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Ocho aventureras imparables

Recorren desiertos, océanos, junglas y montañas en bicicleta, moto, kayak, a caballo o a pie. Grandes mujeres trotamundos cuyas historias inspiran emocionantes viajes

Alienor Le Gouvello con los tres caballos que la acompañaron en el Camino Nacional del Bicentenario, que cruza Australia a lo largo de 5.330 kilómetros.
Alienor Le Gouvello con los tres caballos que la acompañaron en el Camino Nacional del Bicentenario, que cruza Australia a lo largo de 5.330 kilómetros.

Ya lo dijo la gran aventurera suiza Ella Maillart (1903-1997): “Viajas para descubrir lo desconocido que hay en ti”. Seguramente les sucedía a muchas de las grandes viajeras del pasado. Y también a las del presente, que siguen despertando curiosidad a su paso. Cuando la canaria Cristina Spínola decidió dar la vuelta al mundo en bici, dijo a su familia que se iba a trabajar a Sudáfrica para que no la frenaran. La suiza Sarah Marquis, que caminó de Siberia a Australia, coincide: “Hace 20 años, cuando le preguntaban a mi madre qué hacía su hija, ella solo decía: ‘Camina por todas partes’. Durante diez años fui la rara”. La francesa Alienor Le Gouvello, que recorrió Australia con la única compañía de tres caballos, piensa que todavía se ve diferente a una mujer aventurera: “La gente te muestra continuamente sus preocupaciones, te dicen que estás loca”.

Sarah Marquis, en su expedición de supervivencia en Australia.
Sarah Marquis, en su expedición de supervivencia en Australia.

Ellas no están solas. Alrededor del 60% de los viajeros solitarios por el mundo son mujeres, según diferentes estudios. Mujeres como Cándida García Santos, que se ganó el apodo de La abuelita mochilera cuando decidió emprender la vuelta al mundo con 66 años (hoy tiene 84 y sigue viajando), o Mariel Galán, bloguera y youtuber mexicana de 32 años. Además, han nacido proyectos creados por y para ellas específicamente. En 2007 Pilar Tejera fundaba el portal Mujeres Viajeras para narrar expediciones y aventuras, algunas de las cuales convierten en libro con su editorial Casiopea. Otro ejemplo: hace 10 años Alice Fauveau dejó su carrera de economista y cantante de ópera y fundó Focus on Women, una agencia de viajes organizados en clave femenina. Celebramos el Día Internacional de la Mujer contando las historias de ocho grandes aventureras y recordando las palabras de Virginia Woolf: “Como mujer no tengo país. Como mujer no quiero un país. Como mujer mi país es el mundo entero”.

Por Australia a caballo

Alienor Le Gouvello, aventurera y amazona

Alienor Le Gouvello (París, 1985) estuvo un año y medio preparando su aventura, seis meses de ese tiempo entrenando a Roxanne, Cooper y River, los tres brumbies —como se llama a los caballos salvajes australianos— que la acompañarían. Fue en 2015 cuando se decidió a recorrer en solitario los 5.330 kilómetros del Camino Nacional del Bicentenario, la ruta de senderismo más larga de Australia y completada solo por una treintena de personas. La realizó de Healesville a Cooktown, cruzando el país de sur a norte, y le llevó un año terminarla. “Fue una expedición muy larga y dura, tanto física como mentalmente”, recuerda. Llena de momentos inolvidables, tanto buenos como malos, como cuando sufrió la fiebre del río Ross: “Durante los dos últimos meses y medio estuve sometida a extraordinarios dolores y tuve que tomar muchos calmantes. Eso fue muy duro y para nada divertido”. De hecho, la enfermedad la llevó dos veces al hospital, regresando después al mismo punto en el que había dejado la ruta. “Tenía claro que quería empezar y terminar”, dice, demostrando su determinación, esa que la condujo a hacer realidad una idea que un día se le pasó por la cabeza y no pudo olvidar hasta que la llevó a cabo. “Me gustaba ese desafío, estar sola en compañía de animales en medio de la naturaleza”.

Su espíritu viajero le viene de familia. Su inspiración es su tía Raphaëla Le Gouvello, quien cruzó haciendo windsurf los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, y el mar Mediterráneo. “Cuando tenía 15 años me llevó en una travesía en barco hasta Dakar (Senegal) y estuvimos casi todo el invierno en el océano. Eso marca tu memoria”, explica. Con 18 años se fue unos meses a India; también ha vivido algo más de un año en Bahía (Brasil), se ha embarcado en un viaje de 900 kilómetros a caballo por Mongolia y en una ruta en moto que la llevó de Siberia a París. “No puedo recomendar uno de los lugares en los que he estado, simplemente recomiendo viajar”. Aunque está claro que si a ella le ha marcado un lugar es Australia, país al que esta parisiense llegó hace más de una década para pasar unos días de vacaciones y del que ya nunca se fue. “Hay que visitarlo no por sus ciudades, sino por su naturaleza, salvaje y preciosa, sus increíbles parques nacionales y sus paisajes, con montañas, cascadas y bosques tropicales”.

Sarah Marquis, exploradora de National Geographic.
Sarah Marquis, exploradora de National Geographic.

Nada es imposible

Sarah Marquis, exploradora de National Geographic

"No decidí que iba a ser exploradora, simplemente nací para eso. A los siete años me escapé con mi perro al bosque, y esa fue mi primera expedición”, dice Sarah Marquis (Delémont, Suiza, 1972). Su currículo es de infarto: en el año 2000 tardó cuatro meses en cruzar a pie, de norte a sur, Estados Unidos (4.260 kilómetros); en 2002 caminaría 14.000 kilómetros por el interior de Australia; en 2006 hizo 7.000 kilómetros de Chile a Perú, y de 2010 a 2013 fue a pie, y también sola, desde Siberia hasta Australia, pasando por Asia Central, China y Mongolia. Y ni siquiera eso ha sido lo más difícil.

Su aventura más complicada fue en 2015, cuando un helicóptero la dejó en una zona salvaje de Kimberley (Australia) en una expedición de supervivencia de tres meses para la que no se llevó ni comida. “Para mí ser capaz de ir a lugares salvajes y sobrevivir es un viaje de lo más humano. Siempre me he preguntado si seguimos teniendo instintos para sobrevivir. Y resulta que sí, pero hay que trabajarlos”, dice por teléfono desde Suiza, donde termina un libro sobre su reciente aventura caminando tres meses por bosques de Tasmania. Ha sufrido el dengue en la jungla de Laos y cargado con su mochila con el hombro fracturado: “No se trata solo de la parte física, la parte más difícil es la mental. Hay que estar preparada y conocerse a una misma lo suficiente”.

A esta exploradora de National Geographic cada aventura le lleva dos años de preparación. “Me costó 25 años ser reconocida, y no tanto como aventurera, sino como mujer exploradora. Esa es la historia de todas las mujeres, y es importante enseñar a las generaciones jóvenes que todo es posible”. A las futuras aventureras les da varios consejos: “Simplemente cree en ti y hazlo, pero hazlo bien. Estudia el lugar al que vas, aprende su cultura, prepara el viaje… y así nada puede salir mal, porque si pasa estarás preparada para solucionarlo”. Su clave es ir paso a paso, y sumando los suyos ha dado la vuelta al mundo a pie. ¿Y si solo pudiera regresar a un lugar? Tras pensarlo mucho, se decanta por vivir de nuevo la magia del desierto del Gobi. Allí escuchó lobos en la oscuridad de la noche y se despertó rodeada de dromedarios.

Fotografía de Cristina Mittermeier del pueblo indígena kayapo en el pantanal de Mato Grosso, en Brasil. ampliar foto
Fotografía de Cristina Mittermeier del pueblo indígena kayapo en el pantanal de Mato Grosso, en Brasil.

El impacto de la fotografía

Cristina Mittermeier, bióloga marina y fotógrafa

"Hubo una época en la que los hombres me explicaban las cosas sin pedirlo. Pero con mi trabajo de los últimos 25 años creo que he abierto una brecha para las mujeres en el mundo de la fotografía y me he ganado el respeto de mis colegas”, asegura Cristina Mittermeier (Ciudad de México, 1966). Esta bióloga marina empezó a recorrer el mundo con su primer marido y se centró en retratar comunidades indígenas del Amazonas y Papúa Nueva Guinea, “son el puente entre la naturaleza y el ser humano”. Tras poner fin a 22 años de matrimonio, se cruzó en su vida su actual pareja, Paul Nicklen, biólogo marino como ella, y desde hace años fotografía mares y océanos. Una pasión que les llevó en 2014 a fundar SeaLegacy, ONG en la que usan sus fotos para despertar conciencias sobre su protección.

“Nací y crecí en México, y de pequeña nunca viajé mucho. Nada en mi infancia me podría haber preparado para esta vida de aventuras”, dice. Y han sido muchas: ha nadado junto a orcas, tiburones, cocodrilos, ballenas o pingüinos y visitado más de 100 países. “Viajar es algo que se aprende. Aprendes a pasar frío, calor, hambre…”, afirma quien se ha ganado el título, junto con Nicklen, de aventurera del año 2018 de National Geograhic, entre otros motivos por sus sobrecogedoras imágenes de un oso polar hambriento en el Ártico canadiense(se hizo viral y la vieron millones de personas)."Ahí nos dimos cuenta de cómo las redes sociales pueden dar un valor icónico a una fotografía y hacer que la gente se detenga un momento a pensar”, explica quien se define como aventurera, conservacionista, escritora y fotógrafa.

La bióloga marina y fotógrafa Cristina Mittermeier, en uno de sus viajes a Brasil.
La bióloga marina y fotógrafa Cristina Mittermeier, en uno de sus viajes a Brasil.

Su experiencia más significativa ha sido una reciente expedición a la Antártida, fue la única mujer en un equipo de 13 personas, y recomienda conocer Brasil. Mittermeier ha estado allí más de 50 veces y lo conoce bien, incluido cómo es vivir un carnaval en el sambódromo de Río de Janeiro. De hecho, siempre tiene el deseo de volver al Amazonas y su viaje ideal es visitar el pantanal Mato Grosso, uno de los humedales más grandes del mundo (340.000 kilómetros cuadrados). “Tiene una vida silvestre espectacular, ves caimanes, jaguares, monos… Un lugar de fábula”.

Ofelia de Pablo grabando imágenes durante un viaje por Monument Valley, en Utah (EE UU). 
Ofelia de Pablo grabando imágenes durante un viaje por Monument Valley, en Utah (EE UU). 

Contar historias remotas

Ofelia de Pablo, periodista y fotógrafa

A Ofelia de Pablo (Madrid, 1972), la pasión por viajar le nació mucho antes que por la fotografía. “Esa nace en la carrera de Periodismo, cuando descubrí que con una cámara se pueden contar cosas increíbles”. Su profesión la ha llevado a más de 60 países. Junto a Javier Zurita, en Japón retrató la intimidad de las ­geishas o visitó la República Democrática del Congo para hablar de la violación como arma de guerra. Ha trabajado en Botsuana, México, EE UU, Sudáfrica, Cuba o Nepal, su cuenta de Instagram es solo una muestra de ello. “Cuando viajas con un hombre, a veces solo le hablan a él o cosas por el estilo. Pero hay ocasiones que por ser mujer tienes acceso a historias que de otra manera no tendrías. Sobre todo en temas de derechos humanos o cuando entrevistas a quienes han sufrido violaciones”. Si hay un lugar que le ha marcado es Guatemala y sus conversaciones con mujeres que fueron violadas durante los 36 años de guerra civil: “Ver cómo confían en ti y se enfrentan al mundo es algo que te cambia”, recuerda. Su objetivo es que sus historias, que cuentan en distintos formatos, cambien las cosas, como concienciar por la protección del medio ambiente con un corto sobre Doñana. “El concepto de aventurera ha cambiado mucho. Ahora no es tanto llegar a rincones desconocidos, sino contar historias desconocidas de esos rincones alejados”.

La periodista y fotógrafa Ofelia de Pablo.
La periodista y fotógrafa Ofelia de Pablo.

Solo recomienda un destino cuando conoce a la persona, aunque da algunas ideas: “A los aventureros les animo a ir al Amazonas peruano de la mano de los indios essejas para descubrir su fauna y flora. Y a los menos atrevidos, Namibia, un país precioso que se puede visitar sin tener una gran experiencia viajera donde se encuentran el parque nacional de Etosha o las grandes dunas del desierto rojo”.

Mariel Galán durante un viaje a Marruecos.
Mariel Galán durante un viaje a Marruecos.

Trotamundos ‘millennial’

Mariel Rocío Galán, bloguera y youtuber

Con 20 años se subió por primera vez en un avión destino Mazatlán (México), y eso cambió su vida. “Descubrí que quería dedicarme al periodismo de viajes, motivar a la gente a salir de su zona de confort e ir a conocer mundo”, cuenta esta bloguera (Ciudad de México, 1986). Mariel Galán es una trotamundos millennial. Tras varios años trabajando en medios de comunicación tradicionales, hace cuatro lanzó su blog, Mariel de Viaje, y canal de YouTube. Hoy medio millón de personas siguen sus viajes por Jordania, Japón, España, Francia, Ecuador, Guatemala, Marruecos… No sabe la cifra de países que ha visitado. "La gente se sorprende por ello. Pero es que no me gusta contarlos”, dice. Ella anima a descubrir Eslovenia, sobre todo los alrededores de la isla de Bled. “Hay sitios increíbles como el lago Jasna, al pie de la montaña Triglav, y el valle del río Soca, escenario de la película Las crónicas de Narnia. Otros sitios impactantes son Vintgar Gorge, una garganta de enormes paredes rocosas, y la hermosa cascada de Kozjak”.

Mariel Galán, en el lago Jasna, en Eslovenia.
Mariel Galán, en el lago Jasna, en Eslovenia.

La mayoría de sus viajes los realiza en solitario, y eso, según dice, en su país natal aún no está muy bien visto. “La sociedad mexicana sigue señalando a la mujer como la culpable si le pasa algo viajando sola. Pero el peligro está en todas partes, y lo que hay que hacer es seguir la propia intuición e ir con precaución”, reflexiona. “No puedo detenerme para ver si alguien me acompaña, es mi pasión y mi trabajo”. Coincidiendo con el Día de la Mujer, el año pasado lanzó la campaña No estás sola. Y este 8 de marzo la repite. “Surge para desmitificar la idea de que somos más débiles o que nos encontramos con más peligros por viajar solas. Somos muchas las que estamos allí fuera, apoyándonos”.

Alicia Sornosa, a su paso en moto por Kenia.
Alicia Sornosa, a su paso en moto por Kenia.

Una motera incansable

Alicia Sornosa, periodista y motera

En 2011, Alicia Sornosa (Madrid, 1973) emprendió su vuelta al mundo. Las cifras: un año y medio y 120.000 kilómetros en una moto de 650cc. “Empecé por África e hice camino hacia India, Singapur, Australia, EE UU y Canadá. Crucé el círculo polar, bajé de nuevo a EE UU para ir a Nueva York, recorrer la Costa Este hasta México, cruzar Centroamérica y llegar a Ushuaia (Argentina). El regreso lo hice por Montevideo (Uruguay)”. Descansó tres meses en España y se lanzó a la carretera de nuevo: “Recorrí el norte de Argentina, Bolivia, todo el Altiplano y parte de Perú”. “La gente suele esperar a que llegue mi acompañante, y me han pasado cosas muy divertidas. En Colombia me paró la policía y, cuando entendieron que iba sola, me escoltaron unos 100 kilómetros”. Aventuras que transformó en una novela con tintes biográficos, 360 grados: una mujer, una moto y el mundo.

Alicia Sornosa.
Alicia Sornosa.

En 2014 se centró en Asia: 20.000 kilómetros de España a Tokio (Japón). Y Sornosa es capaz de aprovechar la boda de un amigo en Polonia para recorrer Europa del Este en moto, como hizo en 2015. "Al final, viajo en moto porque es mucho más permeable que hacerlo en coche, porque en el camino vas oliendo, viendo, y cuando paras la gente te rodea… Y porque recorro las distancias más rápido que si lo hiciera en bici, para lo que necesitaría mucha más fuerza física”. Eso sí, a las cinco de la tarde, sobre todo cuando viaja sola, empieza a pensar en dónde pasar la noche: “Y procuro dejar la moto escondida para no llamar mucho la atención. Son cosas que al final haces sin darte cuenta para protegerte”.

En sus viajes recauda dinero para una ONG del destino, por ejemplo para ayudar a construir pozos en su reciente viaje de Etiopía a Sudáfrica (15.000 kilómetros). “Me sirve para conocer los países, más allá de recorrerlos”. Hoy se anima a guiar a moteros. “Me gusta mucho la carretera austral chilena, por eso hago allí uno de mis viajes. Tiene fiordos, campos de hielo, bosques milenarios…”. Todos los años también se lleva a moteros a Marruecos y en Semana Santa organiza una ruta con B The Travel Brand: 600 kilómetros de Bombay a Goa (India) siguiendo la costa del mar Arábigo.

Cristina Spínola, durante su travesía en kayak por el Mar de Cortés (México).
Cristina Spínola, durante su travesía en kayak por el Mar de Cortés (México).

Pedaleando y remando

Cristina Spínola, periodista, deportista y escritora

"Decidí venderlo todo, les dije a mis padres que iba a trabajar a Sudáfrica cuando en realidad me había comprado un billete solo de ida, y cogí mi bici. Siempre había querido dar la vuelta al mundo en bicicleta y, aunque me parecía una locura, era el momento”, recuerda Cristina Spínola (Las Palmas, 1976). Ella es la primera española que ha completado el desafío de recorrer 28.000 kilómetros en bici, pasando por 27 países, durante tres años y un mes. Empezó en marzo de 2014, pedaleó de Sudáfrica al sur de México sola y de allí hasta Ushuaia (Argentina) con Marika Latsone, una letona con la misma pasión. “La bici tiene la ventaja de que vas a la velocidad perfecta para conocer un país, su cultura y su gente”.

Tras alcanzar su objetivo, y escribir Sola en bici.Soñé en grande y toqué el cielo,planeó su segunda aventura: recorrer en un kayak —al que bautizó como Julieta Venegas— el Mar de Cortés (México). “Unos 800 kilómetros de San Felipe a la ciudad de La Paz. Fui la primera hispana en hacerlo sola”, se enorgullece. Allí aprendió a desarrollar sus habilidades de supervivencia, como cuando se partió un dedo y se tuvo que amarrar la mano a la pala para seguir camino. Ahora surfea la costa mexicana de Baja California mientras escribe su cuarto libro. De hecho, México es el país que más le gusta: “Es perfecto para un nómada digital como yo, te lo pasas muy bien, la gente es amable y respetuosa, no es tan peligroso como dicen y la comida es riquísima”. Eso sí, para una primera aventura en bici recomienda la chilena carretera austral (“es espectacular”) o recorrer Nueva Zelanda, muy preparado para el cicloturismo.

“El hecho de viajar sola y reivindicar tu espacio es una llamada a las mujeres para que se empoderen y se liberen. Siempre digo lo mismo: que las únicas cadenas sean las de la bici”.

Cándida García, en la pagoda Sandamuni, en Mandalay (Birmania). 
Cándida García, en la pagoda Sandamuni, en Mandalay (Birmania). 

Enseñando a viajar

Cándida García Santos, abogada y mochilera

La conocen como Kandy, La Abuelita Mochilera. Un apodo que se explica con la historia vital de Cándida García Santos (Íscar, 1935). Con 20 años trabajaba con sus padres en un campin en San Sebastián, y allí empezó a soñar con dar la vuelta al mundo. La vida la llevó a estudiar Derecho, así que no fue hasta que se jubiló que se animó a hacerlo: “Cambié la toga por la mochila”. Tenía 65 años. “Descubrí los bonos de avión que te permiten dar la vuelta al mundo, y lo hice en nueve meses. Me fui sola porque, si se lo hubiera pedido a alguien, me hubieran tratado de loca, y además tienes unas experiencias diarias que no tienes en compañía”. Anotaba sus vivencias en libretas a modo de recuerdo para su nieta. Al regresar a España quiso ordenarlas, y eso se convirtió en el libro Abuelita mochilera: vuelta al mundo en solitario. Ya ha visitado más de 80 países con su mochila a cuestas —nunca factura maleta—.

Cuenta su historia camino de Madrid, donde la espera un grupo de mujeres para ir a Birmania. “Hace unos años empecé a viajar con personas mayores que sueñan con ver sitios pero no se atreven solas. Y mi hijo ahora está más tranquilo si voy con gente”. Y aunque sus viajes no son solo para ellas, los hombres se animan poco: “¡Qué gallinas son! Alguna vez ha venido alguno, pero acompañado de su esposa. Solos nunca”. Dice que para ella ser una mujer mayor ha sido una ventaja porque siempre la han ayudado, y que en sus dos décadas de trotamundos las cosas han cambiado: Internet ayuda a planear mejor las rutas —le parece increíble estar en Wikipedia—, viaja con móvil y se encuentra con más viajeras solitarias.

India es uno de sus destinos favoritos. “Sobre todo el sur. Por ejemplo, el Estado de Kerala. Todos los años voy dos o tres veces, ahora con gente que quiere descubrirlo”. También le gusta visitar Auroville, en el Estado de Tamil Nadu, un asentamiento utópico que se creó en 1968 con la idea de que todos los hombres y mujeres somos iguales y donde se vive sin religión ni dinero. “Es impresionante meditar en el interior de Matrimandir, una gran esfera dorada”. A punto de cumplir 84 años, sueña con conocer Malasia.

Españolas de mundo

Pilar Rubio

Bajo la losa que silencia la huella de algunas mujeres por el mundo asoma la vivaracha Egeria, pues en tiempos en los que las mujeres carecían de historia ella atraviesa media Europa para redactar una crónica a sus amigas sobre los lugares santos, y eso era el siglo IV. Casi nunca se la cita como fruto temprano de la literatura de viajes en España, pero su aventura, punteada por la curiosidad, la precisión y buen humor, es única. Egeria debería ser la patrona de las cronistas de viaje españolas.

Quince siglos después asoman otras cabezas y, entre ellas, la de Carmen de Burgos (1867-1932). Fue una de las primeras cronistas profesionales y corresponsal de guerra que viajó por media Europa escribiendo para la prensa; de hecho, diría su compañero y amante Ramón Gómez que de los veinte años que estuvieron juntos, en la mitad de ellos, la dirección de Carmen era la lista de correos. Vital, inteligente y feminista, no fue la única.

Casi de su misma edad, Sofía Casanova (1861-1958) también recorría Europa. Como De Burgos, se convirtió en pionera de la crónica y ejerció de corresponsal en Polonia y Rusia. Se había casado con un diplomático polaco, así que de sus viajes y estancias por varios países le nacieron un montón de crónicas y seis idiomas que le vinieron muy bien para dedicarse a la escritura y la traducción cuando se separó de su marido. Menos conservadora que ella era otra dama, gallega también, y a quien bien se hubiera podido encontrar en algún boulevard de París o en alguna fontana de Italia. Emilia Pardo Bazán (1851-1921) cultivó el arte de pasear maletas, primero por España y Europa con su marido, luego tan sola como lo hicieron, una vez separadas, todas las viajeras que citamos. Como ellas, también escribió para la prensa, pero no tanto por encargo de temas políticos sino por el placer de contar los placeres flaneuristas de una dama con ganas de ver mundo y opinar por sí misma.

Más lejos se fueron otras mujeres a las que se les encogieron los mapas de Europa, de pura gana de atravesar mares y vivir aventuras de esas sobre las que escribían los hombres. Emilia Serrano (1843-1922) ya había dirigido dos periódicos cuando nació Carmen de Burgos y cruzado el océano para estrenar su aventura americana, que duró la mitad de su vida y a la que consagró sus escritos. Para De Burgos fue una maestra: “Y esos viajes no han sido de turista, han sido de mujer estudiosa, laboriosa, que ha trabajado incansablemente”, al igual que Eva Canel, amiga y compañera de correrías por América.

El diario de viaje, la realidad de una subjetividad libre en un espacio aún vetado para mujeres viajando solas, se abría como género a damas tan extraordinarias como ellas y como lo fue también la original Aurora Bertrana, en la Polinesia y Marruecos. No son las únicas, pero sí las que más brillaron. Construyeron una genealogía silenciada en la literatura de viajes de autoría femenina en España y lo más importante es que dejaron abierta la puerta de salida para otras mujeres.

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