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Hacia el corazón de Liébana

En coche desde la costa hasta Fuente Dé por angostos desfiladeros, pueblos medievales, monasterios con mucha historia y miradores espectaculares

Liebana Cantabria Ampliar foto
El puente de San Cayetano, en la villa de Potes (Cantabria). alamy

La localidad marítima de Unquera, lindante entre Cantabria y Asturias y famosa por sus corbatas de hojaldre, es punto de partida de una extraordinaria ruta a lo largo de la carretera N-621 que recorre, en dirección sur, algunos de los lugares emblemáticos del parque nacional de los Picos de Europa como Potes, capital de la comarca cántabra de Liébana. Y también brinda acceso a caminos que posibilitan algunas de las excursiones favoritas entre los senderistas y a rutas comarcales que conducen hasta panorámicas tan hermosas como la que se obtiene desde los 1.823 metros de altura a los que trepa el teleférico de Fuente Dé.

El viaje atraviesa pueblos de origen medieval y floreciente pasado, como atestiguan las casonas montañesas adornadas con blasones en Cosgaya o Potes, y villas que figuran en la lista de los Pueblos más Bonitos de España, como Mogrovejo. Y todo ello en una comarca en la que tampoco faltan las sobresalientes muestras del patrimonio cultural.

A los pocos kilómetros de dejar atrás el mar Cantábrico, la carretera se adentra en el desfiladero de la Hermida, que discurre entre las paredes de roca de más de 600 metros de altura del macizo de Ándara y el cauce del río Deva. En algunos tramos, por ejemplo cuando la garganta se interna en Asturias, la frondosidad de los árboles ribereños tiñe el viaje con una sorprendente variedad de tonos verdes. Y al poco de que el camino vuelva a Cantabria, una desviación asciende hasta los 580 metros de la aldea de Bejes, en cuyos prados pastan los caballos asturcones y las vacas que producen la leche con la que se elabora el queso picón local. Este se puede comprar en el propio Museo del Queso Picón o en queserías artesanales, como La Brañuca. Bejes, de unos 70 habitantes, es ideal para hacer un alto y disfrutar de un aperitivo a base de quesuco, embutidos y buenos vinos en el bar El Teju, con una excelente panorámica sobre el valle y los cencerros de las vacas como banda sonora de los valles de Liébana.

De vuelta a la ruta principal, a 13 kilómetros de Bejes otro corto desvío conduce a la iglesia de Santa María de Lebeña, obra mozárabe del siglo X y uno de los monumentos prerrománicos españoles mejor conservados. A pocos minutos en coche de esta joya medieval, en el centro de visitantes del parque nacional de los Picos de Europa ubicado en el pueblo de Tama (942 73 05 55) se puede recabar toda la información necesaria sobre rutas a pie o en coche, así como las posibilidades de actividades al aire libre, además de ver distintas exposiciones sobre la naturaleza y la forma de vida de la región.

Vacas pastando en la localidad cántabra de Bejes.
Vacas pastando en la localidad cántabra de Bejes. alamy

Una villa de piedra

Enseguida, en la confluencia de cuatro valles, aparece la población más importante de Liébana, Potes, una de las bases esenciales para emprender excursiones por toda la comarca. Aquí el río Quiviesa se une al Deva y sobre este caudal cruza el puente de San Cayetano, del siglo XV. Junto a él, la ermita del mismo nombre y la hermosa Torre de Orejón de la Lama —de la misma época— configuran la postal más reproducida del lugar. Un paseo por sus calles empedradas nos acerca y aleja del cauce del río y nos conduce hasta otro monumento renacentista: la Torre del Infantado, del siglo XIV, que perteneció al señor de Liébana y hermano del rey Enrique II de Castilla, y hoy acoge exposiciones y actividades culturales. Si las ganas de comer apremian, la villa está bien surtida de restaurantes donde probar el cocido lebaniego —que, a diferencia del montañés, lleva garbanzos en vez de alubias—, pero también otras especialidades de la zona, como el lechazo asado, las truchas y platos de caza. Una de las direcciones tradicionales es Casa Cayo.

Desde aquí la mejor opción es tomar la carretera CA-185, que se interna en el valle de Camaleño y conduce a los principales hitos turísticos de Liébana. En Mogrovejo no hay que perderse la panorámica de su casco histórico desde el camino empedrado que conduce a la torre del siglo XIII; casonas montañesas de los siglos XVI y XVII —que le han valido la calificación de conjunto histórico— sobre un fondo que componen el verde valle y los picos nevados del macizo de Ándara. El restaurante Quesos y Cosas (679 58 55 48), con una agradable terraza, sirve apetitosas raciones de paté de caza, tablas de quesos y postres de la casa.

Una reliquia traída de Tierra Santa

A las afueras de Potes se yergue el monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde la tradición señala que en el siglo V el obispo Toribio de Astorga depositó un fragmento de la cruz de Jesucristo que trajo de Tierra Santa. Este Lignum Crucis, del siglo XIII, es la razón de ser del Año Jubilar Lebaniego, instituido por el papa Julio II en 1512. Además, en este monasterio, hoy habitado por franciscanos, escribió e ilustró, en el siglo VIII, el monje Beato de Liébana su alucinante Comentario al apocalipsis de san Juan que se conserva en la Biblioteca Nacional. Los lebaniegos dicen que desde el mirador ubicado a 500 metros del monasterio se obtiene la mejor vista del Macizo Oriental de Picos.

Cosgaya, la población más visitada antes de llegar a la estación del teleférico, es hoy un pueblo también muy atractivo y donde se ubica uno de los alojamientos más apetecibles en todo el parque nacional, el Hotel del Oso, en cuyo comedor no hay que dejar de probar, además del omnipresente cocido lebaniego, su dulcísimo arroz con leche y rematar con un típico licor de orujo.

En Fuente Dé, el final de la carretera, además de la opción más espectacular —volar en teleférico hasta los 1.823 metros, ya sobre el Macizo Central de Picos—, se inician excursiones a pie por senderos de diversa dificultad hasta Áliva (14 kilómetros), Cabaña Verónica y Horcados Rojos desde el Cable (12 kilómetros), o a la impresionante Vega de Liordes (13,8 kilómetros). Caminatas tras las que lo ideal es descansar en el parador de Fuente Dé, en un entorno inmejorable.

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