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Yukón, una aventura canadiense

Glaciares sin nombre, bosques inmensos, ciudades efímeras de la fiebre del oro y casi deshabitadas. Casi en el Círculo Polar Ártico, un recorrido por el que es uno de los últimos territorios para aventureros

El Tombstone Territorial Park, en Yukón.
El Tombstone Territorial Park, en Yukón.

Si algún viajero piensa que no quedan territorios vírgenes, tal vez deba viajar a Yukón, un territorio casi tan grande como España pero con solo 34.000 habitantes. Este rincón del noroeste de Canadá, fronterizo con Alaska, sigue siendo en pleno siglo XXI una tierra salvaje, donde casi todas las especies animales superan en número a la humana y con paisajes de una majestuosidad y belleza que solo pueden apreciarse en persona. Pocos rincones han permanecido tan inalterados a lo largo del tiempo. Los aborígenes, que han logrado sobrevivir aquí miles de años, siguen cazando y poniendo trampas como siempre y solo hay un breve período de la historia en el que la zona saltó a la fama mundial: con la fiebre del oro de Klondike, en 1898, lo que marcó la cota máxima de población aunque dejó una herencia efímera.

Yukón es un destino para amantes de la naturaleza y de los deportes al aire libre: las cinco montañas más altas de Canadá y los mayores campos de hielo subárticos del mundo están en el virgen e imponente Kluane National Park, y las expediciones en canoa por el río Yukón son inolvidables.

Una de las calles de Dawson City. ampliar foto
Una de las calles de Dawson City. age

Dawson City, la ciudad del oro

Dawson City es probablemente la ciudad auténtica de Canadá. Con sus edificios de vivos colores atrajo en el pasado a miles de buscadores de oro de Klondike, pero hoy atrae sobre todo a artistas y viajeros que se sienten como en casa en el ambiente de puertas abiertas que corre por la localidad. Se puede cribar oro en los gélidos ríos o jugar al póker en el saloon histórico, donde aún se baila el cancán, antes de empaparse del espectacular paisaje que la rodea.

Situada en una estrecha plataforma en la confluencia de los ríos Yukón y Klondike, 240 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico, sus calles siguen llenas de edificios antiguos con inseguros cimientos de permafrost que albergan una rica vida cultural. Es fácil revivir la fiebre del oro en los numerosos recintos históricos restaurados, como el Palace Gran Theatre, la Residencia del Comisionado o el Museo de la Ciudad y hasta 26 edificios rehabilitados donde se recrea aquel pasado, entre los que se incluye la cabaña de Jack London convertida en un centro de interpretación para ambientarse en la obra del escritor.

En Whitehorse se encuentra la Old Log Church, la única catedral de estilo cabaña de troncos que hay en el mundo. ampliar foto
En Whitehorse se encuentra la Old Log Church, la única catedral de estilo cabaña de troncos que hay en el mundo.

Whitehorse, la sorprendente capital de Yukón

Es la segunda ciudad de la zona y la capital del territorio desde 1953, sustituyendo a Dawson City, mucho más pequeña y aislada. Es difícil no pasar por Whitehorse, porque es su principal nudo de comunicaciones, donde se cruzan las dos grandes carreteras del territorio, la de Alaska y la de Klondike. También fue el punto al que llegaba el ferrocarril desde Alaska y durante la II Guerra Mundial sirvió de centro de operaciones para las obras de la Alaska Highway. Por eso es el punto de partida para hacer todo tipo de excursiones. De aquí parten las expediciones en canoa y kayak hasta Carmacks o Dawson City y hay numerosas empresas que ofrecen equipos, guías, excursiones y clases y todo tipo de servicios de planificación para estas rutas que pueden hacerse entre 8 y 16 días.

En Whitehorse existe una intensa comunidad artística (sobre todo en artes visuales), buenos restaurantes y muchos hoteles. Y en el centro se levanta la Old Log Church, la única catedral de estilo cabaña de troncos que hay en el mundo, una joya de 1900.

Una ojeada al río y a sus orillas dan ganas de pasear. La estación White Pass & Yukon Route Station ha sido restaurada y es el punto de referencia de la zona. Se puede hacer también el paseo en el tranvía ribereño (www.yukonrails.com) que conecta todos estos puntos de interés o apuntarse a una de las excursiones gratuitas de la Yukon Conservation Society (www.yukonconservation.org) para descubrir las bellezas naturales que rodean Whitehorse. Hay varios itinerarios de diversa dificultad, muchos centrados en el espectacular Miles Canyon.

Un coche para en una de las carreteras de Yukón ante una pareja de caribús. ampliar foto
Un coche para en una de las carreteras de Yukón ante una pareja de caribús.

Un ‘road trip’ por la Klondike Highway

Es una de las rutas más épicas del mundo, un recuerdo de aquella fiebre del oro que puso a Yukón en el mapa por primera vez en la historia, y donde es fácil encontrarse alces y osos por el camino.

La Klondike Highway comienza realmente en Alaska, en Skagway, junto al mar y asciende hasta el puerto de Chilkoot para cruzar paisajes alpinos de camino a Carcross. Enseguida se penetra en la tierra sobre la que tanto escribió Jack London. Gran parte del recorrido coincide con el Gold Rush Trail, la ruta de los buscadores de oro. La carretera lleva a Whitehorse, que ofrece arte y panaderías ecológicas, y continúa hasta la excéntrica Dawson City donde conviene quedarse unos días. De aquí se puede hacer una excursión de un día al Tombstone Territorial Park para contemplar su grandiosidad.

Si seguimos la Top of the World Highway (Hwy 9), cruzaremos las montañas hasta la frontera con Alaska, y continuaremos por Estados Unidos y por la Alaska Highway hasta Beaver Creek, en Yukón. La carretera entre este punto y Haines Junction es sublime; va paralela al Kluane National Forest y las montañas Saint Elias. La espectacular Haines Highway conduce a Haines (Alaska), punto final del viaje.

Una excursión en canoa por el lago Kluane. ampliar foto
Una excursión en canoa por el lago Kluane.

Yukón extremo: solo para deportistas

Las duras condiciones climáticas de la zona dan lugar a arduas competiciones. La principal es la Yukon Quest (www.yukonquest.com), una legendaria carrera de 1.600 kilómetros de trineos tirados por perros que va desde Whitehorse hasta Fairbanks (Alaska) y a temperaturas de 50ºC bajo cero en pleno febrero. Es la prueba máxima para mushers y huskies. El récord de la carrera, en la edición de 2014, es de 8 días, 14 horas, 21 minutos.

Hay más carreras épicas en la zona, como la Yukon River Quest (www.yukonriverquest.com; finales junio), que es la primera carrera de canoas y kayaks del mundo y recorre el tramo clásico de 742 kilómetros por el río Yukón, de Whitehorse a Dawson City, o la Klondike Trail of ’98 Road Relay (klondikeroadrelay.com), a principios de septiembre, una carrera de relevos de Skagway a Whitehorse en la que participan un centenar de equipos de 10 atletas.

Tombstone Territorial Park

Hay que perderse en este inmenso parque y rodearse de la grandiosidad del norte para comprender el espíritu de Yukón. El Tombstone Territorial Park (www.env.gov.yk.ca), que bordea la Dempster Highway a lo largo de unos 50 kilómetros, es una sencilla excursión de un día desde Dawson City. Los valles están teñidos de verdes y grises y las escarpadas crestas aparecen salpicadas de pequeños glaciares y lagos alpinos. El tímido verano se impone en julio con un estallido de flores silvestres moradas. Las nubes barren la tundra y provocan chubascos interrumpidos con rachas de sol intenso. Ante este espectáculo, uno entiende lo que es el silencio.

Acampada en el Kluane National Park. ampliar foto
Acampada en el Kluane National Park.

Kluane National Park and Reserve: inimaginable belleza

El Kluane National Park es una extensión salvaje de glaciares entre picos graníticos. Uno se siente diminuto rodeado de tanta belleza gigantesca, en un lugar donde se puede jugar a encontrar y bautizar uno de sus 100 glaciares sin nombre o a llegar hasta alguno de los más de 100 glaciares que sí lo tienen (a veces con apellido).

Reconocido por la Unesco como un “imperio de montañas y hielo”, este parque nacional ocupa el territorio al sur de la Alaska Highway hasta casi la frontera con Alaska, un territorio escarpado y magnífico que cubre 22.015 kilómetros. Junto con el Tatshenshini-Alsek Provincial Park de la Columbia Británica, al sur, y el Wrangell-St Elias National Park de Alaska, al oeste, forma una de las áreas protegidas más extensas del mundo. El nombre de Kluane proviene de una palabra de los tutchone del sur que significa “lago con muchos peces”.

El parque está formado principalmente por las Saint Elias Mountains y los mayores campos de hielo no polares del mundo. Los glaciares intercalados con valles, lagos glaciares (entre ellos el lago Kluane, el más extenso de Yukón), bosques alpinos, prados y tundra ocupan dos tercios del total. Las Kluane Ranges (con una altitud media de 2.500 metros) se ven a lo largo del lado occidental de la Alaska Highway, rodeadas en su base por un cinturón verde donde se concentra casi toda la fauna y la flora de la zona.

Vista aérea del Kluane National Park, reconocido por la Unesco como un “imperio de montañas y hielo”. ampliar foto
Vista aérea del Kluane National Park, reconocido por la Unesco como un “imperio de montañas y hielo”.

Ocultos se hallan los campos de hielo y los altos picos, como el Mt Logan (5.959 metros) y el Saint Elias (5.489 metros), los dos montes más altos de Canadá. Desde el mirador del kilómetro 1.622 de la Alaska Highway y la zona del Donjek River Bridge pueden divisarse parcialmente los picos interiores, pero las mejores vistas se obtienen desde el aire.

Este es un lugar magnífico para hacer excursiones por los bosques al pie de las montañas, por los senderos señalizados o por rutas menos definidas, como los viejos caminos mineros o senderos tradicionales aborígenes. Para los amantes de la fauna, es un lugar fantástico para observar muflones, osos grises, osos negros, alces, caribúes, cabras y 150 variedades de aves, como águilas y algún halcón peregrino.

Con la policía montada por la Dempster Highway

Esta accidentada y difícil ruta lleva el nombre apropiado: William Dempster, quien solía realizar viajes de 700 kilómetros en trineo. Este emocionante recorrido de 736 kilómetros es una de las grandes rutas aventureras de América del Norte, que serpentea por desolados montes, valles esmeralda y tundras interminables, y atraviesa el Tombstone Territorial Park. Empieza 40 kilómetros al sureste de Dawson City desde la Klondike Highway y se dirige al norte por los montes Ogilvie y Richardson, más allá del Círculo Polar Ártico, y prosigue hacia Inuvik (NWT), cerca de las costas del mar de Beaufort.

Construida sobre una gruesa capa de grava que la aísla del permafrost (sin la cual se hundiría con el deshielo) está abierta casi todo el año, pero la mejor época para viajar es de junio a principios de septiembre, cuando funcionan los ferris que cruzan los ríos Peel y Mackenzie. En invierno, el hielo forma un puente natural sobre los ríos, que se convierten en carreteras de hielo. La Dempster se cierra durante el deshielo primaveral y cuando hiela en invierno, por lo que hay que consultar siempre el estado de la carretera. Se tarda entre 10 y 12 horas en llegar a Inuvik sin paradas, y en la carretera hay pocos alojamientos y servicios, que se limitan a campings y algún pequeño hotel.

Excursión por The Chuck Creek Trail que lleva al Tatshenshini–Alsek Park. ampliar foto
Excursión por The Chuck Creek Trail que lleva al Tatshenshini–Alsek Park.

La soledad extrema de los parques árticos

Al norte del Círculo Polar Ártico, la población yukonesa se limita a unos pocos centenares de almas. También es difícil llegar a cualquier lugar, incluso a los habitados, como el pueblo de Old Crow (280 habitantes), donde viven los aborígenes vuntut gwitch’in. Su sustento se basa en la legendaria manada de caribúes de Grant (130.000 ejemplares), que cada año emigran entre el Arctic National Wildlife Refuge (ANWR) en Alaska y Yukón.

En el lado yukonés de esta inmensa llanura de tundra ártica hay una gran franja protegida en los contiguos Vuntut National Park e Ivvavik National Park, donde las opciones de visita son muy limitadas y precisan mucha información previa. Otro de los parques árticos es el Herschel Island Qikiqtaruk Territorial Park (www.yukonparks.ca), cuyo nombre en inuit significa “es una isla” (y lo es). Apenas asomando en las aguas de la bahía Mackenzie, en el mar de Beaufort, Herschel posee una larga tradición de presencia humana. A finales del siglo XIX los balleneros estadounidenses se establecieron en Pauline Cove. Abandonada en 1907, conserva varios edificios de madera dejados por los balleneros. Hoy las familias inuvialuit utilizan la isla, que puede visitarse en verano, para la caza tradicional.

Más información en www.lonelyplanet.es y en la guía de Lonely Planet de Canadá.

La fiebre del oro, Jack London y el Yukón

A finales del siglo XIX y principios del XX se desató la fiebre del oro en las tundras heladas de Yukón, un territorio entre Canadá y Alaska de naturaleza inhóspita.

En 1870 se descubrió oro en un afluente del río Klondike, cerca de la actual Dawson City. De la noche a la mañana llegaron más de 40.000 buscadores de fortuna. Dos años más tarde, Yukón se convertía en territorio independiente y Dawson City en su capital. Durante esta época hombres y mujeres de diversas latitudes se embarcaron en las más inverosímiles travesías en busca de la riqueza material. Fue en este escenario donde Jack London situó tres de sus primeros y más conocidos relatos, como La llamada de lo salvaje o Colmillo Blanco, donde el escritor de aventuras reflexiona acerca de los instintos, el desafío del ser humano a la naturaleza, la vida y la muerte. London fue un miembro activo de la gold rush del área de Klondike. Viajó hacia el norte en 1897 con su cuñado; de su lucha en medio de las terribles condiciones le quedaron diversas lesiones que lo aquejarían de por vida, algo de oro y, quizá lo más valioso, un puñado de historias con las que inició su carrera literaria.

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