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El Marruecos bereber en ocho claves

Ruta por la historia de esta cultura milenaria entre aldeas de barro colgadas en las laderas del Atlas y 'ksars' que han servido de escenario en rodajes cinematográficos

Música y danza tradicionales en Imilchil (Marruecos), durante el 'moussem' nupcial que se celebra durante tres días cada mes de septiembre. Ver fotogalería
Música y danza tradicionales en Imilchil (Marruecos), durante el 'moussem' nupcial que se celebra durante tres días cada mes de septiembre.

Los romanos los llamaron bárbaros, pero a los orgullosos pueblos bereberes les gusta ser conocidos como imazighen, que significa hombres libres. Son una etnia milenaria, reliquia del mundo preislámico, que vive en diversos lugares del norte de África y que ha logrado transmitir su lengua y sus tradiciones de generación en generación a pesar de su complicado devenir histórico.

El Alto Atlas es uno de las regiones donde mejor se conserva esta cultura, en las bellas aldeas colgadas de sus laderas, como Tasselt, Tichki o Aït Ali, a un par de horas de Marraquech, donde practican la agricultura y el pastoreo. Un viaje cultural y en el tiempo sin necesidad de irse demasiado lejos.

01 Amores bereberes en Demnate

A tan solo hora y media de la sofisticada y turística Marraquech, cambiamos de ambiente: el mundo bereber nos envuelve en los sencillos pueblos que se esconden en las montañas del valle de Aït Bou Goumez, muy cerca de los arcoíris que crean las Cascadas de Ouzoud. Demnate es toda una inmersión en la cultura y la gastronomía locales, con el mejor aceite de oliva de Marruecos y unos Romeo y Julieta bereberes.

Cascadas de Ouzoud, cerca de Demnate, en Marruecos. ampliar foto
Cascadas de Ouzoud, cerca de Demnate, en Marruecos.

Lo mejor de la ciudad es la kasba Glaoui, en su época impresionante, y las murallas de adobe que han acabado por desmoronarse, aunque el fascinante patrimonio interreligioso ha sobrevivido. En el corazón de la localidad se halla el mellah judío, con una entrada a unos 150 metros a la derecha pasada la puerta principal de Demnate. El aceite y también sus famosas almendras se pueden probar en el restaurante Al Jazira, en el Kasbah Illy o en el Kasbah Tindaf.

Incluso tenemos aquí una historia de amor bereber: en Imi-n-Ifri (boca de la gruta en bereber), a unos 6 kilómetros de Demnate, hay un puente natural de travertino formado hace millones de años sobre una garganta que parece el bostezo de un monstruo. Se dice que cada lado del puente representa a dos amantes cuyas familias los mantenían separados por lo que sus manos unidas se convirtieron en piedra. En el lado sur hay un riachuelo al que todavía acuden las novias para realizar ritos prenupciales y en verano se oye a las mujeres cantar y tocar los tambores durante las despedidas de soltera bereber.

02 ‘Moussem’ de las bodas de Imilchil

Venta de ganado en el pueblo de Imilchil, en el Atlas Medio (Marruecos), durante el festival nupcial anual que se celebra en septiembre. ampliar foto
Venta de ganado en el pueblo de Imilchil, en el Atlas Medio (Marruecos), durante el festival nupcial anual que se celebra en septiembre.

Los bereberes vienen a encontrar su media naranja a este pueblo del Atlas Medio. Durante casi todo el año, Imichil es solo otro pueblo bereber más, pero en septiembre se llena de visitantes que acuden a su moussem nupcial de tres días. En esta gigantesca fiesta, los bereberes de la zona compran todo lo necesario para los largos meses de aislamiento del invierno y se dedican a buscar posibles parejas para casarse. Las mujeres presumen con sus capas de lana a rayas y sus elaboradas joyas y los chicos se atusan sus blancas y largas chilabas.

El moussem suele celebrarse de viernes a domingo la tercera o cuarta semana de septiembre. Las fechas se anuncian en las oficinas de turismo de todo el país. Con el auge del turismo empieza a haber más observadores que jóvenes amantes, pero la fascinación de la tierra es innegable.

Se puede llegar a Imilchil desde Marraquech en autobús o en taxi.

03 Maison Tiskiwin

Puesto de venta de alfombras en Marraquech (Marruecos). ampliar foto
Puesto de venta de alfombras en Marraquech (Marruecos).

Para quienes no tengan previsto salir de Marraquech, la inmersión en la cultura bereber está cómodamente garantizada en la Maison Tiskiwin, un museo de la Cultura Trans-sahariana que permite explorar las conexiones de los bereberes con el resto del norte de África. A través de la colección del antropólogo holandés Bert Flint se puede viajar hasta Tombuctú y volver. Cada sala representa una de las paradas de las caravanas que van desde el Sáhara hasta Marraquech con objeto de vender la artesanía indígena: desde sillas tuaregs de montar camellos hasta alfombras del Alto Atlas. Los textos que acompañan los objetos suelen ser más excéntricos que explicativos, pero los objetos expuestos ofrecen interesantes detalles del pasado comercial de Marraquech.

04 Vida bereber en el Yebel L’Kest

Vista de la Mezquita Roja de Adaï, cerca de Tafraoute, en el Anti Atlas (Marruecos). ampliar foto
Vista de la Mezquita Roja de Adaï, cerca de Tafraoute, en el Anti Atlas (Marruecos).

En el sur de Marruecos, la cultura bereber se muestra en el día a día de muchos de sus valles y oasis, como si el tiempo no hubiera pasado. El ritmo de la vida en los pueblos es lento y al margen completamente del turismo masivo y de cualquier contaminación de la vida moderna.

Encontramos presencia de la cultura bereber en lugares como el Yebel L’Kest (al norte del valle de Ameln, desde Tafraoute), en pueblos humildes como Tandilt, donde una mujer bereber y su marido francés nos ofrecen un alto en el camino en su pequeño hotel Yamina, donde han conseguido una mezcla única entre pensión y maison traditionnelle (casa tradicional), con habitaciones sencillas y muy bien decoradas. También con atmósfera bereber encontramos L’Arganier d’Ammelne, un hotel-camping con jardín donde se sirven deliciosas especialidades locales como el tajín de ternera con albaricoques, almendras y ciruelas.

Unos kilómetros más adelante, en Oumesnate, nos encontramos la Maison Traditionnelle, levantada hace 400 años con granito, palmera y argán. Su propietario, Abdesslam, o alguno de sus hijos, te podrá acompañar durante una fascinante visita guiada repleta de historias sobre la vida tradicional. En su casa de huéspedes es fácil sumergirse en la vida de un pueblo bereber.

05 Descanso en el Valle de Amein

Instalación artística realizada con piedras junto a las surrealistas 'Pierres Bleues' (piedras pintadas) de Aguard Oudad, junto a la ciudad de Tafraoute, en las montañas del Anti-Atlas. ampliar foto
Instalación artística realizada con piedras junto a las surrealistas 'Pierres Bleues' (piedras pintadas) de Aguard Oudad, junto a la ciudad de Tafraoute, en las montañas del Anti-Atlas.

Los bereberes siempre han sido excelentes anfitriones: en las casas tradicionales alrededor de Tafraoute, en las montañas del Anti-Atlas, la mejor habitación se reservaba a los huéspedes. Tafraoute es un pueblo original, apiñado en el impresionante valle de Ameln y rodeado completamente por montañas de granito rojo. Lo mejor es alquilar una bicicleta de montaña o un todoterreno para recorrer los alrededores. Descubriremos, por ejemplo, los curiosos petroglifos prehistóricos de Tazekka y la llamada Maison Berbere Traditionelle en el poco habitado pueblo de Tazekka, cuyas viejas casas incorporan rocas enormes en sus muros de tapial. Se puede pasar la noche en esta casa de cuatro plantas, donde hasta hace unos años vivía la familia del sabio propietario Mahfoud.

Y al sureste de Tafraoute no podemos perdernos el bonito oasis de Afella-Ighir, pasando por las espectaculares gargantas de Aït Mansour.

06 Alhucemas, bereberes con acento español

Vista aérea de Alhucemas, en Marruecos. ampliar foto
Vista aérea de Alhucemas, en Marruecos.

Esta ciudad costera es la capital no oficial de los bereberes del norte de Marruecos. Los españoles la fundaron con el nombre de Villa Sanjurjo en los años 20 como plaza fuerte durante la guerra del Rif. Ahora los marroquís la llaman Al-Hoceima. Es un sitio estupendo para pasar un par de días: tranquila y segura, esta moderna localidad está llena de orgullosos bereberes mucho más occidentalizados que cualquier otro sitio del norte. La influencia española sigue presente en la lengua, la arquitectura y los negocios. Los edificios coloniales rodean la Place du Rif y los nuevos hoteles jalonan el paseo marítimo. Lo mejor de todo son las playas y el parque nacional de Alhucemas, la joya sin descubrir de la zona, con acantilados calcáreos que recuerdan a Mallorca y buenas rutas senderistas.

Recordamos que el Peñón de Alhucemas es un islote–fortaleza blanco que sigue perteneciendo a la soberanía española. Aquí ondea la bandera española, pero solo vive una guarnición de 60 soldados y no se puede visitar.

07 Tinejdad y Goulmima

Escuela de tecnología de Goulmima (Marruecos), proyectada por los arquitectos Saad El Kabbaj, Driss Kettani y Mohamed Amine Siana. ampliar foto
Escuela de tecnología de Goulmima (Marruecos), proyectada por los arquitectos Saad El Kabbaj, Driss Kettani y Mohamed Amine Siana.

En la parte más oriental del Marruecos central estas dos poblaciones nos hablan de otra época, la de las caravanas que atravesaban el desierto. Cuando llegaban cargadas de oro, sus integrantes, aturdidos después de meses bajo el sol del Sáhara, encontraban descanso en Tinejdad (nómada” en tamazí). En ese amarradero se reunían cinco tribus bereberes y saharianas para saciar su sed en los manantiales de Lalla Mimouna, dormir tranquilamente en ksour fortificados del oasis Ferkla y hacer negocios en el ksar Asir, centro comercial medieval de un millar de años de antigüedad que albergaba una mezquita almorávide y una considerable comunidad judía. Agua, cobijo, negocios y baraka (bendiciones) ,¿qué más podría pedir un nómada?

Muy cerca está el antiguo centro cultural bereber de Goulmima, con imponentes ksour en el palmeral que cruza el pueblo de norte a sur, una necrópolis preislámica al noreste y tres zocos semanales donde se pueden comprar bandejas de cuscús de fabricación local. Pero lo más interesante es el laberíntico Ksar Aït Goulmina, un pueblo amurallado en el extremo sureste del palmeral en el que viven cientos de personas.

08 Taroudannt, el corazón del Sus

Exterior de una tienda de telefonía en Taroudant (Marruecos). ampliar foto
Exterior de una tienda de telefonía en Taroudant (Marruecos).

A veces se la llama la pequeña Marraquech, pero esa descripción no hace justicia a Taroudannt, el corazón comercial del valle del Sus. Ocultos detrás de unas magníficas murallas de barro rojo y con los picos nevados del Alto Atlas de fondo, los zocos y plazas de Taroudannt sintetizan todo el encanto marroquí. La actividad central es el mercado, en el que los bereberes comercian con los productos de la fértil cuenca del Oued Souss.

No hay muchos monumentos para ver, pero la medina es un lugar agradable para pasear. Vale la pena deambular por los dos zocos, más relajados que el de Marraquech, pero con una atmósfera muy diferente también al de Agadir, a 80 kilómetros de aquí.

Además, Taroudannt es una buena base de operaciones para las excursiones por el poco explorado Alto Atlas occidental. Y al suroeste, la kasba Tioute es tan fotogénica que se utilizó como escenario de la producción francesa de 1954 Alí Babá y los cuarenta ladrones. La kasba, de piedra, se alza sobre un palmeral y un par de restaurantes, con el Alto Atlas y el Anti-Atlas a lo lejos.

Más información en la guía web de Marruecos en www.lonelyplanet.es

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