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Reunión, volcanes con olor a vainilla

Cráteres que aún escupen lava, cañones espectaculares, valles aislados y ciudades de ambiente criollo. Una isla para la aventura en medio del océano Índico

Vistas del circo de Mafate, en el interior de Isla Reunión, desde el mirador de Cap Noir. Ampliar foto
Vistas del circo de Mafate, en el interior de Isla Reunión, desde el mirador de Cap Noir. agefotostock

Reunión es un trocito de Francia en medio del Índico. A diferencia de los paraísos para lunas de miel como Seychelles o la cercana Isla Mauricio, Reunión es un reducto ideal para los amantes de la aventura al aire libre. Ofrece desde excursionismo entre volcanes aún activos, a descenso de cañones, buceo o vuelos en parapente, entre otros irresistibles reclamos para quienes quieran descargar un poco de adrenalina en un ambiente tropical.

Mágica y espectacular, Reunión surge del mar como una masa de basalto cubierta de vegetación, cuyo interior tiene un poco de todo: bosques color esmeralda, ruidosas cascadas, impresionantes montañas, carreteras serpenteantes, animadas ciudades costeras y unas cuantas playas de arena negra o blanca. Y dominando todo ello, el formidable Piton de la Fournaise, uno de los volcanes activos más accesibles del mundo, responsable, junto al ya extinto Piton des Neiges, de la formación de la isla.

Parapentistas despengando en St. Leu, en Isla Reunión. ampliar foto
Parapentistas despengando en St. Leu, en Isla Reunión. Agefotostock

1 Desde el aire: parapente en St-Leu

Las ascendentes corrientes térmicas convierten St-Leu en un paraíso para lanzarse y planear en parapente sobre Reunión durante todo el año; una panorámica a vista de pájaro, rodeado de silencio, y una sensación incontenible de libertad. Cada nuevo giro ofrece un espectáculo natural sobrecogedor: los volcanes del interior, aguas turquesas de la laguna costera y, al aterrizar, playas de arenas blancas para un colofón perfecto.

St. Leu, en la costa occidental, se ha transformado en una meca de actividades al aire libre y, también, bajo el agua: cuenta con algunos de los mejores puntos de buceo de la isla. Hay posibilidades para el submarinismo de pared y buenos campos de coral. Aparte de esto, en St.Leu solo hay algunos edificios coloniales de piedra (como el ayuntamiento), un parque y una playa protegida. Desde que acabaron los buenos tiempos de la industria azucarera, ha encontrado en la aventura su gran recurso.

Mar de nubes en el circo de de Cilaos, en Reunión. ampliar foto
Mar de nubes en el circo de de Cilaos, en Reunión. Getty

2 La excursión más bella del mundo

Muchos de los que lo han completado aseguran que el Tour des Cirques puede considerarse una de las excursiones más bonitas del planeta: cinco días de éxtasis senderista entre montañas. Es todo un clásico, pues recorre lo mejor de los tres circos volcánicos que forman el corazón de Reunión: tres entornos diferentes con paisajes muy variados, que visitan pueblos con alojamientos acogedores. Dispuestos como las tres hojas de un trébol, los cirques de Cilaos, Salazie y Mafate permiten conocer el profundo interior de la isla, cuyas gentes son más introvertidas, más reservadas y más tradicionales que el resto; parecen estar a años luz de la animada vida de la costa. Los marrons (cimarrones, esclavos fugitivos) empezaron a poblar estos parajes en el siglo XVIII y sus descendientes siguen habitando algunos de estos pueblos; cada circo mantiene su propia personalidad y los modos de vida tradicionales.

Lo mejor es salir desde Cilaos, que cuenta con buenas instalaciones para senderistas (y con un spa para mimarse después de la excursión) y realizar el recorrido de 51,5 kilómetros en cinco días, pasando por el Piton des Neiges, Hell-Bourg, Grand Îlet, La Nouvelle y el Col du Taibit.

Descenso de cañones en el circo de Cilaos (Isla Reunión). ampliar foto
Descenso de cañones en el circo de Cilaos (Isla Reunión). Getty

3 Barranquismo en el Circo de Cilaos

Cilaos invita a practicar el descenso de cañones, en un alucinante mundo vertical con un entorno de lo más grandioso: picos volcánicos, profundas gargantas y bosques de un cuento, salpicados de aldeas apartadas. Para llegar hay que abrocharse el cinturón y respirar hondo: la carretera que llega desde St. Louis es espectacular, con más de 400 curvas en la empinada subida de acceso a la caldera y una maravillosa sucesión de espectaculares miradores. Sobre el pueblo de Cilaos se alza el emblemático Piton des Neiges, pero no hace falta subir, pues varios museos y un montón de paseos breves nos permitirán disfrutar del lugar sin tanto esfuerzo. Y junto a esta localidad están también los tres cañones principales a los que acuden los ansiosos de aventura: Gobert, Fleurs Jaunes y Bras Rouge. Todos tienen mucho encanto, con saltos, chapuzones en pozas naturales y rápeles alucinantes, especialmente si se contemplan desde arriba, en helicóptero.

Viñedos en Cilaos (Reunión). ampliar foto
Viñedos en Cilaos (Reunión). Agefotostock

4 Termas y vinos

Dicen que las fuentes termales de Cilaos, calentadas por cámaras volcánicas a gran profundidad, alivian los doctores reumáticos entre otras dolencias óseas y musculares. Las Thermes ofrecen tratamientos y masajes que sientan de maravilla tras un día de caminata. Un pastor de cabras de St.Louis descubrió las fuentes en 1815, y en 1842 se construyó una pista hasta el Cirque, primer paso para convertir Cilaos en balneario para los acaudalados de la colonia. El centro termal se inauguró en 1894 y se mantiene hasta hoy.

Otra experiencia para los amantes de la buena vida es catar algo poco corriente: una copa de vin de Cilaos, que sirven en casi todos los restaurantes del lugar. Los franceses no iban a renunciar al vino y se trajeron consigo las cepas hasta Reunión en el siglo XVII. Aunque al principio se plantaron en la costa oeste, a finales del siglo XIX los colonos introdujeron la vid en los circos y la cultivaron en emparrados delante de sus casas, o en terrazas. A finales de los años setenta, los viticultores mejoraron sus cepas y ahora van ganando en calidad hasta hacer un vino mucho más que aceptable.

Casa criolla tradicional en Hell-Bourg, en el circo de Salazie (Isla Reunión). ampliar foto
Casa criolla tradicional en Hell-Bourg, en el circo de Salazie (Isla Reunión). Agefotostock

5 Al margen del mundo en Salazie

El Circo de Salazie ofrece un paisaje alucinante: vegetación exuberante y cascadas que caen por las laderas, y al final del camino, tras nueve kilómetros de curvas cerradas, el broche de oro, Hell-Bourg, un colorido pueblecito criollo con un fabuloso telón de fondo de montañas en forma de anfiteatro.

Hell-Bourg es un lugar fantástico para el senderismo pero ofrece también propuestas más sedentarias. Es el pueblo más bonito de la isla y funcionó como localidad termal hasta 1948, cuando un desprendimiento de tierra taponó las fuentes. El centro conserva antiguas mansiones criollas, originales de la década de 1840, tiempos en los que la localidad era centro de vacaciones para gente adinerada. Hoy se pueden ver las ruinas de los baños termales en una garganta ubicada al oeste de Hell-Bourg (a unos 10 minutos a pie) o visitar el museo de las Músicas y los Instrumentos del Océano Índico, pequeño pero muy moderno.

Pintoresca también es la aldea de Bé Mahot, a unos cuatro kilómetros de Hell-Bourg, con tradicionales casas criollas colgando de la ladera y fantásticas vistas del circo, o la aldea de Ilet-à-Vidot, sobre la que se eleva el emblemático Piton d’Enchaing, de cima plana y cubierto de densa vegetación.

Turistas disfrutando las vistas desde el mirador Maido, en el circo de Mafate (Reunión). ampliar foto
Turistas disfrutando las vistas desde el mirador Maido, en el circo de Mafate (Reunión). Getty

6 Expedición a Haut Mafate

El tercero de los grandes circos que ocupan el corazón de la isla es Mafate, el más salvaje y apartado. Son necesarios unos cuatro días para recorrer la zona, una de las más indómitas de Reunión, donde resulta imposible no sorprenderse ante la maravilla geológica que se despliega ante el visitante: colores cambiantes y una grandiosidad insuperable. Nada de coches, nada de pueblos, nada de estrés: solo montañas imponentes, profundas gargantas y alguna que otra diminuta aldea donde el tiempo se ha detenido. Pero lo que diferencia realmente a este circo de los otros es su difícil acceso, a pesar de estar muy cerca de la costa. No hay carretera propiamente dicha, solo una pista forestal que permite llegar a pie hasta las aldeas diseminadas por esta gigantesca caldera de su volcán extinto, un lugar perfecto para perderse y sentir que estamos en medio de la naturaleza.

La parte sur del circo se conoce como Haut Mafate y es aquí donde vienen casi todos los visitantes, para conocer diminutas comunidades de difícil acceso.

Centro histórico de Saint Denis, capital de Isla Reunión. ampliar foto
Centro histórico de Saint Denis, capital de Isla Reunión. Agefotostock

7 Joyas arquitectónicas en Saint Denis

Los francófilos se sentirán como en casa en la capital de Isla Reunión. Las palmeras y los flamboyanes pueden despistar un poco, pero por lo demás, podríamos estar paseando por cualquier ciudad francesa de provincias, con sus brasseries, sus boulangeries y sus tiendas a la última. Que Saint Denis no tenga playa hace más fácil centrarse en su arquitectura, porque la ciudad merece algo más que un vistazo fugaz: hay un ayuntamiento del siglo XIX, la prefectura y algunos palacios y mansiones que adornan la ciudad con columnas neoclásicas, verandas y lambrequins (dinteles y jambas ornamentales). También hay mezquitas, catedrales, pagodas chinas y templos hindúes, que conviven con las mansiones criollas. Por si fuera poco, no faltan los placeres de la buena mesa: desde tomar un café en una local chic escuchando séga (la música africana tradicional) o maloya (la más típica de Reunión), hasta disfrutar de una comida elegante en un restaurante gourmet.

Y, como en casi todas las islas del trópico, no falta un buen jardín botánico (Jardin de l’État) creado en el siglo XVIII, repleto de plantas y árboles tropicales.

Un río de lava se precipita al mar tras una erupción del volcán Piton de la Fournaise, en 2002, en Isla Reunión. ampliar foto
Un río de lava se precipita al mar tras una erupción del volcán Piton de la Fournaise, en 2002, en Isla Reunión.

8 El poderoso volcán

Piton de la Fournaise pone el broche a todos los encantos de Reunión y completa el paisaje volcánico de la isla, pues este sí que está activo. Visto desde el mirador de Pas de Bellecombe, le volcán (así lo llaman los isleños) reposa negro y meditabundo mientras su esbelta silueta sobresale con la isla a sus pies. Aunque es uno de los más activos del mundo, es también uno de los más accesibles, incluso es posible asomarse al abismo desde el borde de su cráter: un espectáculo inolvidable. Se puede subir a la cima a pie o a caballo, aunque si se puede sobrevolar en helicóptero tendremos unas vistas panorámicas de la caldera difíciles de superar.

Uno de las zonas más interesantes del volcán es la Plaine des Sables, una ancha llanura de cenizas barrida por los vientos que asemeja un paisaje lunar. Se contempla de una forma fantástica desde el mirador de Pas des Sables, a unos 22 kilómetros de Bourg-Murat. Si no podemos viajar hasta Reunión siempre podemos ver cómo se comporta el volcán, en tiempo real, a través de la webcam instalada por un equipo científicos frente al Piton de la Fournaise.

Playa de Grande Anse, en Isla Reunión. ampliar foto
Playa de Grande Anse, en Isla Reunión. Getty

9 Días de playa

Reunión suena a un destino de paradisíacas playas, aunque estas, en realidad, no son el mayor de sus atractivos. Se podrían destacar dos de ellas: Plage de Grande Anse, una gran mancha de arena blanca ubicada entre dos acantilados basálticos perfecta para ser recorrida a caballo, que cuenta con una piscina protegida de las mareas e instalaciones para picnic, así como L’Hermitage-Les-Bains, la más larga y atractiva de la isla. Está bordeada de casuarinas y es muy buena y segura para bucear con tubo o tumbarse al sol. A un paso está el jardín d’Eden, perfecto no solo para amantes de la botánica, sino para cualquiera con cierta curiosidad por la flora tropical.

Pero si por algo es famosa L’Hermitage es por su juerga nocturna. Los fines de semana tiene la mayor densidad de discotecas de la isla. La diversión empieza tarde, pasada la medianoche y los sitios suelen cerrar a eso de las cinco de la madrugada. Dos buenas referencias en la playa son La Villa Club y L’Arena.

Puesto de frutas en el mercado de Saint Pierre (Isla Reunión). ampliar foto
Puesto de frutas en el mercado de Saint Pierre (Isla Reunión). Agefotostock

10 Criollos e hindúes

Saint Pierre es el sitio ideal si nos apetece desfogarnos antes (o después) de visitar los circos, sobre todo los fines de semana. Una ciudad alegre de aire criollo, colorida y compacta, que sabe pasarlo bien. Envuelta por la luz del sureste, tiene un aire completamente diferente a las poblaciones del norte, y su mercado de sábado a lo largo de malecón invita a pasearse entre los puestos de comida.

Una de las experiencias más exóticas en Reunión es conocer la comunidad tamil que vive en su costa este, en lugares como Saint Suzanne y Saint André. Sus calles nos transportan a una ciudad de India y en ciertas épocas del año podemos incluso ver ceremonias en las que se camina sobre el fuego o celebraciones hindúes como Divali, la fiesta de la luz. Saint André es el epicentro de la cultura tamil, donde se ven más mujeres con saris de colores que zoreilles (franceses de Europa). La población desciende de los trabajadores que llegaron desde India como mano de obra para las instalaciones de caña e ingenios azucareros, tras abolirse la esclavitud en 1848.

Ruta senderista en el bosque de Bébour, patrimonio mundial, en Isla Reunión. ampliar foto
Ruta senderista en el bosque de Bébour, patrimonio mundial, en Isla Reunión. Getty

11 Un bosque para 'Parque Jurásico'

Absolutamente imprescindible, el majestuoso bosque de Bébour, con una mezcla de tamarindos, enormes fanjan (helechos arborescentes) y musgos, podría ser el escenario de una nueva secuela de Parque Jurásico. Está al noroeste del pueblo de Plaine-des-Palmistes y se accede a través de una carretera forestal pavimentada que empieza en Petite Plaine, al suroeste de Plaine-des-Palmistes, y acaba 20 kilómetros más adelante, cerca de un risco que domina el Cirque de Salazie. El bosque es una frecuentada zona de senderismo, con una red de sendas de diferentes grados de dificultad.

Cosecha de vainilla Bourbon en una plantación de Saint André (Reunión). ampliar foto
Cosecha de vainilla Bourbon en una plantación de Saint André (Reunión). Getty

12 Un mundo de vainilla

Esta planta llegó a Reunión desde México en 1820, pero los primeros intentos de trasplantarla fracasaron. Fue un joven esclavo quien descubrió en 1841 un método de polinización manual, a partir del cual la isla se convirtió en la gran proveedora mundial de vainilla –la famosa vainilla Bourbon– hasta la aparición, a finales de siglo, de la vainilla sintética. Actualmente, aunque ya es un cultivo residual, la vainilla sigue siendo el ingrediente favorito de la gastronomía local: lo encontraremos en tartas, pasteles, cafés, licores o, incluso, en platos con pato y pollo. También, por supuesto, en el ron, al que los locales llaman rhum arrangé. En la zona de St. André se pueden visitar plantaciones de vainilla Bourbon de Reunión, como la Plantation de la Vainille Roulof, pero la capital de la vainilla en Reunión es Bras-Panon, una localidad a la que los visitantes vienen a ver y oler esta fragante especie de orquídea.

Más información en la nueva guía Lonely Planet de Mauricio, Reunión y Las Seychelles y en www.lonelyplanet.es

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