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Luces, cámaras... ¡Benidorm!

La última película de Isabel Coixet se suma a otras muchas producciones audiovisuales que descubren una ciudad de contrastes, entre rascacielos, calas espléndidas, acantilados y paseos por la montaña. Planes de cine en la cálida urbe alicantina

Las playas de Levante y Poniente en Benidorm (Alicante). En vídeo, tráiler de la película 'Nieva en Benidorm', dirigida por Isabel Coixet.

Los piratas sembraban el terror en la costa mediterránea de España en el siglo XV. Arrasaban con todo y se llevaban a la población, a la que esclavizaban para venderla en el mercado otomano. En Benidorm, estos expertos marineros se solían esconder tras una punta rocosa, bajo los espectaculares acantilados en los que se precipita la Serra Gelada (Sierra Helada), para sorprender con sus ataques. Un siglo después, en esa misma punta, se erigió una torre vigía por orden del rey Felipe II. Formaba parte del sistema defensivo del litoral, cuyas construcciones tenían como finalidad alertar de la presencia de los corsarios para dar tiempo a que los moradores cristianos buscaran refugio en los castillos y fortalezas, o huyeran hacia el interior.

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Hoy, esa Torre de les Caletes, como se denomina popularmente, se mantiene firme, por fin rehabilitada, al final de una carretera de película que bordea el mar desde las espléndidas calas de Tio Ximo y Almadrava. Los rascacielos de Benidorm, la estampa más típica de la ciudad alicantina, se atisban solo al tomar alguna curva, como han hecho numerosos coches recién salidos de la fábrica cuyos anuncios se han rodado en esa serpenteante carretera de la Costa Blanca. La combinación del azul del mar, los grises y ocres de la piedra caliza y el verde de los matorrales y pinos dota a este paraje de una gran plasticidad, remarcada por los abruptos desniveles y precipicios de hasta 300 metros de altura que conforman el parque natural de la Serra Gelada. Y todo ello a escasos metros de un núcleo urbano conocido mundialmente por su turismo masivo, sus despendoladas despedidas de solteros y solteras, sus magníficas y atestadas playas y su skyline neoyorquino a orillas del Mediterráneo.

La Torre de les Caletes, en Benidorm. ampliar foto
La Torre de les Caletes, en Benidorm.

Así lo ha entendido la industria audiovisual, que está aprovechando esos contrastes de la ciudad para rodar numerosas películas, series, anuncios y vídeos musicales a un ritmo creciente que solo la pandemia de la covid ha frenado. Isabel Coixet ya ha proyectado en algunos festivales de cine su última película, Nieva en Benidorm, que tiene previsto estrenar el 13 de noviembre. Como indica su título, la metrópoli es un personaje protagonista más del filme, cuyo rodaje concluyó justo antes de la declaración del estado de alarma y el confinamiento del pasado 14 de marzo.

La directora de La librería explica su elección: “Benidorm es una tierra de promisión para cualquier cineasta, un lugar lleno de contradicciones, de paradojas, de mundos cruzados que conviven y nunca acaban de cruzarse. Está el Benidorm de siempre, del casco viejo, de los pequeños comercios, de la gente que se conoce de toda la vida; luego están el Imserso, los bufés libres, la gente que ves bailar, cantar y hacer gimnasia en la playa de Poniente; y por último está el círculo del infierno de los hooligans, de los chupitos baratos, de la gente emborrachándose en las esquinas. Tres mundos conviven sin rozarse en una ciudad litoral desarrollada verticalmente con dos bahías y unos atardeces esplendorosos”.

La Carretera de la Torre, a las afueras de Benidorm (Alicante). ampliar foto
La Carretera de la Torre, a las afueras de Benidorm (Alicante).

Camino de la atalaya

En una soleada mañana de finales de octubre, antes de decretarse el cierre perimetral de la Comunidad Valenciana (si bien los aeropuertos se mantienen abiertos), se ve a bastante gente caminando por Benidorm y por sus alrededores. La Carretera de la Torre se ha convertido en una popular ruta para pasear, correr, montar en bici o patinar. “Está cerrada al tráfico y solo se abre para rodajes”, apunta Rosa Llorca, responsable de la Benidorm Filme Office, que ha logrado atraer a otro tipo de visitante desde su puesta en marcha en 2013. Allí se instaló el set de rodaje de Paraíso, una nueva serie de Movistar+ dirigida por Fernando García Molina (Palmeras en la nieve) y producida por Globomedia, aún por estrenar. Parte de los escenarios de esta historia de aventuras y misterio que arranca con la desaparición de tres adolescentes en un pueblo costero en 1992 se filmó en la ciudad alicantina.

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Mientras Llorca explica los detalles y usos de este privilegiado plató natural, tres jubilados bajan en ropa deportiva en dirección a la Torre de les Caletes. Parecen extras contratados para certificar las palabras de la encargada de promover en Benidorm el llamado screen tourism, un segmento de la industria turística cada vez más demandado que atrae al viajero interesado en conocer las localizaciones de sus series y películas favoritas, y que proyecta la imagen de una ciudad en el mundo interconectado actual. “Debe de haber un rodaje”, afirma uno de los paseantes, cuando ve trabajando a la fotógrafa de este periódico cerca de la torre del siglo XVI donde se filmaron también secuencias de la serie Fugitiva, interpretada por Paz Vega y emitida hace un par de años en La 1 de TVE. El referido trío de amigos vascos cuenta que dejó el norte y se trasladó a sus apartamentos de Benidorm en cuanto empezó a dispararse otra vez la curva de contagios del coronavirus. “Mejor que nos pille un nuevo confinamiento aquí bajo el sol, ¿no?”, comenta sonriendo una mujer “de Bilbao” que forma parte de la nutrida comunidad vasca que desde hace décadas se instaló aquí, hasta el punto de que los candidatos autonómicos suelen hacer campaña también en Benidorm.

Las pistas de Isabel Coixet en Benidorm

La directora Isabel Coixet, durante el rodaje de 'Nieva en Benidorm'.
La directora Isabel Coixet, durante el rodaje de 'Nieva en Benidorm'.
  • “Me gusta mucho el rincón de la playa de Mal Pas [entre los gigantescos arenales de Levante y de Poniente]. Y también el restaurante de Mal Pas (calle de Santa Faç, 50), con su señora y su hija al frente, que ofrecen sabrosos arroces e increíbles alcachofas. Es pequeñito, en el centro histórico de Benidorm. Sobre todo lo conoce la gente local. No es un lugar especialmente turístico”.
  • “También disfrutamos mucho de La Despensa, Lúpulos y Taninos (San José Artesano, 8), un bar de vinos con un sumiller que nos hizo una cata de champanes con maridaje impresionante, con una atención estupenda”.
  • “Los arroces y el menú de Peter (avenida de la Marina Baixa, 6) nos encantaron. Además, el restaurante se llama como nuestro protagonista y está pegado a la playa, en la cala de Finestrat. Allí llevamos a Timothy Spall”.
  • “A los lectores de El Viajero les aconsejo que se aventuren y pregunten, por ejemplo, a los gasolineros. Es una buena forma de descubrir una ciudad como Benidorm, que tiene ese punto kitsch tan conocido de los turistas con pulseritas, pero también otros muchos por conocer”, dice la directora.

El especial microclima local es una constante en los folletos turísticos. Ciertamente, su ubicación geográfica entre el mar y las sierras Gelada y Cortina, la popular montaña de Puig Campana —de casi 1.500 metros de altura— y el Tossal de la Cala la protegen de la acción de los vientos y mantiene una temperatura media anual de 18,5 grados. Desde cualquiera de estos cerros las panorámicas son espléndidas y se puede acceder a todos ellos fácilmente desde el núcleo urbano, en el que se ha potenciado especialmente la peatonalización y los carriles bici.

La cima que corona la llamada Cruz de Benidorm, puerta de entrada a Serra Gelada, es un ejemplo. Es muy improbable que alguien se asome por primera vez a este mirador y no saque una imagen de la estupenda perspectiva de la ciudad con mayor densidad de rascacielos por habitante del mundo. Rosa Llorca lo tiene muy visto y adopta una expresión de jugadora de póquer mientras los turistas que hay —eso sí, muchísimos menos de lo habitual— contemplan boquiabiertos y los residentes echan un vistazo sin apenas detenerse mientras se dirigen caminando hacia algunos de los senderos de la sierra que parten desde allí. La responsable de la oficina municipal señala a la imponente Torre Lugano y comenta: “En ese edificio rodó Coixet escenas de interior”.

Una panorámica de la ciudad filmó desde esta misma montaña el actor y autor teatral Secun de la Rosa para su estreno como director de largometrajes con El cover. El título alude a los cantantes que actúan por los hoteles realizando versiones de grandes éxitos. “Son como los sustitutos”, explica el productor de la película, Kiko Martínez, de la compañía Nadie es Perfecto. El rodaje tuvo que ser interrumpido por el confinamiento en marzo y se retomó en junio. Martínez ilustra los estragos de la covid-19 en una de las capitales turísticas del Mediterráneo. En un mes como junio, con la ocupación normalmente a tope, pudieron rodar en un paseo sin multitudes, con las playas casi vacías, “como si fuera un plató de estudio”. Nacido en Valencia, el productor incide en que ha “redescubierto” Benidorm y sus atractivos múltiples sin menoscabo de la potente imagen de tener un Las Vegas a orillas del Mediterráneo y del bullicio de la zona inglesa.

Las películas y las series han contribuido notablemente a fijar una imagen estereotipada, sobre todo a partir del boom turístico en los años sesenta del siglo pasado, con filmes interpretados por Manolo Escobar, Paco Martínez Soria e incluso Julio Iglesias, que estrenó en 1969 La vida sigue igual (junto a una joven Charo López) tras ganar el Festival de la Canción de Benidorm del año anterior con el homónimo (y famoso) tema. Ya en la década de 1990, la película Huevos de oro, de Bigas Luna, catapultó de nuevo el nombre de Benidorm al estrellato del cine español. Se estrenó un año después de los fastos de 1992 y en ella Benito González, interpretado por un jovencísimo Javier Bardem, quería hacer realidad su sueño fálico de levantar un rascacielos.

Vistas de Benidorm desde el Gran Hotel Bali. ampliar foto
Vistas de Benidorm desde el Gran Hotel Bali.

Se rodó en el actual Gran Hotel Bali mientras se construía el edificio que aún se publicita como “el hotel más alto de Europa”. Hoy, el Bali está cerrado a causa de la pandemia, como otros muchos hoteles, pero sus responsables recuerdan perfectamente el éxito de aquella película y permiten a los periodistas de este diario visitar su azotea. Nunca llegó tan alto el hortera protagonista de Huevos de oro, que se llegó a erigir en epítome de la cultura del pelotazo, porque la terraza todavía no existía. De nuevo, las vistas son impresionantes. No solo por la perspectiva de la cuadrícula urbana y de sus hitos verticales, también por el panorama de montañas que rodean la ciudad y que invitan a alejarse de ella e internarse en una de las numerosas rutas que exploran su entorno natural. Tampoco es necesario emular a los runners de montaña profesionales y subir, en el vecino municipio de Finestrat, el kilómetro vertical del Puig Campana, que salva un desnivel de 1.000 metros en solo tres kilómetros de recorrido; hay opciones menos exigentes.

Bañistas en una playa de Benidorm en una tarde de finales de octubre. ampliar foto
Bañistas en una playa de Benidorm en una tarde de finales de octubre.

Curiosamente, una serie que perpetúa todos los tópicos y se ríe de la vida de los británicos en la ciudad ha contribuido también a dar a conocer alguno de sus atractivos menos trillados, más allá de los baños de sol en la piscina y las playas de Levante y Poniente, y de los bares y hoteles ruidosos. Se trata de Benidorm, que emitió la cadena ITV desde 2007 hasta 2018 con gran éxito en el Reino Unido. Tanto es así que la ciudad alicantina fue el octavo destino elegido por los espectadores anglosajones, según una encuesta elaborada por HBO a partir de las principales localizaciones de series y películas. La lista estaba encabezada por la Nueva Zelanda de El señor de los anillos, seguida por el Manhattan de Sexo en Nueva York y por el norte de Irlanda de Juego de tronos. La influencia de la industria audiovisual sobre el imaginario colectivo se palpa en el día a día. Cuando la serie británica, que cuenta con una versión teatral y ya se habla de una cinematográfica, incluía algunas localizaciones al margen del cliché, al poco ya se veían por primera vez británicos recorriendo dichos lugares, apunta Rosa Llorca.

La fuerza connotativa de su nombre es incuestionable. Benidorm también es el título de la reciente serie de Atresplayer Premium (se emitirá en abierto por Antena 3) que, protagonizada por Antonio Pagudo y María Almudéver, relata una historia de amor de un hombre tras saber que le quedan pocos años de vida. Otra ficción, Alba, serie también producida por Antena 3 y aún por estrenar, ha rodado parte de su metraje en una urbe que se benefició en 2005 de la inauguración de la Ciudad de la Luz de Alicante, complejo que tuvo que cerrar en 2014 por competencia desleal (al recibir ayudas públicas para su construcción), según dictaminó la Unión Europea. Los estudios de cine más grandes de Europa, como se publicitaron entonces, albergaron al menos 11 producciones que también rodaron exteriores en Benidorm, que cuenta con una población empadronada de 68.000 habitantes, de los que cerca de un tercio son extranjeros.

Panorámica del cerro del Tossal de la Cala y los rascacielos de Benidorm. ampliar foto
Panorámica del cerro del Tossal de la Cala y los rascacielos de Benidorm.

El lugar de Sylvia Plath

La mayoría son británicos, como el hombre solitario y maniático que va en busca de su hermano en Nieva en Benidorm y que interpreta Timothy Spall. El protagonista descubre que su familiar era propietario de un club de burlesque donde trabaja una misteriosa mujer con la que emprenderá su investigación, ayudados por una policía obsesionada por la presencia de Sylvia Plath.

La película de Isabel Coixet es también un homenaje a la escritora estadounidense que pasó cinco semanas en la ciudad a mediados de la década de 1950, durante su luna miel con el también poeta Ted Hughes. El matrimonio de escritores descubrió un paisaje aún yermo de rascacielos muy similar al que encontró Juan de Orduña cuando rodó en 1951 Alba de América, en la que una cala de Benidorm simula la isla de Santo Domingo en la que desembarcó Cristóbal Colón; los astilleros gaditanos en los que se construyeron las carabelas estaban en la vecina cala de Finestrat, y América se ubicaba a la vuelta de una pequeña montaña. Fue uno de los primeros largometrajes rodados aquí, si bien el investigador de la Universidad de Alicante Roberto Devesa ha rastreado algunas películas precedentes.

Bicis en la cala de Finestrat, en Alicante. ampliar foto
Bicis en la cala de Finestrat, en Alicante.

Desde la ciudad, Sylvia Plath escribió en 1956 una carta a su madre describiendo sus impresiones del viaje y el paisaje: “Después de una hora de viajar en autobús a través de montes desiertos de arena roja, huertos de olivos y matorrales, todo tan típico, vi aquel mar azul centelleante, la limpia curva de sus playas, sus inmaculadas casas y calles —todo, con una pequeña y relumbrante ciudad de ensueño—, sentí instintivamente, igual que Ted, que este era nuestro lugar”. Un lugar que definió como “una extraña mezcolanza de pobreza, limpia y llena de colorido, y hoteles color pastel, todo aparentemente como si lo acabasen de construir… Novísimo, con los más modernos estilos amalgamados a la sencilla arquitectura del lugar. Muy extraño, porque Benidorm, recién descubierta por los turistas, excepto sus hoteles, no tiene nada de comercial”. “Fue posiblemente el lugar donde Sylvia y Ted alcanzaron mayor armonía”, sugiere Coixet.

Hoy Benidorm poco tiene que ver con la ciudad descrita por Plath hace casi 70 años, si bien el bullicio habitual de sus calles y bares ha quedado amortiguado por el coronavirus. Sus muchos hoteles cerrados y sus playas vacías ofrecen una imagen desacostumbrada de una ciudad que espera la vuelta a su normalidad, mientras busca otras formas de mostrarse al mundo y de atraer a los visitantes. Al fin y al cabo, se encuentra en un enclave natural privilegiado donde el mar no deja de centellear.

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