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Un festín de ceviches limeño

La gastronomía suele ser el hilo conductor de los viajes de la escritora y chef Maruja Dagnino, por eso disfrutó tanto en Lima

La escritora y chef Maruja Dagnino. Ampliar foto
La escritora y chef Maruja Dagnino.

Acaba de publicar Los alimentos del deseo (Turner), una obra dedicada a ingredientes culinarios tradicionalmente considerados afrodisiacos como el azafrán, las trufas o el curri. La gastronomía suele ser el hilo conductor de sus viajes, por eso Maruja Dagnino disfrutó tanto en Lima.

Viajó al epicentro del ceviche.

Se ha convertido en un plato popular en el mundo, pero no es lo mismo comerse un ceviche en Lima. Allí no lo sirven después de las cuatro de la tarde porque el pescado no estaría tan fresco. Yo suelo tomarlo en la cevichería La Mar, de Gastón Acurio. Te sientas en la barra y los cocineros lo preparan todo delante de ti.

¿Alguna recomendación gastronómica más?

Me encanta otro restaurante que también abre solo al mediodía, El Mercado, del chef Rafael Osterling, también en el barrio de Miraflores. El ceviche de pejerrey, que allí es una especie de sardina, es uno de los platos más deliciosos que sirven.

Hablando de mercados, ¿visitó alguno?

Por supuesto. El de San Isidro, que es el más organizado, me encanta. Todos tienen muy buen pescado. Hay otros que conservan su pátina más tradicional, con santos en pequeños altares. En los mercados puedes conseguir los aparatos de cocina más curiosos, como una pirámide de aluminio que sirve como molde para la quinua o el arroz. Y en el barrio chino hay un mercado inmenso de alimentos de todo tipo, no solo chinos.

¿Conoce gente por allí?

Parte de mi familia es peruana. En su casa probé el arroz con conchitas, que lleva vieiras a las que les dejan el coral, ese arito rojo que tienen. Es como una paella criolla riquísima, pero por más que lo busco, nunca lo he visto en la carta de un restaurante.

¿Y alguna visita no culinaria?

Como Perú fue un virreinato, hay familias que han atesorado valiosas colecciones de arte y mobiliario, y han convertido sus casas en pequeños museos, como el de Pedro de Osma. Organizan exposiciones temporales que ayudan a entender la historia cultural del país. Muy interesante.

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