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Italia desconocida

De los 'Stradivarius' de Cremona, a la elegancia mediterránea de Ischia, rincones encantadores que suelen pasar desapercibidos

Restaurantes en el muelle de Ischia, en Italia.

Restaurantes en el muelle de Ischia, isla ubicada en el golfo de Nápoles, en Italia. / Massimo Borchi

En Italia es difícil escoger una ciudad o un paisaje sin miedo a dejarnos algo realmente espectacular sin ver. Pero ante tanto arte, historia, naturaleza y curiosidades necesitaríamos varias vidas para conocer a fondo el país. Hay ciudades inevitables (Florencia, Venecia, Roma, Nápoles, Milán…) que eclipsan a otros muchos municipios y pueblos extraordinarios, así como parajes curiosos que pasan desapercibidos y que bien merecerían una parada dentro de un gran viaje o, incluso, un viaje en exclusiva.

01 Violines en la llanura del Po

CREMONA

Piazza del Comune, en la localidad lombarda de Cremona (Italia). / getty

Cremona es una de las ciudades más interesantes de la Llanura del Po. Los visitantes suelen pasar de largo, pero Cremona fue una ciudad-estado rica e independiente durante siglos y de ahí su magnífica arquitectura, aunque si por algo es conocida es por sus violines. Aquí fue donde el maestro artesano Antonio Stradivari fabricó sus primeros Stradivarius, iniciando una tradición que se mantiene hasta nuestros días. Los violines están fabricados con maderas de abeto, sauce y arce, y son famosos en todo el mundo. Sólo existen unos 500 Stradivarius auténticos y pueden llegar a costar millones de euros. Pero Staradivari no era el único maestro de Cremona. Las grandes dinastías de lutieres sobreviven en un centenar de talleres de violines que se apiñan en las calles cercanas a Piazza del Comune.

Visita casi obligada es la Collezione gli Archi del Palazzo Comunale, que conserva instrumentos del taller del artista. Y además, hay dos visitas imprescindibles en la ciudad: la mencionada y medieval Piazza del Comune, una de las mejor conservadas en toda Italia, con su Palazzo Comunale de origen románico y la catedral, majestuosa y gótica.

02 Por tierras ladinas

DOLOMITAS

Dos jóvenes senderistas en Val di Fassa, en los Dolomitas (Italia). / Nicola Angeli

Los Dolomitas no son las montañas más altas de Italia, pero sí las más espectaculares, con sus picos rojizos que atraen a escaladores, esquiadores, poetas y fans de las actividades al aire libre. Esta es una región de valles cubiertos de viñedos, huertos y granjas de madera. Es zona también de encuentro, como se aprecia en la austro-italiana ciudad de Bolzano o en la vienesa Merano. Por un momento podría parecer que estamos en el Tirol más que en Italia, pues las costumbres y los paisajes pueden llevarnos a confusión.

En esta región viven unas 20.000 personas que hablan como primera lengua el ladino, una lengua muy viva, ni italiana ni tirolesa del sur. La mitad viven en Val Gardena y el resto se reparten por Val Badia y Val di Fassa, así como y por Arabba y Ampezzo, cerca de Cortina, en el Véneto. Los niños de estos valles se educan en ladino, alemán e italiano, y la cultura y la identidad lingüística del ladino están amparadas por las leyes de la Unión Europea.

Para conocer lo que representa esta cultura podemos visitar, en Val Badía, el Museo Ladin, el Museo Ladin de Fascia en Val di Fassa y el de Gjerdëina en Val Gardena.

Se dice que fueron estos valles y las grandes leyendas ladinas que han poblado estos paisajes míticos los que inspiraron la fantasía de Tolkien. Protegidos desde 1980, están integrados en el parque natural de Fanes-Senes-Brailes. Es zona de esquí, de buena mesa para gourmets en las cumbres y de pueblos que rebosan tranquilidad y carácter, como Pedraces, San Cassiano, La Villa y Corvara.

03 Ferraris y vinagre

MÓDENA

Escaparate de una charcutería 'gourmet' en Módena (Italia). / Michael Mahovlich

Si Italia fuera un almuerzo, Módena sería el plato principal. En las llanuras del río Po se alza uno de los grandes centros gastronómicos del país, la fuerza creativa tras el vinagre balsámico de verdad: tortellini gigantes con rellenos de lo más tentadores, el burbujeante vino lambrusco y las callejuelas repletas de algunos de los mejores restaurantes que el viajero habrá probado jamás. Para los que no disfruten con la comida, la ciudad tiene otro legado muy preciado: los coches. El Museo Ferrari está en la vecina Maranello. Módena también es célebre por su catedral románica y por ser la ciudad natal del ya fallecido cantante de ópera Luciano Pavarotti.

El Duomo de Módena está considerado, por aclamación popular, como la mejor iglesia románica de Italia y desde 1997 es patrimonio mundial por la Unesco. Inseparable de la catedral es la Torre Ghirlandina, que debe su nombre a los exiliados judíos españoles que, en el siglo XVI, la bautizaron en recuerdo a la Giralda de Sevilla.

La otra catedral es la dedicada al universo Ferrari, en Maranello, a 17 kilómetros al sur de Módena. Aquí se puede contemplar la mayor exposición mundial de ferraris, la trayectoria de la evolución mecánica de la fábrica y una muestra de los 40 modelos más icónicos.

04 Arte con mayúscula

FERRARA

Catedral de San Jorge, en el centro histórico de Ferrara (Italia). / Hans Georg Roth

Al este de Bolonia, encontramos una ciudad para los que no tienen prisa, para los buscadores de tesoros o para los muy curiosos. Desechada entre los destinos a visitar por los amantes de ciudades como Roma o Venecia, Ferrara es prácticamente desconocida y deliciosamente apacible. Considerada uno de los grandes centros renacentistas de Italia, es famosa por sus murallas (el anillo defensivo completo más largo del país), su afinidad con las bicicletas y sus palacios renacentistas, convertidos en museos. Históricamente fue dominio del poderoso clan de los Este, rivales en poder y prestigio de los Médicis de Florencia, y quienes dotaron a Ferrara de su edificio más característico, un enorme castillo con foso situado justo en el centro urbano.

De especial interés es su gueto judío, el más grande y antiguo de la región.

05 Bendito destierro

ELBA

Playa del pueblo de Forno, en la isla de Elba (Italia). / Massimo Borchi

En la actualidad, Napoleón se lo pensaría dos veces antes de escapar de la isla de Elba, a la que fue desterrado (aunque no duró allí ni un año). A pesar de haber más gente ahora que cuando llegó en 1814, la isla es todavía un bello escenario de calas rocosas que se alternan con playas, viñedos, aguas azules, fabulosas y sinuosas rutas por carretera y excelentes vistas coronadas por el monte Capane.

Elba es la isla más grande y poblada del parque nacional Arcipelago Toscano, la mayor reserva marina de Europa. Más de un millón de visitantes al año realizan el trayecto de una hora en ferry para llegar a Portoferraio, la capital, sobre todo en verano. Sin embargo en primavera o en otoño durante la vendimia y la recogida de la aceituna, es fácil encontrar tranquilos rincones en esta pintoresca isla de 28 kilómetros de largo y 19 de ancho.

En Portoferraio, ciudad de agradable casco antiguo, no falta, por supuesto, un museo napoleónico en lo alto de sus bastiones, hogar de Napoleón durante su periodo como emperador de esta pequeña isla. Con su espléndida biblioteca, sus jardines de estilo italiano y sus vistas al mar, a Napoleón no le faltaban las comodidades.

Actualmente, el mayor tesoro de la isla es su red de senderos para excursiones a pie y en bicicleta de montaña.

06 Aguas sin hordas de turistas

LAGO TRASIMENO (UMBRÍA)

Pueblo de Passignano (Italia), a orillas del lago Trasimeno, visto desde el ferry. / Beniamino Pisati

Habría sido muy fácil para el precioso lago Trasimeno convertirse en un destino vacacional para hordas de europeos del norte en busca del sol, como la costa de Las Marcas. Afortunadamente, la mayor parte de la zona –como las afueras de Passignano y una franja que parte desde San Feliciano– se ha librado de la arquitectura de aire soviético que parece monopolizar los lugares de veraneo del Adriático. Los alojamientos de turismo rural tapizan las colinas, al igual que el omnipresente girasol. Castiglione del Lago dispersa a los viajeros de forma que haya sitio para todos y la gente respeta el delicado ecosistema.

Entre las actividades más populares del lago se encuentran el senderismo, la cata de vinos, la acampada, los deportes acuáticos y el dolce far niente. También hay otros que prefieren dedicarse a saborear las delicias culinarias, sobre todo sus vinos y aceite.

07 El centro de Italia

NARNI

Vista del castillo de Rocca di Albornoz, en Narni (Italia). / francesco lacobelli

Al igual que Greenwich o el polo Norte, Narni es un lugar más conocido por su ubicación que por lo que es, pues se encuentra justo en el centro geográfico de Italia. A las afueras del pueblo hay una piedra que señala el punto exacto. Pero no es solo la respuesta a una pregunta del Trivial: hay más razones para ir a Narni. Presume de tener uno de los centros medievales más bonitos de Umbría, región donde la competencia es bastante dura. Concentra una colección de iglesias, plazas, palacios y fortalezas tan fantástica que, con mucho acierto, C.S. Lewis eligió el nombre romano del pueblo (señalándolo al azar sobre un atlas antiguo) para su propio reino mágico de ficción: Narnia.

Narni está a 21 kilómetros al sur de Todi, justo al este de la autopista A1 y está bien comunicada por autobús con Terni y Orvieto.

08 La villa más bella

SPELLO (UMBRÍA)

Frescos de Pinturicchio en la Cappella Baglioni, en la villa de Spello (Italia). / corbis

A veces, cuando se recorre la región de Umbría, parece imposible que el siguiente pueblo llegue a ser más bonito que el anterior. Y entonces llega Spello. Muchos turistas pasan de largo en su camino hacia Asís o a Perugia, pero la proliferación de soportales y tiestos de flores en las ventanas bien merecen una visita, sobre todo en primavera, cuando los aromas de la floración impregnan todo el pueblo.

Spello no es famoso por ningún monumento en particular; el mejor modo de verlo es dando un tranquilo paseo. Se puede empezar por la Porta Consolare, de época romana, y después dirigirse a Piazza Matteotti, el corazón de Spello, donde la impresionante Chiesa di Santa María Maggiore alberga la joya del lugar: la Cappella Baglioni, con unos fantásticos frescos de la vida de Cristo de Pinturicchio.

Para disfrutar de las mejores vistas habrá que pasar por el arco romano y llegar a la Chiesa di San Severino. El monasterio capuchino, en activo, está cerrado al público pero su fachada románica es tan impresionante que cuesta decidirse entre contemplar su arquitectura o el bucólico panorama de la campiña que queda a sus pies.

09 Los secretos de los Abruzzos

MOLISE

Senderistas en el parque nacional de Majella en la región montañosa de los Abruzzos (Italia). / Andrew Bain

Son pocos los extranjeros que llegan hasta esta región montañosa del centro-sur de Italia, atrapados por los muchos encantos de otros lugares más célebres. Sin embargo, este mundo rural que parece sacado de otra época está a solo una hora de Roma. Hacia el sur, Molise ofrece el mismo espectáculo de grandes picos y valles silenciosos, pero a menor escala. Hay agradables playas en la costa y tres grandes parques nacionales, bosques densos y prados floridos que dan paso a áridas mesetas y picos graníticos coronados de nieve. En ellos se esconden numerosos castillos y borghi (pueblos medievales) aislados y, a veces, abandonados.

Esta tierra oculta varias joyas culturales poco conocidas: el centro barroco de Pescocostanzo y los palazzi (mansiones) de Sulmona (la cuna de Ovidio) son testigos de glorias pasadas, y el aislamiento ha asegurado la supervivencia de costumbres ancestrales como la procesión de encantadores de serpientes. Y para viajar en el tiempo de verdad, recomendamos una visita a la antigua ciudad romana de Saepinum, uno de los tesoros de Molise, bien conservada y muy poco visitada.

10 Elegancia mediterránea

ISCHIA

Restaurantes en el puerto de Ischia, isla del golfo de Nápoles (Italia). / Vittorio Sciosia

En el golfo de Nápoles, todos quieren ir a Capri, referente imprescindible de la elegancia mediterránea con sus plazas exquisitas, sus bonitos cafés, sus ruinas romanas y sus abruptos paisajes marinos. Muy cerca pasa más desapercibida Ischia, que en realidad es la isla más grande (46 kilómetros cuadrados) y la más activa del golfo: un exuberante cóctel de estaciones balnearias, alemanes envueltos en lodo y botines de épocas pasadas; Ischia es famosa también por sus aguas termales, posee playas excelentes y un paisaje espectacular.

Casi todos los visitantes se quedan en la costa norte, más turística, pero si se animan a ir al interior encontrarán un paisaje rural de bosques de castaños, granjas polvorientas y pueblecitos en las colinas. En la apacible costa sur, Sant’ Angelo es una afortunada mezcla de callejas tortuosas con un puerto acogedor y playas espumosas, mucho mejores que las de Capri.

El imponente y emblemático Castello Aragonese se levanta en un islote rocoso cerca de Ischia Ponte. Es un amplio recinto que alberga la catedral del siglo XIV y varias iglesias menores. Otra referencia imprescindible es La Mortella, un jardín con más de mil plantas exóticas y especies raras a modo de Jardín del Edén, diseñado por Russell Page según los jardines de la Alhambra. Fue encargado al compositor británico sir William Walton y su esposa, que lo convirtieron en su hogar en 1949. Se celebran conciertos de música clásicas.

11 Calabria con la ‘ndrangheta’

CALABRIA

Vista de la ciudad fantasma de Pentedattilo, en Calabria (Italia). / Chiara Salvadori

Entre los rincones más desconocidos de Italia por los propios italianos (y por los turistas, claro) está Calabria, en el pie de la península. A cualquier italiano no calabrés, lo más probable es que le cause sorpresa enterarse de que alguien quiera ir a Calabria, que inevitablemente justificará con historias de la ndrangheta (mafia calabresa), famosa por practicar el contrabando y por secuestrar a ricos norteños y ocultarlos en las montañas.

Sin embargo, Calabria es de una belleza natural asombrosa, con localidades espectacular que parecen surgir de las escarpadas cumbres. Posee tres parques nacionales: el del Pollino, en el norte, el de La Sila en el centro y el del Aspromonte en el sur. Casi el 90% de la región es montañosa, pero está rodeada de 780 kilometros de hermoso litoral (mejor no tener en cuenta las partes devoradas por colonias de verano poco atractivas). Aquí crece la bergamota y es el único lugar del mundo donde esta planta tiene calidad suficiente para producir el aceite esencial utilizado en muchos perfumes, y también en el té Earl Greay.

El núcleo histórico mejor conservado de Calabria es el centro medieval de Cosenza, aunque hay otros pueblos medievales menos conocidos, como Gerace, que merecen un desvío solo por las vistas.

12 Tacón barroco

LECCE

Fachada de la iglesia barroca de Santa Croce, en Lecce (Italia). / getty

En el tacón de la bota italiana, merece la pena conocer Lecce, una magnifica localidad barroca que constituye una obra arquitectónica de palacios e iglesias esculpidos en la blanda arenisca de la zona.

Lecce está llena de sorpresas: uno está curioseando la moda de los diseñadores de Milán y de repente se encuentra con una iglesia profusamente decorada con columnas rematadas por espárragos, pájaros dodo decorativos y duendecillos juguetones. Thomas Ashe, viajero del siglo XVIII, la consideró “la ciudad más bella de Italia”, pero el marqués de Grimaldi, menos impresionable, dijo que la fachada de Santa Croce le hacía pensar en la pesadilla de un lunático.

En todo caso, se trata de una ciudad animada y universitaria con boutiques selectas, tiendas de antigüedades, restaurantes y bares. Tiene fácil acceso a los mares Adriático y Jónico y es una excelente base para explorar Salento.

Lecce tiene más de cuarenta iglesias y al menos otros tantos palacios, todos construidos o remodelados entre los siglos XVII y XVIII, lo que confiere a la localidad una cohesión extraordinaria. Dos de los principales defensores del barocco leccese (barroco de Lecce, la decoración más recargada y descabellada imaginable) fueron los hermanos Antonio y Giuseppe Zimbalo, que participaron en la fantasiosa basílica de Santa Croce.

13 Los ‘sassi’ de Matera

Una iglesia de roca en la zona de los 'sassi' (cavernas), en la localidad de Matera (Italia). / Luigi Vaccarella

La antigua localidad en cuevas de Matera es uno de los lugares más sorprendentes de Italia. Ha estado habitada desde el Paleolítico y todavía se mantienen las viviendas en cavernas. Para entender Matera hay que explorar sus callejones, admirar los frescos de las iglesias de roca y dormir en milenarios sassi (antiguas moradas prehistóricas), lo primero que se ve de Matera al llegar, talladas en cuevas y acantilados.

Cautivadores y bellos, se extienden bajo el borde de un barranco como si formaran parte de un pesebre gigante y requieren, al menos, de un día entero para explorar y vagar sin rumbo. Aunque muchos edificios están abandonados o semiderruidos, otros tantos han sido restaurados y convertidos en acogedoras viviendas, restaurantes y selectos hoteles-cueva. En lo alto del acantilado se alza la parte nueva de la localidad, un sitio animado con elegantes iglesias y palazzi, donde destaca la peatonal Plazza Vittorio Veneto.

Más información en la guía Lonely Planet de Italia y en www.lonelyplanet.es

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