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Comer

La comida como juego

LA CABAÑA, restaurante de moda en una finca de Murcia entre jardines y palmeras y con el chef Pablo González

Comedor del restaurante La Cabaña, en la Finca Buenavista de El Palmar, en Murcia. Ampliar foto
Comedor del restaurante La Cabaña, en la Finca Buenavista de El Palmar, en Murcia.

Si dejáramos volar la imaginación, el cocinero Pablo González podría haber interpretado el famoso film de Ken Annakin Aquellos chalados en sus locos cacharros (1965). Y no porque a diario intervenga en maniobras aeronáuticas tan hilarantes como las de aquella película, sino porque diseña artefactos extraños en los que presenta los menús de su restaurante. Testimonios del más puro play food cuyo propósito es sorprender. Una puesta en escena insólita, asociada a ingeniosos cachivaches, en los que a veces se intuye la vaga influencia de colegas de oficio como Dani García, Joan Roca y Quique Dacosta. Frivolidad en las formas que no desdibuja la seriedad de su trabajo.

Plato de piara del restaurante La Cabaña, en Murcia. ampliar foto
Plato de piara del restaurante La Cabaña, en Murcia.

Bajo estos condicionantes comienza la degustación un día cualquiera. A modo de aperitivo, dentro de un jarrón de cristal gigante se reproduce un supuesto pic-nic en la Manga del Mar Menor. En su interior, arena de mar comestible, conchas vacías, un berberecho al aire de lima y un corte del cóctel cosmopolitan solidificado. Conjunto bien armonizado. El segundo servicio obliga al uso de una mini caña de pescar con la que, tras hacer girar el carrete, los comensales pescan en la mesa taquitos en salazón de caballa. Y como trago alcohólico un dedal de vermú. Todo bastante naif, desde cualquier perspectiva. La tercera sorpresa adopta la forma de una nevera portátil, roja acharolada poco más grande que una caja de zapatos, una por comensal, que contiene una avalancha de tapitas. En sus repisas, mini tortilla de patatas, pizzas de zarangollo y pisto, bocadillo de pan de queso con jamón, ensalada murciana y una lata de caviar de huevas de mújol a la crema de almendras. Miniaturas que cumplen sin desencantos. El cuarto artefacto recuerda algún dibujo bélico de Leonardo da Vinci. Del interior de una caja metálica perforada emerge una tacita de suculento caldero murciano. Trago ridículo aunque sabrosísimo, que genera insatisfacción por lo exiguo de las cantidades. Luego llega el conocido árbol de alambre, ya visto en otros lugares, de cuyas ramas cuelgan verduras coronadas por un mini huevo de oro. Poco estimulante.

Puntuación: 7
Pan 7
Café 6
Bodega 7,5
Aseos 6
Ambiente 7,5
Servicio 5
Cocina 7,5
Postres 5,5

En las propuestas que siguen, que se presentan en recipientes más convencionales, González armoniza su fidelidad a las suculentas tradiciones de la cocina murciana, con una originalidad estética que a veces resulta algo forzada. Es correcto el bloody mary con langostinos de la costa y chipirones; sabrosa la fideuá de manitas de cerdo con cigalas; acertadas las mollejas de cordero con crema de coliflor al caramelo de romero e insólito aunque bastante conseguido el arroz con costillas con pilpil y alioli de alcachofas. Lástima que el postre, un bizcocho de arándanos con queso y crema de cookies baje tanto.

La Cabaña

Urbanización Buenavista, s/n. Murcia. Teléfono: 968 88 90 06. Cierra: domingos y todas las noches excepto jueves. Precios: entre 50 y 80 euros por persona. Menú degustación, 64,99 euros. Menú degustación exprés, 52,87. Fideuá de matanza con manitas y cigalas, 8,94. Mero con pisto y aguacate, 26,40. Leche frita, 9,36.

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