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Sin esquís y a lo loco

De Sierra Nevada al Pirineo Un descenso de más de dos kilómetros en un trineo de madera, noche en un iglú, bicicletas para circular por la nieve y otras diversiones blancas

Una excursión con raquetas de nieve en la estación de Cerler, en Huesca.  Ampliar foto
Una excursión con raquetas de nieve en la estación de Cerler, en Huesca. 

Lejos quedan ya los tiempos en los que las estaciones de esquí eran espacios de uso exclusivos para los aficionados a este deporte (pocos recuerdan que en los primeros tiempos del snowboard, estas tablas estaban prohibidas en las pistas). Hoy se han convertido en centros con multitud de opciones al aire libre en los que todo amante de la montaña puede encontrar su actividad. Aquí van diez propuestas para disfrutar de la nieve sin llevar puestos los esquís entre Sierra Nevada y el Pirineo francés.

En pisanieve por Sierra Nevada

Cuando la noche ha caído sobre la estación se ve a las máquinas pisanieve remontar pendientes imposibles para casi cualquier vehículo, pero sus más de 600 caballos de potencia las impulsan para que las pistas estén perfectas a la mañana siguiente. Conducir uno de estos tanques, o simplemente disfrutar de un viaje al atardecer en su cabina, es una de las experiencias más psicodélicas que se puede disfrutar en la estación de Sierra Nevada (Granada): iluminadas por sus potentes focos, como si de una nave espacial se tratase, montañas de nieve son agitadas por sus palas en pendientes de hasta el 40%. Y todo ello mientras están sujetas con un fuerte cable de seguridad que impide que la máquina resbale hacia los lados o se deslice durante las dos horas que dura la aventura. Conducir una de estas máquinas no requiere certificación alguna. Precio por máquina, con una capacidad máxima de 12 personas, 750 euros (con aperitivo incluido).

Tirolina en Grand Valira

La estación andorrana cuenta con una de las tirolinas más largas de la Península: 550 metros de longitud. Es una actividad abierta a los niños (deben pesar como mínimo 30 kilos), ya que cuenta con un sistema de silla y polea que no precisa de arnés ni hay que sujetar el cable con las manos. Se pueden alcanzar los 80 kilómetros por hora de velocidad mientras se vuela a 40 metros de altura por encima del Llac de Forn. Una actividad que pueden probar todos, esquiadores o no (desde 15 euros por persona).

Camping en Formigal-Panticosa

En esta estación del valle de Tena (Huesca) hay un complejo de grandes tiendas con forma de iglú, con enormes ventanales, donde se mezcla el lujo, la aventura y la naturaleza a 1.800 metros de altitud. En ellas se puede pernoctar en alta montaña, sumergido en la naturaleza, mientras se observa en silencio el cielo estrellado en pleno corazón del Pirineo sin apenas contaminación lumínica y con muchas comodidades. Por el día se puede optar por realizar un paseo con raquetas de nieve donde se aprende técnicas de supervivencia, y, por la noche, a disfrutar de una cena con productos de la zona. La experiencia solo se puede reservar para una noche (395 euros, dos personas).

Toboganing en Huesca

La estación de esquí Formigal-Panticosa cuenta también con la que probablemente es la pista para trineos clásicos de madera más larga de España: tiene dos kilómetros y medio de longitud. Para que la experiencia sea más memorable, la actividad se programa por la noche con la pista iluminada, cuando la estación se cierra al esquí. Eso sí, el descenso solo se puede realizar después de cenar en el restaurante Trattoria Cantal. Una actividad familiar divertida. Precio por persona: 42 euros.

Segway en La Molina

La estación de esquí pirenaica ofrece una forma de explorar los bosques del parque natural Cadí-Moixeró a través de senderos que se pierden por los pinares montado en un segway todoterreno, un ve­hículo eléctrico de dos ruedas muy intuitivo de usar (se desplaza con la inclinación del cuerpo o del manillar). Los paseos pueden durar hasta dos horas por caminos de montaña donde descubrir la naturaleza de los bosques que rodean la estación gerundense en todo su esplendor hibernal. Es una de las actividades más divertidas que se pueden realizar. Precio: de 14 a 60 euros, según el tiempo.

El observatorio del Pic Du Midi

Enclavado en la roca bajo uno de los observatorios astronómicos más altos de Europa, el hotel Pic Du Midi (Altos Pirineos, Francia) ofrece la opción de dormir a 2.877 metros de altitud después de haber observado estrellas y galaxias en uno de los cielos menos contaminados lumínicamente. Antes, una cena en su restaurante con platos de la gastronomía local. Si además es usted un experto esquiador y un loco del freeride puede realizar, a la mañana siguiente, un descenso de 10 kilómetros con más de 1.700 metros de desnivel. Una experiencia que cuesta desde 399 por persona.

Raquetas en Cerler

Para los que nunca se han puesto unas raquetas de esquí y quieren descubrir el mundo del senderismo en invierno, la estación de Cerler (Huesca) dispone de una sencilla ruta circular marcada con balizas de unos tres kilómetros. Un recorrido que se realiza en una hora. La ruta, de dificultad fácil, se inicia en la base del pico Cerler y el arroyo Ampriu y se adentra en una hermosa zona arbolada. Precio: 30 euros.

'Fatbike' en la estación francesa de Le Mourtis ampliar foto
'Fatbike' en la estación francesa de Le Mourtis

Fatbike en Le Mourtis

Cuando se cierra Le Mourtis, en Francia, a los esquiadores, se puede tomar un remonte con una fatbike, una bicicleta de mountain bike dotada de gruesos neumáticos que permite descender por las pistas de la pequeña estación gala. La experiencia de estar solos en la estación, rodando por pistas que atraviesan bosques, es de lo más gratificante. La bicicleta es muy manejable y responde bien a los frenos, aunque la dificultad aumenta cuando la nieve está muy blanda. La actividad cuesta 25 euros por persona.

Yoga en Loudenvielle

En el valle de Loudenvielle (Francia), a los pies de la estación de Peyragudes (Altos Pirineos), se encuentra en plena naturaleza un camping cinco estrellas que reabrirá sus puertas el 16 de febrero tras una reforma. La Vacance-Pène Blanche está equipado con recepción chill out y casas móviles de madera. Mientras unos se deslizan en la estación de esquí otros pueden tomar clases de yoga, taichí o respirología y disfrutar de la piscina japonesa o los baños nórdicos.

 

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