & breakfast La Casa de Vegueta (Pedro Díaz, 5; +34 928 339 318). Construida en 1913, conserva muebles originales de la familia y abrió para visitantes cien años después, en diciembre de 2012. El mobiliario, que el arquitecto conservaba en la casa familiar del interior de la isla ha sido cedido por uno de sus nietos, que actualmente reside en Berlín. Entre otros, cuatro camas, una mesilla de noche, la mesa de comedor con sus sillas, el menaje, la mantelería calada canaria y la alacena. También, las primeras reproducciones de los ocho cuadros del Poema del Atlántico de Néstor. Más tarde, nos asombrarán a tamaño real en el Museo Néstor.

Tras el frugal desayuno, en cinco minutos a pie nos encontramos ante el Teatro Pérez Galdós. Se incendió en 1918 y su reconstrucción fue encargada a Miguel Martín-Fernández. Néstor lo decoró. Su refinada mano está detrás de la elección de vidrieras, luminarias, artesonados y el trabajo de ebanistería. Gusta especialmente la exuberancia tropical de sus frescos del salón Saint-Saëns (en la primera planta). También diseñó el telón y pintó murales en el techo de platea y sobre la boca del escenario. El principal coliseo de Canarias se puede visitar por cinco euros. No hay que reservar. El recorrido dura 40 minutos e incluye camerinos y tramoyas.

Al salir, se puede caminar –apenas son diez minutos– hasta el número 13 de la perpendicular calle Bravo Murillo. Una placa en la fachada indica que el artista tenía aquí su estudio, edificio propiedad de la familia. Está muy cerca del Cabildo Insular, cumbre racionalista del arquitecto Miguel, ampliado en 2011 según un proyecto de Alejandro de la Sota. Desviándose después por la perpendicular calle Perojo se llega a la tienda de la diseñadora local Nuria González (Cebrián, 27), especializada en ropa de baño. Piked Paintings, su colección para el verano de 2016, se inspira en Néstor. Bañadores y bikinis de licra, caftanes, blusones, faldas pantalón y vestidos de tul elástico que lo mismo sirven para ir a la playa que una salida nocturna. Todos con estampados que son fragmentos de cuadros de Néstor, principalmente del Poema del Mar y el Poema de la Tierra.

Posteriormente, se puede coger la guagua de la línea 1 en la estación de la calle Rafael Cabrera y plantarse, en unos quince minutos, en el barrio residencial de Ciudad Jardín, donde se encuentra el templo del pintor canario.

Patio interior de la Casa Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria. ampliar foto
Patio interior de la Casa Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria.

El Museo Néstor, ubicado junto al parque Doramas y el Pueblo Canario, plaza que los hermanos Néstor y Miguel diseñaron como precursor meeting point de turistas, está dirigido por Daniel Montesdeoca y expone más de 100 piezas del artista. Desde las primeras, realizadas con diez años, hasta las últimas Visiones de Gran Canaria, precedente del trabajo de César Manrique en Lanzarote décadas después. Su obra cumbre es el Poema del Atlántico (1912-1923), ocho arrebatadores lienzos simbolistas en una sala de inspiración bizantina que deslumbraron a los artistas e intelectuales con los que compartió vida en la Residencia de Estudiantes de Madrid, durante los años 20 del siglo pasado. La serie inspiró a Dalí. El joven que flota sobre las aguas en Mar en reposo es su pareja de entonces, Gustavo Durán, a quien Horacio Vázquez Rial dedicó su novela El soldado de porcelana. El lugar ha sido destino de peregrinaje para, entre otros, Freddie Mercury, Yves Saint-Laurent y Jean-Paul Gaultier.

El almuerzo llega muy cerca, en La Terraza de Thomas del hotel Santa Catalina. Thomas Leeb es el nuevo chef de uno de los restaurantes más antiguos de España. Su propuesta se construye a partir de productos de Gran Canaria y Austria (tierra natal del cocinero), que fusiona con ingredientes procedentes de países que han tenido especial relación con Canarias. Por ejemplo, tartar de atún rojo. O huevas de tobiko con achiote, al que le añade guacamole efervescente. La terraza ocupa la planta baja de este hotel cinco estrellas erigido en 1890 y reinaugurado en 1952, tras ser demolido y reconstruido por Miguel Martín-Fernández en estilo neocanario. Está declarado monumento histórico-artístico. La paz del lugar traslada al visitante a otros tiempos. Agatha Christie, Alfonso XIII, Winston Churchil, John Huston, Gregory Peck y María Callas durmieron aquí.

Un taxi nos acercará a la calle de Las Palmas de Gran Canaria dedicada a un tío del pintor, barítono, el primer canario que cantó en la Scala de Milán. En el número 21 de la calle Néstor de la Torre está el hotel Fataga. Una réplica del autorretrato de 1904, realizado por el artista a los 17 años, preside la cafetería Néstor, tras cuyos ventanales podremos tomar un refrigerio. La calle paralela son las Ramblas de Mesa y López, una de las principales zonas comerciales al aire libre de la ciudad. Una relajante sesión de compras sin prisas que se puede prolongar por la peatonal calle Ruiz de Alda, uno de las principales vías de tránsito.

Jardín de la Casa del Turismo, en Las Palmas de Gran Canaria. ampliar foto
Jardín de la Casa del Turismo, en Las Palmas de Gran Canaria.

Al caer el sol hay que acudir al bodegón Casa Fataga (Parque Santa Catalina, s/n; +34 828 60 00 22), junto a la Casa del Turismo, principal punto de información turística de la capital grancanaria, construida por Miguel siguiendo los presupuestos estéticos de Néstor e inaugurada en 1945 (fue ampliada en 1976). Además de los trajes típicos de Gran Canaria, el artista diseñó las tartanas que durante décadas trasladaron a los extranjeros por esa zona de la ciudad. Iván Ortega es el anfitrión del restaurante. A la luz de las velas, bajo un frondoso ficus elegiremos entre su amplia carta de arroces o platos que hacen una lectura avanzada de la gastronomía local. Almogrote gomero de aperitivo. De entrante, la ensalada Néstor, con higos secos, queso de cabra, nueces garrapiñadas y aliño de naranja. Después se puede elegir entre tartar de salmón o atún, este último con wasabi y papaya caramelizada. El confit de conejo es con ciruelas y cuscús aromatizado. Entre la carta de vinos gana el sencillo y chispeante Honoro Vega. Tras la cena, llegamos en cinco minutos a la playa de Las Canteras por la transversal calle Luis Morote. No deberíamos desperdiciar la ocasión de estirar las piernas acariciados por la brisa marina. Oiremos las olas desplomándose sobre la arena. La naturaleza de Las Canteras, sus rocas, peces y plantas, constituyó la gran inspiración de Néstor para su Poema del Atlántico.

Una visita a la Gran Canaria de Néstor no puede dejar de lado las bellezas naturales de la isla, que en el centro se conservan como en ningún sitio. Allí, justo en la cúspide, acabaremos la ruta en el Parador de Tejeda, a 1.560 metros de altitud. Tomando la carretera del centro en dirección a San Mateo, se llega en coche en unos cincuenta minutos. Construido en 1937 por Miguel Martín-Fernández sobre un diseño de ambos hermanos, fue reabierto en 2009. El parador tiene talasoterapia, también una piscina exterior que se adentra en el pinar cercano. Los alrededores están surcados por caminos recuperados para el senderismo. Y desde sus habitaciones se divisan los roques Nublo y Bentayga, las dos banderas pétreas de la isla, sagrados para los canarios prehispánicos. Aquí durmió Marcelo Mastroianni en el verano de 1954. Nosotros quizás lleguemos de madrugada. Pero el esfuerzo habrá valido la pena. El parador de Néstor y Miguel en Tejeda es también un gran lugar donde amanecer.

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