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A los pies del Everest

Pablo Arribas, escritor y viajero, nos cuenta su trekking hasta la base de la montaña más alta del mundo

Lleva tres años dando la vuelta al mundo. Sus aventuras y reflexiones se pueden seguir en redes y también en sus libros. El más reciente es Vive de forma que te duela marcharte (Plaza-Janés, 2021). A Pablo Arribas le ha costado elegir un viaje, pero finalmente se ha decantado por contarnos su trekking hasta el campo base del Everest.

¿No le dieron tentaciones de ascender un poco más?

Para mí la cima de mi aventura era estar cerca del Everest y poder fotografiarme con él al fondo. La metáfora bonita era que, a pesar de tener delante la cima de ese pico tan soñado, mis límites estaban en quedarme a esa altura y tenía que aceptarlos. Además, me encantó el ambiente del campo base: abrazos, fotografías, entusiasmo… Alrededor solo hay glaciares. Y más arriba, hielo y rocas.

¿Fue arduo llegar hasta allí?

Fui desde Katmandú hasta Lukla en avioneta. Allí suelen empezar las travesías hacia el Himalaya. De hecho, el aeropuerto de Lukla se llama Edmund Hillary, como homenaje al primer alpinista que alcanzó la cima del Everest [junto al sherpa Tenzing Norgay]. Está entre montañas, la pista está inclinada…, lo consideran el aeropuerto más peligroso del mundo. Desde ahí caminé hasta el campo base. El primer día lo pasé mal porque cargaba más peso del adecuado, por eso dejé cosas en el primer alojamiento. Mi preocupación principal era el mal de altura, pero por suerte no me dio.

¿Se cruzó con otros caminantes?

Sí, a diario. También te cruzas con nepalíes que te dicen “Namasté”. El circuito a veces parece un Camino de Santiago a lo bestia. Está bien señalizado porque es un trekking mundialmente conocido. En los poblados a los que llegas hay lodges, unas casitas con cama y ducha. Allí siempre te encontrabas con gente y charlabas un rato. Pero por el camino yo agradecía ir en silencio y conectar con el entorno.

Descríbanos los paisajes que vio

Por las cordilleras se ven los ríos del deshielo que viene de arriba. Recuerdo ver también coníferas, cielos colmados de estrellas…, y dejando de lado lo visual, el aire puro que se respira allí es maravilloso.

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