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El Burren, pura fascinación natural

Su paisaje kárstico, comercios sostenibles, hoteles donde vivieron poetas y una renovada cocina autóctona hacen de esta región irlandesa un territorio en el que es imposible aburrirse

El Burren Irlanda
Los acantilados de Moher, ubicados en el enclave del geoparque de la región irlandesa del Burren.

En el poema Postscript, uno de los más conocidos del premio Nobel Seamus Heaney, cuya poesía siempre estuvo ligada al paisaje y a recuerdos rurales, se deslizan estos versos: “Y en algún momento tómese el tiempo para conducir hacia el oeste, / al condado de Clare, a lo largo de Flaggy Shore, / en septiembre u octubre, cuando el viento / y la luz se apagan entre sí, / de modo que el océano de un lado es salvaje, / con espuma y brillo, y tierra adentro entre piedras, / la superficie de un lago gris pizarra está iluminado / por el relámpago de tierra de una bandada de cisnes, / sus plumas ásperas y erizadas, blanco sobre blanco, / sus cabezas bien adultas de testarudo aspecto / escondidas o encrespadas o afanándose bajo el agua. / Inútil pensar en aparcar y capturarlo / más cabalmente. Uno no está aquí ni allí, / una prisa a través de la cual pasan cosas conocidas y extrañas / mientras al coche de costado le llegan grandes zarandeos suaves / que cogen al corazón desprevenido y de un soplo lo abren”.

Cualquiera que ponga un pie en el Burren sentirá una palpitación de asombro al comprobar que sus afinados versos están más cargados de premonición que de ficción. Y entenderá la devoción del poeta por este lado de la bahía de Galway, cuyas orillas abruptas aparecen bañadas por las tonalidades de la luz del otoño, esa estación que Keats, el poeta romántico inglés que tanto admiró Irlanda, definió como “amiga del alma del sol que madura”. Esta es una región que se aleja de la idea típica de Irlanda, pues aquí la piedra caliza es más protagonista que el verde. Burren, de hecho, significa “lugar pedregoso”. Estamos en un paisaje lunar y kárstico formado por grandes cantidades de piedra heredada de los glaciares de la Edad del Hielo, en el que las especies de flores crecen entre hendiduras de rocas que descienden de la montaña al océano Atlántico, ilustrando un mundo aparte designado por la editorial Lonely Planet como uno de los mejores destinos del año (se incluyó en su lista Best in Travel 2021). Un premio para el innovador proyecto Burren & Cliffs of Moher Unesco Global Geopark, pionero en turismo sostenible en Europa.

Este geoparque se encuentra en el condado de Clare y cubre un área de 530 kilómetros cuadrados. Gracias a la apuesta por los productos locales de sus comerciantes y a la potente red de ecoturismo iniciada en 2011, con 70 empresas miembros, esta región es, más que un destino tentador, una cultura, una manera de entender la vida en un entorno moldeado por fuerzas geológicas durante cientos de millones de años. Los límites del Burren los marca, al oeste y al norte, el litoral atlántico, para luego descender al sur a lo largo de la frontera del condado de Clare hasta el pueblo de Tubber y hacia el oeste por los pueblos de Corofin, Kilfenora, Lisdoonvarna y los acantilados de Moher.

En los días de sol, cuando el espíritu del viajero se siente a un tiempo alimentado por el estímulo y la sensatez, la atención se supedita al aspecto del horizonte y a cada paso se agradece la integridad y el respeto que siente por sí mismo este paisaje. Pueblos como Doolin o Carran, resaltados por sus fachadas coloridas y sus pubs personalizados por ese cliente que jamás se ha tomado una sola pinta; propuestas comerciales sostenibles que van de perfumerías a bares de ostras, pasando por hoteles en los que vivieron poetas o heladerías que regalan tazas de té si llegas en bici; una fauna y una flora sorprendentes (el Burren contiene las tres cuartas partes de la flora del país); su renovada gastronomía autóctona; colinas de rocas calcáreas donde las cicatrices de la erosión abren grietas; playas, lagos, cuevas o ríos subterráneos; cervezas artesanales y, por supuesto, dólmenes, hacen del Burren un territorio en el que es literalmente imposible aburrirse. Aquí van algunas pistas para sacarle partido todo el año.

Vista aérea del fuerte de Caherconnell, en la región irlandesa del Burren. ampliar foto
Vista aérea del fuerte de Caherconnell, en la región irlandesa del Burren. alamy

1 Caherconnell

Este antiguo fuerte circular nos adentra en la historia de los asentamientos prehistóricos. Es el caher más grande de los cuatro recintos de piedra seca que hay en el Burren. Con un diámetro de 42 metros, se define por un muro de tres metros de ancho y más de tres de altura. Su visita (retoma su temporada en marzo de 2022; caherconnell.com), como la de la mayoría de los ringforts, constituye una experiencia arqueológica de primer nivel. Además, viene aderezada con un espectáculo de perros pastores guiando a un rebaño de ovejas al compás que dicta el amo. En una mañana luminosa, con viento compasivo, entre el público se encuentra Jarlath O’Dwyer, consejero delegado de Burren Ecotourism Network, impulsor de la idea de mezclar sostenibilidad y turismo: “La creación de la marca era necesaria, y tuvimos la suerte de que la región fuera designada como geoparque por la Unesco y se integrara a los acantilados de Moher. Antes la gente venía a ver los famosos acantilados, pero como no había oído hablar de The Burren se iban el mismo día. Tenemos un entorno único y delicado con algunos de los mejores senderos de Irlanda, como Mullaghmore Mountain y Doolin to Cliffs of Moher Trail”.

El dolmen de Poulnabrone, del Neolítico, es uno de los monumentos arqueológicos más antiguos de Irlanda. ampliar foto
El dolmen de Poulnabrone, del Neolítico, es uno de los monumentos arqueológicos más antiguos de Irlanda. GETTY images

2 El dolmen de Poulnabrone

Situado en una alta meseta de piedra caliza, el dolmen de Poulnabrone es uno de los monumentos arqueológicos más emblemáticos y antiguos de Irlanda, y es el segundo lugar más visitado del Burren después de los acantilados de Moher. Es el gran símbolo megalítico del área, tan fotogénico. Se trata de un antiguo enterramiento del Neolítico, constituido por una piedra lisa de tres metros de largo sobre otras dos dispuestas a modo de puerta, más un túmulo que ofrece estabilidad. Alrededor se camina como si caminar fuera una costumbre espiritual. En 1985, una grieta en una de las piedras que sirven de soporte obligó a desmantelarlo temporalmente. Durante las excavaciones descubrieron los restos de personas y objetos como hachas, colgantes de hueso, cristales de cuarzo, armas y cerámica. Dada su situación elevada, debió de ser centro de ceremonias y rituales durante la Edad de Bronce y hasta el periodo celta.

Una caja de ostras de Flaggy Shore Oysters Experiences. ampliar foto
Una caja de ostras de Flaggy Shore Oysters Experiences.

3 Flaggy Shore Oysters Experiences

“La vida de una ostra es horrible, pero emocionante”, escribió M. F. K. Fisher, la cronista gastronómica que siguió a rajatabla la máxima de Brillat-Savarin: “Para ser gourmand no basta con desearlo”. Ponerlo en práctica en el Burren implica empezar por la Flaggy Shore Oysters, regentada por Gerry y Ciara, una pareja entusiasta que atesora 35 años de experiencia en la producción y exportación de ostras. Gerry explica que provienen de tres pequeñas bahías del condado de Clare, donde el paisaje kárstico circundante permite que las abundantes lluvias se filtren a través de las rocas, creando canales subterráneos de agua dulce. “Estos canales llevan todos los nutrientes del Burren a nuestras ostras, dándoles un sabor único”. A él le gusta departir con el cliente, al que informa con orgullo del patrimonio natural, del origen local de su producto y de su compromiso con la sostenibilidad (para el envío utilizan cajas de madera en las que después se podrá colocar compost y usarlas para cultivar plantas). Empacan las ostras con algas arrastradas por las tormentas. Algunas conchas se usan para artesanías, otras se trituran y se utilizan para depositar semillas de ostras nativas en la bahía. Las ostras en sí tienen un sabor fresco y natural, algunas incluso crujiente. Fisher tomaría nota. Están riquísimas solas, con limón exprimido o con las salsas picantes que sugiere Gerry. Tomar la decisión de parar es más complicado de lo que parece. En una mesa vecina un joven ensarta el abreostras asegurando que es la última. Gerry comenta: “He escuchado esa frase tantas veces…”. Veinte minutos después, el visitante sigue abriendo moluscos y afirmando que esa es la última. Entonces Gerry tira de lirismo y recuerda el poema Oysters de Seamus Heaney: “Nuestras conchas chocaron contra los platos. / Mi lengua era un estuario lleno. / Mi paladar colgaba de la luz de las estrellas: / Mientras probaba las Pléyades saladas / Orión sumergió su pie en el agua”.

4 Linnane’s Lobster Bar

Tras el aperitivo toca comer en Linnane’s Lobster Bar. Difícilmente se encontrará fish and chips más natural y mejores vistas de la isla de Aughinish y la bahía de Galway. Los barcos que descansan en el muelle han pescado los mariscos que circulan por las mesas. Este edificio se construyó hace 300 años como oficina de correos y hoy sirve productos frescos que revelan parte del prestigio gastronómico del que goza esta región. A dicha reputación contribuyó la publicación en 2019 del libro Burren Dinners: From the Chefs and Artisan Food Producers of North Clare, en el que el chef y consultor Trevis L. Gleason hizo un riguroso repaso de los cocineros y productores, de las influencias del entorno, de los ingredientes autóctonos y de la pasión de generaciones del Burren por la comida comunitaria. Gracias a esta oferta basada en la gastronomía local, el Burren Food Trail —una lista de establecimientos que incluye agricultores, ahumadores de pescado, cerveceros, destiladores, fabricantes de queso, chocolateros, tostadores de café, recolectores y herbolarios— se hizo en 2015 con un premio Destino Europeo de Excelencia (EDEN) de turismo y gastronomía local.

Un detalle del paisaje kárstico del geoparque Burren & Cliffs of Moher, en la costa oeste de Irlanda. ampliar foto
Un detalle del paisaje kárstico del geoparque Burren & Cliffs of Moher, en la costa oeste de Irlanda. getty images

Felizmente restaurados, Flaggy Shore, este tramo de costa rocoso de importancia geológica por las rugosas superficies de piedra caliza, refleja en el agua los versos de Heaney del principio y dibuja, con espuma y con brillo, tierra adentro entre piedras, la superficie de un lago gris pizarra… Ahora la profundidad del mundo no se busca en el horizonte, sino en el interior de cada uno, porque qué agradable es cultivar el placer de la desorientación voluntaria y prestar atención al cielo, las rocas, las flores, el viento.

5 Café heladería Linnalla

Convencidos de proteger la belleza del Burren, Brid y Roger, propietarios del café heladería Linnalla, han puesto en marcha medidas para calcular su propia huella de carbono, así como su consumo de agua y de energía con el fin de reducir el uso. Desde que en 2006 comenzaron a hacer helados, usan ingredientes de proximidad, tratan con proveedores locales y obtienen la leche de sus vacas nativas. Están muy de moda porque ayudan a reducir el tráfico ofreciendo una taza de té gratis a quien llegue pedaleando en bicicleta.

Visitantes en la cueva de Aillwee, que contiene más de un kilómetro de pasajes subterráneos. ampliar foto
Visitantes en la cueva de Aillwee, que contiene más de un kilómetro de pasajes subterráneos.

6 La cueva de Aillwee

En lo alto de la ladera de una montaña, asegurando generosas vistas de la bahía, se encuentra ­Aillwee Cave, cuyo nombre proviene del irlandés Aill Bhuí (acantilado amarillo). Esta es una visita imprescindible por tres motivos: en primer lugar, por ser parte de la historia geológica de la isla, pues es la más famosa de las miles de antiguas cuevas que existen bajo las colinas kársticas del Burren. Contiene más de un kilómetro de pasajes subterráneos, además de un río, una cascada y las correspondientes estalactitas y estalagmitas. En segundo lugar, porque, ya fuera de las cavernas, espera el Birds of Prey Centre, que ofrece exhibiciones de aves rapaces como águilas, halcones y búhos. Y en tercero, por la Farmshop, que reserva una degustación de quesos regionales y la explicación de los 35 años de historia del Burren Gold Cheese en Aillwee.

Comprando reaparece Jarlath O’Dwyer, que no deja nunca de reivindicar su tierra: “Muchas familias que hasta hace poco estaban involucradas en sectores como la agricultura han podido vivir aquí gracias al turismo. La diversificación ha dado a la gente una razón para establecerse y vislumbrar un futuro en North Clare. También estamos en la Ruta Costera del Atlántico: tenemos excelentes vistas en lugares como Doolin o Ballyvaughan”. Hablando de panorámicas, conviene acercarse a ­Morrooghtoohy, en Black Head (Fanore), quizás donde mejor se entiende ese viaje de la roca desde la cima de la colina hasta la orilla del Atlántico, en su versión más dramática y bella. Las líneas de sombra trazadas entre las rocas sintetizan el estado de estupor y de aceptación que encauza la conciencia del viajero, entregado a la avenencia de piedras y flores, y encantado de reparar en la armonía de las cosas que a menudo pasan inadvertidas. Ningún paso será en vano, ampliará la fascinación de quien descubre el encanto de lo sencillo.

Raquel Ruido elabora jabones naturales en su empresa The Moher Soap Co., bautizada así por los famosos acantilados irlandeses. ampliar foto
Raquel Ruido elabora jabones naturales en su empresa The Moher Soap Co., bautizada así por los famosos acantilados irlandeses.

7 The Moher Soap Co.

Entre los productos a la venta destacan jabones naturales elaborados por la joven gallega Raquel Ruido Rodríguez, que encontró en el Burren motivos para establecerse y dar rienda suelta a su audacia. Aprovechando su pasado como científica y su experiencia en laboratorios, trató de comprender los ingredientes naturales que tenía alrededor y estudió las propiedades del jabón y los métodos que necesitaba para poder elaborarlo en su cocina. El jabón de Raquel es puro Burren. Ella misma abastece a tiendas locales y a algunos hoteles. La base con la que trabaja son las hierbas y flores que crecen en su jardín; sirva de muestra el exitoso Burren Meadow Natural Soap. También hay jabón de caléndula y manzanilla, o de menta y eucalipto. Todos vienen envueltos en tela, una presentación estupenda y en absoluto casual: “Un material que la gente puede reutilizar para hacer otras cosas”, explica su creadora.

8 The Burren Perfumery

Un espíritu similar irradia The Burren Perfumery, en el pueblo de Carron, otro espacio tan secreto como asombroso. Arquitectura tradicional en piedra, jardines con vistas a la parte verde del Burren (y ya es noticia), tienda, laboratorio y salón de té conforman un remanso de serenidad y buen gusto. Aquí nacen perfumes y cosméticos inspirados en el paisaje. Oler las seis fragancias botánicas (Aran, Frond, Ilaun, Spring Harvest, Summer Harvest, Autumn Harvest, Winter Woods) es un repaso sensorial por las estaciones del año y por la flora de la región. El conseguido aroma de Aran fue una de sus primeras creaciones: esencia con notas cítricas, de algas marinas, musgos, líquenes y cortezas. Y atención a la repostería casera de la cafetería: elaboran de los mejores scones de manzana que puedan existir en este mundo.

Uno de los platos de salmón de Burren Smokehouse, en la localidad de Lisdoonvarna.
Uno de los platos de salmón de Burren Smokehouse, en la localidad de Lisdoonvarna.

9 Burren Smokehouse

Los ríos salvajes de Irlanda proveen a esta smokehouse (ahumadora) de Lisdoonvarna fundada en 1989, en la que el matrimonio formado por un irlandés y una sueca trabajan el salmón guiados por una filosofía que defiende la producción pequeña. Eso sí, sirven a todo el mundo y hay clientes de Estados Unidos o Japón que piden mensualmente.

El salmón tuvo tanto impacto en la cultura irlandesa durante el siglo XIX que en las antiguas monedas de 10 libras aparecía el relieve de uno de ellos. Aquí, el salmón orgánico se ahúma con viruta de roble y sal de la Camarga francesa (única concesión al más allá). En 1995, Birgitta y Peter Curtin ampliaron su oferta con un centro de visitantes y una tienda en los que vale la pena conocer la historia del salmón y, por supuesto, degustarlo, a ser posible con una Burren Red, una de sus maravillosas cervezas artesanales.

El 'lobby' del Falls Hotel, un alojamiento con acreditaciones ecológicas en Ennistymon. ampliar foto
El 'lobby' del Falls Hotel, un alojamiento con acreditaciones ecológicas en Ennistymon.

10 Falls Hotel

En 1937, el poeta galés Dylan Thomas se casó con Caitlin Macnamara, cuya familia poseía en Ennistymon una hacienda tan grande que su padre la convirtió en el Falls Hotel. La fuerza del río Inagh se manifiesta en cascadas (falls) que proveen de electricidad a un alojamiento miembro de Burren Ecotourism Network, de Leave No Trace Ireland —proyecto de organizaciones interesadas en promover el uso recreativo responsable del aire libre— y de la red Green Hospitality, con acreditación Eco Label. El vestíbulo está repleto de fotografías de Dylan y Caitlin. No sería extraño que, rodeado de tanta agua y tanta piedra (estamos a 10 minutos de los acantilados de Moher), el atormentado poeta escribiera aquí Donde una vez las aguas de tu rostro, una de sus más celebradas composiciones:

“Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo /irrumpen en las camas galantes de las algas; / el alga del amor se vuelve mustia; / allí en torno a tus piedras / sombras de niños van, que desde su vacío / lloran ante el mar colmado de delfines…”.

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