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Paradores, viaje por el arte total

Desde tapices de Rubens hasta una de las muestras más completas de pintura española de posguerra, la colección artística de Paradores sorprende por variada y desconocida. Detrás hay una historia de adquisiciones y mecenazgo que, hoy, sirve de lanzadera de artistas contemporáneos.

Uno de los retratos que se pueden ver en el parador de Almagro (Ciudad Real). Ampliar foto
Uno de los retratos que se pueden ver en el parador de Almagro (Ciudad Real).

Cualquier catálogo artístico con nombres como los de Pablo Palazuelo, Benjamín Palencia, José Vela Zanetti, Dau al Set o Lucio Muñoz remitiría a un museo o centro de arte contemporáneo. Si le añadimos tallas góticas del siglo XIV, un relieve en piedra de Juan de Juni, diverso y profuso mobiliario de entre los siglos XVI y XVIII, una rica presencia de óleos del siglo XVII o seis maravillosos tapices flamencos fabricados a partir de cartones de Rubens, el desconcierto a la hora de adivinar el contenedor se hace mayúsculo. Por extraño y paradójico que parezca, obras de todas estas épocas, autores y estilos están representados en la colección de arte propiedad de Paradores.

Extraño porque no hay cadena de hoteles en el mundo que posea más de 9.000 piezas artísticas, acostumbrados como estamos a comprobar cómo la decoración de muchos establecimientos se nutre de láminas, jarrones y tapices casi siempre de tercera categoría. Y paradójico porque, a pesar de que esta red se asocie habitualmente a antiguos conventos, palacios, castillos y hosterías, lo cierto es que la mayor parte de sus pinturas pertenecen a tres generaciones de los mejores artistas españoles de posguerra: “Estoy convencido de que, para los aficionados [al arte, esta colección] constituirá una verdadera sorpresa porque, a través de su recorrido, se puede hacer una historia bastante completa de la pintura española entre 1940 y 1960”, escribió Francisco Calvo Serraller para el catálogo publicado a raíz de la exposición de parte de esta colección en la sala Azca de Madrid en 2015.

En el contraste está el gusto

El nacimiento de Paradores en 1928 debe inscribirse en una época en la que las ideas de regeneración y recuperación de la identidad nacional tras el desastre del 98 sirvieron para que apareciera un pensamiento práctico que, entre otras cosas, puso en valor las particularidades del país y, especialmente, su rico patrimonio. Por ello, a las obras artísticas ya presentes en los propios edificios (de ahí que De Juni o Pietro Aquila estén representados) se unieron las procedentes de la compra de piezas por parte de la Administración e incluso de la colaboración de los propios arquitectos que reconstruían o rehabilitaban los edificios, toda vez que ejercían a la vez de gestores de la obra artística. “Esa política y esa gestión hizo que las piezas adquiridas, desde su contemporaneidad, nivelaran la carga histórica de los edificios que las albergaban”, resumen desde Gestión de Patrimonio Artístico de la red.

Algo que ni la Guerra Civil, interruptora de gran parte de este intento de regeneracionismo, pudo frenar en el caso de Paradores. Un ejemplo: cuando se inauguró el de Santiago en 1954 (asentado sobre un hospital de 1499), se encargó obra para su decoración a jóvenes artistas españoles que hoy son referentes de la pintura nacional, e históricamente agrupados en la Escuela de Madrid: Agustín Redondela, Menchu Gal, Cirilo Martínez Novillo o Álvaro Delgado, entre otros. Esto hizo que una arriesgada apuesta por autores prácticamente desconocidos suponga hoy contar con amplias representaciones de la trayectoria de nombres consagrados.

Julián Casado, en el parador de Cuenca

La riqueza artística de Paradores no se queda solo en estos autores de posguerra. De hecho, con ellos conviven anteriores como Vicente López, Francisco Lucas Villaamil, Rafael de Penagos o Darío de Regoyos, pero también Juan Genovés, Manolo Valdés, Lucio Muñoz, David Lechuga o Fernando Bellver, que alargan prácticamente hasta la Transición y casi hasta nuestros días la nómina.

La obra de Julián Casado, recién cedida por su viuda al parador de Cuenca. ampliar foto
La obra de Julián Casado, recién cedida por su viuda al parador de Cuenca.

Entre ellos está Julián Casado (1928-2014). Ya representado en la exposición permanente del parador de Segovia (un completísimo conjunto de piezas constructivistas con presencia de algunos de los artistas más representativos de este movimiento en España), ahora contará con un espacio propio y también permanente en el claustro del parador de Cuenca. Esto se ha conseguido tras la donación de su viuda, Elia Fernández, de la denominada Serie Malevich, variaciones sobre una misma estructura. Se trata de una instalación compuesta por 42 acrílicos sobre lienzo realizados entre 1978 y 1982 que Casado elaboró tras su estudio de la pintura suprematista y su planteamiento sobre la funcionalidad de la estructura de la imagen. La elección de Cuenca no es causal: la ciudad albergó un círculo artístico en torno a Fernando Zóbel y Gustavo Torner que acogió a los artistas abstractos más destacados de aquella época, entre los que se encontraba Casado.

Granada y Rubens, restaurados

Toda esta riqueza artística conlleva también un complejo proceso de restauración por parte de Paradores habitualmente poco conocido. “La red destina una parte anual de su presupuesto a restauración de obras, algo que varía anualmente según las necesidades de cada parador”, explican desde Gestión de Patrimonio Artístico. En 2017 se restauraron más de 250 obras.

Uno de los tapices basados en cartones de Rubens en el parador de Hondarribia (Guipúzcoa). ampliar foto
Uno de los tapices basados en cartones de Rubens en el parador de Hondarribia (Guipúzcoa).

En 2018 estas labores se han realizado, por ejemplo, en los paradores de Lerma, Antequera, Bielsa, Málaga Golf, Oropesa, Jaén, Ferrol, Mazagón, Plasencia y Mojácar: entre otras obras, cuatro pinturas que van del siglo XVII al XX, un bordado del siglo XVI, tres cantorales góticos del siglo XV o 15 obras gráficas. Destacan esencialmente dos: el techo pintado por Lucio Muñoz –aprovechando que el parador de León, en el que está ubicado, está cerrado por reforma, y que podrá volver a verse en todo su esplendor con la reapertura en 2020- y la capilla del parador de Granada. La recuperación de esta última se ha culminado este mismo mes de diciembre y se ha realizado en dos fases: por un lado, la del retablo barroco del siglo XVIII y, por otro, la de las pinturas murales y las cornucopias que decoran los paramentos.

Otra importante labor de restauración culminó en 2017 cuando de las paredes del parador de Hondarribia volvieron a lucir, con todo su esplendor, los tapices flamencos que sobre el mito de Aquiles se fabricaron a partir de los cartones creados por Pedro Pablo Rubens. Se trata de una de las piezas más destacadas de la colección de Paradores (que conserva seis de las ocho escenas originales, ya que dos están desaparecidas), y cuya ejecución se especula que podría ser de entre 1665 y 1670. De hecho no se sabe cómo entraron en España, pero sí cómo llegaron a Paradores: a través de compra directa de un coleccionista privado de Jerez de la Frontera, adquiridos precisamente para decorar el parador vasco. La restauración consistió en su limpieza, forrado y reintegración y, para su montaje, se diseñó un sistema que permite mantener una cámara de aire en la parte posterior, evitando así problemas de humedad.

Museos intramuros

La nómina artística de Paradores es ingente, pero su puesta en valor quedaría mermada sin mencionar dos de los establecimientos que mejor obra en su conjunto albergan en su interior. Uno es el parador de Almagro (Ciudad Real) que, en medio de la austeridad de las llanuras manchegas, sus paredes muestran cinco interesantes retratos de autores con presencia en importantes colecciones del mundo: Retrato de caballero, del flamenco Frans Pourbus, el Joven (1569-1622), descendiente de una importante saga de artistas; La reina María Cristina de Borbón, de Vicente López Portaña (1772-1850), primer pintor de cámara de Fernando VII; un anónimo del siglo XVII, que destaca por su estilo cercano al de creadores como Rembrandt y de delicada y sutil factura; y los de una dama y un caballero obra Felipe Diriksen (1590-1679), miembro de una familia de pintores de origen flamenco afincados en España y cuya calidad recuerda la de los mejores retratos de la escuela de Flandes.

El retrato de la reina María Cristina de Borbón, de López Portaña. ampliar foto
El retrato de la reina María Cristina de Borbón, de López Portaña.

El otro parador es el de Santo Estevo (Ourense), asentado sobre un monasterio originario de los siglos VI-VII y exhibidor de nada menos que 270 piezas artísticas, entre las que destacan La idolatría de Salomón de Luca Giordano, tablas aragonesas del siglo XV y obra gráfica de Picasso, Manolo Valdés, Tàpies o Dalí, que conviven con mobiliario de conocidos diseñadores como Mies van der Rohe, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, Frank Gehry, Alvar Aalto o Tom Dixon. Si en él alguien sufre una sobredosis de arte contemporáneo, siempre puede darse una vuelta por dentro y por fuera del edificio para relajarse con su mezcla de trazas románicas, góticas y renacentistas y sus tres claustros. ¿Alguien da más?

Cubrir el vacío artístico del siglo XXI

Paradores, viaje por el arte total

Como empresa pública, la crisis también ha pasado factura a Paradores. Durante años, la política de adquisición de arte se detuvo y la red vivió de las rentas del valioso material que posee. Sin embargo, en los últimos años el movimiento artístico en sus interiores ha vuelto gracias al mecenazgo. Para ello, Paradores ha llegado un acuerdo con Ars Fundum para cubrir un importante vacío del arte más cercano, el del siglo XXI.

Se trata de una entidad privada dedicada al coleccionismo de arte contemporáneo ibérico y que promociona a una serie de artistas a través de proyectos expositivos y colaboraciones con museos e instituciones. Es aquí donde entra Paradores que, gracias a estas cesiones, resuelve su falta de actualidad artística en sus paredes y promociona y da visibilidad (igual que se hizo en los años 50 y 60 del siglo pasado) al trabajo de este elenco de creadores.

La primera colaboración con Ars Fundum se realizó en 2012 en el parador de Lorca y actualmente se puede ver en los de Corias (Asturias) y Cádiz. La imponente biblioteca del primero, ubicado en un monasterio benedictino del siglo XI, acoge una instalación del portugués Rui Macedo, hecha expresamente para este espacio (que se intervino precisamente para ella) y compuesta por 31 cuadros pintados al óleo que simulan ser marcos vacíos en los que aparece una cartela de artistas de renombre en la historia del arte. El de Cádiz aprovecha su importante reforma y el protagonismo que, a partir de ella, adquirió la luz para exponer la obra de algunos de los escultores españoles más representativos.

Esta noticia, patrocinada por Paradores, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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