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Querida Vía Láctea...

Ocho enclaves españoles sin apenas contaminación lumínica para contemplar la galaxia en todo su esplendor y en su mejor momento

La Vía Láctea vista desde el faro de punta Nariga, en Barizo (A Coruña).
La Vía Láctea vista desde el faro de punta Nariga, en Barizo (A Coruña).

Julio y agosto son dos de los meses en los que mejor se ve la Vía Láctea en el hemisferio norte. Para ello, hay que elegir lugares sin contaminación lumínica. Y con un paisaje atractivo para disfrutar antes y después, y componer una buena foto. Siguiendo las indicaciones de un fotógrafo especializado en cielos nocturnos, Ramón Morcillo (@ramonmorcillov), hemos escogido ocho observatorios excepcionales en España. Estos días también se puede ver, mirando hacia el noroeste, el cometa Neowise. La próxima vez que se acerque a la tierra será dentro de 6.800 años.

1. Mirador de las Sirenas (Almería)

Desde este mirador situado junto al faro del cabo de Gata, en el extremo suroriental de la Península, se contempla una puesta de sol de postal y, después, cómo la galaxia dibuja su arco lácteo sobre el arrecife de las Sirenas, así llamado por las focas monje que lo frecuentaron hasta mediados del siglo XX. Para ver salir el sol es mejor la torre de la Vela Blanca, que está a solo 3,6 kilómetros, donde acaba el asfalto. Esta vieja atalaya domina playas bellas y salvajes (Mónsul, Barronal, Genoveses…), donde aún se aprecian nítidamente las huellas de antiguas explosiones volcánicas. Es como ver el primer amanecer del mundo. turismonijar.es

2. Torcal de Antequera (Málaga)

Laberinto de rocas calizas fragmentadas por la erosión, el Torcal de Antequera no parece un lugar muy seguro para andar de noche mirando las estrellas. Pero sin alejarnos de la carretera de acceso o del aparcamiento del centro de visitantes obtendremos vistas y fotografías alucinantes de la Vía Láctea sobre peñas que semejan hamburguesas de muchos pisos, como el famoso Tornillo, que está bien señalizado a solo 50 metros de la carretera y 500 antes de llegar al centro de visitantes. Para desayunar después, un ternísimo mollete de Antequera con aceite virgen de oliva y unas lonchas de jamón ibérico. torcaldeantequera.com

3. Faro de punta Nariga (A Coruña)

Arriba, en lo alto, la Vía Láctea, el Camino de Santiago celeste que lleva guiando durante más de mil años a los peregrinos europeos. Abajo, el faro más moderno de Galicia, que luce desde 1998 y fue diseñado como un barco por César Portela. A izquierda y derecha, rocas esculpidas por el viento y el mar en forma de tortuga, de oso, de elefante… Y justo delante del observador, cual mascarón de proa de este singular faro-barco, un atlante de bronce, mitad hombre, mitad gaviota. Mejor foto de la Vía Láctea en Galicia que esta, con mayor carga simbólica, es difícil de capturar (si no imposible). El faro está en Barizo, a 15 kilómetros de Malpica, en plena Costa da Morte. concellomalpica.com

4. Monasterio de Nuestra Señora del Risco (Ávila)

Amavida es un pueblecito escondido a casi 40 kilómetros de la capital abulense, entre las sierras de Ávila y de la Paramera, con 130 vecinos y cero contaminación lumínica, ideal para mirar el cielo de noche. Aquí, lejos de todo (menos de Dios), los agustinos fundaron en 1504 un convento que en su momento de mayor esplendor, a mediados del siglo XVIII, poseía una cabaña de 5.000 ovejas. Hoy solo queda en pie el campanario, una torre picuda que, vista a cierta distancia, bajo la curva de la Vía Láctea semeja la manecilla de un reloj que marca eternamente la medianoche. Desde Amavida hasta las ruinas hay un paseo de una hora larga (4,5 kilómetros), subiendo a pie por el camino que es prolongación de la calle Mayor. turismoavila.com

5. Cañón de Almadenes (Murcia)

En Cieza, mires donde mires, hay campos de melocotones, una galaxia de dulces y minúsculas estrellas naranjas regada con las aguas del Segura. A 15 kilómetros al oeste de esta localidad del interior murciano, sin embargo, el río surca el cañón de Almadenes, un desfiladero de paredes verticales de hasta 100 metros en cuya margen izquierda se esconde la cueva-sima de la Serreta, joya del arte rupestre levantino con medio centenar de figuras repartidas en dos paneles. Para visitarla se ha de contactar antes con la oficina de turismo (968 45 35 00). Luego es buena idea quedarse cerca de la entrada, en lo alto del acantilado, para ver como la Vía Láctea cruza de un salto este formidable tajo. ciezaturistica.es

6. Hoces del Duratón (Segovia)

Al pasar por Sepúlveda, el río Duratón se encañona durante 25 kilómetros entre acantilados calizos de 70 metros de altura, formando un espejo profundo y sinuoso en el que se refleja la mayor colonia de buitres leonados del mundo (unas 700 parejas). De noche, las estrellas de la Vía Láctea (entre 100 y 400 miles de millones) forman otro río curvo en el firmamento y un semicírculo perfecto como cualquier meandro del Duratón. Un buen lugar para ver todo esto es la ermita románica de San Frutos, a cinco kilómetros del pueblo de Villaseca. Cuatro de ellos se recorren en coche por pista de tierra y el último a pie. turismosepulveda.es

7. Embalse del Cenajo (Albacete)

La noche del 5 de junio de 1963, horas antes de su inauguración, hubo en la presa del Cenajo un espectáculo de luz y sonido con auto teatral y castillo de fuegos artificiales. No era para menos: 7.700 hombres (muchos de ellos, presos) habían trabajado durante 15 años para dominar con ella “las aguas turbulentas del río Segura”, según reza una placa allí instalada. Hoy, en estas remotas soledades del sur de Albacete, el espectáculo luminoso lo ponen dos Vías Lácteas: la del cielo y la que se refleja en el embalse. Y el espectáculo sonoro, el puro silencio, solo roto por el ulular del búho real. Hay un buen mirador en la cola del embalse, entre los kilómetros 10 y 11 de la carretera A-13, a 26 de Hellín y 13 de Socovos. camposdehellinqr.com

En el embalse del Cenajo, en Albacete, se ven dos Vías Lácteas: la del cielo y la reflejada en el agua

8. Desierto de Gorafe (Granada)

Gorafe es un pueblo con auténticas casas-cueva (474, el 90% del total), rodeado de dólmenes (240) y un desierto de formas y colores fabulosos —cárcavas arcillosas, chimeneas de hadas, barrancos rojos como el Gran Cañón— y con un cielo oscuro excelente para observar las estrellas. Si un troglodita prehistórico levantara la cabeza, vería todo igual. gorafe.es

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