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Las ocho flores más bellas del Pirineo y dónde encontrarlas

En Huesca está la bella orquídea zapatito de dama; la singular perforanieves se observa en Girona, y la edelweiss, de las más populares y buscadas, en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido

Una pradera cubierta de lirios azules (‘Iris latifolia’), especie endémica de la Península Ibérica, en una pradera de los Pirineos.
Una pradera de los Pirineos cubierta de lirios azules (‘Iris latifolia’), especie endémica de la Península. Getty

En primavera, la montaña abandona el blanco y negro del invierno para vestirse de color. Todavía queda nieve en las zonas altas, pero aparecen los mil tonos de la roca, las mil clases de verdes de los prados y bosques, el azul de los ríos en su mejor momento del año y, por supuesto, las flores que convierten laderas, rocas, e incluso la nieve, en un jardín silvestre. En los Pirineos crecen cerca de 4.000 plantas diferentes, una cuarta parte de ellas por encima de los 2.000 metros y casi 200 llegan hasta los 3.000. Muchas han hecho una larga travesía de miles de años desde el centro y este de Europa y Asia (y antes desde el Ártico) para llegar hasta esta cordillera, límite meridional absoluto de su presencia. Son un ejemplo de supervivencia. Las ocho flores aquí seleccionadas, junto con los lugares en donde encontrarlas, están entre las más bellas, singulares y valiosas. Por eso es indispensable admirarlas sin cogerlas ni destruir su hábitat.

Un grupo de flores de Perforanieves (‘Galanthus nivalis’). ampliar foto
Un grupo de flores de Perforanieves (‘Galanthus nivalis’).

Perforanieves (Galanthus nivalis). De esta podríamos decir que es una impaciente. Aún no se ha retirado la nieve, entre los 750 y 2.000 metros, y ya es capaz de atravesar el manto helado y desplegar sus flores blancas. El calor que emite la planta funde la nieve y amplia el hueco para que salga la flor. En España es poco frecuente, pero hay muchos lugares en donde buscarla. Por ejemplo, se puede encontrar en Girona. También en las montañas pirenaicas de Lleida, en la Sierra de Sant Gervàs, en el término municipal del Pont de Suert (Alta Ribagorça). Floración: febrero-mayo. 

Oreja de oso (‘Ramonda myconi’) en el Congost de Collegast (Lleida). ampliar foto
Oreja de oso (‘Ramonda myconi’) en el Congost de Collegast (Lleida). Alamy

Oreja de oso (Ramonda myconi). Se trata de una planta muy antigua, una reliquia de la Era Terciaria, de ahí su carácter singular. Tiene flores muy llamativas de dos a tres centímetros de diámetro, con cinco pétalos de color violeta y manchas amarillas o anaranjadas en el centro. Es endémica del Pirineo y muy frecuente entre los 600 y 2.000 metros de altitud. Hay que buscarla en zonas sombrías entre las rocas, desde las montañas de Monserrat, en la provincia de Barcelona, hasta Navarra. Es fácil encontrarla cubriendo paredes en el monasterio Viejo de San Juan de la Peña, en Huesca; al que hay un fácil acceso a pie o en autobús desde el monasterio nuevo. Floración: (mayo) junio-julio (agosto).

La emblemática orquídea Zapatito de dama (‘Cypripedium calceolus’), que solo se puede encontrar, y con dificultad, en el Pirineo aragonés y catalán. ampliar foto
La emblemática orquídea Zapatito de dama (‘Cypripedium calceolus’), que solo se puede encontrar, y con dificultad, en el Pirineo aragonés y catalán. Getty

 Zapatito de dama (Cypripedium calceolus). Orquídea bellísima, emblemática de la flora europea, que solo se puede encontrar, y con dificultad, en el Pirineo aragonés y catalán en los claros de los bosques de hayas y pino albar entre los 1.230 y los 1.600 metros de altura. Su flor grande y hueca, como un zueco, de color amarillo ha atraído tanto a curiosos y coleccionistas que la ha puesto en peligro de extinción. En Sallent de Gállego (Huesca) es posible descubrirla, junto a otras 34 clases de orquídeas, de la mano de los guías del Colectivo Foratata en una excursión fácil de cuatro a cinco horas (precios y reservas: info@foratata.com y 600 58 81 14). Floración: junio-julio.

Estambres de un ejemplar de lirio martagón o flor de Lis (‘Lilium martagon’). ampliar foto
Estambres de un ejemplar de lirio martagón o flor de Lis (‘Lilium martagon’). Getty

Lirio martagón o flor de Lis (Lilium martagon). También es conocida como azucena silvestre o lirio llorón. El tallo puede alcanzar un metro de altura desde donde cae un ramillete de tres a ocho florecillas colgantes con pétalos muy llamativos de color rosado-púrpura curvados hacia arriba en forma de corona y grandes estambres. El bulbo de la planta es diurético. En el valle de Ansó usan las flores machacadas contra el catarro. Crece en los alrededores de pinares y abetales entre 800 y 2.500 metros de altura en rellanos de roquedos. Un buen lugar para encontrarla es los Llanos de La Larri, a unas dos horas de marcha fácil desde el aparcamiento del valle de Pineta, en Huesca. Floración: junio-julio.

Borderea pirenaica (‘Dioscorea pyrenaica’), endémica de las montañas de Aragón. ampliar foto
Borderea pirenaica (‘Dioscorea pyrenaica’), endémica de las montañas de Aragón. Getty

Borderea pirenaica (Dioscorea pyrenaica). Es una de las más singulares del Pirineo, una superviviente de la Era Terciaria capaz de prosperar en pedreras y de rebrotar tras romperse por deslizamientos o caídas de piedras. Es endémica y exclusiva de la comunidad de Aragón y atrae cada año a botánicos de todo el mundo. Sus flores son pequeñas, de color amarillo pálido o blanco verdoso. Vive en ambientes soleados en altura o en zonas umbrías en cotas bajas, entre los 1.500 y los 2.200 metros. Es relativamente frecuente, por ejemplo, en el valle de Bujaruelo (pista transitable para coches) y en las laderas de los picos Cotiella, Peña Montañesa y Turbón. Floración: junio-julio (agosto).

Azaleas de montaña (‘Rhododendron ferrugineum’) en el parque nacional de Aigüestortes, en el Pirineo de Lleida. ampliar foto
Azaleas de montaña (‘Rhododendron ferrugineum’) en el parque nacional de Aigüestortes, en el Pirineo de Lleida. Alamy

 Azalea de montaña (Rhododendron ferrugineum). Esta planta produce una de las floraciones más espectaculares del sotobosque en la alta montaña pirenaica formando extensas alfombras de flores rosadas o blancas. Prospera a partir de 1.800 metros en bosques de pino negro y abetos. Es muy frecuente en el Pirineo Central y Oriental. El parque nacional de Aigüestortes, en Lleida, organiza salidas con guía para disfrutar de este espectáculo natural el 18 de junio y el 2 de julio desde Boí (horario: de 9.30 a 14.15. Precio: 6 euros por persona. Reservas: 973 69 61 89 o en info.aiguestortes@oapn.es). Floración: junio-julio (agosto).

La amapola de alta montaña (‘Papaver lapeyrousianum’) crece por encima de los 2.000 metros. ampliar foto
La amapola de alta montaña (‘Papaver lapeyrousianum’) crece por encima de los 2.000 metros. Alamy

Amapola de alta montaña (Papaver lapeyrousianum). Es pariente del opio y un endemismo del Pirineo y de Sierra Nevada. Crece formando poblaciones de muy pocos ejemplares en pedreras, crestas y cumbres pedregosas entre los 2.300 y los 3.060 metros. Sus pétalos son de un rojo llamativo; también los hay naranjas. Para verla hay que caminar. Se puede ir a buscarla en el Puigmal, en Girona, a más de 2.900 metros de altura, desde la estación de esquí de Núria (entre tres y cuatro horas, solo ida); en Huesca, en el Puerto de Plan (Bielsa), en el collado entre los valles de Eriste y Gistain, o en el Aneto en el collado de Llauset. Floración: junio-agosto.

La rara flor Edelweiss (‘Leontopodium alpinum’) en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido (Huesca). ampliar foto
La rara flor Edelweiss (‘Leontopodium alpinum’) en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido (Huesca). Alamy

Edelweiss (Leontopodium alpinum). Quizá la flor más popular y buscada del Pirineo y de otras montañas de Europa a donde llegó con las glaciaciones. Sus pétalos están cubiertos de una fina pelusa blanca que recuerda la nieve (en alemán, edelweiss significa blanco puro). Se puede encontrar entre los 1.500 y los 3.000 metros en prados pedregosos o crestas de terrenos calizos. Un buen lugar para descubrirla es el circo de Soaso, en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido (unas dos horas y media de caminata, solo ida, disfrutando del paisaje espectacular del cañón y de las cascadas del río Arazas). Floración: julio-agosto.

 A pesar de todas las indicaciones, encontrar estas y otras flores en la montaña es cuestión de suerte y tenacidad. Como recuerda Daniel Gómez, doctor en biología y conservador del Herbario Jaca del CSIC, “las plantas te encuentran a ti y la emoción está en el camino”.

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