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VIAJEROS URBANOS

Pastelerías por las que alejarse del centro de Praga

Alta repostería en barrios periféricos de la capital checa sin colas ni ajetreos

Salón principal de Stylová Cukrárna Alchymista, con vistas al jardín. Ampliar foto
Salón principal de Stylová Cukrárna Alchymista, con vistas al jardín.

Visitada por más de cinco millones de turistas el año pasado, Praga tiene mucho que ver. Pero la Ciudad Vieja, Malá Strana o el Puente Carlos no son más que la punta del iceberg. En sus barrios periféricos, esta urbe se muestra moderna y atareada y recoge el testigo de una vida cotidiana que se agita desde hace más de mil años a orillas del Moldava. Cruzando el río por el puente Štefánikův se encuentra uno de esos distritos. Aunque solo hace unos 150 años que se consideran parte de la ciudad, los barrios que lo componen (Letná, Bubeneč y Holešovice) ya representan legítimamente a la capital checa. Irse de pic-nic a Letenské Sady, salir a patinar por la imponente arboleda de Stromovka o curiosear la cartelera del cine Oko, con estrenos independientes y reposiciones muy bien seleccionadas, son solo algunas posibilidades. Otra razón por la que pasarse por Letná o Holešovice son sus pastelerías. Recomendamos tres en las que cambiar las colas y los ajetreos del centro por aromas a café y azúcar glaseado.

A un par de calles de metro Vltavská (línea C) y de la parada Veletržní (tram. 12, 14 y 17) se encuentra el café Kumbal (Heřmanova, 12, Praha 7). Esta pequeña pastelería está en el entorno de una de las sedes de la Galería Nacional (Veletržní Palác, dedicada al arte de los siglos XX y XXI) y ofrece buen café, distintos tipos de té y otras bebidas calientes. Pero es, sobre todo, un buen lugar para iniciarse en la repostería casera checa. Ofrecen a diario tartas hechas con frutas naturales o confitadas, llamadas kolač (pronunciado “kolach”), que elaboran, aseguran, en el horno de casa. Harán las delicias de muchos a la hora del desayuno, pero son aún mejor compañía para el café de la tarde. También tienen buen brownie, cruasanes y helados.

Cerca de allí se encuentra una de las pastelerías que nos llevan a la edad de oro de Praga, cuando la recién nacida Checoslovaquia, en los años 20 y 30, empezó a democratizar algunos de los placeres más típicamente urbanos (y la repostería, cómo no, fue uno de ellos). Erhartova Cukrárna (Milady Horákové, 56, parada Letenské Náměstí, tram. 1, 5, 12, 25, 26) acaba de cumplir 75 años y mantiene una salud espléndida. Allí puede encontrarse lo mejor de la alta repostería, con gustos que nos resultarán muy familiares. No en vano, han recibido el premio a la mejor pastelería en los Czech Gastronomy Awards 2012. Como es ya costumbre en toda la ciudad, sirven cafés de marcas italianas de buena calidad. Uno de los detalles originales que con más acierto ha sobrevivido a la reciente remodelación del local es el pequeño reservado para atender llamadas telefónicas a salvo del ajetreo del local.

Entre la torre de Letná y el estadio del Sparta Praha se encuentra, por último, Stylová Cukrárna Alchymista (Jana Zajíce, 7, parada Sparta, tram. 1, 5, 12, 25 y 26). Es uno de los pocos locales de la ciudad que abren el jardín en otoño y ofrece una extraordinaria carta de cafés y chocolates calientes, donde podremos elegir entre sabores más primitivos o recetas exóticas y bien condimentadas. No toda la química de este lugar está, sin embargo, en su carta: tanto en el jardín como en el salón principal encontramos un ambiente amable y acogedor, libre de humos, apto para ir con niños (tienen juguetes y alfombras enormes) y el personal está siempre dispuesto a echar un cable. El sitio perfecto donde recargar fuerzas o, simplemente, disfrutar del paso de las horas.