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Tokio desde el sofá

La metrópolis más poblada del mundo es una mezcla de tradición y vanguardia y no conoce término medio. Pistas para hacer un maki, una música que ha conquistado el mundo o webcams en directo para saborear la capital nipona

Vista de la capital japonesa con la Torre de Tokio y el monte Fuji al fondo. Ampliar foto
Vista de la capital japonesa con la Torre de Tokio y el monte Fuji al fondo. getty images

1. Visitas virtuales: al museo y luego al monte Fuji

Pocos países abrazan la tecnología con más entusiasmo que Japón. Y pocas ciudades son tan vanguardistas como Tokio. Por eso, la capital del país del sol naciente ofrece multitud de viajes virtuales que en estos tiempos de confinamiento permiten visitar algunas de sus principales atracciones turísticas sin que uno se mueva de casa. Eso sí, casi todas estas propuestas están en japonés e inglés.

Cerezos en flor en un parque público de la ciudad de Tokio. ampliar foto
Cerezos en flor en un parque público de la ciudad de Tokio. getty images

El magnífico Museo Nacional de Tokio, por ejemplo, muestra gran parte de su catálogo de obras tanto en su página web (emuseum.jp) como a través de una aplicación móvil que incluye un paseo de 30 minutos por la galería de los tesoros de Horyuji. La icónica Torre de Tokio —construida en 1958 y cuya forma es similar a la de la Torre Eiffel de París— cuenta con un recorrido virtual por su mirador gracias a la plataforma Google Arts & Culture. Además, algunos lugares de la ciudad han instalado cámaras que emiten en tiempo real a través de YouTube: la página WebcamTaxi (webcamtaxi.com/en/japan/tokyo) recopila un buen número de ellas. Destacan la conexión que permite ver los cerezos en flor del parque Chidorigafuchi, otra enfocada hacia el espectacular skyline que se dibuja tras el puente del Arcoíris y otra instalada dentro del templo Ikegami Honmon-ji. Pero ningún lugar es capaz de hacernos viajar tanto a través de una pantalla como el monte Fuji, que se puede ver en toda su magnificencia gracias a las emisiones en directo desde ocho ángulos diferentes de la web Fujisan Watcher (yamanashi-kankou.jp/fujisanwatcher/live).

Cartel de la película 'Lost in Translation' (2003), de Sofia Coppola.
Cartel de la película 'Lost in Translation' (2003), de Sofia Coppola.

2. Una película: Lost in Translation

Ninguna película occidental ha sabido retratar las diferentes caras de Tokio con la precisión con la que rodó Sofia Coppola Lost in Translation (2003). Los bucólicos paseos de Scarlett Johannson y sus escapadas con Bill Murray llevan desde la asepsia del hotel Park Hyatt y el ambiente futurista de las abigarradas Shinjuku y Shibuya (con su famoso paso de cebra) hasta la atmósfera intimista del templo Jouganji. Sin olvidar los locos karaokes de la zona de Udagawacho y las calles de neón de Kabukicho. La cinta es un tour emocional por la megalópolis. Pero lo más interesante de la película es que la cineasta se acerca a la capital japonesa sin prejuicios y retrata con humor respetuoso el choque cultural que a menudo se produce entre Oriente y Occidente, y que es extensible a países como China o Corea del Sur.

No obstante, quienes prefieran ver Tokio sin el filtro inherente a una mirada occidental harán bien en descubrir Tokyo Sonata (2008), en la que Kiyoshi Kurosawa se adentra en la vida de una familia local afectada por los designios de la globalización, y la más ligera Train Man (2005), en la que Shosuke Murakami bucea por el lado más juvenil y excéntrico de la capital nipona.

Un plato de 'sushi' con distintas piezas de 'nigiris' y 'maki'. ampliar foto
Un plato de 'sushi' con distintas piezas de 'nigiris' y 'maki'. GETTY images

3. Un plato: siempre sushi

Deleitarse con los sabores de la gastronomía de Japón sin salir de casa es más sencillo de lo que parece. Hay pocos platos más nipones que el sushi, y su elaboración es relativamente fácil y nos basta con productos que están en casi todos los supermercados. Tanto el nigiri (láminas de pescado sobre una cama de arroz) como el maki (rollos de arroz rellenos) son recetas entretenidas que invitan a la colaboración en la cocina, y tampoco hay que buscar la sublimación de Jiro Ono, chef tres estrellas Michelin y protagonista de Jiro Dreams of Sushi, en Netflix.

Una pagoda del templo Ikegami Honmon-ji. ampliar foto
Una pagoda del templo Ikegami Honmon-ji. alamy

Así es como se hace:

  • La mayoría de japoneses cuece el cereal con una arrocera eléctrica, pero también se puede hacer en una cazuela. Conviene lavarlo a conciencia, dejar centímetro y medio de agua por encima, y cocerlo a fuego bajo unos 10 minutos. Una cucharada de vinagre mejora el sabor, pero no es imprescindible. Se deja enfriar 8-10 minutos.
  • Con esterilla de bambú se enrollan los tacos recubiertos de alga nori del maki.
  • Los montoncitos alargados del nigiri se hacen a mano y en el arroz se pone un poco de wasabi debajo del pescado.
  • Quienes sientan aprensión por lo crudo pueden hacer maki vegetal y utilizar gambas o láminas de pulpo cocidas en el nigiri.
  • Finalmente, se moja (un poco) en salsa de soja.
Un colorido bloque de apartamentos proyectado por el arquitecto Shusaku Arakawa en el barrio tokiota de Mitaka. ampliar foto
Un colorido bloque de apartamentos proyectado por el arquitecto Shusaku Arakawa en el barrio tokiota de Mitaka. GETTY images

4. Una vivienda típica: aprovechamiento máximo

Con más de 30 millones de habitantes, Tokio y sus ciudades satélite son el área metropolitana más poblada del mundo y una de las más caras. Sin duda, el espacio es un lujo, y los hoteles cápsula son el mayor exponente de ello. En 2017, solo el 0,9% de las nuevas viviendas superaba los 100 metros cuadrados, y la media estaba en 60. Y se alquilan apartamentos de menos de 15. Aquí es imprescindible agudizar el ingenio para aprovechar cada centímetro. Aunque las viviendas son minúsculas, están perfectamente organizadas: cada rincón tiene un uso, reinan los muebles multifunción y los armarios empotrados, las cocinas en miniatura y los futones en el suelo. Pero lo que más llama la atención son los baños. Tanto en hogares como hoteles, son módulos prefabricados de plástico que se asemejan a los de los aviones. Cuentan con todo lo necesario en el menor espacio posible, como el sempiterno váter inteligente en el que hay ser capaz de entender los caracteres japoneses.

5. Un estilo musical: el J-pop

Ayumi Hamasaki es la banda sonora del Japón contemporáneo. Nacida en Fukuoka en 1978, la cantante se mudó a Tokio a los 13 años. Ella ha sido una de las grandes precursoras del J-pop, el ecléctico género musical que ha conquistado el mundo y ha ido sumando acordes de techno y trance para continuar conectando con el público joven. En dos décadas de carrera ha logrado que 13 de sus álbumes hayan sido números uno de forma consecutiva, y nadie en este archipiélago asiático ha vendido tantos discos como ella: casi 85 millones.

Pero, en la era de la generación Z, ha sido eclipsada por un creciente listado de grupos juveniles cuyo sonido es difícilmente distinguible entre sí. Como sucede en la vecina Corea del Sur, su fuerza está en el número: están compuestos por decenas de cantantes jóvenes y guapos (ellos andróginos, ellas con estética kawaii — dulce—). Su máximo exponente es AKB48, una banda de mujeres jóvenes que tiene su propio teatro en el barrio de Akihabara, del que toma su nombre, y que ha llegado a sobrepasar las 48 integrantes con las que nació para actuar de forma ininterrumpida en un peculiar sistema rotatorio.

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