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Grillo rebozado en Tailandia

La cantante Nya de la Rubia visitó mercados de comida callejera y cantó en un concierto en la playa durante su viaje al país asiático

Lo que tú quieras ser es el título del nuevo single y videoclip de esta sevillana que, como indica la letra de la canción que ella misma compuso, no se arredra ante nada. Eso se deja ver en su actitud de viajera sin reparos; por eso en Tailandia se sintió a sus anchas.

¿Fue un viaje ajetreado o relajante?

Hubo de todo. Fui con unos amigos y nos movimos por diversos sitios. Nos faltó tiempo en 15 días. En las ciudades y pueblos nos transportábamos en tuk tuk y moto-taxi, que es muy económico. También alquilamos motos en Ao Nang, una ciudad costera.

Cuéntenos su vida diaria en la costa.

Pues, obviamente, iba mucho a la playa. Y también visité un mercadillo hippy donde compré artesanía. Lo más bonito fue una noche en que escuchamos un concierto en la playa. El escenario lo pusieron al lado del mar. Estábamos allí tomando algo y comenzó la actuación de una chica tailandesa que cantaba versiones acompañada por un guitarrista. Mis amigos dijeron en alto que yo cantaba y ella me invitó a subir.

¡Hicieron un dúo!

Sí, yo en español y ella en inglés, la misma canción: I Love You, Baby.

¿Se sintió más viajera que turista?

A veces te hacen sentirte turista aunque no lo quieras. Por ejemplo, en la calle me atreví a comer grillos en un puesto donde además vendían cucarachas y escorpiones. Estaban como rebozaditos, tostados. El grillo me lo comí entero, sin salsa ni nada: sabía a pollo frito. Después, la gente de allí nos dijo que ellos no comen eso apenas, que era una cosa turística.

¿Alguna receta más convencional?

Claro, el pad thai, que era lo que más me gustaba. Me impresionó ver que desde por la mañana comen platos fuertes como ese, nada de una tostadita para empezar el día.

¿Visitó algún templo? Es un plan ineludible allí…

Sí, porque te topabas con uno cada pocos metros. El Palacio Real de Bangkok es el más conocido. Allí asistimos a una oración budista: entraron unos monjes vestidos de naranja, se sentaron y comenzaron a entonar el “ooohm”, así a capela. Fue emocionante.

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