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Aire libre

La Foradada, asomados al gran delta

A 684 metros de altura, La Foradada es un mirador privilegiado sobre la desembocadura del Ebro en la costa de Tarragona

Sant Carles de la Ràpita y, al fondo, la punta de la Banya, en el delta del Ebro.  Ampliar foto
Sant Carles de la Ràpita y, al fondo, la punta de la Banya, en el delta del Ebro. 

Drones aparte, la mejor panorámica aérea sobre el delta del Ebro se encuentra en La Foradada, el accidente geográfico más reconocible de la zona. Esta formación de estética agujereada se sitúa en la cumbre de la sierra tarraconense del Montsià, la que da nombre a la comarca más meridional de Cataluña. Una serranía prelitoral relativamente alta y declarada espacio de interés natural. La ascensión a La Foradada, que no es aconsejable durante el verano, constituye una excursión perfecta de montañismo cualquier día de sol invernal.

La Foradada, asomados al gran delta ampliar foto

Justo detrás de Sant Carles de la Ràpita se yergue La Foradada, como si estuviese ahí solo pretendiendo enmarcar el Mediterráneo. El topónimo no deja margen de duda (foradada es horadada, en castellano), su factura es más común verla a orillas del mar, producto de la erosión del oleaje y, en este caso, del mistral (cierzo). Dentro de ella se tiene la sensación de encontrarse delante de un acantilado. Nada puede igualar su extraordinaria subida, que fuerza al senderista a salvar un muy soportable desnivel de 444 metros en cerca de una hora y media de caminata. Incluso los niños mayores pueden responder al envite.

El inicio de la ruta

En el punto kilométrico 1.175 de la carretera N-340, a la altura del acceso Oeste a Sant Carles de la Ràpita habrá que aminorar la velocidad puesto que allí está señalizado el camino a Mata-redona, el área interpretativa del bosque del Burgar y La Foradada.

Siguen tres kilómetros de camino por una carretera estrecha y asfaltada rodeada de almendros, olivos y palmitos que toca a su fin en el aparcamiento de Cocó de Jordi. Llega el momento de ceñirse la mochila y mirar de hito en hito al barranco del Solito. Tras 1.350 metros de subida por el sendero PR-83 (hay señales blancas y amarillas), entroncamos con el GR-92 —la autopista senderista del Mediterráneo—, que recorre Cataluña verticalmente desde Portbou. A partir de este punto el territorio cambia y presenta su cara más umbrosa con el bosque del Burgar. La vegetación arbustiva baja y a menudo punzante deja paso a las encinas.

Una familia observa el paso de una bandada de flamencos en el delta del Ebro
Una familia observa el paso de una bandada de flamencos en el delta del Ebro

A 310 metros de la bifurcación nos espera el manantial de la fuente del Burgar (con agua todo el año), aunado al horno de cal y al área interpretativa del bosque del Burgar, en la que diversos paneles explican la producción de cal y carbón, tradicional por estos pagos. También aporta su encanto, a mano derecha, la encina de edad matusalémica. Seguiremos las marcas rojiblancas hasta dejar a mano derecha la masía de Mata-redona, abandonada tras la histórica helada que asoló la costa levantina española en febrero de 1956.

La subida final

No hay más remedio, o placer, que seguir caminando hasta dar con el desvío a la izquierda que marca el final de la ruta. Como el Mediterráneo permanece oculto durante la subida, la sorpresa está garantizada. Las aberturas en la montaña o foradadas permiten extasiarse ante la llanura aluvial, último tramo del río Ebro. Tiene forma de D, y no de flecha deltaica, como se dibujaba antaño, cuando acumulaba mayor aporte de sedimentos (el delta se hunde irremisiblemente). La visión es poderosa a 684 metros de altitud. Abarca las Tierras del Ebro (terresdelebre.travel) y, en especial, el segmento de costa entre el castillo de Peñíscola (Castellón) y el cabo de Salou; desde Els Ports o puertos de Beceite hasta Peñagolosa y el Pirineo nevado. Este inesperado horizonte se extiende hasta las islas Columbretes.

Además, desde la oquedad se obtiene una estampa en la que los arrozales modifican su fisonomía en función de la época del año. En marzo empieza la inundación de los campos, con lo que el delta presenta una cualidad espejeante. En abril llega la plantada en los arrozales, tornándose la llanura un mes más tarde en una planicie verdosa. Durante el verano, la vista se tiñe del color dorado de las espigas.

Para variar, el regreso al bosque del Burgar lo podemos cubrir siguiendo el PR-83.

Aves y paddle surf

Un total de 230 especies de aves disfrutan del tercer mayor humedal de Europa, tras La Camarga francesa y Doñana. Los aficionados a su observación tienen en Cristian Jensen, de Audouin Birding (audouinbirding.net), un guía de calidad. Acoplando la cámara al telescopio podremos fotografiar, hasta finales de marzo, especies invernantes (el calamón, el morito…) solapadas con migrantes africanas como el carricerín común.

Para documentarse y reservar actividades, alojamiento y restaurantes en la zona es ideal acudir a la Estación Náutica Sant Carles de la Ràpita-Delta del Ebro (enlarapita.com). Alquilar barcas sin patrón, deslizarse en paddle surf con traje de neopreno por las salinas de la Trinidad o realizar rutas a las mejilloneras de Los Alfaques son algunas de las posibles opciones.

Poblenou del Delta (Amposta) es perfecto como base de operaciones. Sisco Porres se encarga de hacer allí la vida apacible en el Marjal Allotjament (marjalallotjament.com). Para comer bien, son recomendables las paellas de leña en Lo Pati D’Agustí (restaurantlopatidagusti.com) y el menú degustación que Joan Capilla sirve en su hotel l’Algadir (hotelalgadirdelta.com). Cuesta 37 euros (sin bebidas) y en marzo tiene como ingredientes destacados las galeras y las alcachofas.

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