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Annecy, puro encanto francés

El queso ‘reblochon’, con su color azafranado y su fragante sabor, es la estrella local de la encantadora ciudad al pie de los Alpes. Aquí se enamoró Rousseau de Madame de Warens

Château de Menthon-St.-Bernard, uno de los que, según la leyenda, inspiraron a Walt Disney, cerca de Annecy (Francia). Ampliar foto
Château de Menthon-St.-Bernard, uno de los que, según la leyenda, inspiraron a Walt Disney, cerca de Annecy (Francia). age fotostock

Ninguna de las ciudades del mundo con canales dispone de un lago como el de Annecy, puesto ahí, a los pies de los Alpes, literalmente en su sitio. Aunque no solo el lago y las montañas están en el lugar adecuado; también los parques, los canales, los jardines, las queserías, los puentes, las plazas, las fachadas… Annecy, de 50.000 habitantes, situada en el departamento de la Alta Saboya, es el punto de encuentro del charme francés con el refinamiento de la cercana Suiza y, pese a ser un destino de postal, resulta irresistible.

9.00 Paseo por el centro

A primera hora, cuando la Rue du Pâquier parece que se está montando, conviene darse prisa y visitar el barrio de Notre-Dame sin las hordas turísticas que una hora más tarde pedirán paso para hacerse la foto adecuada en cada esquina. Notre-Dame-de-Liesse (1) es de las iglesias más buscadas, por su campanario del siglo XVI. A la izquierda, el antiguo ayuntamiento fue transformado en presbiterio. A la derecha, un puente de madera conduce a la catedral (2), y más allá (tras un breve y provocado desvío para ver Le Zozo (3), escultura de François Mezzapelle, diseñador especialista en espacio público formado en Marsella), la porticada Rue Filaterie, razón de los buscadores de fachadas coloridas y comercios centenarios, que desemboca en la Rue Grenette. Atención a la farmacia Picon y a la librería La Procure (4).

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11.00 El alimento del corazón

Buen momento y buen lugar este para emular a Rousseau, que tanto caminó estas calles del viejo Annecy. En 1728, a los 16 años, abandonó su Ginebra natal y se instaló aquí, en casa de la baronesa de Warens. En Las confesiones ya expresa su deseo de ser inmortalizado en esta ciudad. Esperó el reconocimiento, pero no lo vio, porque el homenaje se produjo en 1928, cuando en su honor se erigió un monumento del que hoy perdura un busto (5) dentro de una fuente que hallamos en una vereda entre las calles Filaterie, Jean-Jac­ques Rousseau y el muelle de Warens. Bucólico lugar ajardinado y deshabitado, cercano adonde a buen seguro se produjo el primer encuentro amoroso entre él y Madame de Warens, juegos de manos que paulatinamente fueron a más, momentos que, según escribió después el gran filósofo del siglo de las luces, le quitaron el hambre. “Ella me retuvo a comer. Fue la primera comida de mi vida en la que osé no tener hambre. Estaba sumido en un estado de encantamiento que me impedía comer. Mi corazón se alimentaba de un sentimiento nuevo que ocupaba todo mi ser”. Ay, el amor. Esa amante 13 años mayor que él fue determinante en la formación vital de este gran caminante al que las ideas le venían en sus paseos y que hizo de andar una ética. “Era joven. Estaba sano, tenía bastante dinero, mucha esperanza. Viajaba, viajaba a pie y viajaba solo. Mis dulces quimeras me servían de compañía y nunca el calor de mi imaginación dio a luz ninguna más magnífica. Cuando me ofrecían alguna plaza vacía en un coche, fruncía el ceño al ver derrumbarse la fortuna cuyo edificio yo construía mientras caminaba”. Anotación en el Libro IV de Las confesiones.

Palais de L’Isle, del siglo XII, en un islote del Thio, en Annecy. ampliar foto
Palais de L’Isle, del siglo XII, en un islote del Thio, en Annecy. Getty

13.00 Una navaja y una charcutería

Si todavía hay cola en la tienda Opinel (6) (Rue Filaterie, 22), no hay que sorprenderse. Es lo habitual. La venta de cuchillos y navajas de esa marca es una constante. Que el comercio más famoso de navajas esté a un paso de la charcutería Pauvert nunca sabremos si es casualidad o buena disposición de marketing. En cualquier caso, vale la pena remontar hacia el Musée Château (7), pero más que por el castillo en sí por el barrio, una aldea en lo alto de la ciudad, como demuestra la exquisita Rue Basse du Château, en la que algunos vecinos salen a la calle con sus sillas y hasta se sorprenden de ver a turistas. Junto al castillo está el Musée du Film d’Animation (8 , muy concurrido y gratuito, lo que sin duda facilita esa circunstancia.

Que a Rousseau el despertar del amor le quitara el hambre no quiere decir que a nosotros, por mucho que nos encandile el entorno, nos pase lo mismo. De bajada espera Vignes et Boeuf (9), bistró con pretensión de pérgola, imbatible para carnívoros, que tiene la ubicación y la decoración perfectas. Para quien guste de comer en el agua está el barco-restaurante Libellule (10), codiciado entre los turistas, aunque nada como Mamie Lise (11), tradicional desde las mesas de mantel de cuadros hasta la carta, repleta de grandes recetas savoyardes.

16.00 Alerta para gastrónomos

De vuelta al centro no debemos pasar por alto la Maison Pignon, extraordinario ejemplo de arquitectura del medievo. La sofisticación de la ciudad es perceptible en pequeños fortines como la Maison de la Poésie (12) o la tienda restaurante Kamouraska (lalalaandco.com), prototipos del savoir faire y de una exquisita inclinación a los detalles. Conviene acercarse a Pierre Gay (13), la fromagerie más arrebatadora de la ciudad, una incitante invitación a iniciarse en los sabores de los quesos de la tierra: beaufort, chevrotin, emmental, tomme des bauges, tomme de savoie y, evidentemente, reblochon, la estrella local que conmueve a gastrónomos desde el siglo XIII, reconocible por su corteza y su color azafranado. Paseando entre canales proliferan puentes interesantes como el de la République (atención a les Vannes du Thiou, unas turbinas que permiten redirigir el curso del agua, joya técnica creada por el ingeniero Sadi Carnot en 1874) o el de Morens, el primero de piedra que hubo en Annecy. Y también el de La Halle, que ofrece la panorámica más pintoresca de la ciudad medieval. No obstante, si hay un puente que convoca a la concurrencia es el Pont des Amours (14), sobre el canal du Vassé, que desemboca en el lago ofreciendo una estampa de lo más idílica.

Lago de Annecy, formado por glaciares alpinos. ampliar foto
Lago de Annecy, formado por glaciares alpinos. Getty

17.00 Las explanadas junto al lago

Así se entra por la puerta grande al que quizá sea el punto más buscado de Annecy: el lago. Lac d’Annecy (15). Allí, en sus explanadas, tanto en el Champ-de-Mars (16) como en Les Jardins de l’Europe (17), también los músicos ambulantes parecen de anuncio, y un sigiloso deslumbramiento compartido se cuela entre árboles centenarios y las vistas de los Alpes, al otro lado del agua. No hay lugar mejor para estirarse sobre la hierba y rendirse ante la rotunda eficiencia del paisaje y evocar a Rousseau mientras se alarga la pausa: “Nunca pensé tanto, ni existí tanto, ni viví tanto, ni fui tanto yo mismo como en los viajes que hice solo y a pie. Dispongo como dueño de la naturaleza entera; vagando de objeto en objeto mi corazón se une, se identifica con quienes lo halagan, se rodea de imágenes encantadoras y se embriaga de sentimientos deliciosos”. Como estos, tal cual.

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