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Nueve tardes europeas perfectas

Ámsterdam, Barcelona, Berlín, Copenhague, Londres, Madrid, París, Roma y Viena. Tiendas, galerías, calles, restaurantes y bares. Nueve ciudades y nueve rutas que terminan con la última copa de la noche

Planes en ciudad Madrid

Exterior del Mercado de Barceló, en Madrid. / Alfredo Arias

Pescadores  y urbanitas

Gammel Strand (Copenhague)

'Performance' de la exposición 'Hotel Pro Forma', en la galería GL Strand de Copenhague. / Torben Eskerod

Junto a los canales de Copenhague, Gammel Strand forma parte del antiguo puerto de la capital danesa, donde las mujeres de los pescadores vendían el género recién descargado. Hoy es una calle animada de día y de noche, repleta de bares y cafés. Los viernes y sábados se celebra un mercado de pulgas; la galería Kunstforeningen propone interesantes exposiciones de arte contemporáneo y, al otro lado del canal, el museo Thorvaldsen (Bertel Thorvaldsens Plads, 2) muestra la obra del escultor danés Bertel Thorvaldsen. Apartándonos unos pasos de Gammel Strand, el ambiente del bar de vinos Ved Stranden 10 (www.vedstranden10.dk) invita a tomar una copa antes de cenar con vistas a Christiansborg, el Parlamento danés. En el entorno de la plaza Kongens Nytorv, el restaurante italiano Vespa (Store Kongensgade, 90) propone buena comida, precios razonables y mucho ambiente. / Viveca Tallgreen

Un barrio a punto de ser descubierto

Wedding (Berlín)

El Mauerpark de Berlín. / G. Santoni

Sigue sin dar el salto definitivo, aunque lleva años sonando con ser la próxima revelación de Berlín. El barrio de Wedding, al norte de la capital alemana, de tradición obrera y habituado a la vida emigrante, mantiene cierta trascendencia cultural del pasado (los cines Sputnik y el museo antibélico están aquí). La ruta por esta zona desconocida para muchos debería incluir el restaurante Volta (Brunnen Strasse, 73), un gastropub asequible entregado a la fusión gastronómica. A diez minutos, Studio8 (Grüntaler Strasse, 8), club nocturno de música electrónica, dedica parte de su programación a la experimentación artística en múltiples formatos. Y para rematar la noche, Anita Berber (Gerichts Strasse, 23), local bautizado como la sensual actriz y bailarina alemana, es un icono de los felices años veinte berlineses. / Héctor Llanos

Moda de los años 50

Jordaan (Ámsterdam)

La casa de Ana Frank, en Ámsterdam. / C. Topala Olivares

Perderse en el barrio del Jordaan es fácil, y recomendable. Calles tranquilas que datan de 1612, colonizadas por estudiantes y artistas desde los años setenta. Aunque estrictamente queda fuera, la Westerkerk, o iglesia del Oeste, el templo protestante más importante de Ámsterdam (Rembrandt fue enterrado aquí), marca el inicio del paseo: las 42 campanas del carrillón tocan cada martes música variada, incluso ritmos pop. Jordaan está lleno de tiendas especializadas en productos curiosos, desde gafas antiguas a camisetas de autor. Cherry Sue (Eerste Leliedwarsstraat, 6) está dedicada a la moda femenina al estilo años cincuenta. Admiten diseños de sus clientas, que pueden llevar la tela para que los confeccionen allí. Por la tarde-noche, los bruin café son el equivalente a los pub británicos. El Papeneiland (Prinsengracht, 2) merece una parada: mezclan uno de los mejores pasteles de manzana de la ciudad con vistas inmejorables al canal. Data de 1642 y está abierto hasta las tres de la madrugada. / Isabel Ferrer

Manga y bocados muy ricos

Passeig Sant Joan (Barcelona)

Granja Petitbo, en Barcelona.

La reciente reforma del Passeig Sant Joan de Barcelona ha rejuvenecido esta arteria. Diseño urbano, jardines, terrazas y más espacios para peatones y ciclistas han funcionado como un imán para nuevos locales y propuestas. La parte superior del paseo conserva su aspecto de plácido parque de siempre, pero tras cruzar la Diagonal y enfilar hacia el Arc de Triomf, su nuevo carácter reluce. Sus edificios burgueses, antes inadvertidos, piden ser contemplados y no hay que dejar escapar el Palau Macaya, la iglesia de las Salesas, la casa Enric Laplana o la preciosa biblioteca Rossend Arús. Los amantes de la comida oriental tienen una cita en Yang Kuang, un supermercado especializado en productos orientales, mientras los fans de la novela gráfica y el manga se deleitarán en la emblemática Norma Cómics o, por qué no, podrán comprar extraterrestres hiperrealistas en Aliens4sale. La zona va a más también en diversidad gastronómica. Para el brunch, la Granja PetitBo (www.granjapetitbo.com); para tapear y comprar delicatessen, Secrets del Mediterrani (+34 647 92 79 54), y para cenar y tomar un cóctel, Chicha Limoná (www.chichalimona.com). / Eduardo Riol

La fuente de la gran belleza

Del Gianicolo al Trastevere (Roma)

Una terraza en la plaza de Santa amria, en el barrio del Trastévere de Roma. / Luigi Vaccarella

El truco está en subir sin mirar atrás, palabra de los romanos más románticos: a la puerta de san Pancracio, en la cima de la colina del Gianicolo, hay que llegar sin darse la vuelta para dejarse sorprender de golpe por la ciudad que se extiende, maravillosa, a sus pies. Los viajeros más precavidos sabrán la hora exacta del ocaso y estarán bajo su gran bóveda media hora antes para contemplarlo desde la terraza, delante del Fontanone, encargo papal al escultor Giovanni Fontana en 1612 y famoso desde la secuencia inicial de La gran belleza. En la misma calle de Garibaldi se encuentra el templete que Donato Bramante erigió en 1509 en el patio de san Pedro en Montorio, parte de la Real Academia de España y suma de aquel equilibrio confiado que marcó la arquitectura renacentista. Algunas curvas y muchos adoquines más abajo, la vía Garibaldi desemboca en el Trastevere. El jardín botánico de la calle de la Lungara, remanso de paz en un barrio turístico y ruidoso, invita a un delicioso aperitivo vespertino. Después, la experiencia gastronómica se completa en la Hostaria Glass (Vicolo de’Cinque, 58), de la chef Cristina Bowerman, con estrella Michelin. Freni e Frizioni, en la cercana calle del Politeama, 4, es buena opción para una copa. / Lucía Magi

La obra que lo cambió todo

Mercado de Barceló (Madrid)

Un hombre en bici junto al Mercado de Barceló, en Madrid. / Alfredo Arias

El marino mallorquín Antonio Barceló (1717-1797) no se podía imaginar que daría nombre a una de las zonas más animadas de Madrid. En el barrio de Malasaña, donde la sinuosa y castiza arquitectura empieza a confundirse con calles solemnes como Mejía Lequerica, se alza el nuevo Mercado de Barceló. Una antigua plaza de abastos convertida, a finales de 2014, en un conjunto de seis edificios de planta pentagonal con exterior de policarbonato blanco que se erige como una ligera mole de vanguardia arquitectónica. Proyectado por el estudio Nieto Sobejano, a su alrededor han surgido terrazas y bares de tapas que alargan el alterne de la vecina plaza de Dos de Mayo. Pero el mercado también ha desencadenado un nuevo ocio gastronómico en las calles circundantes, como el que propone The Table By, el restaurante del hotel Urso (Mejía Lequerica, 8), transformado cada seis semanas en un restaurante diferente. Muy cerca está Pajarita Bar (Apodaca, 20), una sorpresa para los que buscan divertirse comiendo, con riquísimos bocados como las patatas Un, dos, tres, Malasaña, los pimientos Padrón Poppers o los baozis de cebón, homenaje a la boca de los Rolling Stones. Por aquello de que el barrio siempre ha tenido mucho de rock and roll. / Mario Suárez

A la sombra de una gran calle peatonal

Raimundhof y Barnabitengasse (Viena)

Zum Gschupftn Ferdl, en Viena.

Que la noche y los paseos nocturnos en Viena son algo especial ya lo descubrieron Ethan Hawke y Julie Delpy. Pero los protagonistas de Antes del amanecer dejaron pendientes dos de las calles más románticas de Viena: Raimundhof y Barnabitengasse, empedradas, peatonales y perpendiculares a la famosa Mariahilfer Strasse. La tarde puede comenzar de compras en Strickwerk (Raimundhof), tienda de lanas de producción ecológica, y continuar con un zumo recién exprimido en Juicedeli o un té en Sir Harly’s Tea. Para cenar, se puede escoger entre la cocina mediterránea del restaurante griego Der Grieche (Barnabitengasse, 5) y el corte tradicional de Barnabitenkeller (Schadekgasse, 2), típico establecimiento vienés alojado en los sótanos de un edificio antiguo. Después, en Zum Gschupftn Ferdl (Raimundhof) aguarda una heuriger (taberna) ecológica, donde todas las bebidas son biológicas. La coctelería Eberts (Gumpendorfer Strasse, 51) añade un toque elegante para cerrar la noche, y una carta de bebidas de 42 páginas. / José Miguel Roncero

El Soho, como siempre fue

Soho (Londres)

El Palomar, en Londres.

Mientras cada vez más voces se quejan del aburguesamiento del Soho londinense, The Society Club (www.thesocietyclub.com) permanece fiel al espíritu bohemio que una vez conquistó esta parte de Londres. Esta librería especializada en libros y revistas contemporáneas, sobre todo de arte, organiza exposiciones de fotografías y lecturas de poesía. Los libros rodean el café, decorado en oro y negro, que se transforma en un bar cuando hay algún evento; nada como maridar literatura con un martini. Todo muy cool y encantador. Desde aquí, a unos quince minutos en dirección a Picadilly, el restaurante The Palomar (Rupert Street, 34; thepalomar.co.uk) se ha convertido en uno de los predilectos del Soho, con una cocina que tiene raíces en Jerusalén. Platos deliciosos a base de ingredientes típicos de la comida árabe e israelí: yogur, tahini, berenjenas, pistachos o ras el hanout para acompañar carnes, pescados y verduras. La barra es el mejor sitio para ver en acción al equipo de camareros y asistentes bajo la batuta del jefe de cocina. Divertido y con una presentación culinaria que pide foto en Instagram. Para la primera copa (o para acabar la noche), Cahoots (Kingly Court, 13) propone una regresión al Londres de los años cuarenta, recreando una estación de metro. Todo el personal, y muchos clientes, visten de época y la música, como no podía ser menos, es el mejor swing. / Concha Caíña

Una pequeña porción de París

Rue de Lancry (París)

La Patache, en París. / Helen Cathcart

Se dice que París no termina nunca, por eso a veces conviene hacerse con una porción a medida. Entre el Canal de Saint-Martin y la Place de la République hay un cruce de calles en el que el distrito 10 deviene gratamente acogedor. La Rue de Lancry une el Quai de Valmy con el Boulevard Saint Martin y a su alrededor ofrece una variada selección comercial. Si le gusta el cine de autor, junto a la ya proverbial terraza de Chez Prune (Rue Beaurepaire, 36), tendrá donde entretenerse en Potemkine (Rue Beaurepaire, 30). Si lo suyo es la moda, recuerde Thanx God I’m a VIP (Rue de Lancry, 12), la tienda de segunda mano más elitista de la ciudad y, cómo no, Le Centre Commercial (Rue de Marseille, 2). También hay librerías en alza como La Plume Vagabonde (Rue de Lancry, 32) y panaderías centenarias como Du Pain et des Idées (Rue Yves Toudic, 34). Si prueba los míticos escargots (caracoles) entenderá la cola que se forma entre las seis y las siete de la tarde. Con las compras hechas queda cenar. Para cenar genuinamente parisien deberá decantarse entre Le Verre Volé (Rue de Lancry, 67), brillante ejemplo de resto-cave à vins (bodega y restaurante) tan común en París, y La Patache (Rue de Lancry, 60), clásico bistró de un hedonismo casi disimulado. Para una copa, el simpático La Cinquante (Rue de Lancry, 50). Puede que allí, entre el mobiliario retro, se dé cuenta de que no ha recorrido más de dos kilómetros y ha pasado de todo. Es lo que pasa cuando se aprovecha el tiempo. / Use Lahoz

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