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Tan a gusto en la costa del Jerez

De la sala de barricas de las bodegas Osborne, en El Puerto de Santa María, al faro de Chipiona y las tortillitas de camarones de Casa Balbino, en Sanlúcar de Barrameda, una deliciosa ruta gaditana

Puesta de sol en el Ajedrez Beach Club, en la playa de las Tres Piedras, en Chipiona (Cádiz). Ver fotogalería
Puesta de sol en el Ajedrez Beach Club, en la playa de las Tres Piedras, en Chipiona (Cádiz).

Más allá de los viñedos del marco de Jerez está el océano. Pero mansiones de cargadores a Indias, playas, bodegas, corrales, beach clubs y el faro más alto de España se interponen ante el Atlántico. Una escapada llena de sorpresas a la costa gaditana noroccidental, con toda suerte de crepúsculos arrebatadores, a caballo entre la bahía de Cádiz y la desembocadura del Guadalquivir. Brujulearemos 58 kilómetros por la Costa de la Luz resguardándanos del levante, viento que se enseñorea de este litoral.

1. Astillero en la memoria

Museo El Dique (Puerto Real)

Los restos del primer astillero civil de España, el de Matagorda, evocan con fuerza arrolladora el patrimonio industrial de la península del Trocadero. Fue erigido en 1878 por el marqués de Comillas, cuya escultura señorea el conjunto. En la Cámara de Bombas (actual museo), el espectador cree oír conversar a remachadores y herreros de ribera e imagina que los ingenieros delinean una quilla en el pavimento. Lo más valioso es el dique seco, por el que casi se arruina el marqués. La Nave de Forja nos encamina a la capilla de expresión bizantina con cúpula de quita y pon a fin de no servir de diana en tiempo de guerra. Del expositor de camarotes, tal que un piso piloto, fascina el crucerístico de primera clase. Visitas guiadas, 10 euros.

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2. Palmeras en 17 versiones

La Trufa (Puerto Real)

Francis Mel ha conseguido con su café-pastelería-heladería hacerse imprescindible en el paseo marítimo puertorrealeño. Muffins, tartas, bollería artesanal… y, con vistas a Semana Santa, torrijas de chocolate y arroz con leche frita. Si todas la mesas están ocupadas, siempre podemos comprar una de las 17 variedades de palmera y acercarnos a la orilla para ver el hundimiento del disco solar. Imprescindible agenciarse un par de cajas de piñoneras, postre típico acuñado por Mel.

3. Charrancitos y naturistas

Los Toruños (El Puerto de Santa María)

Este parque engloba seis kilómetros de costa virgen en plena bahía de Cádiz, transitados por cientos de runners y cicloturistas. Lo suyo es documentarse en la Casa de Los Toruños y dejar luego el coche junto a la orilla. Entre las dunas apartadas pululan charrancitos y algunos naturistas. Por el segundo ramal damos la espalda a la playa y cruzamos el río San Pedro (caño mareal transitable en piraguas de alquiler), que atravesaremos por el puente del pinar de La Algaida (Puerto Real). Queda subir al atípico mirador-jaula diseñado por César Portela, Antonio Barrionuevo y Julia Molino, que se yergue junto a dos mesas. En verano circula un trenecillo y se aconseja el alquiler de bicicletas (+34 856 58 05 24).

El castillo de San Marcos de El Puerto de Santa María (Cádiz). ver fotogalería
El castillo de San Marcos de El Puerto de Santa María (Cádiz).

4. Arquitectura de cargadores

El Puerto de Santa María

La oficina de turismo de El Puerto de Santa María ocupa una casa palaciega de cargadores a Indias, la de Araníbar, que asombra con el artesonado de su salón mudéjar (1660). Otro ejemplo de patio colonial porticado lo encontramos en el recomendable hotel Palacio San Bartolomé. Vale la pena echarle un ojo a la exposición ExiliArte de la Fundación Rafael Alberti (hasta el 31 de mayo; entrada gratuita) y al patio del convento de Santo Domingo, para así plantarnos delante de la portada plateresca de la basílica menor de Nuestra Señora de los Milagros, que cobija a la patrona, un retablo de plata y diversos pasos procesionales. Muy cerca espera la tapita de ajo caliente del bar Vicente. Y, a cinco minutos andando de allí, el fotogénico castillo de San Marcos (hay visitas guiadas), propiedad de Bodegas Caballero.

Bodega y acceso al museo de Osborne, en El Puerto de Santa María (Cádiz). ver fotogalería
Bodega y acceso al museo de Osborne, en El Puerto de Santa María (Cádiz).

5. Los vinos del zar

Osborne (El Puerto de Santa María)

Nada como apuntarse a la visita de las 11.45 por los jardines y la bodega catedral de la casa-palacio de Osborne. Después de un cursillo de venenciado, entramos en la bodega de nueve metros de alto que guarda la mayor colección de vinos viejos de Jerez, incluidas las soleras del zar Nicolás II (1864). Aprenderemos a diferenciar la crianza biológica de la oxidativa. La exposición Toro Gallery cultiva un aire literario, publicitario (con anuncios televisivos de Dalí) y cinematográfico a cuenta del toro de Osborne, con categoría de icono, expuesto en 95 vallas por las carreteras españolas. La degustación se compone de cuatro vinos y un brandi. La visita cuesta 14 euros.

José Luis Fernández Tallafigo, chef de El Espejo, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). ver fotogalería
José Luis Fernández Tallafigo, chef de El Espejo, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

A 12 minutos a pie, la bodega Obregón es, tal y como ha fijado la imaginería popular, una taberna de la época esplendorosa de El Puerto de Santa María. Los sábados sirven comidas y el Jueves Santo se cantarán 10 saetas.

6. Cócteles en la playa

Playa de El Manantial (El Puerto de Santa María)

Extendemos la mirada por la bahía de Cádiz desde el TK3 Beach Bar, decorado de forma colorista y especializado en el brunch de fin de semana (de 9.30 a 15.00), además de mojitos y cócteles como el Ron Collit (lima, azúcar moreno, zumo de naranja y ron miel). No es fácil aparcar. Esta terraza se disfruta todo el año (hasta las 3.00), al igual que la playa, ancha, muy paseable, en la que por la mañana, y debido a su cercanía a la base de Rota, se suelen observar con el rabillo del ojo ejercicios navales. En abril el sol todavía cae por el océano.

7. En bajamar

Corrales de Rota

El monumento natural de los Corrales de Rota, el primer espacio natural protegido andaluz en obtener la Q de Calidad Turística, sufre una severa metamorfosis en bajamar, cuando quedan a la vista cinco grandes cercados circulares de piedra ostionera. Una descomunal trampa para lisas, pulpos y bígaros que pesca después el corralero. El Sábado Santo hay visita guiada (+34 956 84 63 45). Aparcar en el restaurante El Picadero y atravesar el bosque que antecede a los corrales y que hace las delicias de la clientela del hotel Playa de la Luz. Y, por cierto, Chipiona cuenta también con corrales no lejos del faro.

Los corrales de Rota, en Cádiz. ver fotogalería
Los corrales de Rota, en Cádiz.

8. Arena blanca, bandera azul

Playa de Punta Candor (Rota)

Merece la pena acceder desde el aparcamiento usado por autocaravanas con tal de otear esta bandera azul de cariz salvaje, merced a su pasado militar. La franja de arena blanca y el talud rico en vegetación alcanzan cotas de excelencia, y las dunas van ganando porte hasta alcanzar su cima a la altura de la iglesia baptista. La escritora Almudena Grandes tiene a Punta Candor por su paraíso particular. Y recomendó en El Viajero no quedarse junto al acceso principal, que bordea el chiringuito Lucía: “Si caminas 10 pasos, estás sola”. Mientras, los usuarios, calibrando los vientos, se preguntan por teléfono: “¿Hoy nos ponemos tirando pa Rota o pa Chipiona?”.

Conchas marinas naturales a modo de lámparas en el Ajedrez Beach Club, en Chipiona (Cádiz). ver fotogalería
Conchas marinas naturales a modo de lámparas en el Ajedrez Beach Club, en Chipiona (Cádiz).

9. Atardecer operístico

Ajedrez Beach Club (Chipiona)

Al atardecer, por toda la playa de las Tres Piedras suele resonar el aria Casta diva, como si de un reclamo de Maria Callas se tratase. José Luis Gil, alma mater del local, no solo cuida la música desde 1982, sino que atiende la ornamentación tropical de raíces indonesias y conchas marinas de Filipinas a modo de lámparas. Pescados a la sal y especialidades asiáticas son la base de la carta gestionada por un equipo de 13 nacionalidades, sin contar el loro Carlitos. El tiempo tiene su propio discurrir en la barra africana, donde tirarse en los cojines al desgaire. Y es que el Ajedrez poco tiene que envidiar al hedonismo marbellí: dispone de aparcacoches, masajista, dos sushiman, sumiller y actuaciones en directo, como la del fagotista Erney Vargas esta Semana Santa. Domingos, cerrado.

El faro de Chipiona (Cádiz). ver fotogalería
El faro de Chipiona (Cádiz).

10. Subidón farero

Faro de Chipiona

Los visitantes, luego de negociar los 322 escalones de piedra ostionera, tocan con la mano la linterna aeromarítima del faro más alto de España (62,30 metros de altura), activo desde 1867. Ya en el balconcillo, a más de uno se le apodera el vértigo al comprobar cómo cambia la escala. El farero Septimio Andrés, en vez de usar tecnología led, ha optado por la tradición —al ser faro visitable— conservando la lámpara de halogenuros metálicos dentro de la óptica Barbier, Bénard & Turenne, de 500 milímetros de distancia focal. Visitas, jueves y sábados (cupo de 60 personas diarias), 5 euros.

11. Buenas vibraciones

Playa de Regla (Chipiona)

En la punta de Marielo toca a su fin la bahía de Cádiz o, lo que es lo mismo, deja de batir el levante para regocijo de los bañistas de la playa de Regla, arenal siempre ponderado por sus aguas yodadas. El AWA Beach Club abunda en las cocinas mediterránea, andaluza y asiática, mientras el tardeo lo borda el Picoco, bar abierto todo el año y que ha cumplido 35 años sirviendo mojitos y gin-tonics. Para niños, la heladería; para mayores, la discoteca. El copeo se disfruta también tras el crepúsculo, enmarcando el juego de luces de los barcos esperando la autorización para remontar el Guadalquivir.

12. Flores a tutiplén

Rivera Garden (Chipiona)

La primavera siempre llega adelantada a este litoral con respecto al resto de la Península, razón de que Rivera Garden colme las expectativas de cuantos gustan de rodearse de plantas. De semillas a dragos con 20 años de edad y palmeras, en este vivero de 20.000 especies florecen por estas fechas geranios y rosas. Junto al lago, de exótica vida vegetal, los helechos ascienden hasta los cuatro metros entre graznidos de guacamayo. Súmese el bar, el parque infantil y el aparcamiento.

Tortillita de camarones de Casa Balbino, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). ver fotogalería
Tortillita de camarones de Casa Balbino, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).

13. Más allá del V centenario

Sanlúcar de Barrameda

El puerto marino de Sanlúcar de Barrameda, de donde zarpó el 20 de septiembre de 1519 la primera expedición que circunnavegó la Tierra, nos emplaza a contemplar la iglesia de Nuestra Señora de la O, de fachada gótico-mudéjar admirablemente esculpida y teatralidad barroca en la capilla del Sagrario. Cerca está Bodegas Barbadillo, con la estupenda visita guiada por las arcadas catedralicias de su bodega, y en la tienda, la botella de 10.000 euros. Quizá mejor que desde el hotel Guadalquivir (consumición obligatoria), es la panorámica de las azoteas y del río que brinda la torre del homenaje del castillo de Santiago (entrada, 8 euros con audioguía). Para licenciarse en gaditanismo, lo suyo es compartir tapas en Casa Balbino. Desde ortiguillas con col hasta rollitos de berenjena con langostino, sin que falte la tortillita de camarones. Solo sirven en la barra.

Interior del palacio de Medina Sidonia. ampliar foto
Interior del palacio de Medina Sidonia.

14. Durmiendo como un duque

Palacio de Medina Sidonia (Sanlúcar de Barrameda)

Este palacio de los Guzmanes, en el que se respira arte e historia, pertenece al título nobiliario más añejo de España. Lo primero: apuntarse a la visita guiada por el edificio rehabilitado y decorado por Isabel Álvarez de Toledo, la Duquesa Roja, cuyas cenizas reposan junto al bosque de acantos (abierto de 9.00 a 14.30), clásico símbolo de inmortalidad. Todo está dispuesto para asombrar, desde el Salón de Embajadores (1642) hasta la Virgen enseñando a escribir al Niño, de El Divino Morales, pasando por el Salón de Columnas (siglo XVI), donde la finura que exhalan los tapices flamencos dialoga con el artesonado. El archivo, de importancia mundial, está reservado a investigadores.

El picadero de antaño hoy es un patio perfecto para descansar junto al arco almohade de la rábida donde se instaló Guzmán El Bueno. Aquí degustaremos bizcochos o tarta selva negra. La inmersión quedaría coja sin pernoctar en la hospedería, tanto por sus cuadros y mobiliario cuanto por la amabilidad del personal. Inolvidable.

15. La huerta en colores

El Espejo (Sanlúcar de Barrameda)

Una cocina de producto con propuestas innovadoras es el ideario de José Luis Fernández Tallafigo. Si Ángel León recuperó los pescados de descarte, el chef de El Espejo luce oficio con productos desterrados de la huerta, como zanahorias violetas, chícharos (guisantes), rábanos negros y remolacha bicolor, combinándolos con carnes, pescados y vinos del marco de Jerez. Solo el canelón de jabalí con queso payoyo cautiva al más vivo de los apetitos. Menús degustación, 35 y 42 euros.

16. Soñando con Doñana

Bajo de Guía (Sanlúcar de Barrameda)

Las márgenes llanas del Guadalquivir, la mixtura de agua dulce y salobre, la visión idílica de Doñana, el transporte náutico…, todo invita en Bajo de Guía a una extraña e irreal ensoñación. Por las tardes, El Botero se lleva la palma por sus cafés y sus gin-tonics Magallanes amenizados por djs, buscando estar a la altura gastronómica de este barrio marinero reconocido por restaurantes del tenor de Casa Bigote.

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