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Mallorca, ‘road trip’ por la costa este

Calas recónditas, un pueblo talayótico y la península de Formentor. Un viaje en autocaravana por el oriente insular pernoctando junto al mar

La sinuosa carretera que lleva al faro de Formentor, en Mallorca. Ampliar foto
La sinuosa carretera que lleva al faro de Formentor, en Mallorca. alamy

Este ha sido el gran verano de las autocaravanas y las furgonetas camperizadas, una forma de viajar con más independencia y sensación de seguridad ante la situación sanitaria actual. Acabada la época estival, aún se pueden prolongar las escapadas con estos alojamientos sobre ruedas, especialmente por regiones donde las temperaturas son todavía suaves y agradables. Mallorca es una de ellas, pues tiene además un tamaño idóneo para recorrerla en varios días.

La isla más grande del archipiélago balear atesora una gran variedad de puntos de interés, aunque para esta ruta proponemos recorrer su parte oriental, igual de bella que el resto del territorio mallorquín, con distancias cortas que facilitan explorar más lugares y una costa poco escarpada que permite dormir prácticamente a la orilla del mar escuchando el oleaje.

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Una buena manera de delimitar la ruta es tomar como referencia la punta meridional de la isla, donde se encuentra el faro de Ses Salines, así como su extremo septentrional, el faro de Formentor. Estas atalayas costeras, con más de un siglo de vida, son uno de los grandes atractivos de Mallorca, especialmente por las increíbles puestas de sol que contemplan. Si comenzamos por el sur, podemos conducir nuestro vehículo hasta el cabo de Ses Salines, desde donde realizar una excursión a pie hasta la recóndita y virgen cala Màrmols, donde desemboca el torrente homónimo.

Al contrario que la costa oeste de Mallorca —recorrida en su totalidad por las escarpaduras de la sierra de Tramuntana—, la orografía de esta costa oriental es más llana, lo que permite despertarse al lado de playa y darse un chapuzón prácticamente solo con el primer rayo de sol, que además se levanta desde el Mediterráneo. Conduciendo apenas 20 minutos desde el faro de Ses Salines se encuentra cala Llombards, la primera de las zonas en las que podremos pernoctar. En su aparcamiento, una explanada de tierra resguardada por un pinar, es frecuente ver a usuarios de autocaravanas y campers pasando la noche a tan solo 50 metros de la orilla. Desde cala Llombards también podemos visitar —a pie— la cala del Moro, otro recóndito paraíso playero de aguas cristalinas.

Mallorca cuenta con 44 áreas naturales de especial interés (ANEI) declaradas por el Gobierno balear (ca.balearsnatura.com). Una de ellas es el parque natural de Mondragó, a 17 kilómetros hacia el norte desde la primera parada de pernoctación. El parque ofrece diferentes itinerarios para recorrerlo en horario de visita, que combinan paisajes de bosque y playa y donde se observan aves y réptiles autóctonos de esta parte de la isla.

Buen paté y mejor panorámica

En nuestro camino hacia el norte, se puede hacer noche en otra zona apropiada para ello: cala Murada. Y desde allí, visitar el municipio de Felanitx y degustar su famoso paté y su vino local en algunas de las bodegas del pueblo.

Para regalarnos una visión panorámica de gran parte de Mallorca, incluso de la isla de Cabrera (en los días despejados), basta con seguir durante ocho kilómetros la carretera que va desde Felanitx hasta el santuario de la Mare de Déu de Sant Salvador, situado a 500 metros sobre el nivel del mar.

En las cuevas de Artà está la reina de las columnas: una gran estalagmita de 17 metros de altura

En el término municipal de Porto Cristo se encuentran las famosas cuevas del Drach, que debido a la situación sanitaria han reducido su aforo de visitantes, pero que siguen abiertas al público también en otoño —recomiendan la compra de las entradas online (15 euros); cuevasdeldrach.com—. A media hora en coche esperan las cuevas de Artà (entrada, 15 euros; cuevasdearta.com), que nada tienen que envidiar a las primeras. Una excursión de unos 40 minutos adentra al viajero en sus profundidades para contemplar, entre otras impresionantes formaciones geológicas, a la proclamada reina de las columnas: una gran estalagmita de 17 metros de altura.

También prehistórico es el poblado de Ses Païsses, en el que se conservan restos de la cultura talayótica que se desarrolló en las islas Baleares en el primer milenio antes de Cristo. Lo encontraremos en los alrededores del municipio de Artà, a 20 minutos hacia el interior de las cuevas homónimas. Al explorar la zona no hay que dejar de visitar el pueblo de Capdepera, un tesoro poco conocido incluso para los propios mallorquines. Algunas de sus joyas arquitectónicas dan forma a su casco antiguo, como casas señoriales del siglo XIV, la parroquia de San Bartolomé —ejemplo de la arquitectura típica mallorquina— y el castillo.

Alcanzando ya el noreste de la isla encontramos dos zonas de playa más donde pasar la noche: cala Agulla y Colònia de Sant Pere. Ambas pueden servir también de base para explorar varios puntos de interés en los alrededores, como el parque natural de S’Albufera, el humedal más grande del archipiélago balear, integrado en la Red Natura 2000 como zona de especial protección para las aves. Un paisaje singular totalmente diferente al de Mondragó, al que se recomienda acudir con prismáticos para avistar apropiadamente la gran variedad de aves que allí habitan.

A 20 kilómetros del parque natural, comienza la península de Formentor, otro de los parajes naturales más característicos de la isla y el final de la ruta. Conducir por sus zigzagueantes carreteras rodeados de pinos es ya una experiencia en sí misma, pero si además se llega hasta el faro de Formentor disfrutaremos de otra de las vistas más impresionantes de Mallorca. Antes de abandonar la península, podemos realizar dos excursiones a pie hasta dos calas de aguas transparentes: Figuera y Murta, con accesos señalizados desde la carretera principal.

Consejos para una ruta en ‘camper’

Una autocaravana en cala Ratjada, en la localidad mallorquina de Capdepera.
Una autocaravana en cala Ratjada, en la localidad mallorquina de Capdepera. Alamy
  • Aparcar, no acampar. Mallorca no cuenta con ningún campin para autocaravanas, pero esto no supone que no se pueda pernoctar con estos vehículos. Empresas de alquiler como mallorcaenautocaravana.com o caracolandfriends.com aclaran que “la clave está en aparcar y nunca acampar”. Se considera acampada desplegar toldo, mesas o sillas fuera del vehículo.
  • ¿‘Camper’ o autocaravana? Antes de decidirse por una u otra, hay que sopesar un factor importante: la comodidad. Además de cocina y cama, las autocaravanas disponen, a diferencia de la mayoría de vehículos camper, de ducha y baño. Por contra, son más voluminosas y menos manejables en áreas urbanas.
  • Aguas grises y negras. Los residuos generados por el uso de fregadero y baño se almacenan en depósitos que no se pueden verter en cualquier lugar. En Mallorca hay dos puntos limpios para su vaciado: en Palma (polígono de Son Castelló) y en Son Servera, al este de la isla.
  • Evitar gastos adicionales. Antes de reservar hay que tener en cuenta aspectos como las noches mínimas de alquiler (varían según temporada), el kilometraje o el importe de la fianza.

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