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El Madrid de Pilar Castro

Sesión doble en los cines de Ventas, la fuerza del Teatro Español, un caldo caliente en Lhardy y noches iniciáticas en Malasaña. La actriz nos descubre su ciudad, la de ayer y la de hoy

La actriz Pilar Castro en el Teatro Español. Ampliar foto
La actriz Pilar Castro en el Teatro Español.

Madrileña del barrio de Ventas, Pilar Castro (1970) recorre los lugares de su infancia y adolescencia, los que marcaron su futuro como actriz y los que vivió con mayor intensidad. De los desaparecidos cines de barrio a la Gran Vía, del caldo de Lhardy al patio de butacas del Teatro Español, en cuyo escenario aventuró su futuro sobre las tablas. Sus trabajos en teatro o en películas como Gordos, El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, Julieta o El tiempo de los monstruos la avalan como una de las más solventes y brillantes intérpretes de su generación. Y ahora tiene pendiente de próximo estreno la serie Vivir sin permiso, en Telecinco.

01 Lhardy

El comedor del restaurante Lhardy, fundado en 1839. ampliar foto
El comedor del restaurante Lhardy, fundado en 1839.

“Nos llevaba mi padre de pequeños. Él era cocinero y camarero y nos dejó una buena herencia culinaria. Le gustaba descubrirnos sitios a los que entonces nadie iba. Para nosotros era un plan muy especial: ir al centro, a Sol, y luego el ritual del caldito, la croqueta y el sándwich de Lhardy. Es un lugar maravilloso, con ese restaurante que tiene ya tantos años”. (Carrera de San Jerónimo, 8)

02 Parque de la Fuente del Berro

“Yo vivía en el barrio de Ventas y el parque de la Fuente del Berro era mi parque de infancia. Iba con mi pandilla. Recuerdo que entonces había vigilantes que no te dejaban pisar el césped. Parece increíble, pero entonces no existía la M-30 y podíamos cruzar a pie desde el parque. Y sí, como ahora, había esos preciosos pavos reales”.

03 Conservatorio de Ópera

“Tuve la enorme suerte de estudiar ballet en el Conservatorio de Ópera. Empecé a los ocho años. Dabas clases con piano y desde el aula se veía todo Madrid. Era espectacular. Había un pasillo enorme que se llenaba de músicos y que a mí me recordaba a un tren antiguo. Aprendí a tener mucha disciplina, algo que me ha ayudado toda mi vida. Luego me partí un brazo en el colegio y tuve que dejar el conservatorio; era muy exigente y mi codo nunca se recuperó del todo. No pasé las pruebas. A cambió, entré un año en el ballet infantil del programa de la tele Aplauso. ¡Bailábamos con Enrique y Ana, y una vez salí en la portada de El Pequeño País con Giorgio Aresu!”.

04 Cines de barrio

“Todos los cines de barrio a los que yo iba ya no existen: en La Elipa, el cine Voz, el Canciller, el San Remo. Todos cerca de Ventas. Yo iba con mi abuela y veíamos dos películas a la vez. Entrábamos a las cuatro de la tarde y salíamos a las nueve de la noche. Una de zombis con una de Saura. Lo veíamos todo. Tengo muy buenos recuerdos de aquellas salas, allí nació mi pasión por el cine como acto mágico y romántico. Y claro, algunas veces nos acercábamos a la Gran Vía, que para mí era la bomba. Mi padre trabajaba entonces en Pasapoga y recuerdo ir juntos al cine Callao”.

05 Teatro Español

“Nos llevaba el colegio. Fue el lugar en el que se me apareció la Virgen. José Pedro Carrión haciendo de Puck en Sueño de una noche de verano. O Así que pasen cinco años, de Lorca. Aún guardo el programa de mano, que era un periódico. Como a mi padre le fascina cantar, nos llevaba también mucho a la Zarzuela, pero el Teatro Español fue el que me abrió los ojos sobre mi futuro. Hasta este año no había actuado en él, pero lo hice por fin, junto a Carmen Machi, en Cronología de las bestias, de Lautaro Perotti”.

El cruce de Corredera Alta de San Pablo con San Vicente Ferrer, en Malasaña.
El cruce de Corredera Alta de San Pablo con San Vicente Ferrer, en Malasaña.

06 Malasaña

“Ahí dejé mi juventud. Aunque eran los coletazos de la movida, aún había movida. Nos gustaba ir a La Vía Láctea. Yo era mod y mi pandilla siempre tenía follones con los rockers. Me sirvió para tener una minicultura musical. Mi amor platónico era Paul Weller. Me compraba por 25 pesetas un vestido en el Rastro y me iba a Malasaña. Asocio el barrio a mis primeras noches sin dormir en casa”.

07 El parque de atracciones

“Era como ir a Nueva York. El parque de atracciones te abría a nuevas experiencias. Me llevaron para celebrar mi primera comunión y luego iba con mis amigos. Era la mayor aventura a la que podías aspirar. Sentir todo aquello era maravilloso, ¡aunque salieses vomitando! Pensar que ahora no puedo subirme ni a una noria".

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