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Cocodrilos en Mozambique

El cineasta Carlo D’Ursi recuerda los paisajes de la capital Maputo y principalmente de la pequeña ciudad de Marracuene

Carlo D’Ursi está de estreno: el largometraje Jefe, del que es productor y actor, se proyectará en el Festival de Málaga el domingo 15 de abril y su premiado cortometraje Tabib se estrena el 20 de este mes. El cine supone para él un intercambio cultural, y el mejor ejemplo es su estancia en Mozambique para rodar El último vuelo del flamenco.

¿Fue su primer viaje a África? 

Sí, y allí me instalé durante seis meses con todo el equipo de diversos países. Fue una fantástica unión de culturas porque, además, trabajamos con un equipo local y así la película les sirvió como proyecto de formación.

¿Qué paisajes conoció? 

El urbano de la capital, Maputo, y principalmente el de la pequeña ciudad de Marracuene, más integrada en la naturaleza. Lo que más me gustó fue vivir el equilibrio que hay allí entre naturaleza y humanos. El desarrollo urbanístico en Mozambique no es tan evidente como en Europa, y eso te acerca a lo paisajístico nada más salir de Maputo.

¿Cuál era su menú del día? 

Tienen muchas hortalizas porque el clima es muy propicio para su cultivo. Comí también muchos guisos de influencia portuguesa. Principalmente de gallina, que tiene un sabor más consistente que el pollo.

¿Alguna anécdota del rodaje?

Una muy intensa: como actor yo tenía una escena de amor a orillas de un río. Al ser de noche había cocodrilos al acecho muy cerca de nosotros. Así que di mis besos mirando con el rabillo del ojo a ver si andaban por ahí. Finalmente no pasó nada: encontramos un espacio donde no nos molestábamos los unos a los otros.

¿Le quedó algún día libre para viajar por la zona?

Sí, bajé a Sudáfrica al parque nacional de Kruger. Tuve mucha suerte porque vi a los cinco grandes de la selva: el león, el rinoceronte, el búfalo, el elefante y el leopardo. La experiencia te hace darte cuenta de que estás entrando en su mundo y que has de hacerlo con respeto, para admirarlos. También vi a una leona cazar y descuartizar a un chimpancé para sus crías. Es cruel, pero a la vez es un acto de amor.

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