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Transilvania más allá de Drácula

De Prejmer a Calnic, la región rumana sorprende por sus aldeas con iglesias fortificadas levantadas por los sajones transilvanos durante la Edad Media

La colmena de Prejmer, en la región de Transilvania (Rumania).
La colmena de Prejmer, en la región de Transilvania (Rumania). getty images

Ni Rumania es solo Transilvania ni Transilvania se reduce a Drácula, por más que el príncipe vampiro funcione sobradamente como reclamo turístico y los visitantes del país de los Cárpatos acudan a la llamada del mito como groupies. Rumania de lengua latina. Rumania vieja Europa. Rumania que está en la Unión Europea pero no en el euro, por lo que, de momento, viajar hasta aquí aún no lastima demasiado el bolsillo. Y es altamente recomendable.

No es difícil salir de Bucarest, romántica y megalómana, y que el coche de alquiler sea un Dacia (en rumano pronunciado “dacha”), marca rumana, pues fueron los dacios (dachos) quienes poblaron el país algún tiempo antes de Cristo y quienes más tarde sacaron pecho ante los romanos por el dominio de los Cárpatos y el Danubio. Decébalo contra Trajano. La región de Transilvania forma parte del Estado rumano solo desde el año 1918. Los húngaros habían llegado en el siglo XI y las invasiones otomanas y tártaras eran un dolor de cabeza. En el siglo XII, el rey Géza II tomó la decisión de traer a jóvenes colonos alemanes a poblar la zona por dos motivos: ayudar a los magiares a defender las fronteras y desarrollar la economía de la región; así llegaban los sajones a Transilvania. Pobladores germánicos que formaron una fuerte comunidad de artesanos, agricultores y mercaderes. Crearon pueblos compactos con equilibrio y carácter. Siempre con una iglesia. Y esta siempre en el centro del pueblo.

Sistema de bloqueo de 1515 en la iglesia fortificada de Biertan (Rumania). ampliar foto
Sistema de bloqueo de 1515 en la iglesia fortificada de Biertan (Rumania). getty images

Hoy, siete de esas aldeas y sus templos forman parte de la lista de patrimonio mundial de la Unesco. Porque para defenderse de los invasores fortificaban las iglesias, amurallaban a Dios. Y construían dentro de la muralla espacios para almacenar comida e incluso para refugiar a todos los habitantes del pueblo en caso de largos asedios. Intramuros y juntos podían sobrevivir. Y habilitaban dentro escuelas, ayuntamientos, incluso pozos. Hasta una pequeña casa que servía para que las parejas que habían discutido o querían separarse fueran allí a reconciliarse con la ayuda de un mediador.

Esta ruta parte de Brasov, campo base para visitar el castillo de Drácula, en Bran, que en este viaje dejaremos de lado. Conducir por Transilvania no es difícil. Se agradece circular por los pocos tramos de autovía que hay en el país, aunque las carreteras nacionales y secundarias tienen su encanto. Atraviesan bosques de coníferas, hayas, robles, prados, valles y laderas, la Transilvania rural. Es frecuente encontrarse atascos, y no es difícil que algún rumano (la mayoría) se aproxime sin piedad a la parte trasera del coche de la extranjera cabal para adelantar con ansiedad cuando el tráfico lo permite. E incluso cuando no.

A 18 kilómetros de Brasov se encuentra Prejmer, la iglesia fortificada de mayores dimensiones en toda Europa. Hoy se pueden visitar las 200 habitaciones en las que se refugiaban los aldeanos, dispuestas en cuatro niveles a modo de colmena —que es como se conoce al lugar— con capacidad casi para 2.000 lugareños. ¿Cómo sería vivir en esta especie de abejar humano durante un ataque de mongoles o tártaros? Un túnel subterráneo conectaba con el exterior para poder aprovisionarse.

La ciudad de Sighisoara, en Transilvania (Rumania). ampliar foto
La ciudad de Sighisoara, en Transilvania (Rumania). getty images

Entorno rural y tranquilo

Camino de Sighisoara, la ruta nos lleva antes a Viscri, donde todo es rural y tranquilo. Los carromatos que cruzan el pueblo tirados por caballos, las bajas casas sajonas de colores, las señoras que queman rastrojos en la calle… Los vecinos, pocos, ponen cara de extrañeza al cruzarse con turistas. Estos llegan atraídos tanto por la iglesia fortificada como por la casita que Carlos de Inglaterra compró aquí en 1996 seducido por el encanto del pueblo. Es buena idea también detenerse por el camino de nuestro viaje medieval en alguna de las arboladas cumbres para hacer un pícnic, observar vacas y ovejas, y sentir un profundo silencio en un lugar repleto de huellas de aquellos que llegaron en el Neolítico y en la Edad del Bronce: griegos, godos, hunos, eslavos, búlgaros y magiares. Y no se echa de menos a Drácula para nada.

Para llegar a Darjiu, la siguiente ciudadela, hay que pasar por Saschiz, en la misma carretera nacional. Su templo fortificado se construyó en el siglo XV en honor al primer rey de Hungría, Esteban I el Santo, sobre los restos de una iglesia romana. Solo ha sobrevivido la torre norte, que posee 12 buhardillas y 4 torres pequeñas que, vistas desde la lejanía, avisaban al enemigo que en el lugar se aplicaba la pena de muerte. Desde aquí hay que tomar una carretera muy secundaria para subir a Darjiu. Sus baluartes se utilizaron durante mucho tiempo como la despensa de los vecinos. Cada miércoles se abría el recinto para que recogieran su tocino o sus salchichas.

Una de las obras que acoge la iglesia fortificada de Calnic (Rumania). ampliar foto
Una de las obras que acoge la iglesia fortificada de Calnic (Rumania).

La siguiente ciudad importante en el camino es Sighisoara, donde dicen que nació Drácula. Y a pocos kilómetros se encuentra Biertan, en la que espera la más espectacular de estas iglesias y es uno de los lugares más visitados de Transilvania; consta de tres recintos de murallas con un total de nueve torres. En una de ellas se situaba el Ayuntamiento, en otra la despensa, en otra una prisión, en otra una escuela (ninguna invasión servía de excusa para no ir a clase), en otra la citada “prisión matrimonial”…

Hacia el oeste aparece Valea Viilor. Su nombre significa “el valle de los viñedos”, que es la zona donde se ubica. Y ya por último se llega a Calnic, un castillo de una familia noble que más tarde pasó a manos del pueblo sajón, que construyó la iglesia y la muralla. Al no ser originalmente una fortaleza, es de las pocas ciudades que no se encuentran en lo alto de una colina. Una última sorpresa por este ignoto y cercano país.

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