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El último tesoro del Capitán Nemo

Atarcederes atlánticos al ritmo del festival Sinsal, en el archipiélago gallego de San Simón

Varios asistentes al festival Sinsal, celebrado en la isla de San Simón a finales de julio.
Varios asistentes al festival Sinsal, celebrado en la isla de San Simón a finales de julio.

Si hay un lugar con privilegiadas vistas al mar es el archipiélago de San Simón, un trozo de historia y un paraíso cultural que solo se puede visitar los fines de semana de verano. Este enclave ubicado en el municipio pontevedrés de Redondela protagoniza la ría de Vigo y cuenta con un horizonte único, el puente de Rande. Aquí, en las islas de San Simón y San Antón, se celebra desde el año 2010 el festival Sinsal, una propuesta que no abandona sus principios desde su creación en 2003. Este evento musical esconde entre los muros de piedra de este recinto natural un gran secreto: el nombre de los artistas que componen los cuatro días de cartel. Las 800 personas que acuden a la cita el último fin de semana de julio descubren la sorpresa al bajar del barco.

Premiado como mejor festival de pequeño formato por los Iberian Festival Awards y Premios Fest, el Sinsal alberga una enorme calidad de arte en directo y una conciencia sostenible y de género que lo distinguen sobre los demás. Este año han liderado sus escenarios el mismo número de mujeres que de hombres, demostrando que se puede programar pensando en la igualdad. Además, la selección musical internacional no se deja llevar por la industria y se preocupa por encontrar diversidad y riesgo en las historias de cada uno de sus artistas. Son buenos ejemplos la liberación sexual por la que canta el sudafricano Nakhane, la superación femenina del trío tuareg Les Filles de Illighadad o las nuevas voces nacionales de Side Check y Mordem.

Una de las actividades de la pasada edición del fesival Sinsal, en Galicia. ampliar foto
Una de las actividades de la pasada edición del fesival Sinsal, en Galicia.

Aquí todo está pensado, desde los ceniceros y vasos reutilizables hasta las fuentes de agua natural y el horno de leña del puesto de pizzas. Una filloa, una empanada con tetilla, un vino de las Rías Baixas y hasta un licor café de la Costa da Morte, cada detalle esconde una coherencia local insólita. Y es que el Sinsal es el un festival único plagado de propuestas, algo que en esta última edición han sabido reflejar el alemán Aleksander Kolkowski, que ha grabado algunos de los conciertos en sus cilindros de cera, y la artista María Meijide, que ha plasmado la esencia de esta cita con acuarela.

Una de las obras que la artista Maria Meijide pintó en el festival. pulsa en la foto
Una de las obras que la artista Maria Meijide pintó en el festival.

Entre eucaliptos muy antiguos que han visto guerras y han sentido la muerte de cerca en el pasado se desplegó un campo de concentración franquista, un orfanato y hasta un lazareto marítimo. Ahora, este trozo de tierra reconvertido en Bien de Interés Cultural ilumina la memoria de quienes lo pisan. Observar las estatuas del Capitán Nemo y sus buzos e imaginar los tesoros que emergieron de este fondo marino, admirar entre la vegetación cualquier atardecer atlántico o descubrir delfines bailando entre los islotes que rodean San Simón son algunos de los placeres en este paraíso terrenal anclado a Galicia.

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