Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Trotamundos

Autoestop a Estocolmo

El actor Miguel Rellán recuerda una aventura viajera de cuando no tenía ni un duro y se vestía de tuno. El destino final: la capital de Suecia

El actor Miguel Rellá.
El actor Miguel Rellá.

Miguel Rellán ha dado muchas vueltas por el mundo. El actor, que tiene en cartel Novecento,un monólogo de Alessandro Baricco (hasta el 29 de junio en el Teatro Español de Madrid), recuerda una aventura viajera a Estocolmo, cuando no tenía ni un duro y se vestía de tuno.

¿Con jubón y calzas?

En esa época, a finales de los sesenta, la indumentaria llamaba mucho la atención y era una garantía para ligar. Viajaba con un buen amigo, Luis, muy atractivo, por lo que hacíamos un tándem perfecto: el guapo y el simpático. Entre eso y la guitarra, nos desenvolvíamos.

¿Qué buscaban en Suecia?

Una noche, en Sevilla, conocimos a unas rubias esplendorosas. No lo dudamos y decidimos acudir en busca de nuestras valquirias. En esa época vivíamos en una pensión y decidimos viajar haciendo autoestop.

¿Les dejaban salir?

Nací en Marruecos, por eso tenía pasaporte. Viajar a Europa en esos años de franquismo era una liberación, como escaparse a otro mundo. Pasabas del blanco y negro al color; del “cuidado, te pueden estar oyendo” a la libertad total. Era como flotar.

¿Cuántas veces cambiaron de coche?

Varias veces. Evidentemente, no conseguimos un coche que fuera directo. Así que nos dejábamos llevar; la ruta se trazaba en función de los destinos de los conductores. Nos desviábamos continuamente de la ruta y en ocasiones teníamos que pasar unos días en algún lugar hasta encontrar a alguien que nos llevara. En Ulm, una ciudad alemana entre Stuttgart y Múnich, nos quedamos un tiempo.

¿Qué encontraron?

Tuvimos un par de escarceos amorosos que nos retuvieron. Una noche, tomando una cerveza, conocimos a un pintor holandés que compaginaba los lienzos con la brocha gorda. Se llamaba Derek, era divertidísimo y hablaba muy bien castellano.

Qué casualidad.

Nos contó que vivía en Sevilla, en una pensión, por la zona de la calle de la Campana. “Nosotros también”, le dijimos sorprendidos. Resulta que era nuestro vecino; su habitación estaba justo enfrente de la nuestra. Irremediablemente, nos hicimos amigos.

¿Se lo llevaron a Suecia?

Nos acompañó una parte del viaje y luego seguimos nosotros. En esa época lo que más nos interesaba eran la juerga y las chicas, así que tuvimos varios retrasos. Al final, acabamos tomando una cerveza en Estocolmo casi un mes después de nuestra partida.

Encuentra inspiración para tus próximos viajes en nuestro Facebook y Twitter e Instragram o suscríbete aquí a la Newsletter de El Viajero.