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Fuera de ruta

Un ‘coco-loco’ y a bailar reguetón

En las Islas del Rosario, en pleno Caribe colombiano, el ritmo vital se ralentiza. Exóticos cócteles, fruta fresca y playas con cocoteros en una excursión desde Cartagena de Indias

Un cenador una de las Islas del Rosario, en el Caribe colombiano. Ampliar foto
Un cenador una de las Islas del Rosario, en el Caribe colombiano. age fotostock

Apesar de que durante medio siglo pocos viajeros se atrevían a visitar Colombia (hasta la firma de la paz con la guerrilla de las FARC), aquellos que lo hacían casi siempre terminaban pasando por Cartagena de Indias. Esta ciudad amurallada del Caribe colombiano, un lugar que parece haberse congelado en la historia, retuvo la tenacidad y elegancia que la llevaron a ser uno de los puertos más importantes de la época colonial.

En la actualidad, Cartagena (cartagenadeindias.travel) cuenta con varios hoteles boutique (por ejemplo el Santa Clara, antiguo convento) y restaurantes premiados (La Vitrola y Harry’s Sasson), además de tiendas que venden ropa, objetos de decoración y artesanía de los diseñadores colombianos.

Un ‘coco-loco’ y a bailar reguetón

Un par de días en la ciudad son obligatorios, pero quienes caminan velozmente se encontrarán repitiendo las mismas calles adoquinadas, el circuito turístico completado. Es justo ahí cuando deben hacer el equipaje de nuevo para dirigirse mar adentro, hacia las Islas del Rosario.

Para llegar a este archipiélago (protegido como parque natural) se requiere tan solo 45 minutos en bote desde los puertos cartageneros, un viaje placentero por las cálidas aguas turquesas y esmeraldinas del mar Caribe. Es un lugar idóneo para relajarse, tomar el sol y zambullirse en el último best seller, entre cócteles y ensaladas de fruta fresca, la pesca del día y mucho patacón. Para ir, Boats4U cuenta con una flotilla de lanchas en perfecto estado.

Estos islotes operan a otro ritmo (que de por sí ya es bastante relajado en la costa colombiana), y aquí el afán no existe. Pero no todo es laxo y despreocupado; en las islas hay un poco para todos. Aquí, nuestra lista de recomendaciones:

Para bailar, Cholón

Si usted fue a Colombia y no bailó es como si no hubiera ido. A pesar de que el vallenato sigue reinando como supremo género popular, las lanchas que anclan en las costas de Cholón tienden a hacer improvisadas competiciones de equipos de sonido, y los bajos rimbombantes del reguetón ayudan a sumar puntos.

Esta isla de pescadores no siempre fue así de rumbera; anteriormente era un pueblo con solo un par de chozas que ofrecían la pesca del día y poco más. Pero su popularidad fue creciendo y han ido apareciendo varios puestos de comida para saciar la sed y el apetito de los visitantes a punta de coco locos y cerveza, langostas frescas, ceviches y pulpo al ajillo, casi al mismo precio de los restaurantes en tierra firme, con la diferencia de que aquí puede negociar el total de la cuenta antes de pedir los platos.

Una de las cabañas de Isla Coralina, en el Caribe colombiano.
Una de las cabañas de Isla Coralina, en el Caribe colombiano.

Para comer rico, Isla Coralina

Aquellos que prefieren un espacio más relajado, Isla Coralina ofrece varias cabañas construidas por la familia de Pierre Jacob Demidoff, un colombiano-francés que heredó el terreno. Junto con su esposa, María Raquel Rodríguez, la pareja administra el lugar como si fuera su casa, brindando una atención cordial y personalizada.

Cada habitación cuenta con un muelle privado, pero a la hora de comer los platos se sirven en el restaurante, un nido creado por entrelazadas ramas de manglares endémicos que dan sombra a los comensales mientras esperan platos de recetas de fusión creados por María Raquel.

Para ver (y dejarse ver), Fénix

Puede que al principio no lo note, pero hay una alta probabilidad de que si entra en Fénix se tope con varios personajes de la farándula nacional. En parte se debe a que la cabeza del proyecto, el español Juan Pedro San Segundo, está casado con una actriz local y es conocido por haber montado varios bares y restaurantes en Bogotá.

Punto de encuentro de foodies, la playa de Fénix ofrece una vista sin obstáculos a la parte moderna de Cartagena, buena música y una gran selección de tragos, un ambiente perfecto para disfrutar de la tarde. También existen cabañas para pasar la noche y así descansar sin preocupaciones.

Relax en Blue Apple Beach, al sur de Tierra Bomba, en el las Islas del Rosario. ampliar foto
Relax en Blue Apple Beach, al sur de Tierra Bomba, en el las Islas del Rosario.

Para una copa sin prisa, Blue Apple

Lugar ideal para parejas que quieran celebrar sus nupcias o desconectar, el Blue Apple está atendido por Portia Hart, una amable británica que decidió dejar su trabajo en Mónaco para buscar suerte en Cartagena de Indias.

Con años de experiencia, Portia garantiza una atención incomparable, siempre con una gran sonrisa. La gastronomía destaca igualmente; la chef argentina que comanda la cocina se encarga de darle un toque moderno a recetas tradicionales de la zona. Y lo mejor de todo son las seis habitaciones, decoradas con muebles hechos por carpinteros locales, con amplias camas que invitarían a dormir hasta tarde si no fuera porque la piscina de agua salada y la playa le esperan.

Una playa de Isla Grande, en el archipiélago de Islas del Rosario, en el Caribe colombiano. ampliar foto
Una playa de Isla Grande, en el archipiélago de Islas del Rosario, en el Caribe colombiano. Age fotostock

Para pasar el día, Islabela

A veces no necesitamos de música ni de copas para pasarlo bien; un buen libro y una playa es suficiente. Justo para eso está Islabela. Este retiro junto a la playa, fundado por Yann Ponderan y Alison Bossuyt, una pareja de belgas que se aburrió del frío europeo y decidió mudarse a tierras tropicales, es el lugar ideal para apagar el teléfono y pegarse a las páginas de un buen tomo.

Aquí podrá tomar zumos exóticos, darse un masaje, comprar artesanía local y comer un buen plato de mojarra frita acompañado de arroz con coco. Dan ganas de quedarse varios días, y a partir del próximo año habrá varias habitaciones sobre la playa, construidas en colaboración con Damián César-Blanco, líder comunitario y socio del proyecto.

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