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Somontano, de vinos y barrancos

Bodegas, pueblos medievales y los cañones que ha labrado y pulido el río Vero en la roca caliza de la sierra de Guara, en el Prepirineo de Huesca

Puente de Villacantal, del siglo XVI, situado en el cañón del río Vero, a la salida de Alquézar (Huesca). Ampliar foto
Puente de Villacantal, del siglo XVI, situado en el cañón del río Vero, a la salida de Alquézar (Huesca).

Si en la variedad está el gusto, el Somontano (Huesca) es un gustazo. Por la mañana, bodegas llenas de arte y tecnología. Por la tarde, una villa medieval rodeada de cañones y pinturas rupestres. Con los vinos pasa lo mismo. Hay 15 variedades de uvas, nada menos. Comes con un monovarietal de alcañón, que es una uva autóctona, al borde de la extinción, y cenas con otro de gewürztraminer, una alsaciana fragante a flores que lleva casi 30 años triunfando por estos lares. Los paisanos, para abreviar, la llaman guevus.

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10.00 La capital del vino

Pocas veces está tan claro dónde empezar un viaje como en este caso: el complejo de San Julián y Santa Lucía (1), en Barbastro, antiguo hospital e iglesia renacentista donde se encuentran reunidos el Consejo Regulador de la denominación de origen Somontano, el restaurante Trasiego, el Espacio del Vino, la oficina de turismo de Barbastro y el Centro de Interpretación del Somontano. Si uno no visitara nada más que esto, ya podría volverse para casa con el Somontano bien sabido, bebido y comido. Mención especialísima para Trasiego, que además de un excelente restaurante, donde se come de lujo (pero sin arruinarse) entre paredes forradas con antiguas duelas, es bar de tapas y tienda gourmet idónea para comprar vinos de la DO, aceites, quesos y tomates rosas de Barbastro, inconfundibles estos por su color y su gran tamaño. Para los barbastrenses, cualquier tomate que no pase del medio kilo es un cherry, una birria.

11.00 Visitas didácticas con niños

Una cosa es que los niños no beban alcohol y otra que no pueda recorrerse en familia una comarca vinícola sin que se mueran de aburrimiento y sus padres de mala conciencia. En los 80 establecimientos adheridos a la Ruta del Vino Somontano hay cuadernos didácticos creados por la escritora Sandra Araguás y el dibujante David Guirao. Los restaurantes disponen también de manteles de actividades y las bodegas ofrecen visitas pensadas para ellos, con degustación de mosto. Con niños (y con la conciencia tranquila) se puede visitar Enate (2) (Salas Bajas, enate.es), una bodega moderna y luminosa diseñada por Jesús Manzanares, con galería donde se exhiben los cuadros de Tàpies, Chillida, Saura o Plensa que lucen las etiquetas de las botellas. Su monovarietal de merlot es brutal, potente, exuberante, una gozada. Otra visita obligada es la coqueta bodega, con aire de villa italiana, donde se elabora el selecto Blecua (3) (carretera Barbastro-Naval, kilómetro 3,5), para muchos el mejor vino del Somontano. A tiro de corcho de esta última, en la misma carretera y kilómetro, se encuentra Pirineos (4) (barbadillo.com/pirineos), otra de las marcas que han hecho grande esta DO. En una ronda por las bodegas de la comarca tampoco puede faltar Sommos (5) (carretera N-240, kilómetro 155), un rutilante edificio recubierto de planchas de acero, obra del arquitecto Jesús Marino Pascual, donde prácticamente todo se hace por medio de ordenadores y robots.

La villa medieval de Alquézar. ampliar foto
La villa medieval de Alquézar.

13.00 Medieval Alquézar

Después de tanta modernidad apetece, para variar, acercarse a Alquézar, que es un pueblo medieval bellísimo, encastillado en una peña junto al cañón del río Vero, el mismo que atraviesa Barbastro 23 kilómetros después, justo antes de que se lo beba el Cinca. ¿Quién necesita máquinas de ciencia-ficción para viajar al pasado pudiendo pasear por estas calles empedradas hace 1.000 años, entre casas blasonadas, bajo los soportales de la plaza de Rafael Ayerbe o alrededor del claustro románico de la colegiata (6), donde los capiteles cuentan la infancia de Jesús o cómo Abel guardaba su rebaño?

14.00 Un menú interminable

En Alquézar es famoso el opíparo menú de Casa Gervasio (7): seis entrantes, dos primeros, dos cazuelas de legumbres, un guiso de carne, unas costillas de ternasco a la brasa y postre. Todo, por 25 euros. Algo más caros y elaborados son los menús de Casa Pardina (8), donde sirven una de las delicias del Somontano: la chireta, una tripa de cordero rellena de arroz, corazón, entresijos e intestinos. Para llevar, o para reventar ya, está el dobladillo, dulce típico de Alquézar que hacen en los obradores O’Forno (9) y L’Artica (10), ambos en la calle de la Iglesia.

16.00 Ruta de las Pasarelas

El más que necesario paseo digestivo se puede dar siguiendo desde el mismo pueblo la ruta de las Pasarelas, que va volada sobre el barranco del río Vero, o yendo a ver el ciervo de Chimiachas, perla del arte rupestre levantino. Ambas sendas se describen con detalle en la web de Turismo del Somontano. Otro día, con la panza menos llena, podremos volver para tirarnos con un neopreno por los toboganes, pasillos, badinas y piscinas que ha labrado el Vero en las calizas de la sierra de Guara (11). Lógicamente, para bajar a este infierno de agua esmeralda hay que contar con unos guías expertos, como los de Avalancha, Buenaventura o Vertientes.

Botellas en la bodega Pirineos, cerca de Barbastro (Huesca). ampliar foto
Botellas en la bodega Pirineos, cerca de Barbastro (Huesca).

18.00 De Barbastro al Tíbet

Barbastro tiene también sus bellezas, como la catedral, majestuosa iglesia de salón de principios del siglo XVI, o el Museo Diocesano, donde se conservan los frescos románicos de Villamana y Vio. Ya metidos en harina religiosa, podemos visitar la meca del Opus: el santuario de Torreciudad (12), a orillas del embalse de El Grado. Y también el monasterio budista de Panillo (13), que es un pedacito del Tíbet en el Pirineo, con su templo, sus 108 estupas, su molino de oraciones y su casa de velas.

21.00 Cena con chimenea

Además del mentado Trasiego, un lugar óptimo para cenar en Barbastro es La Bodega del Vero (14) (+34 974 31 11 83), restaurante de cuento escondido debajo de una tienda de frutas y alimentos selectos, donde a la luz de las velas y la chimenea se come lo mejor de cada temporada y cada día. No hay carta: solo sugerencias de viva voz. Sus fuertes: el chuletón de vaca vieja y las setas. A dos pasos, en una casa modernista, está el impecable hotel San Ramón del Somontano (15), con spa y restaurante de calidad. Quien prefiera pernoctar en Alquézar, no lo tendrá difícil, porque hay 900 plazas de alojamiento (¡tres por habitante!). El hotel Maribel y Casa Alodia son de toda confianza.

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