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El Madrid de la movida

Del Rastro al Garaje Hermético, en el barrio de Prosperidad, por los escenarios más y menos conocidos donde se gestó el movimiento cultural

Público del concurso de rock Villa de Madrid 1984, en Usera. Ampliar foto
Público del concurso de rock Villa de Madrid 1984, en Usera.

Hace 40 años, un concierto en la Universidad Politécnica de Madrid marcaba el inicio de uno de los movimientos culturales más importantes de España. Con la movida, el país empezaba a dejar atrás el recato y la represión del franquismo y se embarcaba en una nueva época de eclosión cultural y liberación sexual que tendría su epicentro en la capital. Del gris al color en apenas una década. Los periodistas Jesús Ordovás y Patricia Godes, relevantes figuras de la comunicación en aquella época, han publicado recientemente Guía del Madrid de la movida (Anaya Touring). Una máquina del tiempo en papel con la que revivir (o descubrir por primera vez) los lugares emblemáticos y otros menos conocidos donde se gestó aquel movimiento juvenil que cambió la historia de España para siempre. De los cientos de puntos de interés que recoge el libro, sus autores proponen para este artículo un recorrido por algunos de ellos, desde el centro de la ciudad hasta sus barrios periféricos, donde se vivió “otra movida”.

La cantante Alaska (derecha), en su puesto del Rastro. ampliar foto
La cantante Alaska (derecha), en su puesto del Rastro.

Sin el Rastro de Madrid, en el barrio de La Latina, quizás no hubiese existido nunca la movida. El mercadillo municipal de los domingos —cuyo origen se remonta al siglo XVIII— fue su verdadero epicentro, el lugar en el que conocer a gente, adquirir discos y fanzines o enterarse de los conciertos que acogía la ciudad durante la semana. Es una de las visitas indispensables para comprender qué significó la movida para aquellos jóvenes de los ochenta, entre los que se encontraban el director de cine Pedro Almodóvar o la cantante Alaska. Ambos proponen sus propias rutas en la Guía del Madrid de la movida y, por supuesto, incluyen una parada aquí. Para el director manchego “era importante acudir al Rastro todos los domingos para demostrar a los amigos que habías sobrevivido a la noche del sábado”. En sus puestos se podía, y todavía se puede (reabrió, con aforo limitado, el pasado domingo 22 de noviembre tras ocho meses de parón por la pandemia), encontrar de todo y de todas las épocas.

Entrada de un concierto de Gabinete Caligari. ampliar foto
Entrada de un concierto de Gabinete Caligari.

En el colindante barrio de Lavapiés, un pueblo dentro de la ciudad, se popularizaron locales como el Café Barbieri (calle del Ave María, 45). En este centenario bar-cafetería era común ver a escritores, actores, músicos, artistas… sentados en sus aterciopelados sofás rojos —que aún conserva— escuchando los conciertos que allí se programaban. La música en directo sigue siendo una insignia del local.

También en el barrio más multicultural de la capital se encuentra el cine Doré (Santa Isabel, 3), otro emblemático y centenario edificio —convertido en filmoteca en el año 1989— al que se conocía popularmente en la década de 1980 como el palacio de las pipas porque la gente acudía a ver las proyecciones con cucuruchos rellenos de estos frutos secos. Entonces y ahora, en este cine se pueden ver películas que no se programan en ninguna otra sala de Madrid.

Ya en el cercano barrio de las Letras, que recibe el nombre por los célebres escritores del Siglo de Oro español, se encuentra otro famoso cine que también sirvió para impulsar el teatro en la ciudad y que desde 1988 alberga la sede de la Orquesta y Coros de RTVE. El Monumental acogió numerosos directos, como los Conciertos de rock y amor que grabó el cantante Miguel Ríos, convirtiéndolo en un símbolo de la calle de Atocha.

Hacia el oeste por esta misma arteria, callejeando un poco, se llega a la plaza de Santa Ana, donde se encuentra otro enclave madrileño que se resiste a morir. la Cervecería Alemana. Este fue el primer descubrimiento de Almodóvar a su llegada a la capital en 1969 y se convirtió en su segunda casa durante años. Como en el Café Barbieri, era frecuente encontrar a todo tipo de personajes relacionados con la cultura que acudían a este local aledaño al Teatro Español. Un ritual social que, pese a la pandemia, aún hoy continúa.

Más allá del centro

El barrio de Malasaña es sinónimo de la movida. El que más eco mediático tuvo y donde se concentraban la mayoría de bares musicales: La Vía Láctea (Velarde, 18), El Pentagrama (Palma, 4), King Creole (el actual Freeway; San Vicente Ferrer, 7), la sala Elígeme… Pero el verdadero templo de la movida estaba lejos de allí, en el barrio de Prosperidad. El Rock Ola (Padre Xifré, 5), a la salida del metro de Cartagena, se convirtió en un referente entre 1980 y 1985, el sitio al que acudir si se quería escuchar lo último del panorama musical tanto internacional como madrileño y del resto de España. También en Prosperidad se encuentran el bar Garaje Hermético (Eugenio Salazar, 56) y los estudios de grabación Doublewtronics (Eugenio Salazar, 42), que permanecen exactamente igual que hace décadas.

La movida también se vivió en otras zonas periféricas de Madrid. A partir del barrio de Ventas se consideraba el “más allá”, pero eso no impedía que se celebrasen todo tipo de fiestas. Famosas eran las verbenas callejeras que se organizaban en los alrededores de la plaza de toros y que solo se interrumpían cuando pasaba algún coche fúnebre camino del cercano cementerio de la Almudena. Al cederles el paso, la gente cantaba aquello de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

Fue precisamente en la puerta del cementerio madrileño donde los Burning fueron retratados por el fotógrafo Mario Pacheco para su LP Madrid. El grupo —recordado por la banda sonora de la pelícu­la ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? (1978), de Fernando Colomo— reivindicó con su música la existencia de La Elipa, un barrio entonces olvidado. Desde 2019, una placa en la travesía de José Noriega recuerda que los Burning empezaron allí a ensayar sus primeras canciones.

Otro homenaje, en este caso en forma de busto y en otro barrio madrileño, Vallecas, justo en el número 22 de la calle de Peña Gorbea, recuerda a Ángeles Rodríguez Hidalgo, más conocida como la abuela rockera, quien a los 70 años descubrió el rock y acabó siendo imagen de la portada del disco Toca madera, de Panzer. Un símbolo de la movida que se convertiría en colaboradora de varios programas de radio. En Vallecas y otros barrios del sur de Madrid castigados por la marginalidad y la droga, la música se convirtió en la salvación de muchos jóvenes. El heavy, el punk o el rock urbano madrileño se gestaron en sus calles. Locales como Potencial Hardcore (Lozano, 15) o la emisora Radio Vallekas (Puerto del Milagro, 6) mantienen ese espíritu de la movida.

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