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10 paisajes espectaculares del sur de África

Del parque Kruger al delta del Okavango, en Botsuana, escenarios perfectos para la aventura

Un hipopótamo en el delta del río Okavango, en Botsuana. Ampliar foto
Un hipopótamo en el delta del río Okavango, en Botsuana.

1 Cataratas Victoria: el humo que truena

ZAMBIA Y ZIMBABUE

Tan emblemáticas como la famosa frase “Dr. Livingstone, supon­go”, las estruendosas cataratas Victoria, las más grandes, bonitas y ma­jestuosas del mundo, dejan siempre pasmado (y empapado) al viajero.

Bañistas al borde de las cataratas Victoria. ampliar foto
Bañistas al borde de las cataratas Victoria. Getty

Junto con las pirámides de Egipto y el parque del Serengueti, las cataratas Victoria (Mosi-oa-Tunya, el humo que truena) completan la trilogía de maravillas naturales imprescindibles de África. Ubicadas entre Zimbabue y Zambia, se puede disfrutar de una vista frontal de esta cortina de agua con más de un kilómetro y medio de anchura desde un helicóptero o, para lo más atrevidos, asomándose desde el borde de la Devil’s Pool. Un millón de litros de agua caen cada segundo creando una columna de agua pulverizada visible a kilómetros de distancia.

Vale la pena remover cielo y tierra para ir a contemplarlas y animarse además a practicar rafting o puenting en uno de los lugares más impresionantes del planeta.

Vista aérea de un elefante en el delta del Okavango, en Botsuana. ampliar foto
Vista aérea de un elefante en el delta del Okavango, en Botsuana.

2 Delta del Okavango, el edén de las aves africanas

BOTSUANA

Se trata de uno de los lugares más extraordinarios de África, además de uno de los mayores deltas interiores del mundo, con 18.000 kilómetros cuadrados de extensión. Declarado patrimonio mundial, merece realmente la distinción: un paisaje increíble de aguas cambiantes; la lucha entre animales salvajes; una banda sonora de rugidos de leones y leopardos más la demente risotada de una hiena a la fuga; y los misterios que esconden los juncos de papiro que se mecen con la brisa vespertina. Si se sobrevuela en un avión procedente de Maun, el delta se muestra como un edén acuático en forma de herradura.

El paisaje del delta del Okavango cambia conforme las estaciones y el nivel del agua, formando islas, canales fluviales y senderos para los animales que lo recorren. A ras de suelo, las siluetas de los árboles muertos le dan unas pinceladas apocalípticas en la estación seca. Ninguna visita al delta está completa sin una travesía a bordo de una mokoro (canoa tradicional). Quienes acudan en vehículo encontrarán asombrosos campamentos en el corazón de la Moremi Game Reserve del Okavango.

Un elefante en el parque nacional de Chobe (Botsuana). ampliar foto
Un elefante en el parque nacional de Chobe (Botsuana). Getty

3 Chobe, el reino de los elefantes

BOTSUANA

Este parque nacional de Chobe se encuentra entre la élite de los destinos de safari. Además de la mayor población de elefantes del planeta (decenas de miles) cuenta con paisajes tan icónicos como los de Savuti, donde viven leones que comen elefantes. Linyanti es uno de los mejores parajes del continente para ver al licaón, el perro salvaje africano, en peligro de extinción, pero sobre todo el río Chobe es la fuente que sacia la sed de buena parte de la gran fauna de África.

Chobe, el primer parque nacional de Botsuana creado definitivamente en 1968, comprende tres zonas emblemáticas con cierto aroma a safari de otra época: Chobe Riverfront, con la mayor concentración de animales del parque; las marismas de Linyanti, parecidas al Okavango y accesibles recientemente, y la remota Savuti, con una riqueza animal sin igual. Todo el mundo puede disfrutar de Chobe: desde el que va en vehículo propio hasta el que acampa bajo las estrellas o vuela hasta su lodge de lujo.

Ruta senderista por el cañón del río Fish, en Namibia. ampliar foto
Ruta senderista por el cañón del río Fish, en Namibia. Getty

4 Cañón del río Fish, un sendero clásico

NAMIBIA

Esta enorme hendidura en la superficie terrestre al sur de Namibia es un lugar imposible cuyos bordes redondeados y esquinas afiladas crean una sinfonía de piedra de proporciones mastodónticas. El cañón del río Fish es un paraje desértico e inmenso que parece haber sido esculpido: la roca desnuda, con escasa vegetación, inspira a la meditación y produce una serena sensación de respeto. Mide 160 kilómetros de largo y hasta 27 de ancho, y cuenta con un cañón interno que alcanza 550 metros de profundidad, aunque cuesta imaginárselo si no se visita.

Hay pocos lugares en el continente africano como el cañón del río Fish. Impresiona tanto si se contempla –especialmente por la mañana– desde uno de los miradores como si se realiza un recorrido clásico de cinco días. Una de las mejores panorámicas se obtiene desde Main Viewpoint (la más fotografiada), ya que incluye la cuerva del río conocida como Hell’s Corner.

Un rinoceronte negro en el parque nacional de Etosha, en Namibia. ampliar foto
Un rinoceronte negro en el parque nacional de Etosha, en Namibia. Getty

5 Fauna a lo grande en Etosha

NAMIBIA

Más de 20.000 kilómetros cuadrados para observar fauna salvaje convierten a esta reserva en uno de los mejores parques nacionales del mundo. A diferencia de otros parques africanos, no es extraño pasar varios días en busca de animales sin conseguirlo, aquí basta con el aparcar el vehículo cerca de uno de los abrevaderos naturales y esperar a que desfilen leones, elefantes, gacelas saltarinas y órices.

Etosha cuenta con una red de abrevaderos dispersos entre matorrales y pastos entorno al pan (un desierto plano de salinas de cegadora blancura que se extiende hasta donde alcanza la vista) que atraen a enormes congregaciones de especies, como leones y rinocerontes negros, ofreciendo cientos de avistamientos a lo largo del día.

Un senderista en el parque nacional de las montañas Drakensberg, en Sudáfrica. ampliar foto
Un senderista en el parque nacional de las montañas Drakensberg, en Sudáfrica. Getty

6 Drakensberg, en los montes del dragón

SUDÁDFRICA

Los montes y estribaciones del parque sudafricano de Ukhahlamba-Drakensberg, patrimonio mundial, figuran entre los paisajes más imponentes del sur de África. Sus verdes montañas planas planas entre Sudáfrica y Lesoto dibujan una verdadera postal. Incluso parece retocada, pero es real. Drakensberg significa “montes dragón” en afrikáans, aunque los zulúes los llamaron Quathlamba (almena de lanzas). La palabra zulú describe con más exactitud la escarpadura, pero el nombre en afrikáans capta parte de su ambiente de otro mundo. Los humanos han vivido aquí durante miles de años, como demuestran las muestras de arte rupestre de la tribu San. Los pueblos zulúes, su naturaleza salvaje y las buenas opciones de alojamiento y restauración lo convierten en el lugar perfecto para fotógrafos, senderistas y aventureros. Una de sus panorámicas más inolvidables es la curva del Anphitheatre, en el parque nacional de Royal Natal.

Turistas ante una jirafa en el parque Kruger, en Sudáfrica. ampliar foto
Turistas ante una jirafa en el parque Kruger, en Sudáfrica.

7 Kruger, la joya sudafricana

SUDÁFRICA

Es, probablemente, el parque más famoso del Sur de África. Por su accesibilidad, densidad y variedad de la fauna que acoge, pero también por su asombroso tamaño y la oferta de actividades que permite. El parque cuenta con miles de alternativas para disfrutar de los animales salvajes en plena naturaleza, desde senderos agrestes y paseos por el bush (monte bajo) hasta rutas de ciclismo de montaña y remotas pistas para todoterreno.

El Kruger es, sin duda, uno de los mejores lugares para ver animales salvajes –grandes y pequeños; 137 mamíferos y más de 500 aves – del mundo y su extensa red de carreteras permite explorarlo por cuenta propia. La zona sur es la más bonita paisajísticamente, ya que acoge mayor variedad de flora y fauna. También, claro, es la más visitada.

Un turista contempla el amanecer desde la Duna 45 de Sossusvlei, en el desierto del Namib (Namibia). ampliar foto
Un turista contempla el amanecer desde la Duna 45 de Sossusvlei, en el desierto del Namib (Namibia). Getty

8 Sossusvlei, un mar de arena

NAMIBIA

Como ocurre con todos los paisajes épicos, en Sossusvlei la principal atracción es la sensación de aislamiento. Las dunas, que parecen de otro mundo, llegan hasta los 325 metros de altura y confeccionan un mar de arena de 32.000 kilómetros cuadrados de extensión. Es uno de los ecosistemas más antiguos y áridos del planeta que cambia constantemente de forma y de color debido al viento y la luz. Su momento mágico llega justo después del amanecer.

Estas arenas se originaron en el Kalahari hace millones de años y ahora reclaman territorio al mar. El valle de Sossusvlei está salpicado de dunas descomunales y marismas secas (vleis). Trepar por las laderas de estos gigantes en constante cambio es una experiencia única, culminada por la contemplación de este océano arena en apariencia infinito.

A Sossusvlei se accede por Sesriem (Seis Correas), un nombre que remite al número de correas de cuero que necesitaban las carretas para sacar agua del cercano desfiladero. Sesriem es todavía un reducto solitario y remoto con poco más que una gasolinera y un puñado de hoteles y lodges.

Abejarucos carmesíes en el parque nacional de South Luangwae, en Zambia. ampliar foto
Abejarucos carmesíes en el parque nacional de South Luangwae, en Zambia. Getty

9 South Luangwa, la nueva aventura

ZAMBIA

Recorrer este parque nacional de Zambia supone la compañía de un explorador armado con un rifle, ausencia de ruido de motores y ninguna barrera entre el visitante y la naturaleza. Aquí se presta atención a las cosas pequeñas, como los usos medicinales de la flora autóctona y la investigación –tipo CSI– del estiércol animal. El simple hecho de sentarse bajo un árbol y observar la llanura repleta de animales herbívoros roza el climax meditativo.

Zambia es el destino africano de moda para la aventura, un país mucho menos turístico que sus vecinos donde las rutas guiadas conducen a lo más profundo del bosque, sin apenas huellas humana, a un plácido descenso en piragua por un río ancho y tranquilo, o a bregar unos impetuosos rápidos cerca de las cataratas Victoria. Para el viajero independiente supone todavía un desafío logístico, tanto por su enorme tamaño como por sus malas carreteras. La recompensa son los pocos turistas con los que nos encontraremos.

Una visitante en el yacimiento arqueológico de Gran Zimbabue. ampliar foto
Una visitante en el yacimiento arqueológico de Gran Zimbabue. Age fotostock

10 Gran Zimbabue, el África medieval

ZIMBABUE

La ciudad medieval más grande del África subsahariana es uno de los monumentos más valiosos de Zimbabue; tanto que dio nombre al país. Estas ruinas de la civilización bantú y legendaria capital de la reina de Saba son una prueba –bien conservada– del gran nivel de progreso alcanzado en el África antigua, inimaginable para los primeros estudiosos. Como capital política y religiosa, esta ciudad de entre 10.000 y 20.000 habitantes dominaba un reino que se extendía por el este de Zimbabue y los actuales Botsuana, Mozambique y Sudáfrica. El comercio de marfil y oro era boyante, con tráfico de mercancías desde puntos tan lejanos como Arabia y China. Las ruinas, a 30 kilómetros de Masvingo, son parada imprescindible en cualquier itinerario por Zimbabue y permite a los visitantes trepar por peñascos, pasear entre rocas que se tambalean, colarse por estrechas grietas de piedra y gozar de sorprendentes vistas: la puesta de sol es espectacular.

Más información en la nueva guía Lonely Planet del Sur de África y en www.lonelyplanet.es

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