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Delicias en los valles cántabros

El emprendedor hostelero Carlos Zamora nos descubre el entorno de Polaciones y San Pedro del Romeral y las mejores pistas gastronómicas de la zona

El emprendedor hostelero Carlos Zamora. Ampliar foto
El emprendedor hostelero Carlos Zamora.

Además de varios restaurantes en Santander y Madrid, como Deluz o La Carmencita, Carlos Zamora se ha reinventado en 2020 y ha abierto El Súper de los Pastores, una pequeña cadena de tiendas donde venden alimentos de productores locales de Cantabria. Aquí nos habla de los valles cántabros que más quiere.

¿Qué valle ha redescubierto últimamente?

El de Polaciones. Es de los más grandes de Cantabria. La parte más alta linda con Liébana y desde allí se accede a la mejor vista de los Picos de Europa. Además, hay dos miradores: el del Jabalí y el del Zorro.

¿Cómo se llega hasta allí?

La subida es difícil: se puede hacer por la carretera en la que está el embalse de la Cohilla. En la zona hay restos de menhires de pastores de hace siglos. También es fácil encontrar endrinas salvajes.

¿Qué pueblos atraviesa en su ruta?

Por ejemplo, Pejanda. Tiene una fonda donde se come y se bebe muy bien, Casa Molleda, con más de 100 años.

¿Sirven comida contundente?

Claro, mucha carne: guiso de ternera, morcilla casera… Y no hay que olvidarse del desayuno típico: los frisuelos, el equivalente cántabro de las filloas. Se hace con leche, harina y huevo.

Llévenos a otro valle.

Otro que me gusta es el valle alto pasiego de San Pedro del Romeral, junto a La Sota. Es muy salvaje y está lleno de pequeñas cabañas. Cuando voy en coche, en vez de entrar a Cantabria desde Madrid por la carretera habitual hago toda la bajada por esos valles y ahí entiendo la geografía de Cantabria. Es la misma entrada de hace 200 años.

¿A quién conoce por allí?

En La Sota hay una familia productora que fue la primera que dio el salto para hacer queso de modo ecológico hace 15 años. Ahora su marca es Los Tiemblos. También conozco bien a los del restaurante Gutiérrez Ugarte, de San Pedro. Allí comes con unas vistas alucinantes. Se encuentra frente a la bolera, porque allí hay un juego de bolos autóctono llamado bolo pasiego.

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