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10 planes que te sorprenderán en Sicilia

Pasear al borde de acantilados entre calas solitarias, darse un capricho con los dulces locales, recorrer los escenarios de 'El Padrino' o asomarse al cráter de un volcán activo

Pueblo de Savoca, en el que se rodaron varias escenas de la saga de 'El Padrino', de Francis Ford Coppola.
Pueblo de Savoca, en el que se rodaron varias escenas de la saga de 'El Padrino', de Francis Ford Coppola. Getty

Un mar brillante, un patrimonio artístico impresionante, una luz única, la del Mediterráneo central, y una diversidad cultural de la que muy pocos lugares en el mundo pueden presumir. Y todo concentrado en una isla —no demasiado grande— estratégicamente situada entre África y Europa.

Bienvenidos a Sicilia, donde además de visitar y contemplar templos griegos y romanos, arcos árabes, mosaicos bizantinos, palacios normandos e iglesias barrocas, los viajeros pueden disfrutar de experiencias emocionantes, como pasear al borde de acantilados entre calas solitarias, darse un capricho calórico con los originales dulces locales, asomarse al cráter de un volcán (activo) o darse un curativo baño en lodos volcánicos. O, por qué no, volver a sentirse como un niño asistiendo a uno de los teatros de marionetas más antiguos de Europa. Nueve sorpresas en un viaje alrededor de la isla italiana.

El puerto de la ciudad siciliana de Sciacca. ampliar foto
El puerto de la ciudad siciliana de Sciacca. getty images

1. Sciacca. Carnaval con sesión de spa

Bonita ciudad costera al sur de Sicilia, en Sciacca los turistas se dedican básicamente a explorar los elegantes Palazzi de su casco antiguo medieval, apuran la mañana comprando cerámica y se deleitan a mediodía con el plato fuerte: almorzar marisco y magnífico pescado fresco en el puerto. Pero hay que reservar algo de tiempo para una extravagancia maravillosa: disfrutar de aguas termales con 25 siglos de historia. Sciacca nació como un enclave balneario de la cercana ciudad griega de Selinunte, y aunque sus famosas termas cerraron en 2015 por problemas financieros, las aguas curativas de Sciacca siguen atrayendo a turistas italianos que acuden a tratar sus dolencias con los vapores sulfúreos y baños ricos en minerales.

Si viajamos a Sciacca en febrero, no hay que perderse su famoso y exuberante carnaval, que incluye un desfile de carrozas con enormes figuras de papel maché, que llenan las calles de color y de caricaturas grotescas. Como los ninots valencianos, representan a políticos y famosos (aunque aquí no se queman después). Además, personajes enmascarados bailan al son de la música y se lee poesía satírica.

Catedral de Ragusa, ciudad patrimonio mundial de la Unesco. ampliar foto
Catedral de Ragusa, ciudad patrimonio mundial de la Unesco. getty images

2. Agrigento y Favara. Arte contemporáneo junto a templos griegos

Puestos a elegir un yacimiento arqueológico, hay pocos comparables al Valle de los Templos, en las afueras de Agrigento. Aquí se encuentran los templos dóricos mejor conservados que existen fuera de Grecia y que llevan seduciendo a los viajeros desde que Goethe se deshiciera en elogios hacia ellos en el siglo XVIII. Hay que dedicarle un día entero y, ya de paso, descubrir otros encantos de esta costa mediterránea de Sicilia.

El contrapunto lo encontramos muy cerca, en Favara, una ciudad de provincias a 10 kilómetros al este de Agrigento cuyo mayor atractivo es su innovadora comunidad artística, que ha creado el llamado Farm Cultural Park, un proyecto que se concreta en una galería de arte moderno y una constante programación de eventos culturales. Gracias a ello, el centro de la ciudad, alrededor de la piazza Cavour, ha visto cómo aumentaban restaurantes y bares, y se ha convertido en un lugar muy agradable. Para crear este proyecto, Andrea Bartoli y Folrinda Saieva compraron en 2010 una serie de edificios abandonados en el decadente corazón de la ciudad y crearon todo un barrio dedicado al arte. Hoy es un punto de encuentro para creadores locales e internacionales, y durante todo el año hay charlas, proyecciones, talleres y espectáculos, además de tiendas y un bar en un jardín. Farm Cultural Park ha supuesto una bocanada de aire fresco para Favara, que hasta hace poco tenía una de las mayores tasas de desempleo de la isla. Las fachadas de los edificios se han convertido en lienzos gigantescos para pintores y escultores, y los patios se han llenado de instalaciones de lo más diversas, como sillas hechas con macetas y fuentes de ladrillo. Incluso han logrado incorporar al proyecto el Castello dei Chiaramonte, una abandonada fortaleza del siglo XIII que ahora acoge diversos talleres.

Vista aérea del Valle de los Templos, en las afueras de Agrigento. ampliar foto
Vista aérea del Valle de los Templos, en las afueras de Agrigento. getty images

3. Experiencia gastronómica barroca en Noto y Ragussa

A los seguidores del comisario Montalbano les resultarán familiares las calles y el ambiente de Ragusa o de Módica, bellísimas ciudades barrocas del sureste de la isla. En ellas se mueve el protagonista de las novelas de Andrea Camilleri para solucionar casos policiacos “muy sicilianos”. Entre las maravillas arquitectónicas de la zona están las preciosas plazas de Siracusa o los tesoros barrocos de Noto, Módica y Ragusa, que se completan con delicias gastronómicas únicas, como el helado de Noto, el chocolate de Módica y algunos de los mejores restaurantes de la isla, en Ragusa.

Noto ofrece un despliegue de belleza barroca tal que llega a parecer, en algún momento, un decorado de cine. El centro histórico está flanqueado por palacios barrocos e iglesias que deslumbran a cualquier hora del día. Pero también es famosa por acoger dos de las mejores heladerías del mundo: Caffè Sicilia, célebre por sus granite (granizados de fruta) en el Corso Vittorio Enmanuelle, la avenida principal, y, especialmente, Corrado Costanzo, donde no hay que dejar de probar el helado de pistacho o amaro (licor de hierbas). Ambos locales bordan la cassata (a base de queso ricota, chocolate y fruta caramelizada), los dolci di mandorle (tartas de almendra y dulces) y los torrone (turrón).

En Módica, otra joya barroca entregada al movimiento Slow food y al chocolate granulado —producido aún mediante un método —, la visita obligada es la Dolceria Bonajuto, la chocolatera más antigua de Sicilia y el lugar perfecto para degustar el famoso cacao local, con distintos sabores (canela, vainilla, piel de naranja e incluso guindilla). Su origen se remonta al periodo español de la isla, cuando se importaba cacao de los virreinatos americanos. Hay que dejar espacio para los mpanatighi de Bonajuato, biscotes dulces rellenos de chocolate, especias y carne picada.

Ragusa, el gran reclamo de la zona, destaca por sus laberínticos callejones, las casas de piedra gris y los palazzi barrocos del centro de la ciudad. Es fácil perderse pero, antes o después, se llega a la exquisita piazza Duomo. Los gastrónomos disfrutarán con algunas de las especialidades locales, como los sfogghiu, delicada pasta de hojaldre rellena de ricota y salchicha de cerdo. I Banchi es el restaurante, elegante e informal, del chef Ciccio Sultano, con una estrella Michelin. También una estrella ha logrado el joven cocinero Vincenzo Candiano en Locanda Don Serafino, donde ha reinventado clásicos sicilianos como, por ejemplo, una lasaña de cacao amargo con ricota.

Merece la pena alargar la ruta hasta la cercana Chiaramonte Gulfi, una encantadora localidad conocida como Il Balcone della Sicilia (el balcón de Sicilia) por sus magníficas vistas. Eso sí, algunos visitantes centran aquí su interés en los embutidos locales y especialidades basadas en el cerdo y el aceite de oliva. El Ristorante Majore, una trattoría junto a la plaza central, no es apto para vegetarianos.

Varios excursionistas en una de las aventuras organizadas para explorar el volcán Etna. ampliar foto
Varios excursionistas en una de las aventuras organizadas para explorar el volcán Etna. getty images

4. Asomarnos a un volcán

El Etna (3.342 metros) es una amenazadora mole que domina el paisaje oriental de Sicilia y es el mayor volcán activo de Europa. Las erupciones son frecuentes y se producen en los cuatro cráteres de la cima, y forma parte desde 1987 del parque nacional Parco dell' Etna, que incluye tanto su cima nevada como los circundantes desiertos lunares de estéril lava negra, bosques de hayas y exuberantes viñedos.

La ladera sur es la más popular entre quienes pretenden ascender hasta su cima, gracias al Funivia dell’Etna, funicular que nos aproxima bastante a los cráteres superiores (el recorrido íntegro a pie implica cuatro horas de subida), a los que es preferible no acercarse demasiado si no vamos acompañados de un guía; existe peligro real. Por el norte, desde Piano Provenzano hay senderos que alcanzan los Pizzi Deneri (antecima) y el observatorio volcánico, a 2.800 metros de altura, y que continúan después hasta el cráter principal, a 3.200 metros. Pero sin subir tanto, se pueden dar buenos paseos bajo los pinos y abedules y alerces de Pineta Rabago.

Hay muchas empresas que ofrecen excursiones a los cráteres y a otros puntos de la montaña; los guías conocen la montaña a fondo y pueden mostrar los puntos más espectaculares ofreciendo seguridad y experiencia.

Dos bañistas frente al volcán humeante de la isla de Estrómboli. ampliar foto
Dos bañistas frente al volcán humeante de la isla de Estrómboli. getty images

5. Aventura dentro y fuera del agua en las islas Eolias

Algunos de los mejores puntos para el submarinismo en las islas Eolias están alrededor de Lipari, ínsula principal. Por ejemplo, Punta Castagna, una espectacular inmersión con una plataforma de 10 metros de piedra pómez blanca, interrumpida por canales multicolores. Pero hay otros igualmente destacables frente a la de Filicudi, como, por ejemplo, la zona del Museo Archeologico Sottomarino, donde nueve antiguos pecios griegos y romanos ofrecen emocionantes oportunidades para el buceo.

Lo mejor de este archipiélago es que permite combinar las inmersiones con senderismo, gastronomía y vida tranquila fuera del agua. El mejor ejemplo es Estrómboli, isla ocupada por un volcán de silueta humeante que surge del mar y que tienta a subir hasta su cumbre. O Filicudi, una de las islas más bonitas y menos urbanizadas de las Eolias, que además de buceo ofrece una red de agradables sendas para caminar. Vulcano es conocida por sus baños terapéuticos de lodo y sus fuentes termales, pero sobre todo por el gran cráter volcánico al que hay que subir antes o después de bucear entre las muchas cuevas y manantiales subterráneos de la isla.

Los principales centros de buceo en las Eolias son La Gorgonia (Lipari), Saracen (Vulcano), Amphibia (Panarea), La Sirenetta (Estrómboli) y Apogon eI Delfini (Filicudi).

Puestos de comida callejera junto al Mercato della Vucciria de Palermo (Sicilia). ampliar foto
Puestos de comida callejera junto al Mercato della Vucciria de Palermo (Sicilia). getty images

6. Delicias en plena calle en Palermo

Comer en la calle es uno de los grandes atractivos de Palermo, una ciudad que figura entre las mecas del street food mundial junto a Bangkok, Marraquech o Singapur. Los palermitanos parecen comer a todas horas, especialmente los buffitieri, pequeños tentempiés calientes preparados en puestos callejeros y pensados para comerlos al momento.

Se puede empezar la mañana con los pane e panelle, buñuelos de garbanzos ideales para los vegetarianos y una agradable alternativa al empalagoso cruasán relleno de crema. Otras opciones son las crocchè (croquetas de patata, a veces aromatizadas con menta), quaglie (berenjenas cortadas a lo largo), sfincione (una esponjosa y aceitosa pizza con cebolla y queso caciocavallo) o scaccie (una especie de empanadillas). En verano, los palermitanos también devoran bollos recién horneados rellenos de helado o granita (granizado de fruta), almendras, pistachos o café. Por la tarde los tentempiés suelen incluir más carne, como las stigghiola a la barbacoa (intestino de cabra relleno de cebolla, queso y perejil).

Hay puestos de comida rápida por toda la ciudad, pero en los mercados se comprueba (y se degusta) la cercanía cultural entre Palermo y el norte de África. Cada barrio histórico tiene el suyo propio, aunque los más populares son el Mercato della Vucciria, el Mercato di Ballarò –donde muchos palermitanos hacen la compra diaria– y el Mercato del Capo, el más evocador, que se extiende por un laberinto de callejuelas de los barrios de la Albergheria y el Capo, entre olorosos quesos, cubos de aceitunas, exposiciones de frutas y verduras y brillantes atunes y peces espada a la vista de todos.

Una experiencia única son los cursos de cocina que imparte la duquesa Nicoletta Polo Lanza Tomasi en un palacio frente al mar que fue hogar del escritor Giuseppe Tomasi de Lampedusa. El curso incluye una mañana de compras en el mercado y la preparación de un almuerzo de cuatro platos que luego se degusta.

Marionetas típicas de Sicilia. ampliar foto
Marionetas típicas de Sicilia. getty images

7. Moviendo marionetas en Palermo

El teatro de marionetas de varillas, la opera dei pupi, es el entretenimiento tradicional más popular en Sicilia y el mejor lugar para asistir a una representación es Palermo. Importadas por los españoles en el siglo XVIII, los sicilianos se entusiasmaron con este arte, cautivados por las historias de Carlomagno y sus heroicos caballeros Orlando y Rinaldo. Estos espectáculos de títeres afloraban sentimientos como el amor no correspondido, la traición, la sed de justicia, la frustración de los oprimidos… Los muñecos externalizaban lo que las personas no podían expresar en alto.

Hay dos tipos de opera dei pupi: la palermitana (Palermo, Agrigento y Trapani) y la catanesa (Catania, Mesina y Siracusa). Las marionetas están talladas en madera de haya, olivo y limonero y son de un metro y medio de altura con articulaciones de alambre y trajes de vivos colores. Los buenos titiriteros son valorados por su capacidad de crear efectos dramáticos y por su velocidad y habilidad a la hora de dirigir las escenas bélicas. Hoy apenas quedan un puñado de compañías cuyo negocio se orienta al público infantil y a los turistas, pero el mejor sitio para presenciar una buena representación son el Museo Internazionale delle marionette y el Teatro dei Pupi di Mimmo Cuticchio.

Terraza del bar Vitelli, en Savoca (Sicilia). ampliar foto
Terraza del bar Vitelli, en Savoca (Sicilia). Getty

8. Tras los pasos de Vito Corleone en Savoca

A pocos kilómetros de Taormina, en la costa jónica, podemos seguir los pasos de uno de los personajes más típicamente sicilianos que ha dado la literatura y el cine: El Padrino. Pero esta mini ruta no conduce hasta el auténtico pueblo de Corleone, del que procedía en la ficción Don Vito, ya que por razones de seguridad Francis Ford Coppola y su equipo no pudieron rodar allí. Por este motivo, la localidad de Savoca se convirtió en Corleone, gracias a lo que pudimos descubrir uno de los pueblos más bellos de Siciclia, pequeño y escondido en las montañas, al que se llega por una serpenteante carretera. Nada parece haber cambiado desde hace siglos en Savoca: sus murallas, sus casas rústicas de piedra o sus iglesias parecen inalterables, como también el ambiente que encontró Coppola cuando se instaló aquí en 1971 para localizar escenarios para algunas escenas de la película. Una de ello es el bar Viteli (un destartalado local cerca de la entrada del pueblo) donde un enamorado Michael Corleone (Al Pacino) pregunta al hombre equivocado por Apollonia Vitelli, la mujer que lo había encandilado. El bar, que expone muchos recuerdos del rodaje, apenas ha cambiado y se sigue sirviendo granitta (granizado de limón) con biscotti para mojar en la terraza. Desde allí se ve la Chiesa di Santa Lucía, del siglo XIV, donde se casan (en al ficción) Michael y Apollonia.

Para encontrar más escenarios de la película también podemos acercarnos, por una carretera bastante complicada, hasta Forza d’Agro, bellísima villa medieval en la que algunos quizá reconozcan la fuente de la plaza principal y la iglesia Madre di Forza D’Agro. No conviene abandonar Savoca sin visitar sus pequeñas catacumbas, unas de las más importantes de Sicilia.

Botellas de vino Marsala en la bodega siciliana de Florio. ampliar foto
Botellas de vino Marsala en la bodega siciliana de Florio. Getty

9. El origen del famoso vino de Marsala

Mucha gente conoce los vinos dulces para el postre de Marsala, pero pocos saben lo encantadora que es la ciudad que los da nombre. En contraste con sus calles pavimentadas de mármol, edificios barrocos y elegantes plazas, los placeres aquí son tan sencillos como una agradable passeggiata (paseo vespertino) para tomar el aperitivo en un restaurante de ambiente familiar. Marsala fue fundada por los fenicios y el mayor tesoro de la ciudad, que puede verse en el Museo Arqueológico, son los restos parcialmente reconstruidos de una liburna (barco de guerra cartaginesa). El vino dulce de Marsala se puso de moda gracias a un inglés que, en el siglo XVIII, recién llegado de Andalucía, la tierra del jerez, los descubrió y, para embarcarlos hasta Inglaterra sin que se estropeasen, añadió un chorro de alcohol puro. Así nacieron los potentes vinos de Marsala que se hicieran famosos cuando cuando la marina británica los utilizó como alternativa al oporto portugués. A los ingleses les siguieron en el negocio algunos emprendedores italianos y hoy la tradición continúa, con tres marcas destacadas: Duca di Salaparuta, Corvo y las bodegas Cantine Florio, que ofrece visitas, cata y un recorrido por sus muchas enotecas, lugares geniales para probar vinos de Marsala acompañados por salumi (embutidos).

10. Selinunte, Morgantina y Casale, viaje en el tiempo

La historia de Sicilia es una de las más intensas, antiguas y complejas del Mediterráneo, pero lo que más llama hoy la atención son los yacimientos clásicos, algunos magníficamente conservados y evocadores de aquellos tiempos de la Magna Grecia, entre los que hay tres que nunca defraudan.

Templo griego en el yacimiento arqueológico de Selinunte, en Sicilia. ampliar foto
Templo griego en el yacimiento arqueológico de Selinunte, en Sicilia. Getty

Selinunte, aunque turístico, es uno de los yacimientos del mundo griego antiguo más impresionantes del mundo. La ciudad llegó a tener más de 100.000 habitantes y una colección de templos única. Tras muchos avatares históricos, pasó al olvido en la Edad Media y solo a principios del siglo XIX los británicos comentaron las primeras excavaciones arqueológicas. Hoy se pueden visitar sus templos orientales, los más asombrosos de todo el yacimiento; la acrópolis, centro de la vida social y política de la Selinunte griega; el Santuario de Malforo o la ciudad antigua, donde vivía la mayoría de sus habitantes. Y además, toda visita a Selinunte puede completarse con un paseo por la atractiva playa a los pies del yacimiento y que nos permite tener unas maravillosas vistas de los templos del acantilado.

Morgantina, en la Sicilia central, es un sitio arqueológico menos conocido, donde podremos sentarnos en los mismos peldaños donde los antiguos griegos debatían, conspiraban y cotilleaban. Está muy cerca de un lugar llamado Piazza Armerina, famoso por sus mosaicos romanos. Pero en Morgantina lo que encontramos es una ciudad griega que nos permite evocar cómo era la vida hace muchos siglos. Por ejemplo, en el ágora (mercado), con sus escaleras trapezoidales que servían de graderío durante las asambleas, los baños públicos o en los barrios residenciales, donde vivían los más ciudadanos más ricos, como testimonia la lujosa decoración de paredes y mosaicos.

Y de los griegos a los romanos, que dejaron su imborrable huella en lugares como la Villa Romana del Casale, principal atracción actualmente del centro de Sicilia. Situada en un arbolado valle a 5 kilómetros de Piazza Armerina, cuenta con los mejores mosaicos romanos que se conservan. La villa, lujosa ya en su época, fue retiro rural del emperador Maximiano en el siglo III antes de Cristo, y por el tamaño y categoría de los edificios, se cree que fue un palacio imperial. Lo más llamativo son sus mosaicos, pero también las termas (decoradas con espléndidos mosaicos), el peristilo, un amplio patio donde se recibía a los invitados antes de pasar a la sala real (basílica), y una serie de estancias donde descubrimos algunos de esos mosaicos que todos hemos estudiado alguna vez, como el de las Diez Muchachas (único en el mundo), el de los 12 trabajos de Hércules o los mosaicos que representan grandes cacerías o carreras de cuadrigas en el Circo Máximo de Roma.

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