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VIAJEROS URBANOS

El restaurante más loco de Colombia

Andrés Carne de Res es un delirante local cerca de Bogotá donde comer y bailar

El local está lleno de objetivos inclasificables y tiene capacidad para 3.000 personas. Ampliar foto
El local está lleno de objetivos inclasificables y tiene capacidad para 3.000 personas.

No se puede venir a Bogotá y no ir a Andrés Carne de Res. No exagero. No solo es que sea el restaurante más famoso de toda Colombia. La escritora Susan Sontang habló de él como “el mejor bar del mundo”. Y también se le ha llegado a calificar como el “comedero más delirante de las Américas”. Medio millón de personas al año visitan en Chía, junto a Bogotá, esta versión pagana del paraíso y santuario de la rumba bogotana en el que se come, se baila, se sueña y en el que el cliente no tiene razón, la pierde.

¿Y cuál es el secreto de este restaurante con capacidad para 3.000 personas? Un sitio de 6.000 metros cuadrados por el que pasan famosos como Maradona y en el que un domingo cualquiera pueden llegar a freirse 600 kilos de chicharrones, unos torreznos que sirven con delicioso guacamole. La respuesta, según Andrés Jaramillo, dueño, creador y gaviero de la nave, como a él le gusta llamarse, es reinventarse para destruirse y luego volverse a construir. Treinta años han pasado desde que el entonces estudiante y agente de ventas decidiera dejarlo todo y abrir, junto a su mujer Estela, un ranchito con techo de zinc. Se lo alquiló a su vecino por 1.200 pesos mensuales –lo que sería al cambio de ahora cerca de medio euro– y allí su cuñada argentina le enseñó todos los secretos de la carne a la parrilla. Y poco a poco empezaron a llegar los amigos de sus hermanos, los poetas a recitar, y más gente, y más gente, y más gente hasta hoy en el que el universo de Andrés se extiende a otros locales en Bogotá. Incluso tiene planes para abrir sucursales en Panamá, Miami, México, Caracas o Dubai.

Una enorme figura de dos metros de altura fabricada en lata y alambre da la bienvenida a este caos extraordinario. Dentro no cabe un adorno más, hay mil objetos inclasificables, todos a la venta en la tienda de la salida. Son confeccionados por el equipo de diseño, que adornan cada uno de los rincones con corazones, cacerolas, imágenes del Sagrado Corazón, paragüas, vírgenes, esculturas, latas, tenedores, canastos, objetos perdidos por los clientes y hasta los tacones de una alocada bailarina que rompió el zapato en la pista central de tanto danzar. Hay artistas, payasos, animadores y cintas con la bandera de Colombia, coronas y serenatas para agasajar a los que están de aniversario. Y todo a ritmo de vallenato, salsa, grandes éxitos de antaño y, por qué no, hasta música electrónica. El mundo al revés de Andrés.

La comida está muy rica y se prepara en fogones al calor de la leña, bajo la atenta y sabia mirada de Marco Antonio Beltrán, el jefe de cocina. Hay platos típicos colombianos como los patacones, ajiacos, sancochos, empanadas, yucas, arepas –las de choclo con suero costeño son las más solicitadas–, además de carnes para acompañar con su afamada salsa baby. Sus jugos y mojitos son memorables. Abre desde el miércoles, pero para verlo en todo su esplendor es mejor acercarse un sábado, cuando hay gente que llega a mediodía y se va a las cuatro de la madrugada, después de haber comido y bailado hasta no poder más.