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La Málaga de los malagueños: las mejores pistas para disfrutar de la ciudad

Laura Baena, creadora de Malasmadres, el cantaor Gregorio Valderrama, el arquitecto Salvador Moreno Peralta o el director del Centre Pompidou José María Luna guían entre restaurantes, museos, plazas y jardines de la localidad andaluza

Malaga
Centre Pompidou Málaga, ubicado en el espacio El Cubo, en el Muelle 1. Alamy

Más información en la nueva guía Málaga de Cerca de Lonely Planet y en www.lonelyplanet.es.

En muy pocos años, Málaga se ha convertido en uno de los destinos estrella de España. Una oferta cultural a lo grande, un clima magnífico, playas estupendas y una inigualable gastronomía hacen que cada vez tenga más y más visitantes. La ciudad andaluza resulta a propios y extraños una ciudad disfrutona y alegre que invita al turismo tranquilo y a disfrutar de los placeres de la buena vida. Doce malagueños comparten algunos de sus rincones favoritos, al margen del turismo y las modas, dibujando entre todos un esbozo a vuelapluma de la auténtica Málaga, la que disfrutan los propios malagueños. 

Una plaza en el centro, la de la Merced, y un rincón junto al mar, los Baños del Carmen

Laura Baena. Creativa publicitaria y emprendedora. Fundadora del Club de Malasmadres

La creadora del Club de Malasmadres, Laura Baena, trabaja desde hace años por conseguir una conciliación de la vida familiar y laboral, temática de su último libro Yo no renuncio (editorial Lunwerg). Es malagueña y ejerce orgullosa de embajadora de la ciudad en la que vive. Baena elije dos lugares imprescindibles para conocer aspectos muy diferentes de la ciudad: la plaza de la Merced y los Baños del Carmen. 

Terrazas de la plaza de la Merced, en Málaga. ampliar foto
Terrazas de la plaza de la Merced, en Málaga. Getty

La popular plaza de la Merced, donde nació Pablo Ruiz Picasso, es uno de los epicentros de la vida malagueña, sombreada con jacarandas que en primavera tiñen de violeta este rincón rodeado de edificios armoniosos y de restaurantes y cafés con terraza, como la del café La Calle de Bruselas. Allí está todavía la Casa Natal de Picasso, que reúne una gran colección del artista y de muchos de sus coetáneos, además de objetos, documentos y fotografías de la familia. Preside la plaza un monumento al general Torrijos que, sin juicio previo y junto a 48 hombres que le acompañaron en el levantamiento contra el absolutista Fernando VII, fueron fusilados en el arenal de San Andrés. Un obelisco levantado en 1842 señala la cripta en la que descansan estos héroes románticos. 

La otra recomendación de Laura Baena para el visitante es acercarse a los Baños del Carmen, un lugar delicioso para comer o tomar algo, sobre todo al atardecer, contemplando una espectacular puesta de sol. Cuando a finales del siglo XIX se pusieron de moda los baños de mar, en Málaga nacieron varios establecimientos privados, todos desaparecidos salvo los Baños del Carmen, abiertos en 1918, que rápidamente se convirtieron en punto de encuentro de la burgue­sía malagueña. En este gran complejo privado se pagaba para acceder a la playa y se garantizaba el cumplimiento de la moralidad vigente con zonas sepa­radas para hombres y mujeres y una tercera opción para que las fami­lias disfrutaran juntas del baño. En los años veinte, fueron la gran atracción social, con su embarcadero, pista de baile, campo de tenis y hasta un acuario. Llegó a tener un campo de fútbol, donde jugó el Málaga CF hasta que se construyó el estadio de La Rosale­da, que durante un tiempo devino en hipódromo. El balneario siguió en funcionamiento hasta la década de 1980. Tras diversas fases y reformas, lo que hoy podemos contemplar es el proyecto de 1933: el restaurante El Balneario, de dos plantas rodeado de columnas que parecen surgir de las aguas. Ahora también tiene una terraza de copas con coctelería en su azotea en la que es difícil encontrar un hueco al caer la tarde. 

Interior de la librería Mapas y Compañía, en la calle Compañía.
Interior de la librería Mapas y Compañía, en la calle Compañía.

Algunas joyas del tapeo malagueño y un paseo por las playas de Pedregalejo

Cuqui Bravo, librera. Propietaria de Mapas y Cía.

Mapas y Compañía (calle Compañía, 33) es una de las librerías más bonitas de España, toda dedicada al mundo de los viajes, la exploración y la naturaleza. Un verdadero cofre del tesoro para niños y mayores, con libros y objetos escogidos con mucho acierto y expuestos con mimo y buen gusto. 

Cuqui Bravo, librera y propietaria, tiene entre sus rincones preferidos de Málaga algunos bares de esos que pasan desapercibidos pero aseguran un magnífico tapeo. Como El Yerno, uno de los que pueblan el mercado de las Atarazanas (acceso por calle Sagasta), perfecto para tomar unas “conchitas finas y unas cañitas bien fresquitas” y volver a la oficina o a casa bien almorzados. Muy cerca de su librería le gusta también acercarse a El almacén del Indiano, un buen rincón gastronómico, con muy buenos aceites, vinos, jamones o quesos, donde también es posible tomarse algo. O el Mesón Antonio, un restaurante con encanto y con mucha historia en el callejón de Fernando de Lesseps, que siendo el constructor del Canal de Suez bien se merecía una calle con salida, explica Bravo con mucha guasa. 

También recomienda una escapada a las playas de Pedregalejo, con sus restaurantes y chiringuitos (como el famoso Miguelito el Cariñoso para tomar unos boquerones victorianos), y darse un paseo tranquilo en dirección a la ciudad. Y hace una sugerencia original para “empaparse” de la vida cotidiana malagueña: seguir las crónicas de la ciudad en forma de dibujo rápido que publica todas las semanas en el diario malagueño Sur Luis Ruíz Padrón, arquitecto y corresponsal del colectivo Urban Sketchers, que capta con sus trazos sueltos y expresivos momentos muy concretos de la vida de Málaga.

Panorámica de la ciudad de Málaga y su puerto desde lo alto de la alcazaba. ampliar foto
Panorámica de la ciudad de Málaga y su puerto desde lo alto de la alcazaba. Alamy

La magia de la Alcazaba al atardecer y el parque del Guadalhorce al amanecer

Jonathan Gómez Punzón, director general de turismo del Ayuntamiento de Málaga

Como responsable de la promoción turística de la ciudad, a Jonathan Gómez Punzón no le resulta fácil escoger los rincones que le enamoran de Málaga. Se decide por recomendar dos imágenes únicas: las de la ciudad desde la Alcazaba al atardecer, antes de que se vaya la luz, y las del parque natural de la desembocadura del Guadalhorce al amanecer

Levantada en el siglo XI como fortaleza militar, La Alcazaba se convirtió en palacio en el XIII. Sus jardines y murallas ofrecen espléndidas vistas de la bahía. El vecino teatro romano sirvió de cantera y sus sillares, columnas y capiteles están integrados en el conjunto defensivo que se adentra en la ciudad con una torre albarrana e inicia después la subida al conjunto formado por torres, un circuito de murallas, adarves y puertas que dan paso a hermosos jardines con rincones con vistas espectaculares. Fueron los alarifes nazaríes, ya en el siglo XIII, los que levantaron la zona palaciega. En el conjunto se organi­zan visitas guiadas o teatralizadas como las de la asociación cultural Zegrí, volun­tarios que difunden el patrimonio de la ciudad. 

La pasarela peatonal de madera, de 270 metros de largo, instalada sobre el cauce del río Guadalhorce, al suroeste de Málaga. ampliar foto
La pasarela peatonal de madera, de 270 metros de largo, instalada sobre el cauce del río Guadalhorce, al suroeste de Málaga. Alamy

Una escapada deliciosa es el parque del Guadalhorce, en la desembocadura de este río, en Churriana, justo al final del paseo marítimo Antonio Banderas. Es un complejo lagunar de 67 hectáreas, con cinco observatorios de aves migratorias. En el Cerro del Villar, en pleno parque, se encuentran los restos de la que está considerada como una de las ciudades fenicias mejor conservadas de Occidente. No puede visitarse ni está señalizada, pero es una joya arqueológica: el primer enclave en el que se establecieron los fenicios en el siglo IX a.C., antes de que fundaran Malaka. El paraje se puede recorrer a pie o en bicicleta. Hay una bonita pasarela de madera de 270 metros que atraviesa el río.

Un jardín, una iglesia, un teatro, un restaurante familiar y una calle imprescindible

Margot Molina. Periodista y viajera. Autora de las guías Lonely Planet de Sevilla y de Málaga

La periodista malagueña Margot Molina es la autora de la nueva guía de Málaga que Lonely Planet ha publicado este mes de mayo. Toda la guía es un resumen de sus recomendaciones para quienes visitan la ciudad, pero también para los propios malagueños que deseen “redescubrirla”. Entre todos los rincones, propone fijarnos en algunos muy especiales, como son la Cónsula de Churriana, con su escuela de Hostelería, el Teatro Cervantes, la iglesia de San Juan, el restaurante Los Hidalgos y los helados de Casa Mira, sin olvidarnos de un imprescindible: la elegante calle Larios. 

Jardín La Cónsula, en una finca que perteneció al antiguo cónsul de Prusia. ampliar foto
Jardín La Cónsula, en una finca que perteneció al antiguo cónsul de Prusia. Getty

La Cónsula, en Churriana, es un hermoso jardín histórico que desde 1933 es sede de la Escuela de Hostelería de Málaga —aquí han estudiado chefs como Dani García, Celia Jiménez o José Carlos García, los tres reconocidos posteriormente con estrellas Michelin—. Nació en el siglo XVIII como finca agrícola y fue un cónsul de Prusia quien, en 1807, levantó una mansión de recreo y creó un jardín clasicista francés. Tiene una bonita historia en la que no faltan invitados ilustres como Ernest Hemingway en 1959. El jardín, con 700 ejemplares de especies exóticas, puede visitarse en el mismo horario en el que está abierto su restaurante. 

El Teatro Cervantes, construido a finales del siglo XIX, es el gran escenario de la ciudad, con una temporada lírica de octubre a mayo a la que se añaden también otros ciclos en su programación como el Festival de Teatro de Mála­ga (enero o febrero), el Festival Interna­cional de Jazz (noviembre) o el de Música de Cámara (mayo o junio). También es la sede la Orquesta Filarmónica de Málaga.

La autora de la guía Lonely Planet escoge entre las iglesias malagueñas la de San Juan, uno de los cuatro templos que los Reyes Católicos mandaron construir en un arrabal islámico tras la conquista de Málaga en 1487. Es un templo gótico-mudéjar, que ha sufrido grandes transformaciones, pero hoy es un atractivo conjunto barroco, con una colorista y original fachada esgrafiada con motivos geométricos, en el corazón de un barrio comercial y bullicioso.

Vista de la plaza de la Constitución y la calle Larios, la principal vía comercial de la ciudad. ampliar foto
Vista de la plaza de la Constitución y la calle Larios, la principal vía comercial de la ciudad. Alamy

Como propuesta gastronómica, propone Los Hidalgos, un entrañable restaurante familiar sin pretensiones y muy popular por su cocina tradicional con reverencia al producto. Destacan sus deliciosas croquetas de piñones y sus frituras de pescado, sobre todo el pez araña y los boquerones victorianos que alcanzan una nota de 10 para los expertos.

Para los golosos amantes de los helados los de Casa Mira están en diferentes puntos de la ciudad, pero merece la pena ir a la sucursal del número 10 de la calle Andrés Pérez, donde se conservan utensilios del siglo XIX, cuando la familia Mira llegó de Jijona cargada con sus recetas de helados y turrones. La sucursal de la calle Larios es la más concurrida. Y por supuesto, nadie puede pasar por Málaga sin pasearse por esta elegante vía, principal arteria comercial del centro, con elegantes edificios de Eduardo Strachan, inaugurada en 1891 y bautizada con el nombre del impulsor de la Revolución Industrial en la ciudad.

Teatro romano de Málaga, del siglo I, a los pies de la alcazaba. ampliar foto
Teatro romano de Málaga, del siglo I, a los pies de la alcazaba. Getty Images

Una peña de flamenco y una vista panorámica con el castillo en lo alto

Gregorio Valderrama. Cantaor e investigador del flamenco

Decir Valderrama es hablar de una familia imprescindible del flamenco y el cante. Uno de sus representantes es Gregorio Valderrama, cantaor, investigador del flamenco y autor de varias obras sobre la historia del cante. Él recomienda un lugar imprescindible para disfrutar del flamenco en Málaga: La Peña de Juan Breva, donde participa y promueve una intensa programación de actividades en torno a su oficio, que es a la vez su pasión. Abierto en 1958, este centro vivo del estudio y la difusión del flamenco programa actuaciones, conferencias y charlas en torno a este arte y rinde homenaje al famoso cantaor y guitarrista ma­lagueño Juan Breva (1844-1918). Una de sus citas más especiales es la Berza Flamenca, un almuerzo que se sirve el primer viernes de cada mes seguido de una actua­ción. La peña es ade­más el Museo del Arte Flamenco.

Desde hace casi dos décadas, Málaga se ha convertido en un epicentro del flamenco. Desde el 2005, y en años siempre impares, para no coincidir con la Bienal de Flamenco de Sevilla, Málaga en Flamenco se cita con el baile, el cante y el toque en una treintena de municipios de la provincia, incluida la capital (organizado por la Diputación Provincial). La plaza de toros de La Malagueta es el escenario de las grandes producciones, aunque también participan otros espacios señeros como el Teatro Cervantes, el castillo de Gibralfaro o un escenario al aire libre que se instala delante del teatro romano en la calle Alcazabilla. La cita suele ofrecer medio centenar de espectáculos, muchos de ellos estrenos, y se prolonga durante varios meses. La octava edición está prevista para entre abril y septiembre del 2023.

Coreografía de ‘El maleficio de la mariposa’, de la compañía Ballet Flamenco de Andalucía, basada en un poema de Lorca. ampliar foto
Coreografía de ‘El maleficio de la mariposa’, de la compañía Ballet Flamenco de Andalucía, basada en un poema de Lorca. Alamy

Pero al margen del flamenco, para el cantaor Gregorio Valderrama lo que nadie debe perderse es la propia vista de Málaga, que se puede contemplar desde muchos puntos de la ciudad, con el teatro romano en la base y la alcazaba encima. Incluso, desde la propia calle Alcazábilla, con solo alzar la vista. Y a los pies de la Alcazaba se pueden contemplar los restos del Teatro Romano, construcción del siglo I aún en uso y a la vista desde la calle. Su visita es muy recomendable para comprender el pasado de la ciudad. El espacio sigue en uso y en verano se integra en el Festival de los Teatros Romanos de Andalucía, organizado por la Consejería de Cultura.

Una escapada a las periferias: los barrios malagueños

Salvador Moreno Peralta, arquitecto y urbanista

El arquitecto Salvador Moreno Peralta propone salir del centro para ir al encuentro del auténtico espíritu malagueño en cualquiera de sus periferias. Al arquitecto le encanta la vida en los barrios, en los que se puede encontrar autenticidad, como los de La Trinidad y El Perchel —en cuya rehabilitación ha participado y que, aunque están sin terminar, tienen un buen futuro—. Él aboga por estos barrios que han sido siempre como el “negativo” de la ciudad y ahora es donde se refugia la auténtica vida de los malagueños y donde, asegura, uno siempre se va a encontrar cosas muy interesantes. 

Como ejemplo de periferia, nos descubre Pedregalejo, al este de la ciudad, un barrio que tiene dos caras bien distintas. En el paseo marítimo El Pedregal se suceden las antiguas casas en las que los pescadores vivían y guardaban sus aparejos, hoy convertidas en restaurantes de pescado. La otra cara es el interior, en la falda del monte de San Telmo, con bonitas mansiones con frondosos jardines. En un paseo se pueden descubrir lugares como Villa Valdecilla, un elegante palacete del estilo ecléctico que destaca por su hermosa fachada con enfoscados en tonos pasteles y ventanas con postigos venecianos. O Villa Martina, enfrente de la anterior,un caserón de dos plantas con toques regionalistas. Y hay muchas más, como El Rosario, una casa de finales del siglo XIX de dos plantas y torreón y aspecto rotundo, dentro de un oasis de tranquilidad a pesar de estar muy cerca del paseo marítimo. Y también algunos colegios, como el de la Asunción, uno de los mejores ejemplos de arquitectura contemporánea de mediados del siglo XX en Málaga, en el que los motivos art déco y los detalles historicistas, especialmente en la espléndida capilla, se combinan a la perfección con las fórmulas racionalistas del Movimiento Moderno. O el Colegio La Presentación, en un imponente palacete de finales del siglo XIX con formas herederas del beaux arts. Estos son solo algunos de los puntos más interesantes de una ruta que puede hacerse a pie y que depara muchas sorpresas. 

Exposición de obras del pintor Javier Vilató en el Museo Casa Natal de Picasso en Malaga. ZUMA Press, Inc. ampliar foto
Exposición de obras del pintor Javier Vilató en el Museo Casa Natal de Picasso en Malaga. ZUMA Press, Inc. Alamy

Málaga, ciudad de museos

José María Luna, director del Centre Pompidou Málaga

El Centre Pompidou de Málaga es la gran atracción de la nueva zona del Muelle 1, camino de la famosa Farola del puerto, con su cubo transparente cubierto de colores estilo Mondrian. Bajo esta espectacular entrada se encuentra la primera sucursal internacional del museo parisino, con obras de las vanguardias del siglo XX de su colección semipermanente y con interesantes exposiciones temporales y un programa de artes vivas, música y danza. Su director José María Luna recomienda visitarlo, obviamente, pero también no quedarse en él: Málaga tiene una espectacular oferta museística. “Cualquiera de sus museos es un sitio para perderse”, asegura. 

Y es que Málaga se ha ganado el sobrenombre de Ciudad de los Museos desde la apertura del Museo Picasso, en el 2003, imprescindible para acercarse a la figura del artista malagueño más universal y que se complementa con la visita a su casa natal. Actualmente alberga 40 museos en su casco antiguo, un récord. La última gran incorporación ha sido el Museo de Málaga, en 2016, el mayor museo de titularidad estatal de Andalucía, aunque gestionado por la comunidad: dos colecciones provinciales, las del Bellas Artes y del Arqueológico, ocupan el impresionante palacio de la Aduana.

La lista se pude completar con el Museo Carmen Thyssen, una oportunidad para acercarse a la pintura andaluza romántica y costumbrista en un palacio renacentista o el Centro de Arte Contemporáneo (CAC), ideal para descubrir nuevas tendencias internacionales gracias a sus ambiciosas exposiciones. Pero hay muchos otros, como el Museo Unicaja de Artes y Costumbres Populares, un antiguo mesón que ofrece un viaje en el tiempo a la artesanía y la vida cotidiana en la provincia desde finales del siglo XVIII; el Museo Interactivo de la Música, con instrumentos de los cinco continentes y conciertos en directo; el Centro Cultural Generación del 27, que mantiene vivo el legado intelectual de este grupo de escritores y artistas tan ligado a la ciudad a través de publicaciones, conferencias y exposiciones, o el Museo de la Semana Santa, donde la Agrupación de Cofradías cuenta su historia desde el siglo XV mediante 150 tallas procesionales, entre otros muchos.

Ya fuera del ámbito cultural, el director del Centre Pompidou recomienda perderse en una tarde-noche agradable en la terraza del parador de Gibralfaro o, como alternativa, en la terraza del parador del Golf, en Churriana. Inaugurado en 1925, este complejo de hotel y restaurante alberga el campo de golf más antiguo de la Costa del Sol. El edificio racionalista se abre al mar con un amplio jardín y su cafetería es un refugio perfecto para disfrutar de la brisa marina de la tarde.

Interior de la bodega Antigua Casa de Guardia, la más antigua de Málaga, fundada en 1840. ampliar foto
Interior de la bodega Antigua Casa de Guardia, la más antigua de Málaga, fundada en 1840.

Un jardín botánico y una taberna cofrade

Sergio Montero, joyero y artista del oro

Un lugar mágico para este joyero malagueño es el Jardín Botánico Histórico de La Concepción, un paraíso romántico que esconde secciones dedicadas a las plantas carnívoras, las orquídeas, los cactus o las palmeras y algunas joyas como el ficus más grande de Europa. Creado en 1855 por los marqueses de la Casa Loring, de 3,5 hectáreas, cuenta con la mejor colección de palme­ras de Europa entre sus más de 25.000 plantas de 2.000 especies tropicales y subtropicales. Pero la finca de La Concepción fue primero famosa por la colección arqueológica que sus propietarios exhibían en un templete de estilo dórico en 1859, el Museo Loringiano. La Concepción, declarado Jardín Histórico-Artístico, con­serva su trazado decimonónico y edificios como la casa-palacio, el mirador o la casita del jardinero, con una exposición permanente que narra sus orígenes con muñecas Barbie. En este exuberante universo se organizan conciertos, exposiciones o talleres, y puede descubrirse a través de visitas guiadas, teatralizadas o simplemente a pie. 

Otro lugar increíble es el recuperado Gran Hotel Miramar. En su día se llamó Hotel Príncipe de Asturias, cuando fue inaugurado en 1926 por el rey Alfonso XIII, en un palacio junto al mar que, tras años con otras funciones hace poco recuperó la original como alojamiento. Aquí tenía Alfonso XIII una suite fue el cuartel general de los escritores estadounidenses Paul y James Bowles, del polifacético poeta Jean Cocteau, del cineasta Orson Welles o del escritor Ernest Hemingway. 

Para el joyero resulta difícil escoger un restaurante o bar entre los muchísimos que tiene la ciudad, pero le gusta especialmente Los Marfiles, que practica una buena cocina casera andaluza, con platos como la fritura malagueña, el gazpachuelo o los callos con garbanzos. Otra buena opción es la Taberna cofrade Las Merchanas (Mosquera, 5), ubicada en una antigua carbonería que huele a incienso todo el año: sus paredes están recubiertas, literal­mente, de imágenes, objetos de culto y hasta hábitos de la Semana Santa malagueña. Un pasaje junto a la taberna hace las veces de co­medor, con toneles de vino como mesas. El lugar es famoso por su caldillo de pintarroja, el solomillo al moscatel y la ensaladilla rusa, recetas salidas de la cocina de la madre y las tías de Pepe Tejón Merchán, el propietario. 

Dos personas caminan por el cementerio malagueño de San Miguel. ampliar foto
Dos personas caminan por el cementerio malagueño de San Miguel. Getty

Un romántico paseo por los cementerios

Diego Santos, artista plástico, creador del concepto ‘estilo del relax’ y autor de obras sobre arquitectura e historia moderna de Málaga y la Costa del Sol

Para el artista Diego Santos entre los lugares más increíbles de Málaga están sus cementerios: el de San Miguel, de principios del siglo XIX, donde están enterradas familias que protagonizaron la Revolución Industrial de la ciudad, como los Larios, con un panteón diseñado por Antonio Palacios en 1930. Aquí está también enterrada la escritora norteamericana Jane Bowles. Paseando entre sus panteones, se puede conocer la historia más reciente de Málaga. El cementerio inglés también merece una visita. Fue el primer camposanto británico de España. Hasta su creación en 1831, a los ingleses se les enterraba de pie, en la playa. Los burgueses de la zona del paseo Reading decidieron que había que darles un enterramiento digno y crear un cementerio protestante. Es un lugar romántico y evocador en el que reposan los restos del hispanista británico Gerald Brenan y su esposa Gamel Woolsey, autora de la imprescindible Málaga en llamas sobre la Guerra Civil, o el poeta Jorge Guillén, de la Generación del 27, entro otros. 

Entre los lugares preferidos de Diego Santos están también los Baños del Carmen, el Jardín Botánico de La Concepción, el Retiro de Churriana (un jardín histórico del siglo XVII convertido en un glamuroso jardín cortesano de estilo italiano) o el Mercado de las Atarazanas, con una puerta nazarí y el resto construido en el siglo XIX pero imitando el barrio árabe, una maravilla por fuera y por dentro, con unos puestos magníficos de pescados, carnes, frutas y otros productos malagueños y unos interesantes bares de pescado y marisco. Puestos a escoger un lugar de tapeo propone un lugar lleno de historia: la Taberna Antigua Casa de Guardia, la más antigua de la ciudad (fundada en 1840). Huele a vino a barrica de vino, a madera, tiene su propio vermú y ni siquiera tiene donde sentarse, pero es un bar ideal para el aperitivo con los amigos e imprescindible para conocer Málaga a fondo. 

Una calle con quiebros y requiebros y las vistas desde el parador de Gibralfaro

Belén Zayas y María Jesús Perles, geógrafas. Profesoras de la Universidad de Málaga

La geógrafa malagueña Belén Zayas se queda con unas calles muy especiales en torno a la calle San Agustín, junto a la catedral. Concretamente con una vía pequeña, adoquinada, antigua, que conecta Santa María con calle Granada, que tiene una perspectiva muy bonita con unos quiebros muy barrocos, “porque ves de repente, y a la vez, el adoquinado, la torre de la catedral o la iglesia de San Agustín”.

Vista de la catedral de Málaga junto al palacio episcopal y la plaza del Obispo. ampliar foto
Vista de la catedral de Málaga junto al palacio episcopal y la plaza del Obispo. Getty

La catedral merece la pena: el templo comenzó a construirse sobre la mezquita aljama seis meses después de la toma de Málaga por los Reyes Católicos. A medio camino entre el gótico y el renacimiento, la catedral fue consagrada, inacabada, en 1588. Las obras se retomaron en el siglo XVIII, pero jamás se concluyeron. 

Otra de sus recomendaciones imprescindibles es el Parador de Gibralfaro, solo unos metros más abajo del castillo, con sus inigualables vistas. Su cafetería es uno de los lugares más impresio­nantes para contemplar la ciudad a vista de pájaro, dominando toda la bahía: la plaza de toros, el parque, el puerto... Cualquier hora del día es buena, pero los atardeceres son memorables. 

Su compañera, la geógrafa Maria Jesús Perles, anima a visitar el Pimpi de Florida, que no tiene nada que ver con el otro Pimpi, el emblemático restaurante del centro de Málaga. El Pimpi de Florida, es muy pequeñito, algo “cutre” pero lleno de encanto. Podría definirse como una marisquería con karaoke colectivo, donde se puede tomar pescado y mariscos a ritmo de copla y buen humor. Para tapear propone El Cortijo Pepe, en la misma plaza de la Merced, o acercarnos al Juanito Juan (Av. Salvador Allende, 26), en El Palo, para para tomar un gazpachuelo y su sopa ViñaAB, dos imprescindibles de la gastronomía malagueña. Juanito Juan es una marisquería que ahora está en manos de sus trabajadores después de jubilarse los propietarios, los populares José Miguel García Pepín y Enrique Sánchez. Además de saber que todo el pescado y el marisco es superfresco, allí se puede tomar la famosa sopa ViñaAB o su tarta noruega. Acertaremos si pedimos cualquier pescaíto frito o unas conchas finas, de las mejores de Málaga. 

Un festival que cambió una ciudad y muchos rincones para un paseo muy malagueño

Cristina Consuegra, gestora y creadora cultural

La gestora y creadora cultural elige el Festival de Málaga, que ha conseguido ofrecer un proyecto de ciudad a través de la cultura. Se celebra en marzo o abril (la próxima edición es del 10 al 19 de marzo de 2023), y desarrolla un amplio programa de actividades que van más allá del cine.

Una opción muy placentera para disfrutar de la ciudad es caminar por la calle Hilera, en primavera, con ese paseo de jacarandas, con los racimos violetas adornando la calle, algo “muy nuestro”, explica Cristina Consuegra. O deambular por calle Huéscar para tomar una caña bien fresquita en El Despachito de Gloria para seguir después hacia el centro e ir a almorzar al Drunk-O-Rama, espacio auténtico, con buena comida y muy buena música. Su capo, Dani, lleva años peleando por un lugar digno en el centro y por defender una manera de estar en el mundo alejado del turismo de masas “que ensucia las calles y la mirada”. En este paseo se reconoce una Málaga cálida, hecha por malagueños y por otra generación.

Consuegra recomienda otros placeres de deambular por las calles del centro, como visitar La Casa Amarilla, una galería de arte que apuesta por el talento local, justo frente a Casa Aranda:arte y chocolate con churros. Y terminar el día tomando unas copas en el Kipfer & Lover, uno de los primeros bares en Málaga gay friendly. Su ideólogo, José Kipfer, de los mejores coleccionistas de arte de la ciudad, sabe muy bien de qué va esto de la restauración: se trata de cuidar al que viene y convertir el bar en su hogar. “Todo muy nuestro”, asegura.

Obra de los artistas Ilya Gaponov y Kirill Koteshov en el Museo Ruso de Málaga. ampliar foto
Obra de los artistas Ilya Gaponov y Kirill Koteshov en el Museo Ruso de Málaga. Alamy Stock Photo

Los árboles malagueños y la zona industrial recuperada

Primi Sanz, periodista de Canal Sur Radio

A la periodista Primi Sanz hay cosas en Málaga que le emocionan especialmente, como son los árboles. “Unos árboles maravillosos porque hace muy bien tiempo”, asegura. “Hay momentos en los que parece que llueven flores, sobre todo en primavera, con las jacarandas moradas”. A ella le gusta mucho ver la ciudad desde arriba, para tener una visión general de donde estás, ya que es muy alargada y hay que subir a lo alto para tener una perspectiva. Y, tal vez, el mejor lugar para hacerlo es el parador de Gibralfaro. Pero ahora hay otros muchos rincones, como las azoteas de hoteles reconvertidas en bares y miradores excepcionales.

Al margen de los hitos turísticos más populares, recomienda descubrir nuevas zonas como la parte industrial, recuperada, en torno a la zona del paseo de Antonio Banderas, ahora convertida en un barrio lleno de propuestas interesantes que se abren entre las chimeneas de las antiguas fábricas. El litoral oeste de Málaga fue la primera zona de expansión industrial de la ciudad en el siglo XIX, y aquí se construyó el primer barrio obrero: Huelin. En los años ochenta todas las industrias habían cerrado y la zona era un páramo de ruinas, pero en los noventa se empezaron a regenerar las plazas, se trazó un paseo marítimo (dedicado a Antonio Banderas) y ahora es la nueva milla de oro de la ciudad.

Este ensanche de Málaga tiene algunos lugares imprescindibles como el Mercado de Abastos de Huelin, el gran edificio de la Tabacalera (que comparten el Museo Ruso, el Automovilístico y el de la Moda, y La Térmica, un centro cultural polivalente con una programación muy amplia.

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