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El vino que mecen las estrellas

En la bodega Pago del Cielo se cría el tinto Celeste Crianza, un vino fresco e intenso de la DO Ribera del Duero muy ligado al influjo estrellado que envuelve estas vides

Cualquier momento es bueno para disfrutar de este tinto, idóneo para todo tipo de carnes a la brasa, embutidos y quesos maduros.
Cualquier momento es bueno para disfrutar de este tinto, idóneo para todo tipo de carnes a la brasa, embutidos y quesos maduros.

A casi 900 metros de altura, en un paraje espectacular de la Ribera del Duero donde casi se pueden tocar las estrellas con la punta de los dedos, los viñedos acunan racimos de uvas que maduran entre un amplio contraste térmico entre el día y la noche.

En el corazón de este paraíso vinícola se encuentra Pago del Cielo, bodega que resume la esencia más auténtica de esta ancestral tierra de vinos. Y es aquí donde nace un vino excepcional, elaborado con la tradicional tinta fina (tempranillo) y con 12 meses de crianza en barricas de roble francés y americano, para después pasar otros 12 meses en botella antes de llegar a nuestras casas. Se trata de Celeste Crianza, un vino que atesora la frescura, la emoción y la intensidad de una noche estrellada.

Este tinto –generoso en expresión frutal, con cuerpo voluminoso y firme estructura–, fue el primero que salió de Pago del Cielo. Vio la luz gracias al compromiso con el trabajo, la pasión y el conocimiento técnico de un equipo liderado por el enólogo Juan Ramón García, vinculado a este proyecto desde el año 2005.

Los mejores vinos no esconden secretos: son un fiel reflejo del lugar del que proceden. Y Fompedraza, la localidad vecina del Campo de Peñafiel (Valladolid) donde se asienta Pago del Cielo, es un paraje excepcional. Un rincón privilegiado, de paisajes espectaculares y una climatología idónea para la elaboración de vinos tintos de gran intensidad aromática. Aquí los veranos son secos, y los inviernos son largos y rigurosos, con importantes cambios de temperatura durante todo el año. La altitud de estas tierras y los vientos que soplan en sus cimas permiten que, en plena canícula, la noche sea fresca, con una diferencia térmica de hasta 20 grados a determinadas horas del día. Este contraste hace que la uva retenga y amplifique todo su sabor y acidez durante su maduración.

Además de Celeste Crianza, Pago del Cielo también elabora Celeste Roble y Celeste Reserva, ambos bajo la DO Ribera del Duero, y Celeste Verdejo, de la DO Rueda

El resultado es un vino fresco y sabroso, con mucha fruta, cuerpo y color. El tono es cereza oscuro y profundo. Su aroma, intenso, evoca a confitura de arándanos con notas de higos maduros y un delicioso toque ahumado y mineral. Y en boca es aterciopelado y sabroso, con un tanino noble y de fina trama (grafito). Su crianza en roble le aporta finas notas especiadas ­–de cacao amargo– y tostadas, con un punto a café torrefacto.

Basta con saborear una copa de Celeste Crianza para comprobarlo. Cualquier momento es bueno para disfrutar de este tinto. Sus aromas frutales se adaptan como un guante a todo tipo de carnes a la brasa, embutidos y quesos maduros. Mención especial merece su maridaje con el cordero asado y con la carne de caza. Simplemente, de diez.

En las 45 hectáreas dedicadas al cultivo de los viñedos de uva tempranillo, Pago del Cielo también elabora Celeste Roble y Celeste Reserva, ambos bajo la DO Ribera del Duero. La bodega dispone, además, de otras 20 hectáreas donde crecen las vides con las que elabora Celeste Verdejo, de la DO Rueda. De sus uvas de verdejo nacen unos vinos blancos que destacan por su equilibro entre azúcares y acidez. Vinos de sabor fresco y aromas intensos, expresivos y complejos.

Tras 12 meses de crianza en barricas de roble francés y americano, este tinto pasa después otros 12 meses en botella antes de llegar a nuestras casas.
Tras 12 meses de crianza en barricas de roble francés y americano, este tinto pasa después otros 12 meses en botella antes de llegar a nuestras casas.

Beber bajo las estrellas

Qué mejor sitio para admirar las estrellas que los viñedos de Pago del Cielo, en el corazón de la Ribera del Duero. Aquí la observación del firmamento forma parte del patrimonio natural, paisajístico, cultural e incluso científico. Además de en esta zona castellana, España cuenta con multitud de espacios naturales donde contemplar el cielo con toda su grandeza. Son áreas despobladas rodeadas de grandes extensiones de terreno, sin contaminación lumínica y cuyo clima y condiciones meteorológicas permiten disfrutar de impresionantes cielos estrellados. Ocurre en Fompedraza, pero también en el Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres) –donde se sitúa un mirador que se llama Celeste–, en la Serra del Montsec (Lleida), las sierras de Gúdar-Javalambre (Teruel) o en el Teide, La Palma y Fuerteventura, en las islas Canarias. Destinos con el sello de calidad otorgado por la Fundación Starlight, en los que descubrir toda la belleza del turismo de las estrellas y sentir su conexión con el Celeste Crianza de Pago del Cielo.

Etiqueta para un estuche especial

La intensidad con la que brillan los astros en las noches de vendimia ha servido de inspiración tanto para el nombre como para el diseño de la etiqueta de Celeste Crianza, que reproduce de forma exacta el cielo en una noche de octubre ­–la época de la vendimia en la Ribera del Duero–, desde la posición Latitud 41,54º Norte, Longitud 4,14º Oeste. Es la ubicación de la bodega Pago del Cielo en Fompedraza, desde donde se puede admirar el espectáculo de la vía láctea luciendo en la oscuridad.

Este plano de los cielos reviste el estuche que ha ideado Pago del Cielo para una edición especial de Celeste, el regalo perfecto para estas navidades. Metálico y cilíndrico, es la presentación ideal para saborear este vino durante estas fiestas en compañía de familia y amigos.

El vino que mecen las estrellas

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