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AIRE LIBRE

Plenilunio montañero en la Cuerda Larga

Una pequeña aventura bajo la luz de la Luna llena siguiendo esta senda que crestea por la vertiente madrileña de la sierra de Guadarrama

Las antenas del Alto de las Guarramillas, más conocido como la Bola del Mundo, en la sierra de Guadarrama (Madrid). Ampliar foto
Las antenas del Alto de las Guarramillas, más conocido como la Bola del Mundo, en la sierra de Guadarrama (Madrid).

La Cuerda Larga es una ruta senderista que recorre el erizado espinazo de buena parte de la vertiente madrileña de la sierra de Guadarrama, arrancando en el puerto de Navacerrada y concluyendo en el de La Morcuera. Cerca de 21 kilómetros cresteando el duro y accidentado perfil de un exigente recorrido jalonado por ocho cumbres que superan los 2.000 metros y que separan las cuencas de los ríos Manzanares y Lozoya. Aprovechando el plenilunio del pasado 5 de julio nos animamos a realizar la versión nocturna de esta mítica ruta montañera. Una opción perfecta para vivir esta singular experiencia antes de que empiece a hacer demasiado frío sería aprovechar la primera Luna llena de octubre, el día 2.

Al tratarse de un recorrido lineal, lo primero que hay que decidir es el sentido del mismo; en esta ocasión nos inclinamos por realizarlo de este a oeste, es decir, partiendo desde el puerto de La Morcuera y terminando en el de Navacerrada. Y aunque íbamos preparados con una linterna frontal, la idea inicial era servirnos de la luna como única fuente de iluminación durante el camino, algo que —pensamos— haría más auténtica e interesante la caminata.

En función del ritmo de la marcha y las paradas, la duración del recorrido puede oscilar entre las 7 y las 10 horas, así que decidimos comenzar a andar a partir de las 22.30. Si todo iba bien, veríamos el amanecer muy cerca ya de Navacerrada.

La Najarra, inicio de la Cuerda

Con 2.120 metros, la cumbre de La Najarra, del árabe hayar (lugar de muchas piedras), es la primera de las elevaciones del recorrido. Cuando el día solo es un lejano y tímido recuerdo dorado en el horizonte y una brillante luna plateada ilumina la noche, se acometen los primeros pasos de su ascensión.

Desde La Morcuera (1.774 metros) hay dos posibles alternativas para iniciar la Cuerda Larga, una siguiendo el sendero PR-M11 hasta llegar al collado de la montaña y otra tomando una trocha local marcada con señales verdiblancas. El primer itinerario es bastante más cómodo y evita la cima de La Najarra; el segundo, más empinado e incómodo, conduce a lo alto de este formidable mirador natural sobre la meseta madrileña. Si el objetivo es no perderse ni una sola sensación de esta magnífica ruta, es preferible la segunda senda. Cuarenta y cinco minutos después de atacarla —a lo largo de este primer tramo del recorrido, probablemente el más duro, se supera un desnivel de 350 metros—, uno se encuentra contemplando el grandioso incendio de luces que se extiende a los pies de la sierra de Guadarrama. Un espectáculo impresionante. La atmósfera era tan nítida en esos tiempos posconfinamiento que se divisaban perfectamente las Cuatro Torres de Madrid.

Panorámica nocturna hacia la planicie madrileña desde la Loma de Pandasco, durante la ruta de La Cuerda Larga. ampliar foto
Panorámica nocturna hacia la planicie madrileña desde la Loma de Pandasco, durante la ruta de La Cuerda Larga.

De cumbre en cumbre

Dejamos atrás La Najarra y retomamos la marcha nocturna hacia Bailanderos (2.133 metros), el segundo hito de nuestro largo cordal. Se llama así por lo inestable de los bloques graníticos que hay en torno a su cima. A ratos, entre las abundantes pedreras que la cruzan, la senda se hace difícil de distinguir. Asómate de Hoyos (2.242 metros) es la siguiente elevación a superar. Poco después de coronar este tercer pico del camino, el perfil orográfico de la caminata se allana y durante tres o cuatro kilómetros atraviesa un altiplano poblado de piornos y de pequeños grupos de cabras hispánicas. La zona es propicia para acampar, y aquellos montañeros que prefieren hacer la Cuerda Larga en dos etapas encuentran aquí el lugar perfecto para vivaquear. También es un buen sitio para hacer una parada y tomar un tentempié nocturno. Aunque sean las dos o las tres de la madrugada, se agradece comer y beber algo; en la montaña es fundamental reponer fuerzas y, sobre todo, hidratarse.

Sin mucha dificultad se sube después a la Loma de Pandasco (2.238 metros), nuestra siguiente cima. Allí aprovechamos para hacer algunas fotos del perfil de los riscos al contraluz de las luces de la civilización. La luna, como el más potente reflector imaginable, inunda de claridad toda la sierra. Su enorme resplandor le deja a uno sin palabras y al cielo sin estrellas. Las largas horas de camino y silencio invitan a las reflexiones íntimas y a compartir pensamientos con los compañeros de marcha.

La pronunciada subida hasta el vértice geodésico de Cabeza de Hierro Mayor (2.381 metros) requiere de un mayor esfuerzo, pero alcanzar la cumbre del segundo pico más alto de toda la sierra —tras Peñalara, con 2.428 metros— merece la pena. A plena luz del día, desde lo alto de esta montaña ferruginosa contemplaríamos Peñalara y Cotos hacia el norte, y La Maliciosa, La Pedriza y la planicie madrileña hacia el sur.

Plenilunio montañero en la Cuerda Larga ampliar foto

Amanecer en la Bola del Mundo

La tercera parte de la travesía comienza descendiendo Cabeza de Hierro Mayor para, poco después, iniciar la ascensión a la vecina Cabeza de Hierro Menor (2.374 metros); una escarpada subida que obliga a ayudarse con las manos para superar los grandes bloques de granito que, como una auténtica muralla, defienden su cumbre. Una vez superada la pequeña de las cabezas, comienza un largo descenso hasta el ventoso collado de Valdemartín, para alcanzar después el penúltimo pico: Valdemartín, de 2.280 metros. Para hollar la octava y última cumbre, el Alto de las Guarramillas (2.265 metros), apenas queda descender hasta el collado homónimo, en cuya vertiente sur se ubica el Ventisquero de La Condesa, punto donde nace el río Manzanares. En este alto, conocido popularmente como la Bola del Mundo, hay una antena repetidora de televisión cuya forma recuerda al cohete que ilustraba la portada de uno de los cómics de Tintín (Objetivo: la Luna), y desde aquí vemos despuntar las primeras claridades del nuevo día. En menos de una hora de bajada llegaremos a Navacerrada, donde concluirá esta pequeña aventura nocturna sumamente inspiradora.

Consejos antes de ponerse en marcha

Distancia y dificultad. Sin gran complejidad técnica, la marcha completa de la Cuerda Larga tiene 21 kilómetros de ruta y más de 1.000 metros de desnivel acumulado. De 7 a 9 horas de caminata y dificultad media/alta.

Un coche en cada puerto. Al ser una ruta lineal tan larga, lo ideal es dejar un vehículo previamente al final (en La Morcuera o Navacerrada) si no se quiere deshacer la marcha o aguardar al primer transporte de la mañana. Otra opción es cambiar las llaves del coche durante el recorrido con otro grupo de conocidos que lo realice en sentido inverso.

Luz, agua y víveres. En rutas nocturnas es imprescindible una linterna frontal (y batería de repuesto), bastones y caminar despacio. También comer y beber cada dos horas (aunque no tengamos sed) y consultar el parte meteorológico antes de salir.

Mejor acompañados. En montaña es preferible no caminar solo, pero, si lo hacemos, es recomendable descargar el mapa de la ruta en el móvil (por ejemplo, desde Wikiloc) y cargar bien la batería.

Con guía. sierradelguadarrama.com y planetsport.es ofrecen la Cuerda Larga nocturna entre sus actividades.

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