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Budapest, a ambas orillas del Danubio

Béla Bartók pone música de fondo a una ruta que pasa de asequibles baños termales a la Casa del Terror, que ilustra sobre los crímenes del nazismo y el comunismo

Piscina exterior del balneario Széchenyi, en Budapest (Hungría). Ampliar foto
Piscina exterior del balneario Széchenyi, en Budapest (Hungría).

Hungría no forma parte de la zona euro, pero Budapest, de 1,7 millones de habitantes, se erige como la guardiana de las esencias de Europa. Víctima de los totalitarismos y desmanes ideológicos del siglo pasado, también vivió su esplendor como aliada geopolítica de la vecina Austria, lo que se nota en cada rincón. El comunismo cambió su carácter aristócrata por el pragmatismo social en una ciudad que aún no olvida los excesos de aquel régimen que marcó su historia. Porque tras la ocupación nazi llegó el asedio soviético, y los soportales de Pest se convirtieron en forzosos escondrijos para la asustada población. Lo cuenta muy bien Sándor Márai en Liberación, escrita en 1945, y también la Casa del Terror, estremecedor recorrido por la cara más siniestra del comunismo. Aquello acabó y se recuperó la alegría por vivir, que se palpa ahora en los rincones de Buda, la otra parte de la ciudad, al otro lado del Danubio, pero también en el animoso barrio judío o en sus impresionantes y joviales baños termales.

El café New York, de 1895, en el hotel Boscolo, en Budapest. ampliar foto
El café New York, de 1895, en el hotel Boscolo, en Budapest. age fotostock

8.00 Desayuno en New York Café

Ni hay diamantes, ni estamos en la Gran Manzana, pero sí hay música de cámara y lujo estilo imperio en un café, el New York (1) (Erzsébet, 9-11), del que se ha dicho que es el más precioso del mundo. Los turistas lo saben y, claro, se forman unas colas considerables, por lo que se aconseja ir a primera hora del día, en cuanto abren (las ocho de la mañana). Otra opción es reservar mesa para disfrutar de unos desayunos a precios más asequibles de lo que uno pensaría.

10.00 Paseo por Pest

Los soportales de Pest esconden un sinfín de historias, no precisamente alegres. Márai lo ilustra con maestría en la citada Liberación, lectura recomendable para conocer las referencias históricas que esconde esta ciudad. Con la avenida Teréz (2) como una de las arterias principales, punteada por algunos hoteles de lujo, nos dirigimos hasta el Parlamento (3) (plaza Kossuth Lajos, 1-3). Levantado en 1904, a tiempo aún de no resultar anacrónicamente chirriante, se trata de una construcción neogótica, símbolo indiscutible de la ciudad. Dar un garbeo por sus alrededores, con sus solemnes conjuntos escultóricos, es suficiente estímulo, pero también hay visitas guiadas al interior del suntuoso edificio.

12.00 Mazmorras y torturas

No se trata de ningún parque de atracciones dedicado a Freddy Krueger. Poca broma con este museo, la Casa del Terror (4), construido en la elegante avenida Andrássy, número 60, en lo que fuera el cuartel de la AHV, la brutal policía secreta de los primeros años del periodo soviético en Hungría. Nada más entrar, el vídeo de un hombre, llorando, que ha visto la ejecución de unos adolescentes por supuesta disidencia. En las distintas salas, valiosa información sobre las acciones de la Cruz Flechada, la versión húngara del nazismo, y de la invasión soviética posterior, con el gulag y las torturas como métodos de amedrentamiento y castigo, como muestran las mazmorras. Un museo fundamental para conocer los horrores de uno y otro totalitarismo.

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15.00 El castillo de Buda

No puede faltar en el viaje un paseo por Buda (5) y sus joyas patrimoniales. El castillo de Buda (6) comprende la biblioteca Széchenyi, el Museo de Historia de Budapest y la Galería Nacional Húngara. Esta última, con sus cinco plantas dedicadas sobre todo a la pintura, supone una inmersión en el arte local, pero también en el espíritu de Europa, especialmente el del siglo XIX. Una vez fuera, el sol nos sorprende poniéndose de espaldas a Pest (7), regalando estampas románticas a lo largo del paseo de Tóth Árpád (8).

17.00 Música de cámara

Uno de los grandes nombres de la música, Béla Bartók (1881-1945), cuenta con casa-museo (9) propia. En una esquina de Buda nos espera un pequeño museo con todos los objetos de la vida cotidiana del músico. Allí, en el 29 de la calle Csalán, compuso muchas de sus más brillantes piezas de música de cámara, pero, sobre todo, en los años treinta, obras maestras como la Sonata para dos pianos. Se puede acceder en autobús en la línea 5 y después caminar cinco minutos por la calle Csévi.

19.00 Un lujo para todos

Construido a principios del siglo XX, entrar en el balneario Széchenyi (10) es sumergirse en la estética Titanic, con toques de la grandeur imperial o estilo renacentista moderno. Sus piscinas exteriores ofrecen agua caliente hasta las diez de la noche, momento en que los turistas más animados rompen el hielo para lanzarse al Where are you from? Un lujo accesible para enamorarte aún más de Budapest. Lo divertido es internarse en las distintas termas, saunas, baños turcos y sorpresas, como la fuente de agua terapéutica para beber, las piscinas de agua fría y caliente o la fuente de hielo. Pero lo mejor de los baños de la calle Állatkerti, 9-11, ubicados en el corazón del parque Városliget, no está en el agua, sino en el aire. En su atmósfera, su ambiente, su elegancia para todos.

La ruta de locales que recuperan viejos espacios industriales o comerciales incluye Szimpla Kert (en la foto), Gondozo Kert o Koleves Kert. ampliar foto
La ruta de locales que recuperan viejos espacios industriales o comerciales incluye Szimpla Kert (en la foto), Gondozo Kert o Koleves Kert.

21.00 Una cena tradicional

Lo tradicional no tiene por qué ser sinónimo de rancio. Ahí están locales como el Kiskakukk (11) (Pozsonyi, 12), ofreciendo desde 1913 una solera húngara que no resulta vieja. Es un encanto difícil de precisar, como el de un toque vintage no buscado, con sus librerías improvisadas o su pianista risueño que te busca con la mirada. Amplia carta en la que no falta el goulash o los filetes de buey sobre salsa húngara, aunque también destacan platos como el salmón o el foie sobre manzana asada. No es barato, pero tampoco caro.

23.00 De copas por el barrio judío

De los noventa a esta parte, el barrio judío, como si quisiera quitarse de encima el pasado trágico que le precede, se ha convertido en el de mayor animación nocturna. Pubs y restaurantes revestidos de modernez y diseño, entre los que brillan por su fuerza los ruin-bars. Locales entre el abandono industrial y el toque urbano, alegremente destartalados, agrestes y enormes, pero acogedores. El más carismático es Szimpla Kert (12) (Kazinczy, 14). Varias salas donde perderse, bailar, relajarse para charlar, ligar, beber. Como una beca Erasmus, pero en concentrado y para cualquier edad.

Eduardo Laporte es autor de La tabla (editorial Demipage).

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