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Los ‘bagels’ favoritos de Leonard Cohen y otras pistas de Montreal

Una ruta por la multicultural ciudad canadiense que se detiene en el edificio modernista del mercado Atwater y disfruta de la desenfadada noche del Village

El 'skyline' de Montreal desde el Belvedere Camillien-Houde, en el parque Mont-Royal.
El 'skyline' de Montreal desde el Belvedere Camillien-Houde, en el parque Mont-Royal. alamy

Dicen en Montreal que lo que les diferencia de sus vecinos de Toronto es que mientras aquellos solo piensan en los lunes, ellos viven pensando en los viernes. Algo de verdad debe haber en esta gracieta teniendo en cuenta cómo les gusta pasear por sus animadas calles, llenas de tiendas, restaurantes y bares. Y cuando llega el invierno, lo hacen en los 30 kilómetros de centros comerciales subterráneos (el RESO), unidos por el metro, para evitar las temperaturas que llevaron a Gilles Vigneault a cantar “Mon pays ce n’est pas un pays, c’est l’hiver” (mi país no es un país, es el invierno). La personalidad de esta enorme isla, bañada por los ríos San Lorenzo y Ottawa, se la han dado sus mayoritarias comunidades francófona y anglófona, cuyas lenguas hoy conviven mejor que antes, como se aprecia en los “Hi, bonjour” con que se saluda en los comercios. Pero también han contribuido a su joie de vivre las distintas comunidades de emigrantes chinos, judíos, italianos… Entre todos han hecho de la canadiense Montreal una ciudad abierta y en la que uno no se siente extraño.

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7.00 Amanecer en Mont-Royal

El parque elevado de Mont-Royal (1) dio nombre a la ciudad y es su gran pulmón. Es buena idea empezar el día aquí, viendo con las primeras luces, desde el Belvedere Camillien-Houde, el skyline en todo su esplendor, con el majestuoso río San Lorenzo al fondo. A los pies del parque se hallan las zonas más emblemáticas: Le Plateau, Mile End, los barrios italiano, judío, chino, portugués… En el mercado Jean-Talon (2), uno de los más antiguos y coloridos situado en la Petite Italie, podemos desayunar queso quebequés y un dulce con jarabe de arce. También optar por un clásico bagelLeonard Cohen, que vivió en la zona de Little Portugal, los tomaba en Bagel Etc (3)— o una nata portuguesa en Les Anges Gourmets (4), ambos en el bulevar de Saint-Laurent, arteria de 11 kilómetros que cruza Montreal y que separaba las áreas francófona y anglófona. La zona de alrededor está llena de tiendas de todo tipo y precio, bares, librerías y edificios adornados con enormes murales. En Schwartz’s (5) y en Main (6), dos iconos de Saint-Laurent, hay que probar sus sándwiches de carne ahumada que, como los bagels, trajeron los emigrantes judíos. En Mile End y Le Plateau aguardan para pasear tranquilas calles arboladas y coquetas plazas como Square Saint-Louis (7), con casas victorianas de vivos colores y escaleras externas; una amplia zona que habitaron emigrantes y clases humildes, ambiente que recrea en sus obras el escritor Michel Tremblay. Hoy las frecuentan artistas, hipsters y universitarios que llenan sus cafés y cervecerías artesanales, como Dieu du Ciel! (8).

El mercado Jean-Talon, abierto todos los días, es un compendio colorista de sabores y olores donde degustar delicias típicas de la región como queso y sirope de arce. ampliar foto
El mercado Jean-Talon, abierto todos los días, es un compendio colorista de sabores y olores donde degustar delicias típicas de la región como queso y sirope de arce.

10.00 Cita con el arte

El Museo de Bellas Artes (9) exhibe en sus cinco edificios obras de grandes maestros de todos los tiempos (Rembrandt, Picasso…) junto a artistas autóctonos, como el contemporáneo Jean-Paul Riopelle. Estamos en la Mille Carré Doré, zona de ejecutivos y gente chic, donde los rascacielos acristalados conviven con pequeños edificios e iglesias decimonónicas. En el bulevar de René-Lévesque pasamos ante el Fairmont The Queen Elizabeth (10), hotel en cuya habitación 1742 John Lennon y Yoko Ono protestaron encamados en 1969 contra la guerra de Vietnam.

13.00 En el viejo Montreal

Interior de la catedral de Notre-Dame, en Montreal (Canadá). ampliar foto
Interior de la catedral de Notre-Dame, en Montreal (Canadá). getty images

Llegamos al canal de Lachine y al mercado Atwater (11), en un edificio modernista con puestos de flores y hortalizas de vivos colores. Los visitantes suelen comer aquí o en los pubs de la cercana calle de Notre-Dame, donde nació el Nobel de Literatura Saul Bellow. Otro hijo predilecto del vecino barrio de Little Burgundy (la pequeña Borgoña) es el pianista Oscar Peterson, que, junto al macrofestival que se celebra cada junio, hizo de Montreal una de las capitales mundiales del jazz.

Calles adoquinadas y casas centenarias conservan el espíritu del viejo Montreal francés, al que nos transportan en la plaza de Jacques-Cartier (12) músicos vestidos de época tocandoÀ la claire fontaine con violines y zanfonas, y soldados dieciochescos desfilando procedentes del Museo del Château Ramezay (13). Por la calle de Saint-Paul llegamos a la plaza d’Armes (14) y la majestuosa basílica neogótica de Notre-Dame (15) (basiliquenotredame.ca), en cuyo interior una bóveda simula un cielo azul de estrellas doradas.

16.00 Un paseo por el puerto

En 15 minutos a pie se llega al paseo marítimo, que frecuentan los montrealenses para pasear o montar en bici. En Pointe-à-Callière (16) nació en 1642 la mayor ciudad de la provincia de Quebec, entonces Ville-Marie, en cuyo museo histórico se hallan sus primeros vestigios. Siguiendo el puerto se encuentra el señorial mercado Bonsecours (17), copado de boutiques, y la iglesia de los marineros, Notre-Dame-de-Bon-Secours (18), la “Our Lady of the Harbour” de la Suzanne de Cohen. Al otro lado del río emerge la Biosphère (19), una cúpula geodésica de la Expo de 1967, hoy símbolo de la ciudad.

18.00 De compras bajo tierra

Sainte-Catherine es otra de las bulliciosas, comerciales y más antiguas calles, desde la que se accede, en la plaza des Arts (20), al Museo de Arte Contemporáneo (macm.org) y al auditorio de la Orquesta Sinfónica de Montreal, así como a uno de los más grandes centros comerciales subterráneos, Eaton, con más de 170 tiendas y restaurantes. Para cenar, en el animado cruce de Sainte-Catherine y Crescent hay buenas cervecerías como Les 3 Brasseurs (21) y pubs con música en vivo.

Grafiti en una de las calles de Montreal.
Grafiti en una de las calles de Montreal. alamy

20.00 Cervezas y poutine

La noche es tan animada como el día. En el muelle Jacques Cartier (22) se puede asistir a una función del Cirque du Soleil, que tiene en Montreal su cuartel general. O acercarnos al Quartier Latin, zona habitual para los estudiantes de la Universidad de Quebec con cervecerías como L’Amère à Boire (23), o al vecino, desenfadado y tolerante Village, el barrio LGTBIQ. Para el hambre, nada como unas poutine: patatas fritas con queso fundido y salsa de carne. Un clásico es La Banquise (24), en Rue Rachel, abierto 24 horas. Va a ser verdad que aquí viven pensando en los viernes.

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