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Fascinados por La Palma, una isla mucho más que bonita

Apagada la erupción del volcán de Cumbre Vieja, este territorio canario trabaja por recuperar la normalidad. Y el sector turístico es una de las claves. Naturaleza, senderismo y gastronomía son algunos de sus principales atractivos

Turismo La Palma Ampliar foto
El bosque de los Tilos, en el parque natural de las Nieves de la isla de La Palma. alamy

La Palma atesora algunos de los entornos naturales y rutas senderistas más espectaculares e interesantes del archipiélago canario, a los que se suma una de las ofertas gastronómicas más sugerentes. Un lugar para ponerse las botas en todos los sentidos. Declarada en 2002 reserva mundial de la biosfera, y conocida popularmente como Isla Bonita, se ha hecho justa merecedora de estos reconocimientos públicos, tanto por la excepcional y variada belleza de sus espacios naturales como, especialmente, por la singular biodiversidad de su flora y la gran variedad y riqueza de sus ecosistemas, que tientan a ser explorados de nuevo ahora que el volcán de Cumbre Vieja ha dejado de rugir.

La falta de agua, las dificultades en la limpieza y los cortes de tráfico —el magma ha sepultado unos 73 kilómetros de carretera— en la zona sur afectada por la lava aún complican mucho la vida a los vecinos —un millar de los más de 7.000 desalojados pueden ya regresar a sus casas—. Aparte de la nueva superficie ganada al mar a través de dos fajanas (una de 43,46 hectáreas y otra de 5,05 al norte), la erupción del Cumbre Vieja ha destruido casas —1.345 residencias han quedado arrasadas— y años de trabajo de varias generaciones de palmeros. Ha sido la erupción más larga de la historia de La Palma y la más destructiva del último siglo en Europa, 85 días y ocho horas de tragedia.

“El sector turístico es clave para la recuperación de nuestra isla”, tuiteó el Cabildo de La Palma tras la celebración, la semana pasada, de la Feria Internacional de Turismo de Madrid. “El volcán ha colocado La Palma en el mapa mundial, al tiempo que ha despertado el interés de los viajeros de venir a visitarla y descubrir el que ahora es el territorio más joven de España”, afirmó el consejero de Turismo, Raúl Camacho, tras Fitur, recordando que en febrero se retomarán las conexiones con Alemania a lo que se suma el anuncio de Vueling de establecer viajes entre la isla y París. Además, en esta época pandémica, naturaleza, sostenibilidad y lugares ajenos a la masificación convierten un destino en la escapada deseada. Y La Palma reúne los tres elementos.

Consejos para senderistas

  •  Informarse del estado del recorrido a realizar y de la climatología (senderosdelapalma.es; visitlapalma.es)
  • Ir acompañado
  • Llevar buen calzado y que sea resistente al agua; agua y comida; impermeable ligero y ropa de abrigo en invierno; gorra o sombrero y crema solar
  • Mantenerse siempre dentro de los senderos
  • No dejar desperdicios ni residuos.

Pocas cosas despiertan tanto el apetito como una buena caminata; por eso, en esta ocasión, nuestra idea en La Palma será combinar excursiones con algunas de las mejores experiencias culinarias isleñas.

Hasta no hace demasiado tiempo, para los palmeros las únicas vías posibles de comunicación en el interior de su preciosa pero abrupta isla eran las sendas y veredas trazadas durante siglos a lo largo y ancho de su territorio. Aquella obligada necesidad práctica dio lugar a una vastísima red de caminos que actualmente supera los 700 kilómetros y que hoy se ha convertido en una formidable oferta para los amantes de las rutas a pie. Opciones para disfrutar aquí de caminatas hay para escoger y revolver, y de todo tipo: rutas cortas, largas, fáciles, exigentes, en medio de espectaculares parajes volcánicos, atravesando frondosos y húmedos bosques de laurisilva, cresteando elevadas cumbres, bordeando vertiginosos perfiles costeros… Paralelamente, alternativas para disfrutar de la mejor y más variada cocina tampoco faltan, porque, aunque La Palma es uno de los grandes paraísos canarios de los pescados de litoral, su oferta gastronómica va bastante más allá, tanto por su cocina de interior como por las innovadoras propuestas que algunos de sus restaurantes están desarrollando.

A continuación, proponemos una selección de rutas pedestres, populares y emblemáticas que culminan después en alguno de los muchos lugares en los que reponer fuerzas será todo un placer para el paladar. Nos ponemos en marcha.

1. Árboles de hace millones de años

En La Palma se conservan algunos de los bosques de laurisilva más antiguos del planeta y se pueden conocer y recorrer. Hay dos grandes propuestas para hacerlo: la de los Tilos y los nacientes de Marcos y Cordero —dentro del parque natural de Las Nieves—, y la del Cubo de la Galga.

La ruta larga de los Tilos —entre cinco y seis horas de marcha, y para senderistas expertos— se inicia habitualmente en la zona recreativa conocida como la Casa del Monte, hasta donde es posible llegar en 4×4 (también se puede alquilar un servicio de taxi en marcosycorderoentaxi.com). En su primera parte, atraviesa 13 húmedos túneles, siguiendo el canal que baja desde los nacientes de Marcos y Cordero; dos magníficos parajes donde el agua brota en espectaculares cascadas y torrenteras de las paredes de la ladera. Aunque hasta llegar a los manantiales buena parte del recorrido lo envuelve el bosque de laurisilva, es a partir de la segunda parte del mismo cuando la frondosidad y la magia de la selva húmeda se manifiestan en todo su esplendor: fayas, brezos, laureles, tilos, palo blanco, helechos gigantes… flanquean una senda alfombrada por los dorados, verdes y bermellones de la hojarasca. El suave murmullo del agua al fondo y la bruma ambiental ponen un encantador punto de embrujo al camino.

Desde el centro de visitantes de los Tilos, al que también se llega en coche, es posible emprender diferentes caminatas más cortas; las cuales también adentran al visitante en el bosque de los Tilos y le conducen a la base de alguna cascada o a magníficos miradores, como el de las Barandas o el Espigón Atravesado. Pero la otra ruta que sumerge en el cautivador bosque fósil de laurisilva es la conocida como Cubo de la Galga. Existe un itinerario circular de 11 kilómetros —entre cuatro y cinco horas de duración—, y otra ruta de dos horas, más familiar y de ida y vuelta por el mismo sitio.

Balcones en la localidad de Santa Cruz de La Palma. ampliar foto
Balcones en la localidad de Santa Cruz de La Palma. alamy

Después de esta intensa jornada senderista, lo mejor es plantearse una reconfortante cena tempranera en algún lugar próximo a Santa Cruz de La Palma. Y para ello hay dos restaurantes clásicos y muy populares; uno especializado en carnes y el otro en pescados. Chipi Chipi, surgido como una humilde venta en los años cincuenta del pasado siglo, hoy es el referente de la isla a la hora de disfrutar de la mejor parrilla de carnes: ternera, pollo, cerdo, conejo, cabrito… Todo acompañado de los correspondientes mojos y papas arrugás y precedido del inevitable queso asado, chicharrones o gofio escaldado. Distintos comedores-cabañita alrededor de un frondoso jardín. La segunda referencia es Casa Goyo; con más de 60 años a sus espaldas y situado a tres minutos del aeropuerto, comenzó siendo un sencillo conjunto de casetas de palma. Hoy, aunque actualizado, sigue manteniendo todo su humilde tipismo y sabor de siempre, ajeno a los lujos, y solo preocupado por seguir ofreciendo los mejores y más frescos pescados del día. Cabrillas, catalufas, alfonsiños, viejas, bocinegros, samas, brotas, pámpanos, gallos, sargos, anchetes, romeros y así hasta las casi 500 especies de peces de litoral que captura la flota artesanal canaria. Fritos, a la parrilla, a la plancha, a la espalda, a la sal, al horno, guisados… Para chuparse los dedos.

Un senderista en la ruta de los volcanes, en La Palma. ampliar foto
Un senderista en la ruta de los volcanes, en La Palma.

2. De volcán en volcán

El tradicional itinerario que recorre el espinazo volcánico de La Palma, y que lleva desde algunas de las elevaciones mayores de Canarias hasta el océano, es otra de las grandes experiencias senderistas en la isla. Puede resultar de mayor o menor dureza dependiendo de si se completan o no los 25 kilómetros (seis u ocho horas, en total) que separan el refugio del Pilar, punto de inicio de la marcha, del faro de Fuencaliente, donde concluye (hay servicio de autobuses o taxis para regresar al punto de partida). O puede tomar dos horas si, por ejemplo, se empieza en Los Canarios, núcleo urbano de Fuencaliente, y se desciende hasta Las Salinas, pasando por los volcanes de San Antonio y Teneguía.

Quien se incline por la opción larga vivirá una experiencia muy especial, pero también exigente. Disfrutará de unas privilegiadas vistas de impresionantes panorámicas de la isla; atravesará frondosos pinares, se asomará a cráteres de impactantes y calcinados colores, descenderá laderas de ceniza volcánica más fina que la nieve… Pero también deberá superar pronunciadas subidas —sobre todo al principio—, recorrer duros terrenos pedregosos y, en general, enfrentarse a un continuo rompepiernas. Aunque después de la erupción del volcán de Cumbre Vieja el recorrido largo de la dorsal volcánica que acabamos de describir se vio primero suspendido y luego alterado; actualmente ya es posible disfrutar del tramo inferior de la ruta, el que va del volcán de San Antonio al faro de Fuencaliente. No tardando mucho será posible volver a realizar el camino completo, pudiendo ver entonces, desde las privilegiadas atalayas de las más altas y viejas cumbres del trayecto, el reciente cráter —ya inactivo, pero todavía caliente— y los inmensos campos de lava producto de las grandes coladas que, a finales del pasado año, desembocaron en el Atlántico y dieron origen a las enormes fajanas que todos hemos visto por televisión.

Terraza de El Jardín de la Sal, restaurante en las salinas de Fuencaliente. ampliar foto
Terraza de El Jardín de la Sal, restaurante en las salinas de Fuencaliente.

Escojamos uno u otro itinerario, lo que no se debe dejar de hacer es reservar en El Jardín de la Sal, un restaurante con la distinción Bib Gourmand de la guía Michelin —­aquellos establecimientos que sirven una cocina de calidad a precios contenidos— emplazado en un singular paraje que regala unos atardeceres mágicos. Entre el deslumbrante blanco de las salinas y el imponente negro volcánico se puede disfrutar de una excelente cocina del mar, en la que tampoco faltan platos de las carnes del interior.

3. Por la Caldera de Taburiente

La Caldera de Taburiente, declarada parque nacional en 1954 y reserva mundial de la biosfera (junto al resto de la isla) en 2002, es, sin ninguna duda, el paraje natural emblemático y más conocido de La Palma. Tiene su origen en complejos procesos volcánicos, combinados con continuos fenómenos erosivos. Su parte más elevada, el Roque de los Muchachos, es la cota más alta de toda la isla (2.426 metros). Tanto su escarpado y vertiginoso perfil superior como su frondoso y accidentado interior —frecuentemente cubierto por un manto de nubes— ofrecen imágenes imborrables. Una de las mayores particularidades de la caldera la constituye su abundancia hídrica. De las paredes y rincones de la vieja caldera surgen infinidad de manantiales, torrenteras y cataratas que dan lugar a multitud de riachuelos y arroyos. La caldera se abre al mar por el barranco de las Angustias hasta culminar en la playa de Tazacorte.

Senderistas en La Cumbrecita, en la Caldera de Taburiente. ampliar foto
Senderistas en La Cumbrecita, en la Caldera de Taburiente. alamy

Las propuestas senderistas que se pueden acometer aquí son muchas. Una de las más populares, pero larga, es la que va desde el mirador de los Brecitos hasta el barranco de las Angustias, un recorrido de seis horas de duración atravesando bosquecillos de brezos, fayales y pinos mientras se disfruta de miradores y cascadas. Otra opción igualmente espectacu­lar es circular, mucho más fácil y corta (1,5-2 horas de duración): se inicia en La Cumbrecita, un alto al que, previa reserva, se puede llegar en coche desde el interesante centro de visitantes del parque.

Plato de El Sitio, restaurante de la Hacienda de Abajo, en Tazacorte. ampliar foto
Plato de El Sitio, restaurante de la Hacienda de Abajo, en Tazacorte.

Al acabar cualquiera de las caminatas, en Tazacorte y sus proximidades se abre un sinfín de posibilidades para comer o cenar. Existen las opciones más informales de los quioscos playeros de la zona de El Remo, como Kiosco 7 y La Charca —temporalmente cerrados consecuencia de la erupción y sus efectos en la carretera—, donde se puede tomar un rico pescado del día, con su mojo y sus papas, o cualquier otra cosita: chipirones a la plancha, mejillones al vapor… También son recomendables los restaurantes algo más formales en la playa de Tazacorte, como Playa Mont, en los que, de entrada, pedir unos camarones, unas lapas o algo de morena frita, para continuar con algún pescado de la larga y deliciosa lista de especies costeras ya comentada, o también decidirse por el amplio repertorio de peces más grandes que abundan en las aguas canarias: cherne, medregal, rabil, atún rojo, albacora… Después de tanto pescado y de tanta cocina tradicional del mar, si lo que le apetece de verdad es darse el gusto de probar una cocina más variada y elaborada, en Tazacorte podrá hacerlo en El Sitio —con un sol Repsol—; es el restaurante de la Hacienda de Abajo, un hotel palacete. En El Sitio, el gran producto local es la base de unas recetas imaginativas, llenas de sabor e interés: ceviche de pámpano y langostino con tomatito de árbol; sama con crema de mojo verde y papa negra; tartar de tomate canario con guacamole…

Sendero junto al observatorio del parque nacional del Roque de los Muchachos. ampliar foto
Sendero junto al observatorio del parque nacional del Roque de los Muchachos. GETTY IMAGES

4. Entre el mar de nubes y las estrellas

El Roque de los Muchachos marca, probablemente, el enclave más notorio y llamativo de La Palma. Notorio porque, gracias a su elevada altitud, suele otear el paisaje por encima del manto de nubes que habitualmente cubre la Caldera de Taburiente y además, gracias a la absoluta limpieza de su cielo —casi libre de contaminación lumínica—, es uno de los principales centros de observación astronómica del mundo (La Palma fue la primera reserva reconocida por la fundación Starlight). Por cierto, el pasado diciembre se inauguró el magnífico y moderno centro de visitantes del Roque de los Muchachos, que no habría que perderse. El Roque de los Muchachos es también un lugar llamativo porque desde los diferentes miradores de esta privilegiada atalaya se tienen unas vistas auténticamente llamativas sobre la caldera, la isla y el archipiélago canario (en días despejados se alcanza a ver Tenerife, La Gomera e incluso El Hierro).

Animarse a hacer una ruta por la cornisa de la caldera es algo recomendable, y las posibilidades son tantas como se quiera, en tiempo y dificultad. Desde un tranquilo paseo panorámico para gozar de las impresionantes estampas paisajísticas y del futurista escenario que componen los más diversos tipos de telescopios y centros de observación astrofísica que salpican el Roque, hasta plantearse recorridos de cinco o seis horas que llevan a través de las cumbres más elevadas y espectaculares del parque nacional.

Al acabar la caminata, lo suyo es acercarse a Los Llanos de Aridane, dar una vuelta por su bonito centro histórico y, después, comer o cenar en la terraza interior de la antigua y gran casona isleña que ocupa uno de los restaurantes más interesantes de la isla: El Duende del Fuego. La singular personalidad del dueño y chef, Pedro Hernández Castillo, y su particular concepción de la cocina harán que el comensal disfrute de unos platos absolutamente respetuosos con el origen ecológico de los productos, muchos de ellos sumamente originales y todos obsesivamente comprometidos con la autenticidad y genuinidad de los sabores. Ahí van algunas de sus creaciones: morro de bacalao con alioli de guayaba; puré de papas con vainilla de Tahití, huevos fritos y chorizo confitado; osobuco de añojo con salsa de negramol dulce…

El proís de Candelaria, en Tijarafe (La Palma).
El proís de Candelaria, en Tijarafe (La Palma). getty images

5. Por acantilados y proís

Quizás menos frecuentadas, pero no menos interesantes, son las distintas rutas que se pueden llevar a cabo en la escarpada y menos conocida costa norte de la isla: Santo Domingo de Garafía, Puntagorda, Tijarafe… Barrancos impresionantes y acantilados de vértigo poblados por una sorprendente vegetación, en buena parte endémica (la siempreviva y la lechuga del mar, el tabaibal-cardonal, el verode, cardoncillo, drago…).

Después de realizar un vertiginoso descenso por las empinadas trochas y senderos que recorren el abrupto perfil costero se alcanza, por fin, el nivel del océano; y allí es cuando se descubren, con asombro e incredulidad, las enormes cavernas y oquedades marinas utilizadas en su día como refugios escondidos y embarcaderos piratas (proís), y hoy transformadas en recónditos rincones, medio trogloditas, convertidas en viviendas de temporada que parecen pequeños y encantadores pueblecitos pesqueros incrustados en las naturales y gigantescas cuevas costeras. El más famoso de estos lugares es el conocido como porís de Candelaria.

Después de haber movido piernas y pulmones durante algunas horas y haber sudado lo suyo, nada mejor que reponer fuerzas en algún restaurante de la zona con bonito mirador o acercarse hasta el Kiosco El Diablo (619 05 16 65), en Tijarafe, para tomar una refrescante cerveza artesana y un riquísimo y variado repertorio de platillos del día: salpicón, albóndigas, gambas de La Gomera, camarones, pulpo en vinagre…

La Palma es, todavía, un verdadero paraíso para disfrutar de la naturaleza y de la mesa. Un lugar para ponerse las botas (doblemente) y disfrutar de la vida.

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