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Los 10 destinos de buceo favoritos de Paco Nadal en el mundo

Del mar Rojo al cabo de Palos, en Murcia, inmersiones para admirar fondos marinos de mil colores, bancos de peces tropicales y criaturas asombrosas como el tiburón ballena

Un banco de 'Anthias' cola de lira en el mar Rojo (Egipto). Ampliar foto
Un banco de 'Anthias' cola de lira en el mar Rojo (Egipto).

Me gusta mucho bucear. Quizá sea la actividad al aire libre que más satisfacción me produce, y eso que practico unas cuantas. Pero ¿por qué esta desmedida pasión por sumergirme en un entorno hostil y para el que el ser humano no ha sido diseñado? Pues porque es la mejor manera que tenemos… de volar. Y es que allá abajo uno siente la ingravidez, vuela literalmente sin necesidad de motor ni medios mecánicos. Basta con llenar y vaciar los pulmones para subir y bajar, planear o hacer un picado, un looping o un vuelo rasante sobre el fondo marino. La ingravidez sin necesidad de salir al espacio exterior.

Me gusta bucear por el silencio que te envuelve. Son unos 45 minutos de absoluta intimidad, sin más sonido que el de la propia respiración. Me gusta bucear porque exige concentración, dominio de uno mismo y cierta sangre fría si bajas a profundidades extremas. Te ayuda a ejercitar el autocontrol, a dominar las emociones. No puedes salir hasta que el reloj que llevas en la muñeca te diga que has eliminado todas las microburbujitas que habías acumulado en tus tejidos y que de desparramarse por donde no deben te podrían causar un estropicio de pésimas consecuencias.

Bucear es la mejor manera de sentir la ingravidez sin necesidad de salir al espacio exterior

Buceo para apreciar las diferentes tonalidades de azul que puede llegar a tener el mismo mar. Para explorar rincones del planeta tan cercanos y sin embargo aún por descubrir.

Una de mis mejores experiencias submarinas las viví en Galápagos. Fue mi primer viaje al extranjero para bucear en aguas diferentes a las de cabo de Palos (Murcia), donde me había formado. Lo que vi y sentí en aquellas inmersiones fue tan fascinante que luego, por más que he viajado por los cinco océanos y me he sumergido en lugares famosos, no he vuelto a sentir lo mismo. Galápagos es la Champion League del buceo. Si en superficie las islas Galápagos son ese enorme zoo natural de extrañas especies que divulgó Darwin en 1835, bajo la línea de superficie la fauna es aún más abundante, excitante y variada. Hay opciones de buceo para poco expertos en muchas de las islas en las que se ven leones marinos, tiburones martillo, tortugas y grandes bancos de águilas. Pero las inmersiones más excitantes, aptas solo para buzos experimentados, están en las islas de Wolf y Darwin, las más alejadas del archipiélago, donde en agosto y septiembre es posible ver enormes tiburones-ballena y bancos con cientos de martillos, amén de otras docenas de tiburones seda, galapagueños, delfines y tortugas.

Otra aventura submarina memorable la viví en Papúa-Nueva Guinea. Fui hasta allí para rodar imágenes para una serie documental sobre buceo en la que estuve trabajando durante tres años. En Papúa encontré algunos de los arrecifes de coral más bellos e inalterados del mundo, y también otros arrasados por la dinamita de algunos desalmados que siguen practicando en zonas remotas una forma de pesca prohibida. Pude también documentar lo que había ido buscando: los grandes tiburones ballena que se han hecho residentes en la bahía de Cenderawasih, en la costa noroeste de la isla.

He visto cientos de arrecifes de coral en todas las zonas tropicales de los mares y me sigue fascinando su belleza y su colorido. Si un paisajista en pleno delirio hubiera intentado diseñar un jardín imposible, no le habría salido ni la mitad de fantástico que estos que ha creado la naturaleza en parterres submarinos de formas y tonalidades imposibles.

Me gusta muy en especial bucear entre tiburones —de arrecife, toro, grises, tigre…, incluso con el gran blanco— y no me canso de admirar la maestría y la fuerza de estas máquinas perfectas que llevan millones de años en lo alto de la cadena trófica de los mares, como guardianes de un ecosistema que ha funcionado desde siempre (el pez grande se come al chico) y que el hombre alteró con su tecnología.

Bucear me ha abierto una ventana, aunque sea pequeña, a ese fascinante mundo que hay bajo la superficie de los mares y que sigue siendo un gran desconocido. Mientras buceo soy feliz. Soy yo mismo en el gran azul. En la soledad, el silencio y la quietud de los océanos. Siempre pensé que el submarinismo tiene algo de vuelta al útero materno. Quizá por eso sea tan placentero.

Dos buceadores saltando al agua en Maldivas, en el océano Índico. ampliar foto
Dos buceadores saltando al agua en Maldivas, en el océano Índico. Getty

01  Mar Rojo (Egipto)

Uno de los destinos exóticos más económicos para los buceadores europeos, con cientos de kilómetros de arrecifes de coral, aguas con buena visibilidad y temperaturas moderadas.

02 Maldivas

Son famosos sus buceos en canales oceánicos, las aberturas por donde las lagunas interiores de los atolones se comunican con el océano Índico: zonas de grandes corrientes donde se apostan los depredadores (tiburones grises, puntas blancas, grandes atunes y carángidos) en busca de presas.

03 Galápagos (Ecuador)

En las islas habitadas hay centros de buceo que organizan salidas de día desde tierra. Para llegar a puntos de inmersión más alejados, lo más aconsejable es apuntarse a uno de los barcos de vida a bordo que operan en el archipiélago.

04 Baja California (México)

Los fondos marinos de Baja California, y en concreto los de la bahía de La Paz y las islas cercanas, están considerados unos de los más ricos en biodiversidad debido a la confluencia de corrientes de agua fría que bajan desde Alaska con otras más cálidas que suben desde el Ecuador.

Un buceador en un cenote mexicano. ampliar foto
Un buceador en un cenote mexicano. Getty

05 Cenotes de México y Bahamas

Sumergirse en estas cavernas inundadas es un reto. En la península del Yucatán (México) hay cenotes de todo tipo y dificultad. En Bahamas los llaman blue hole y los hay también de diverso grado de complejidad.

Buceo entre tiburones ballena en Papúa Nueva Guinea.
Buceo entre tiburones ballena en Papúa Nueva Guinea.

06 Sorong (Papúa)

El mejor lugar para bucear en Papúa es Raja Ampat, un archipiélago de más de 1.000 islas, islotes y cayos frente a Sorong, en la esquina oeste de la isla de Nueva Guinea.

07 Fernando de Noronha (Brasil)

El archipiélago brasileño de Fernando de Noronha es uno de los grandes destinos de buceo en el mundo. Sus islotes emergen solitarios en medio del océano Atlántico, a más de 300 kilómetros de las costas continentales de Sudamérica, por lo que forman una especie de oasis de vida en el que es fácil ver tortugas verdes, rayas, delfines y tiburones.

Peces cirujano de aleta amarilla, comunes en aguas tropicales del Índico y el Pacífico. ampliar foto
Peces cirujano de aleta amarilla, comunes en aguas tropicales del Índico y el Pacífico.

08 Isla del Coco (Costa Rica)

Situada en el Pacífico, a 300 millas del litoral de Costa Rica, fue declarada patrimonio mundial por su biodiversidad y la riqueza y buen estado de conservación de sus fondos marinos.

09 Cabo de Palos (España)

Esta reserva marina de la costas de Cartagena (Región de Murcia) es uno de los santuarios del buceo de la costa mediterránea. Sus famosos bajos forman un rosario de cabezas de roca que suben desde 50 metros hasta casi rozar la superficie. Cabo de Palos es también un destino perfecto para los amantes de los grandes pecios.

10 Gran Barrera de Coral (Australia)

La Gran Barrera de Coral australiana es uno de los destinos obligados para cualquier buceador. A lo largo de 2.000 kilómetros de costa se pueden ver todo tipo de corales y animales de arrecife y pelágicos, desde tiburones blancos a ballenas minke.

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