Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

En coche por el norte argentino

La actriz, guionista y productora Susana Hornos rememora un viaje a la región de Tucumán acompañada por el que fue su marido, el intérprete Federico Luppi

En la serie Estoy vivo (TVE) encarna a la villana Elena Gamboa, pero la actriz Susana Hornos también es guionista y acaba de terminar el rodaje de Stoyan, su primer largometraje como productora. Aquí rememora un viaje a la región de Tucumán durante los años que pasó en Argentina acompañada por el que fue su marido, el intérprete Federico Luppi.

¿Fueron de vacaciones o a trabajar?

Una mezcla de ambos. Fue hace unos 10 años, en Navidad: yo estaba escribiendo un guion sobre un temporero español que acaba viviendo en Tucumán, así que decidí visitar la zona junto a Federico. No me olvidaré nunca de que pasamos la Nochebuena en un hostal de montaña en el pueblo de San Pedro de Colalao. La dueña se fue con su familia a celebrar las fiestas y nos dejó la cena preparada y las llaves del hostal.

 ¿Qué ruta siguieron?

Alquilamos un coche en la capital, San Miguel de Tucumán, y llegamos a Cafayate, que es una zona de viñedos. Después fuimos entre cumbres, por el departamento de Tafí del Valle, que es más turístico. Por allí está la reserva natural Quebrada del Portugués, muy frondosa [y una de las áreas más importantes del país para la conservación de aves]. También recorrimos lo que llaman Tafí Viejo y vimos ingenios azucareros abandonados y una antigua estación de tren. Luego llegamos hasta la provincia colindante de Salta y, por último, a San Pedro de Colalao, de nuevo en la provincia de Tucumán.

¿Pudo empaparse de la esencia de la región?

Capté ante todo el sincretismo del noroeste argentino. Hay un universo fantástico de culto a la Pachamama, que es la madre tierra. Lo celebran el 1 de agosto, pero todo el año hay signos de esta veneración popular en cualquier pueblito al que vayas. Un indicio de este culto a la madre tierra está en las “apachetas”: así se llaman los montículos de piedra que hay por los caminos y que homenajean a la Pachamama.

No olvidemos lo gastronómico…

Desde luego: los tamales que probé allí estaban riquísimos. Y también el quesillo, un queso fresco artesanal de pasta hilada que se come con dulce de cayote, algo parecido al membrillo. Y el vino de Cafayate, ya en la provincia de Salta, es también célebre.

Encuentra inspiración para tus próximos viajes en nuestro Facebook y Twitter e Instragram o suscríbete aquí a la Newsletter de El Viajero.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información