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El Ebro en tu habitación

Molino Tejada es un hotel con arte y encanto en Valderredible, un tranquilo valle en la zona más desconocida del sur de Cantabria

Entrada al hotel Molino de Tejada, una construcción del siglo XVI en el valle cántabro de Valderredible.
Entrada al hotel Molino de Tejada, una construcción del siglo XVI en el valle cántabro de Valderredible.

En Valderredible, uno de los valles más bonitos y recónditos de Cantabria, regado por el Ebro, hay una casona lejos del mundanal ruido. En Molino Tejada solo habla el río o, como dice su dueña, “suena el silencio”. Ubicado en una construcción del siglo XVI, es un hotel con arte y encanto montado por la diseñadora cántabra Celia Tejada. Vive y trabaja desde hace más de 30 años en San Francisco, pero desde Estados Unidos le une un cordón umbilical con su pueblo, al que vuelve con sus hijos cada verano.

Las ovejas-cuadro de Antonio Segura, en la galería de arte al aire libre en el jardín del hotel.
Las ovejas-cuadro de Antonio Segura, en la galería de arte al aire libre en el jardín del hotel.

Molino Tejada está situado en Polientes, a hora y media de Santander y a pocos kilómetros de Ruerrero, el pueblo natal de su restauradora. Allí también está disponible como alojamiento su hogar familiar, Casa Tejada, una casona de piedra con tres plantas que esconde una gran huerta.

En el alojamiento hay intervenciones del artista Okuda y obras de Antonio Segura en el jardín

En este rincón cántabro para el descanso, el Ebro se deja sentir en el salón principal y en la biblioteca del molino, con suelo de cristal. Un piano y una guitarra a disposición de los huéspedes pueden completar la banda sonora del lugar. El rumor del río también se cuela en las habitaciones, cada una con el nombre de un escritor: Concha Espina, Gabriela Mistral, Miguel Delibes, Pablo Neruda… Pero el río está, literalmente, bajo los pies de quienes se alojan en dos cabañas independientes: una de aire zen y otra vestida con la explosión de colores característica del artista cántabro Okuda, autor también de las estrellas que salpican la piscina. En el edificio principal, con paredes de piedra de un metro de grosor, hay siete estancias, decoradas con elementos rústicos y contemporáneos, muebles hechos a mano por el artesano local Higinio González y detalles que la diseñadora adquirió en sus viajes. El blanco y negro impera, con abundancia de telas bogolan de Malí. Todas las habitaciones (entre los 27 y los 90 metros cuadrados; desde 115 euros a 245 la noche), tienen una pequeña cocina pero no televisor. Para ver programas hay un salón reconvertido en cine, con espacio para tumbarse.

El Ebro en tu habitación

En los 15.000 metros cuadrados de prado junto al Ebro de la finca hay un palomar restaurado y convertido en sauna, una huerta, árboles frutales, avellanos, sauces… Los jardines son, además, un espacio de yoga y meditación, con un buda que se recorta solemne en el horizonte a la puesta de sol. Y salpicando el verde, esculturas que componen una galería de arte al aire libre, con obras como las ovejas-cuadro de Antonio Segura. Un enclave así no es de extrañar que haya sido escenario de rodajes, eventos y bodas. Para las ocasiones festivas cuenta con la aportación gastronómica de Jesús Sánchez, chef del triestrellado restaurante Cenador de Amós. Por deseo de su responsable, Molino Tejada es un establecimiento con filosofía más allá de la hostelería. Unos contenedores marítimos reciclados serán reconvertidos pronto en zona de trabajo para artistas o escritores.

Instalación del artista cántabro Okuda en los jardines de Molina de Tejada.
Instalación del artista cántabro Okuda en los jardines de Molina de Tejada.

Celia Tejada ha restaurado edificios de Ruerrero y ha recuperado más molinos a la orilluca del Ebro, que llevan el nombre de sus antiguos dueños, como Manolo o Pepín. Convoca el concurso de Microrrelatos Vallucos, ha editado el libro Inmortales —un testimonio visual de los habitantes del valle—… La covid-19 ha frenado este año la materialización de algunos proyectos, pero la mente de Tejada bulle de ideas: gastroarte, cursos de autoorganización, una cantina con cocina de la huerta (las patatas de Valderredible son consideradas las mejores de Cantabria), tertulias culturales … Su interés es hacer de Valderredible un lugar de encuentro de artistas y de progreso rural. Si se habla de smart village (pueblos inteligentes), su idea se amplía al smart valley. Ya el patrimonio natural y monumental del valle (con iglesias románicas y vestigios rupestres) es un atractivo punto de partida.

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